Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 38 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng le indicó al cochero que condujera el carruaje hasta un descampado en el Barranco Exterior para descargar la mercancía.
Dado que Chunsheng ya le había pagado el porte con creces de antemano, el cochero no hizo preguntas impertinentes; descargó todo el cargamento de enseres al borde de una arboleda, arreó a su bestia y se marchó.
Li Banfeng echó un vistazo a su alrededor y, al comprobar que no había nadie a la vista, tensó los músculos, aunó fuerzas y se echó al hombro aquella pesada cama de madera con cuatro postes.
A decir verdad, la capacidad de carga de un Cultivador del Viaje era formidable: incluso soportando un armazón de madera de semejantes dimensiones, Li Banfeng todavía se las apañó para liberar una mano y sacar la llave.
Esa cama de madera maciza era una mole verdaderamente pesada.
Aquel dependiente llamado Chunsheng había sido capaz de subirla él solo al carruaje; a todas luces, no se trataba de un individuo ordinario.
Li Banfeng introdujo la cama en la Residencia Móvil. La habitación en sí no era espaciosa, apenas contaba con seis o siete metros cuadrados, por lo que, al acomodar una cama de metro y medio de ancho, el espacio quedó un tanto apretado.
A continuación, Li Banfeng metió el gramófono y se puso a cavilar sobre el lugar idóneo para ubicarlo.
'¿Ponerlo enfrente del lecho para escuchar melodías recostado?'
Disfrutar de la exquisita música mientras contemplaba el resoplido del vapor sin duda resultaba de lo más placentero.
No obstante, en cuanto concluyera una pieza tendría que levantarse a cambiar el disco, y una vez consumidas las dos tazas de agua, tendría que salir de la cama para rellenarlas.
Si tenía que incorporarse a cada momento mientras escuchaba canciones, la experiencia perdería gran parte de su encanto.
Li Banfeng decidió colocar el gramófono junto a la cabecera de la cama. De ese modo, tumbado sobre el colchón, sólo tendría que estirar el brazo para cambiar el disco, añadir agua, extinguir la llama o darle cuerda, sin necesidad de ponerse en pie.
'Buena idea, se queda así.'
Una vez trasladado el gramófono, tendió la colcha y las sábanas, sacudió el polvo con un plumero y dobló con esmero la ropa que le había obsequiado el tendero, colocándola provisionalmente junto a su mochila.
Todavía le restaban muchos muebles por agenciarse: le hacía falta un armario para la ropa, una cómoda para guardar cachivaches, además de un juego de mesa y sillas...
Los párpados de Li Banfeng comenzaron a pesarle; una densa somnolencia empezaba a embotarlo.
Tras descender de la montaña, Qin el Gordo y él habían descansado durante un día entero en una posada, regresando al Barranco Interior recién al día siguiente. El crepúsculo acababa de desvanecerse y la noche apenas cubría la tierra; con arreglo a la lógica, Li Banfeng no debería arrastrar semejante agotamiento.
'¿Será acaso que no he purgado del todo los restos de veneno en mi cuerpo?'
'¡No tendría sentido! ¿Acaso no decían que los Cultivadores del Hogar son los que más rápido se recuperan?'
Por muy exhausto que se sintiera, antes debía ir al encuentro del gordo. Habiendo pasado ya un tiempo considerable en semejante lugar, si existía alguien a quien Li Banfeng pudiera considerar un amigo, ese era, indiscutiblemente, Qin Xiaopang.
Al llegar a la tienda de bollos rellenos situada al final de la calle, Qin Xiaopang seguía devorando con voracidad desenfrenada; junto a su mesa se apilaban ya varias torres de vaporeras de bambú.
"¿Por qué tardaste tanto?", masculló Qin Xiaopang, con la boca atiborrada por un bollo y pronunciando las palabras a duras penas.
"Me quedé regateando el precio con el Tendero Feng." Li Banfeng arrastró una silla para tomar asiento y le pidió al encargado que sirviera dos vaporeras más.
La tienda de bollos era modesta, pero elaboraban la comida con esmero. Eran bollos con relleno de carne de ternera: al darles un mordisco y sorber con delicadeza, la boca se inundaba de un caldo fresco y sustancioso que, acompañado de un par de dientes de ajo machacados, constituía un manjar auténtico, sencillo y puro.
Li Banfeng ordenó una jarra de licor. Desconocía cuál era el mejor brebaje del establecimiento —jamás había oído mencionar ninguno de los nombres locales—, de modo que se limitó a indicarle al dependiente que trajera el más selecto de la casa.
A Qin Xiaopang le dolió un poco en el alma ver aquello; como todavía no había conseguido liquidar sus píldoras, incluso el licor de una modesta tienda de bollos se le antojaba un auténtico lujo.
"Hermano Qin, no te preocupes, esta ronda corre por mi cuenta." Li Banfeng se sirvió una copita y le dio un sorbo. Era un licor muy fuerte; tuvo que dejarlo reposar un buen rato en la boca antes de tragarlo.
Al ver el talante tan desprendido de Li Banfeng, Qin Xiaopang bajó la voz y preguntó: "¿A qué precio las vendiste?".
Li Banfeng hizo un ademán con la mano: "A seis mil".
No había necesidad de ocultárselo a Qin Xiaopang; si en el futuro deseaba colocar su género con el Tendero Feng, muy probablemente obtendría esa misma cotización.
Al oír la cifra, Qin Xiaopang no paró de sacudir la cabeza con desaprobación: "Hermano Li, no es por criticarte, pero las malvendiste por una miseria. Esto no es mercancía del montón; de verdad que ignoras los entresijos de este negocio".
"¿Qué entresijos?"
La noche ya estaba avanzada y no quedaba ningún otro cliente en el establecimiento, de modo que Qin Xiaopang redujo el tono de voz al mínimo susurro: "Hace un momento me topé con un conocido en esta misma tienda. Me puse a sondear el mercado y logré sacarle información de primera mano. Las familias acaudaladas de la Provincia de Puluo compran píldoras a cientos o a miles todos los años; al llegar el fin de año, las reparten exclusivamente como recompensa entre los miembros del clan que han cosechado méritos notables. Una familia entera se parte el lomo y se juega el pellejo a lo largo de doce meses con la ilusión de arañar unas cuantas píldoras más para incrementar su cultivo. Pero ¿qué pasa con los que no tienen méritos a su favor? Pues no les queda otra que pagar precios desorbitados en el mercado negro para hacerse con ellas. Las tarifas del mercado callejero no tienen nada que ver con las de las boticas. En una botica te las venden a diez mil, pero en la calle no bajan de doce mil; y hay quienes piden quince mil, dieciocho mil e incluso veinte mil por pieza. Haberlas soltado por seis mil... hermano, saliste perdiendo hasta la camisa".
Li Banfeng negó con la cabeza y dijo: "Si puedo vender estas píldoras medicinales, serán dinero; pero si no puedo darles salida, ¿de qué me sirve guardarlas conmigo? No me faltan esos pocos días de cultivo, ni conozco a ningún joven de familia rica".
Qin el Gordo dio un sorbo a su licor: "¿Qué te parece esto? Esperemos a recuperarnos un par de días y te llevaré a dar una vuelta por el Barranco del Rey de la Medicina. A los absurdamente ricos no podremos aspirar, pero conozco a bastantes señoritos de familias acomodadas".
Li Banfeng se comió un bollo relleno y sonrió: "Agradezco tu buena intención, pero mañana mismo tengo que regresar a Yuezhou".
"¿Yuezhou?". Qin el Gordo nunca había oído aquel nombre.
"Yuezhou es un lugar de las provincias exteriores. De allí es de donde vengo".
"¿Te vas a volver? ¿Tan pronto?". El Gordo se sintió un poco desilusionado, pero tras comerse dos bollos más, pareció comprenderlo: "Tiene sentido. Vienes de las provincias exteriores y has visto mundo; es normal que mires por encima del hombro a un sitio como la Provincia de Puluo. El día de mañana, yo también tendré que ir a echar un vistazo a las provincias exteriores. Si uno no llega a conocer un lugar tan bueno, habrá vivido esta vida en vano".
'¿Un lugar tan bueno?'.
'¿Acaso Yuezhou es un buen lugar?'.
Li Banfeng sentía que Yuezhou en verdad era un buen sitio, pero si lo forzaban a explicar qué tenía de bueno, tampoco sabría decirlo.
Siguieron comiendo hasta que la tienda de bollos cerró por la noche, y allí mismo se despidieron.
Qin el Gordo le dijo: "Ya sabes dónde está mi casa. Cuando vuelvas a la Provincia de Puluo, no dejes de venir a buscarme".
El efecto del licor comenzó a subir poco a poco y, sumado al agotamiento que arrastraba por todo el cuerpo, Li Banfeng se recostó en la cama, a punto de conciliar el sueño.
Sin embargo, quedarse dormido así le dejaba una persistente sensación de haber olvidado algo.
'¿Acaso no caminé mis veinte li hoy?'.
Los había caminado de sobra.
'Entonces, ¿qué me falta por hacer?'.
Li Banfeng se incorporó a medias, sacó la manivela, la encajó en el gramófono y le dio cuerda hasta el tope.
Así que era eso lo que faltaba; le faltaba su música de antes de dormir.
Escogió a conciencia un disco. Venía protegido en una funda de cartón grueso que lucía una portada primorosamente pintada a color.
La ilustración mostraba un manto de flores entremezcladas en tonos rojos y amarillos, y en medio de ellas, una hermosa dama de vestido largo bailaba con elegancia.
Li Banfeng extrajo el disco, lo colocó sobre el plato del gramófono y accionó el interruptor. En medio del chisporroteo del sonido de fondo, el aparato comenzó a reproducir una hermosa voz:
"¡Aquel viento del sur trae su frescor!
¡Aquel ruiseñor trina su suave canción!
Bajo la luna las flores se entregan al sueño, ¡solo el nardo nocturno exhala su fragancia!".
¡Era \*Nardo nocturno\*!
Ya había escuchado esa melodía en otras ocasiones, pero jamás le había gustado tanto como esta noche.
Antes de que la canción terminara, Li Banfeng ya se había sumergido en el mundo de los sueños.
Había recurrido al mecanismo de cuerda; si no había utilizado el motor de vapor era precisamente por temor a quedarse dormido en cualquier instante.
Con la cuerda no hacía falta preocuparse por apagar el fuego, de modo que Li Banfeng se entregó al descanso con total tranquilidad.
"Por ti canto yo, en ti pienso yo, nardo de la noche~~".
La canción llegó a su fin.
La aguja alcanzó el final del surco.
La cuerda se destensó por completo y el gramófono se detuvo.
En la penumbra de la Residencia Móvil, solo se escuchaba la respiración acompasada y profunda de Li Banfeng.
\*Chas-chas, glu-glu...\*
Desde el gramófono brotó de pronto un rumor de agua líquida, como si alguien estuviera vertiendo agua dentro de la bocina.
\*¡Tsss!\*
Un fósforo se encendió con un raspón seco, prendiendo la mecha del depósito de aceite.
\*¡Chuf... chuf... chuf!\*
Espesas volutas de vapor comenzaron a brotar de la pequeña bocina del lado derecho, y el plato del gramófono empezó a girar lentamente.
La aguja fue devuelta por sí sola a la posición de inicio y, entre el familiar siseo de fondo, el gramófono volvió a dejar escapar una canción:
"En los confines del mundo, en el fin del mar~
busco y busco a mi alma afín~
Esta muchacha canta y su galán pulsa el laúd,
¡ay, cariño, tú y yo somos un solo corazón!".
La dulce melodía no dejaba de resonar por cada rincón de la Residencia Móvil.
\*Sssss...\*
Los pétalos del loto de bronce se desplegaron con lentitud, y desde el corazón de la flor se levantó un leve torbellino.
La ráfaga pasó rozando el gramófono, haciendo que la canción desafinara ligeramente por un instante.
Al cabo de una decena de segundos, la voz recuperó su cadencia estable.
Los pétalos del loto de bronce se estremecieron un par de veces y volvieron a cerrarse por completo.
El gramófono continuó entonando aquella tonada cargada de dulzura:
"En esta vida, ¿quién no~ atesora, ay, atesora la juventud?
Esta muchacha es como el hilo y su galán es como la aguja,
¡ay, cariño, ensartados el uno en el otro sin separarse jamás!".
Arrullado por la canción, Li Banfeng dormía profundamente, con una sonrisa de absoluta dicha dibujada en el rostro.
PD: Todos han estado preguntando si este libro tendrá protagonista femenina. Sha La les responde: ¡sí la tiene, y aquí ha llegado! Llegó resoplando vapor.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 38
Estás leyendo el capítulo 38 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.