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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al salir de la estación de trenes, Li Banfeng tomó el metro. Tomar un taxi desde la universidad hasta la estación apenas le había llevado media hora. En cambio, regresar en metro desde la estación hasta el campus requería más de sesenta minutos. Li Banfeng vivía en el Edificio Seis de dormitorios, que no quedaba precisamente cerca de la puerta principal de la universidad. Cuando por fin llegó a la entrada del edificio, el anciano conserje lo miró de arriba abajo, arqueó las cejas con extrañeza y le espetó: "¿Aún no te has marchado?". Las comisuras de los labios de Li Banfeng se curvaron hacia arriba, devolviéndole al viejo una sonrisa rígida e inexpresiva, y subió las escaleras sin decir una sola palabra. 'La universidad todavía no ha emitido la orden formal para desalojar los dormitorios. Que me vaya o me quede, ¿acaso te incumbe a ti, viejo entrometido?'. En aquel bloque se alojaban exclusivamente los alumnos del último curso de carrera. El edificio entero estaba sumido en un silencio sepulcral; era evidente que la inmensa mayoría de los estudiantes ya había recogido sus cosas y se había marchado. Li Banfeng subió hasta la sexta planta y entró en su habitación: el cuarto estaba sumido en una oscuridad impenetrable. Según el reglamento oficial de la residencia universitaria, la hora fijada para apagar las luces eran las once de la noche. Todavía no daban ni las nueve y aquel viejo conserje ya había cortado el suministro eléctrico. Había que reconocer que el anciano sabía muy bien cómo ahorrarle gastos de luz a la institución. Todos sus compañeros de habitación se habían ido. Aquellos que consiguieron empleo se marcharon a presentarse en sus nuevos puestos de trabajo; los que no encontraron nada, regresaron a casa de sus padres a pasar los días ociosos. He Jiaqing tampoco había conseguido trabajo, de modo que se había llevado a su novia para holgazanear juntos en casa. Ahora, en todo el dormitorio, únicamente quedaba Li Banfeng. Li Banfeng no podía encontrar trabajo debido a su historial psiquiátrico. Tampoco tenía un hogar al que regresar; resultaba impensable volver a mudarse al orfanato. ¿Cómo demonios iba a ganarse la vida a partir de ahora? ¿Acaso tendría que volver a cargar ladrillos y sacos de cemento en las obras de construcción? Al pensar en su tan prometedor y brillante futuro, el ceño de Li Banfeng se relajó y las comisuras de su boca se alzaron, dibujando una sonrisa. En esta ocasión no sonreía por alegría, sino por pura inestabilidad emocional; en su situación, a cualquiera se le habrían desquiciado los nervios. Mañana todavía se celebraba una feria de empleo en el campus, así que iría a probar suerte una vez más. Esta noche, con la habitación vacía solo para él, al menos podría disfrutar de un sueño tranquilo. Li Banfeng fue a los aseos comunitarios y se dio una ducha con agua fría. Justo cuando se disponía a trepar a su litera para entretenerse un rato con el teléfono móvil, se acordó de algo importante: debía llamar a He Jiaqing. ¿Y si de verdad se le escapaba la orina dormido en el vagón? Si por mojarse los pantalones se quedaba frío y pillaba un resfriado, sería una auténtica desgracia. Marcó el número. El teléfono dio tono de llamada durante un largo rato, pero nadie descolgó. 'Vaya, de verdad que se quedó profundamente dormido'. Li Banfeng insistió y marcó de nuevo. Tras sonar una y otra vez, la llamada finalmente fue atendida. "Banfeng...", brotó desde el auricular la voz ronca y apagada de He Jiaqing; por el tono, parecía no haber despertado del todo. "¡Jiaqing, levántate a mear!". La voz de He Jiaqing sonó completamente desorientada: "¿Mear?... ¿Mear dónde?... ¿Dónde estoy?...". '¿Que dónde estás? ¡Vaya manera tan profunda de dormir la tuya!'. Li Banfeng no insistió más y colgó la llamada. A tientas en la penumbra del cuarto, buscó la escalerilla de hierro y comenzó a subir hacia su cama. Sin embargo, nada más asomarse al borde de la litera, descubrió que su edredón estaba abultado de manera extraña, como si envolviera el cuerpo de una persona. '¿Hay alguien metido debajo de mi edredón? ¿De verdad es una persona?'. Li Banfeng levantó el edredón de golpe. ¡En efecto, era una persona! Aquella figura yacía recostada de espaldas a Li Banfeng, con el rostro pegado a la pared, sin emitir el más mínimo sonido ni movimiento. '¿Quién demonios se ha metido a dormir en mi cama?'. Una intensa vaharada de alcohol le golpeó la nariz. Parecía que aquel individuo se había emborrachado hasta perder el sentido. Pero incluso estando borracho como una cuba, ¡uno no puede meterse en la primera cama ajena que encuentre! "¡Arriba! ¿Quién eres? ¡Levántate ahora mismo!". Li Banfeng lo empujó por el costado, pero el cuerpo no reaccionó en absoluto. Las cortinas de la ventana estaban abiertas de par en par, y la luz de la luna bañaba la litera, perfilando con cierta vaguedad la silueta del intruso. De pronto, a Li Banfeng aquella complexión le resultó inquietantemente familiar. Agarró a la persona por el hombro y tiró de ella con fuerza para voltearla boca arriba. En cuanto la luz de la luna iluminó aquel rostro, Li Banfeng estuvo a punto de perder el equilibrio y caerse de la escalera. ¡Era He Jiaqing! Hacía apenas una hora y media que Li Banfeng lo había despedido con sus propios ojos en la estación de trenes. ¿Y ahora resultaba que estaba tumbado en su cama? "Jiaqing, ¿qué te pasa? Jiaqing, despierta...". Tras sacudirlo varias veces por el pecho, Li Banfeng retiró la mano de golpe, como si se hubiera quemado. ¡No tenía ningún sentido! Acababa de hablar con He Jiaqing por teléfono hacía escasos segundos. ¿Acaso no iba montado en el tren rumbo a su tierra? ¿No se suponía que debía haberse levantado a orinar? Si el que estaba tumbado en esta cama era He Jiaqing, entonces... ¿con quién acababa de hablar por teléfono? Los vellos de su cuerpo se erizaron de punta, uno tras otro. La sofocante y calurosa habitación de repente pareció volverse gélida y siniestra. '¿De verdad es He Jiaqing?'. Li Banfeng encendió la linterna de su teléfono móvil y apuntó el haz de luz directamente a la cara de la persona tumbada, examinándola durante varios segundos. ¡Era He Jiaqing, sin duda alguna! Había sido su hermano del alma a lo largo de cuatro años de universidad; jamás podría confundir sus facciones. ¡Cataplún! Li Banfeng resbaló de la escalerilla y cayó de golpe al suelo, derribando de paso la papelera de la habitación. Se puso en pie con una calma pasmosa, enderezó la papelera y salió a toda prisa del dormitorio. Cerró la puerta tras de sí y se quedó inmóvil, apoyando la espalda contra la pared del pasillo. La tensión eléctrica era inestable y la solitaria bombilla de luz amarillenta parpadeaba sobre su cabeza de forma intermitente. Li Banfeng se obligó a serenar los latidos de su pecho. Sacó el teléfono y volvió a marcar el número de He Jiaqing. El silencio al otro lado de la línea resultaba asfixiante. Tras unos diez segundos de espera, una voz femenina enlatada respondió: "El número al que llama se encuentra apagado o fuera de cobertura en este momento". Probó a marcar varias veces seguidas, pero la llamada no volvió a entrar. ¿Llamar a Lu Xiaolan? Li Banfeng no tenía guardado el número de teléfono de Lu Xiaolan; casi nunca mantenía contacto con ella. En el pasillo no se escuchaba ni una sola alma; todos los residentes de aquella planta parecían haberse marchado ya. Li Banfeng volvió la cabeza para mirar la puerta cerrada del dormitorio, devanándose los sesos sobre cuál debía ser su siguiente paso. ¿De verdad era He Jiaqing el que yacía en la cama? Hacía un momento estaba plenamente convencido de haberlo visto, pero ahora una punzada de incertidumbre comenzaba a corroerle el juicio. ¿Volver a entrar para comprobarlo? '¿Acaso te has vuelto loco? Si vas a volver a entrar, ¡al menos baja a buscar ayuda a otra planta! Pero, ¿a quién vas a encontrar a estas horas? Como mucho, al viejo conserje de abajo... ¿Y de qué serviría subir a ese viejo? No ayudaría en nada y solo entorpecería la situación. ¡Casi es mejor que vuelva a entrar yo solo a mirar!'. Li Banfeng mantenía una acalorada discusión consigo mismo. Bajo la lógica de cualquier persona normal, jamás se le ocurriría volver a entrar a solas en esa habitación. Pero Li Banfeng no era una persona normal. Había pasado por revisiones médicas en el hospital: no estaba loco, pero su salud mental distaba mucho de ser normal. Las comisuras de sus labios se arquearon ligeramente, dibujando una mueca sonriente. Sus emociones eran inestables, pero su ánimo se tornaba extrañamente placentero. Tenía un método muy peculiar para recobrar la calma. Ante lo que acababa de presenciar, se dio a sí mismo una explicación perfectamente razonable: 'Alucinaciones. Con toda seguridad ha sido una alucinación. Padezco una enfermedad psiquiátrica; que de vez en cuando vea alucinaciones es algo completamente lógico y comprensible. Ahora mismo entraré de nuevo al dormitorio; mientras conserve la lucidez mental, no volveré a ver a He Jiaqing por ninguna parte'. Con una sonrisa clavada en el rostro, Li Banfeng abrió la puerta y regresó al interior de la habitación. 'Son alucinaciones. Todo son alucinaciones'. Sin embargo, a medida que se aproximaba a la litera, el penetrante olor a licor se hacía cada vez más denso, como si quisiera advertirle de que nada de aquello era producto de su imaginación. Li Banfeng volvió a trepar por la escalerilla metálica, alzó la linterna del teléfono y enfocó su propia cama. He Jiaqing seguía allí tumbado, con los ojos fuertemente cerrados y el rostro pálido como el de un muerto. Li Banfeng le dio unas palmadas en la mejilla: la piel estaba caliente. Le acercó los dedos a la nariz para comprobar su respiración: todavía respiraba, aunque de forma sumamente débil y entrecortada. Bajó de inmediato de la litera y marcó sin dudar el número del servicio de emergencias médicas. Explicó con absoluta claridad la dirección exacta y el estado de la víctima, colgó el teléfono y se dispuso a aguardar la llegada de la ambulancia. Se quedó de pie junto a la litera, mientras arriba yacía un He Jiaqing que nadie sabía cómo había llegado hasta allí. En medio de la penumbra del dormitorio, ambos guardaron un absoluto y pesado silencio. ¡Tin-tin! El sonido de una notificación de mensaje de texto desgarró la quietud de la habitación. El remitente era He Jiaqing. Li Banfeng estaba seguro al cien por cien de que el He Jiaqing que yacía inconsciente en la cama no podía haber enviado ningún mensaje. Sin embargo, en la pantalla de su teléfono acababa de entrar un mensaje de texto real y tangible firmado por él. El mensaje contenía únicamente tres palabras: "¡Banfeng, sálvame!". \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.