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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 40 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng jamás se habría imaginado que un Cultivador del Viaje de Primer Nivel dispusiera de dos técnicas. Sorprendido, preguntó: "Buscar lo propicio y esquivar lo nefasto... ¿cómo se utiliza esa técnica?". El cochero no respondió; con la cabeza gacha, se limitó a tirar del carricoche. Li Banfeng quiso insistir, pero de pronto lo invadió una ráfaga de frío que le provocó un escalofrío involuntario. En su subconsciente brotó un terror inexplicable. Tuvo la viva certidumbre de que, si formulaba una sola pregunta más, acabaría muerto a manos del cochero. El cochero volvió la cabeza y le preguntó: "¿Te dio miedo?". Li Banfeng asintió: "Mucho miedo". El cochero sonrió: "Hace un instante albergué intenciones asesinas hacia ti. Tranquilo, no pensaba matarte de verdad; solo quería ayudarte a probar la técnica. Buscar lo propicio y esquivar lo nefasto es la técnica más simple de todas. Que hoy hayas subido a mi carricoche es buscar lo propicio. La zozobra en el pecho, el temblor en las manos, los escalofríos, la piel de gallina... cualquiera de esas cosas puede ser un presagio de peligro inminente. Cuando te topes con una situación semejante, apártate sin vacilar; a eso se le llama esquivar lo nefasto. La técnica es muy fácil, pero siempre hay quien no termina de entenderla, sobre todo los descuidados que jamás prestan atención a estos pequeños detalles. Un Cultivador del Viaje recorre mil montañas y diez mil ríos; su mente debe ser meticulosa. Con cada paso que da, tiene que sopesar el valor de su propia vida". La técnica maravilló a Li Banfeng: "¿Significa que, ante cualquier peligro, un Cultivador del Viaje siempre será capaz de percibirlo?". El cochero sacudió la cabeza: "¿Cómo iba a existir algo tan perfecto? Eso depende del nivel de cultivo, de los artefactos y también de la senda a la que pertenezca el adversario. Si el nivel de cultivo de tu oponente supera el tuyo por dos niveles, podrá ocultar su malevolencia; si quiere hacerte daño, no te percatarás en absoluto. O si posee algún artefacto o técnica para esconder sus malas intenciones, tampoco notarás nada. Existen ciertos parajes ocultos capaces de disimular el peligro; si tu cultivo no es suficiente, no sentirás nada. Y si te topas con un Cultivador del Hogar de tu mismo nivel, serás incapaz de descifrar cualquiera de sus intenciones, y mucho menos percibirás su malevolencia". Los Cultivadores del Hogar no solo podían pasar inadvertidos ante la atención ajena, sino que además eran capaces de ocultar su propia hostilidad. 'Las intenciones de un ermitaño de casa en verdad son imposibles de adivinar'. ¡Engendrar viento en tierra llana, buscar lo propicio y esquivar lo nefasto! Li Banfeng había aprendido muchísimo de aquel cochero; los quinientos billetes habían valido la pena con creces. "Hermano, por lo que dices, da la impresión de que los Cultivadores del Hogar contrarrestan bastante a los nuestros". "¿Bastante? Se queda corto", dijo el cochero con una amarga sonrisa. "Te lo diré así: en circunstancias normales, nosotros debemos evitar a los Cultivadores del Hogar, y ellos deben evitarnos a nosotros. Si llegas a pelear contra un Cultivador del Hogar de tu mismo nivel, más vale que te prepares para una lucha a muerte. Si entramos en la residencia de un Cultivador del Hogar, estamos muertos sin remedio; si llevamos a un Cultivador del Hogar a un paraje de peligro mortal, serán ellos los que perezcan sin excepción. En cierta ocasión me topé con uno: estuvo a punto de acorralarme dentro de su casa, así que me arriesgué a recibir una paliza brutal durante todo el trayecto y cargué con él directo hacia un acantilado. Nosotros, los Cultivadores del Viaje, tenemos pisada firme y logré mantenerme en pie; ellos, los Cultivadores del Hogar, no tienen esa solidez, de modo que no pudo sostenerse, cayó al fondo del precipicio y se estrelló contra las rocas. Así fue como gané. Ni se te ocurra pensar en resolver las cosas midiéndose a medias y parando a tiempo; no existe tal concesión. ¡Estas dos sendas son enemigas naturales: quien afloje un poco, pierde la vida!". Li Banfeng aprovechó la oportunidad para preguntar: "Hermano, ¿sabes qué técnicas tienen los Cultivadores del Hogar?". "Es difícil de decir", negó el cochero con la cabeza. "Entre los Cultivadores del Hogar, algunas técnicas son iguales y otras completamente distintas. Tienen en común que ninguno resulta fácil de identificar, pero cada uno de los que he enfrentado tenía sus propios trucos. De por sí no son muy comunes, y el temperamento del Espíritu del Hogar es imposible de deducir, de modo que son sumamente difíciles de lidiar. Si te encuentras con uno, procura mantenerte lejos". Li Banfeng todavía quería hacer más preguntas, pero de pronto vio que el cochero detenía el paso: "Hemos llegado a la estación. Que te vaya bien". En apenas un instante, ya estaban frente a la estación. Al apearse del carricoche, Li Banfeng preguntó al vuelo: "Además de engendrar viento en tierra llana y buscar lo propicio y esquivar lo nefasto, ¿los Cultivadores del Viaje tienen alguna otra habilidad?". "Las hay, habilidades sobran, pero ya has llegado a tu destino". Li Banfeng sacó la cartera y dijo: "Llévame a dar otra vuelta; o si no quieres tirar más, quédate a charlar un rato conmigo. Te pagaré, ponle precio". El cochero sonrió: "Ahórrate tu dinero. El destino por hoy llega hasta aquí. Si la afinidad nos vuelve a reunir, ya te lo contaré con calma". Dicho esto, el cochero se secó la cara con una toalla y se marchó arrastrando el carricoche, perdiéndose en la plaza frente a la estación. Hacía apenas unos días, Li Banfeng salía de aquella misma estación, y ahora estaba a punto de emprender el viaje de regreso a Yuezhou. Al volver, ¿iría a visitar a He Jiaqing? ¿Quién sabía a ciencia cierta si el que yacía en el hospital era verdaderamente He Jiaqing? Incluso si lo fuera, resultaría inevitable verse enredado con el Buró Estrella Oscura. Li Banfeng vacilaba sobre si debía seguir metiéndose en los asuntos de su amigo. 'Primero compraré el billete de tren y luego veré'. 'Una vez que regrese a Yuezhou, podré...' 'Podré buscar un sitio donde partirme el lomo cargando ladrillos'. Li Banfeng se frotó la frente. ¿Qué tenía Yuezhou de tan bueno, después de todo? Aquella estación era diminuta; consistía apenas en una hilera de casas bajas de una sola planta, con una sala de espera un poco más alta y la taquilla justo al lado. Siguiendo las enseñanzas del cochero, Li Banfeng empezó controlando la cadera, luego las rodillas, y a continuación los tobillos y los dedos de los pies. La idea era correcta, pero una fuerza apenas más delgada que una cuerda de cáñamo no resultaba fácil de calibrar. En cuanto Li Banfeng alzó la pierna, todo su cuerpo se proyectó a gran velocidad hacia el interior del vestíbulo de venta de billetes. Por fortuna, el vestíbulo estaba desierto. Li Banfeng frenó en seco a tiempo y llegó frente al mostrador de la taquilla. La taquillera descabezaba un sueño y no advirtió nada inusual en él. Li Banfeng gritó varias veces: "¡Un billete!" La taquillera se frotó los ojos, soltó un bostezo y preguntó: "¿A dónde?" "A Yuezhou." "¿Asiento o litera?" El asiento quedaba descartado por completo; tenía que ser litera, ¡y de primera clase! La taquillera se dispuso a imprimir el billete: "Tren 1160, litera de primera clase: trece mil. La salida más próxima es mañana a las nueve de la noche." ¡Trece mil! ¡Qué disparate de precio! Li Banfeng se quedó estupefacto un instante. No llevaba tanto dinero consigo; la mayor parte la había dejado en la Residencia Móvil. Justo pensaba en acudir a la Residencia Móvil a buscar el dinero, cuando oyó a la taquillera añadir: "Primero muestra el salvoconducto." "¿Salvoconducto? ¿Qué clase de cosa es esa?", preguntó Li Banfeng, perplejo. La taquillera frunció el ceño: "Sin salvoconducto, ¿con qué derecho pretendes comprar un billete?" ¿Por qué no iba a poder comprarlo? ¿Qué clase de regla era esa? Mientras Li Banfeng aún le daba vueltas al concepto de aquel salvoconducto, un hombre tocado con una gorra plana entró en el vestíbulo y clavó la mirada en él en silencio. Llevaba largo rato aguardando allí. Se llamaba Chu Yunlong, y era un Gran Nueve —cabecilla de patrulla— bajo el mando del explorador del viento del Segundo Timón del Salón del Rey de la Medicina de la Banda Jiangxiang. El líder no se equivocaba: Li Banfeng vendría sin falta. Chu Yunlong avanzó con parsimonia hacia Li Banfeng. Li Banfeng seguía enfrascado en la disputa con la taquillera: "¿Para subir a un tren hace falta un salvoconducto? ¿Por qué no me pides de paso el pasaporte imperial? ¿Acaso este tren va rumbo a Occidente a buscar escrituras sagradas?" Li Banfeng estaba que echaba chispas, temblando de pura indignación; sentía que esa taquillera solo buscaba complicarle la vida a propósito. "¿Has viajado en tren alguna vez en tu vida? ¿Ni una regla tan básica conoces?", replicó la taquillera, irritada a su vez. A sus ojos, Li Banfeng solo pretendía montar un escándalo sin pies ni cabeza. Aprovechando la acalorada discusión, Chu Yunlong acortó distancias hacia Li Banfeng. Con las manos metidas en los bolsillos y el rostro inexpresivo, parecía limitarse a hacer cola detrás de él, como si esperara pacientemente su turno para comprar un billete. Pero, en realidad, le bastaba con rozar a Li Banfeng para tener a su alcance los medios de someterlo, obligarlo a confesar el paradero del loto de bronce y, acto seguido, arrebatarle la vida. Todavía se encontraba a unos siete u ocho metros de Li Banfeng, mientras los gritos entre este y la taquillera subían cada vez más de tono. "Cuando llegué aquí, ¿por qué nadie me habló de ningún salvoconducto? ¿Por qué contigo hay tantas complicaciones?" "¡Me importa un bledo de dónde vengas! Sin salvoconducto no se vende ningún billete. No gastes saliva conmigo, que esto es una norma. Si quieres comprar, compra, ¡y si no, lárgate!" 'Excelente, sigan discutiendo así'. La comisura de los labios de Chu Yunlong se curvó ligeramente hacia arriba al tiempo que continuaba aproximándose. "¡¿Qué porquería de norma es esa?! ¡Muéstrame el reglamento para que lo vea!", rugió Li Banfeng a voz en cuello, perdiendo por completo la compostura. "¿Y con qué derecho tendría que mostrártelo? ¿Quién te crees que eres?", contratacó la taquillera sin achicarse lo más mínimo. "¡Si no me enseñas las normas, significa que no existen! ¡Voy a entrar ahora mismo a coger el billete y a ver con qué cara te niegas a vendérmelo!" Chu Yunlong ya se encontraba justo a la espalda de Li Banfeng y comenzaba a extender la mano con lentitud. 'Griten, sigan gritando, ni se te ocurra mirar atrás, tú quédate así... ¡Un momento!' ¿Qué demonios ocurría? La mano de Chu Yunlong no llegó a tocar a Li Banfeng. ¡Li Banfeng había saltado sobre el mostrador, dispuesto a irrumpir por la fuerza en la oficina de taquillas! La taquillera se quedó atónita: "¡Atrévete! ¡Entra si tienes agallas!" Y Li Banfeng de verdad se disponía a entrar; él no era de los que toleraban salir perjudicados. En ese instante, tanto Chu Yunlong como la taquillera compartieron un mismo pensamiento: '¿Este tipo está loco?' Chu Yunlong ya no tenía forma de actuar, pues Li Banfeng se hallaba encaramado en lo alto del mostrador. La taquillera accionó de inmediato la alarma de emergencia, y un timbre ensordecedor retumbó por todo el vestíbulo. Li Banfeng detuvo su avance hacia el interior de la cabina; agachado en cuclillas sobre el mostrador, echó un vistazo a Chu Yunlong a sus espaldas y luego miró hacia la entrada principal del vestíbulo. Por la puerta irrumpieron dos hombres uniformados. Li Banfeng no los conocía, pero Chu Yunlong sí. Eran los patrulleros de la estación. La taquillera señaló a Li Banfeng y gritó a voz en cuello: "¡Ha venido a robar billetes! ¡No tiene salvoconducto, pretende cruzar de contrabando!" Los dos patrulleros se abalanzaron sobre Li Banfeng sin mediar palabra. Chu Yunlong se apartó a toda prisa a un lado; lo último que deseaba era atraerse problemas ajenos. Li Banfeng saltó del mostrador, miró a Chu Yunlong y le soltó: "¡Hermano, corre! ¿Qué haces ahí parado?" "No, o sea, espera...", balbuceó Chu Yunlong, parpadeando desconcertado, sin saber qué decir en semejante trance. Li Banfeng puso pies en polvorosa. Se movía con una rapidez pasmosa: esquivó el cerco de ambos patrulleros y, en un abrir y cerrar de ojos, ya se había escabullido del vestíbulo. Al ver la maniobra, los dos patrulleros se abalanzaron de inmediato a rodear a Chu Yunlong. Chu Yunlong se humedeció los labios secos y contempló a los agentes que lo acorralaban, sin la más remota idea de cómo dar una explicación. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 40

Estás leyendo el capítulo 40 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.