Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 37 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tras descansar un día en la posada, Li Banfeng y el Gordo Qin alquilaron un carruaje de caballos y se pusieron en marcha.
Li Banfeng creía que Qin Xiaopang lo llevaría a un lugar fuera de lo común.
Sin embargo, en realidad, el sitio al que lo condujo fue el Barranco Interior.
De pie en una esquina, Qin Xiaopang le advirtió: "Hermano, ese viejo es demasiado taimado. No le hagas caso cuando empiece a quejarse de sus penurias ni cuando hable de sus dificultades. Tienes que fijar un precio en tu mente, ¡y jamás vender por debajo de esa cifra!".
Li Banfeng ya tenía un precio previsto.
Su expectativa era de cinco mil yuanes por píldora; por debajo de esa suma, no pensaba vender.
La lógica era sencilla: si un tesoro valorado en diez mil no alcanzaba ni los cinco mil, Li Banfeng prefería tragarse él mismo las píldoras; al fin y al cabo, no le faltaba dinero para costearse el pasaje de regreso.
Aún recordaba la advertencia del buhonero ambulante: un cultivador no debía descuidar su cultivo ni un solo día.
Si en el futuro surgía alguna circunstancia imprevista y no podía salir al exterior, o le resultaba imposible regresar a la Residencia Móvil, una sola Píldora de Manchas de Serpiente bastaría para compensar un día entero de cultivo.
Si el afamado velocista Qiao Yuesheng hubiese contado con suficientes Píldoras de Manchas de Serpiente, a buen seguro no habría tenido un final tan atroz.
Habiéndose resuelto, Li Banfeng le preguntó a Qin Xiaopang: "¿No vienes conmigo?".
Qin Xiaopang negó con la cabeza: "No tengo prisa por venderlas. Unas píldoras tan magníficas... me dolería venderlas a precio de saldo. En un principio pensaba acompañarte para regatear, pero la última vez que fui a comprarle armas me impacienté un poco al hablar y la cosa acabó algo tensa. Esta vez prefiero no ir a estorbarte. Cuando termines el trato, te espero en la tienda de bollos al vapor que está al inicio de la calle".
Con tanto misterio, al final el lugar que le había buscado el Gordo no era otro que la Tienda de Ultramarinos Feng.
Aunque, bien mirado, de no haber sido por la indicación del Gordo, a Li Banfeng jamás se le habría cruzado por la cabeza que una tienda de ultramarinos comprara píldoras medicinales.
Al entrar en el establecimiento, el Tendero Feng lo recibió con una amplia sonrisa: "¡Patrón Li, ha vuelto! ¿Qué tal le fue con los negocios en esta expedición?".
Li Banfeng sonrió: "La cosecha no estuvo mal. Justo vengo a buscarlo para colocar algo de mercancía".
El Tendero Feng se quedó atónito: "Patrón Li, aquí no compramos Crisantemos de Manchas de Serpiente; no dispongo de la fórmula para elaborar píldoras".
"No son crisantemos. Busquemos un rincón para hablar a solas".
El Tendero Feng invitó a Li Banfeng a pasar a la trastienda. Li Banfeng sacó primero mil trescientos yuanes.
"Quinientos por la hoz, ochocientos por la pala. ¡Primero saldamos deudas!".
El Tendero Feng guardó el dinero con una sonrisa: "¡Qué generoso es el Patrón Li! ¿Y qué tipo de mercancía desea colocar aquí?".
Li Banfeng sacó una Píldora de Manchas de Serpiente y se la entregó al Tendero Feng.
El Tendero Feng tomó la píldora, se caló las gafas de lectura y la examinó con detenimiento durante un buen rato. Asintió con satisfacción: "Excelente calidad. Es incluso superior a las píldoras que dispensan las boticas".
Li Banfeng dio un sorbo a su té y sonrió: "¡El Tendero Feng sí que sabe reconocer el buen género!".
El Tendero Feng también esbozó una sonrisa y, acto seguido, le devolvió la píldora a Li Banfeng.
Li Banfeng se quedó desconcertado: "¿Qué significa esto? ¿No la compra?".
El Tendero Feng negó con la cabeza: "No es que no la compre, sino que antes debo explicarle las reglas. Este lugar no es una botica, es una tienda de ultramarinos. Aunque puedo hacer el negocio, este no es mi ramo principal. En una botica, esta píldora podría alcanzar los doce mil yuanes, pero aquí no puedo ofrecerle semejante precio. Yo no sé elaborar píldoras; al comprar y revender, necesito asegurarme un margen de beneficio. Además, si la píldora se queda en mi tienda, quién sabe cuándo podré darle salida. Por tanto, tengo que rebajar el precio, y temo que la oferta no sea de su agrado".
Li Banfeng asintió. Quejarse de las dificultades y lamentarse por las penurias era algo para lo que ya venía preparado. No obstante, dijera lo que dijese el tendero, por debajo de cinco mil, Li Banfeng jamás la vendería.
"Dígame una cifra".
El Tendero Feng extendió cinco dedos. Li Banfeng creyó que se refería a cinco mil exactos, pero en ese instante oyó decir al tendero: "A mitad de precio. A lo sumo puedo ofrecerle un cincuenta por ciento: seis mil yuanes por unidad".
En este precio no había trampa ni cartón; el Tendero Feng había hablado con total franqueza y ese era su tope máximo, ya que al tratarse de píldoras de procedencia desconocida él también asumía un riesgo considerable.
Por supuesto, si no había regateado a la baja, se debía también a otra razón: necesitaba pedirle un favor a Li Banfeng.
Li Banfeng asintió. Seis mil yuanes por unidad era un precio que lo dejaba sumamente satisfecho.
Sin embargo, aunque por dentro estaba encantado, no lo demostró en el semblante: "Seis mil... es un poco escaso. Pero veamos, ¿cuántas puede absorber el Tendero Feng?".
El Tendero Feng se acarició el bigote caído: "Eso depende de cuántas desee colocar el Patrón Li".
"Sesenta y cinco. ¿Puede quedarse con todas?".
El Tendero Feng asintió: "Puedo".
"¡El Tendero Feng es un hombre resuelto! ¡Trato hecho!". Dicho esto, Li Banfeng sacó la bolsa y volcó las píldoras sobre la mesa.
El Tendero Feng contó las unidades una por una y asintió con aprobación: "El Patrón Li también es un hombre de palabra firme. Una suma tan descomunal probablemente se registraría a cuenta en otros comercios, pero hoy, aquí conmigo, le pagaré en riguroso efectivo".
Dicho esto, el Tendero Feng hizo un gesto con la mano y llamó al dependiente.
La tienda contaba con un único dependiente, un muchacho llamado Shengzi. El Tendero Feng le susurró unas palabras al oído; Shengzi fue detrás de las estanterías, cruzó una puertecilla y, al poco rato, regresó trayendo un maletín de cuero.
Delante de Li Banfeng, el Tendero Feng abrió el maletín: ordenados en fajos de diez mil yuanes, contenía treinta y nueve fajos de billetes.
Pese a que el establecimiento no era grande, este Tendero Feng disponía de verdaderas reservas de capital.
"Trescientos noventa mil. Cuéntelos bien, por favor".
Li Banfeng sonrió: "¿Acaso desconfiaría del Tendero Feng?".
Li Banfeng los contó tres veces y cerró el maletín.
El Tendero Feng guardó las píldoras y dijo sonriendo: "Patrón Li, gracias a su gentileza el negocio ha concluido con éxito. Sin embargo, debemos dejar claras las reglas: yo no he preguntado por la procedencia de sus píldoras, y a quién se las venda yo en el futuro o a qué precio las coloque, usted tampoco podrá indagarlo".
"Pierda cuidado, no violaré sus normas".
Li Banfeng no tenía ningún interés en entrometerse en semejantes asuntos. Con el dinero en mano, iría de inmediato a la estación a comprar el billete para regresar cuanto antes a Yuezhou.
Primero tantearía el terreno para ver si la gente del Buró Estrella Oscura lo dejaba en paz.
Si no había mayores complicaciones, iría a toda prisa al hospital para comprobar en qué estado se encontraba realmente He Jiaqing.
Li Banfeng acababa de levantar el maletín para marcharse cuando el Tendero Feng soltó: "Patrón Li, aguarde un instante. Aquello que usted deseaba se lo he seguido guardando todo este tiempo".
Dicho esto, el Tendero Feng retiró una cortina de tela y aquel gramófono volvió a aparecer ante los ojos de Li Banfeng.
Un mueble de caoba de aire arcaico, tres bocinas de latón, una grande y dos pequeñas.
Tan solo su estampa impedía que Li Banfeng apartara la mirada.
"Patrón Li, ¿todavía quiere este gramófono?". El Tendero Feng observaba las expresiones de Li Banfeng mientras calculaba sus próximas palabras.
"Quererlo, lo quiero; pero debo hacer un viaje largo, y cargar con este artefacto no resultaría muy práctico". Li Banfeng hizo un esfuerzo considerable por desviar la vista del aparato.
El Tendero Feng se mostró profundamente extrañado: "Al salir de viaje no necesita llevarlo consigo; basta con dejarlo en casa".
Li Banfeng sostuvo el cuenco de té con su tapa y tomó otro sorbo: "Si se queda en casa sin nadie que lo cuide, ¿no sería desperdiciar una pieza tan excelente?".
Al oír estas palabras, el dependiente no dejó de hacerle señas y guiños a su patrón.
El Tendero Feng suspiró con suavidad: "El Patrón Li es un hombre franco y directo. Puesto que le ha echado el ojo a este gramófono, tenía pensado hacerle una rebaja y vendérselo por ciento ochenta mil".
Li Banfeng tomó aire profundamente y dijo: "Espere, espere un poco más".
El Tendero Feng tomó un disco, lo colocó sobre el plato, añadió dos tazas de agua y encendió la mecha que había debajo del aparato.
¡Chhh! ¡Chhh! ¡Chhh!
Por la pequeña bocina de la derecha, el aparato comenzó a expulsar vapor a un ritmo acompasado. El disco empezó a girar y un leve chisporroteo de estática brotó con lentitud.
"Las mariposas alzan el vuelo, el corazón ya ausente está; en la desolada y fría noche, ¿quién vendrá a enjugar las lágrimas que anegan mis mejillas?...".
Era de nuevo aquella melodía.
"Hierbas y flores silvestres renacen en primavera".
A Li Banfeng le costaba contenerse.
El Tendero Feng suspiró suavemente: "Ayer, un cliente le echó el ojo a este gramófono. Le dije que ya estaba reservado por otro comprador y no se lo vendí. Jefe Li, si usted sigue esperando, me temo que no podré conservarlo por más tiempo. Mi verdadera esperanza era que, cuando usted regresara, pudiéramos volver a disfrutar de una buena melodía juntos. Pero me temo que, para cuando vuelva la próxima vez, aunque quiera oírlo, ya no podrá hacerlo".
¿Regresar?
'¿Acaso voy a regresar?'
Una vez de vuelta en Yuezhou, Li Banfeng pensaba buscar cualquier empleo ordinario y mudarse a vivir en la Residencia Móvil; sin hipotecas, sin el estrés de los desplazamientos diarios, disfrutando de una vida sencilla y apacible.
A la Provincia de Puluo, lo más probable era que no volviese jamás.
Al pensar en ello, Li Banfeng se levantó de repente y salió de la tienda de ultramarinos con el maletín de dinero en la mano.
La melodía lúgubre y desoladora flotaba en la tienda. El dependiente dio un pisotón en el suelo y miró al Tendero Feng: "¡Patrón! Yo vi que de verdad tenía intenciones de comprarlo. Le pusimos un precio demasiado alto".
El Tendero Feng no paraba de suspirar: "¡Tampoco tenía otra opción! Si se vende demasiado barato, ¡esa cosa se niega a cruzar la puerta!".
El dependiente puso cara amarga: "¿Y qué hacemos ahora? ¿Cuándo demonios nos vamos a deshacer de esta cosa?".
El Tendero Feng estaba lleno de impotencia; en la tienda de ultramarinos no cesaban los lamentos.
Cuando la pieza terminó y la aguja llegó al final del surco, el Tendero Feng apagó el fuego y purgó el vapor. Justo cuando iba a bajar la tapa del gramófono, vio de pronto que Li Banfeng regresaba.
"Ciento sesenta mil. ¿Lo vende o no?".
El dependiente miró al Tendero Feng con los ojos desbordantes de esperanza.
El Tendero Feng sopesó la oferta por un instante y, con semblante sereno, sentenció: "¡Vendido!".
Unas gotas de sudor brotaron de su frente; el Tendero Feng se las secó con disimulo para no mostrar ninguna debilidad ante Li Banfeng.
Li Banfeng contó de inmediato ciento sesenta mil y los plantó con firmeza sobre el mostrador.
El Tendero Feng ni siquiera se molestó en contarlos; recogió el dinero al instante y le ordenó al muchacho: "¡Shengzi, prepara el carruaje! ¡Vamos a llevarle la mercancía al Jefe Li!".
El dependiente estaba a punto de salir a prepararlo cuando de repente escuchó a Li Banfeng decir: "¡Un momento!".
El muchacho se sobresaltó y miró al Tendero Feng.
El Tendero Feng mantuvo la compostura: "Jefe Li, el trato ya está cerrado. Regatear a estas alturas no sería apropiado".
Li Banfeng negó con la cabeza: "No se trata de regatear. Es que también quiero comprar otras cosas".
Quería comprar una cama.
Puesto que pensaba instalarse a largo plazo en la Residencia Móvil, dormir siempre en el suelo era inconcebible.
Al principio había planeado comprarla al volver a Yuezhou; comprar por internet salía más barato y había mucha más variedad de modelos.
Pero al reflexionar sobre el viaje de regreso, Li Banfeng decidió adquirirla directamente en la tienda de ultramarinos.
No quería volver a pasar el trayecto dentro del vagón del tren; no deseaba toparse de nuevo con el monstruo de tres cabezas en Santoucha, ni tampoco tener que resistir tentaciones insoportables en Kudaikan.
Podía quedarse dentro de la Residencia Móvil: con tal de esconder bien la llave, evitaría con éxito todos los peligros del vagón.
Comprando una buena cama y abasteciéndose con provisiones suficientes, aunque el tren volviera a sufrir una avería, nada perturbaría su dichosa existencia.
"Comprar una cama...". El Tendero Feng había tenido la intención de responder que no tenían, pero justo junto a las estanterías de la trastienda había colocada una cama de madera con cuatro postes.
La llamada "de cuatro postes" consistía en cuatro columnas rematadas por un dosel superior, con barandillas en la sección media; medía metro y medio de ancho por un metro con veinte de alto, con una estructura que recordaba a una pequeña casita y transmitía una sensación de seguridad extraordinaria al acostarse dentro.
A Li Banfeng le agradó a primera vista: "Tendero Feng, póngale precio".
El Tendero Feng ni siquiera miró la cama; no apartaba los ojos del gramófono.
No sabía si era una ilusión, pero el gramófono pareció moverse ligeramente.
'Malo... Esta cosa parece que no quiere marcharse'.
El Tendero Feng apretó los dientes: "¡Jefe Li, admiro su franqueza y decisión, y usted siempre ha sido un excelente cliente para mi negocio! ¡Esta cama se la regalo!".
No quería perder más tiempo; no quería demorarse ni un solo segundo.
Li Banfeng agitó las manos repetidamente: "¿Cómo va a ser eso posible...?".
"¡Jefe Li, si no la acepta, es porque me desprecia!".
"No es eso. Una cama tan buena, ¿cómo voy a aceptarla de balde? Póngale un precio y luego le echo un vistazo a la ropa de cama".
"¡La ropa de cama no es problema! ¡Shengzi, tráele al Jefe Li dos juegos de edredones con cubierta de satén!".
"No, espere, Tendero Feng..." Li Banfeng no comprendía qué estaba pasando. "Vengo a comprar cosas, no a aprovecharme de usted. También tenía pensado comprar un par de mudas de ropa...".
"¡Shengzi, toma la cinta métrica y tómale las medidas al Jefe Li!".
Sin darle opción a replicar, Shengzi se adelantó, lo midió de arriba abajo y en un abrir y cerrar de ojos trajo un traje blanco impoluto.
"Jefe Li, ¡lo considero un amigo entrañable! ¡La ropa también va de regalo!".
"No, es que por lo general no uso blanco, es difícil de mantener limpio...".
"¡Trae el traje negro!".
"El negro también se ensucia con facilidad...".
"¡Trae esa camisa a cuadros beige!".
"Olvide la ropa, ya no la quiero", Li Banfeng estaba completamente desconcertado por la actitud del Tendero Feng. "Mejor me llevo un par de velas".
"¡Shengzi, saca un fardo entero de velas y empácale al Jefe Li ese candelabro estilo Ingrid!".
"No, pero qué... Yo... ya no compro nada más. Deme dos discos de gramófono y ya".
El Tendero Feng fue a las estanterías, agarró una docena larga de discos y los colocó de golpe sobre el mostrador: "¡Le regalo además dos bidones de combustible, un bidón de aceite para máquinas, una tetera, dos tazas, un cubo de agua y un fardo de mechas para velas! ¡También tengo aquí un juego de herramientas con alicates y llaves inglesas completas! Si el gramófono llega a tener algún pequeño fallo, ¡usted mismo podrá arreglarlo!".
"No, espere, es que yo...".
El Tendero Feng agarró un plumero y se lo encajó a Li Banfeng en las manos: "El gramófono teme al polvo, así que sacúdalo a menudo. ¡Jefe Li, soy un hombre honrado y directo! ¡Si no lo acepta, me ofenderé de verdad!".
Li Banfeng guardó silencio.
Ya no había manera de decir una sola palabra.
El dependiente contrató un carruaje de caballos. Primero subieron la cama, luego el gramófono, y tras ellos los edredones, la ropa, el combustible, las velas, el cubo... cargaron hasta el último objeto en el carruaje.
Li Banfeng, con el plumero en la mano, se quedó pasmado en la entrada.
El muchacho ayudó a Li Banfeng a subir al carruaje, mientras el tendero gritaba desde el umbral: "¡Jefe Li, que tenga un buen viaje! ¡Esperamos seguir contando con su distinguido patrocinio!".
Dicho esto, Shengzi apremió al cochero y el carruaje partió.
Viendo cómo el vehículo desaparecía a lo lejos al doblar la esquina de la calle, el Tendero Feng y el dependiente permanecieron inmóviles en la tienda durante un largo rato.
"¡Patrón!", la voz de Chunsheng temblaba ligeramente.
"¡Shengzi!", el Tendero Feng también tenía un nudo en la garganta.
"¡Patrón!", a Chunsheng se le enrojecieron los ojos.
"¡Shengzi!", el Tendero Feng se limpió las lágrimas que asomaban en sus párpados.
"Patrón, ¿de verdad... de verdad logramos vender esa cosa?", Chunsheng todavía albergaba ciertas dudas en su corazón.
"Shengzi, ve a la trastienda a mirar. Siento que lo vendimos un poco barato... Fíjate con mucho cuidado, ¿no habrá vuelto esa cosa?". La actitud del Tendero Feng seguía siendo prudente al extremo.
Chunsheng corrió a trote hacia la trastienda y salió de nuevo en un abrir y cerrar de ojos.
"No ha vuelto. Esta vez sí que se fue de verdad".
"¡Shengzi!", el Tendero Feng rompió a llorar a viva voz.
"¡Patrón!", las lágrimas corrían a raudales por las mejillas de Chunsheng.
"¡Shengzi!".
"¡Patrón!".
Los dos se desplomaron en el suelo y se pusieron a llorar a moco tendido.
El dependiente se secó las lágrimas y dijo: "Por fin podremos hacer negocios en paz".
El Tendero Feng se levantó de un salto y se sacudió la ropa: "¡Qué carajos de negocios ni qué nada! ¡Hoy cerramos la tienda de inmediato, nos vamos al Pabellón Fenglai, reservamos una mesa con el mejor licor, llamamos a dos mozas para que nos acompañen y nosotros dos nos daremos la gran vida unos cuantos días antes de pensar en cualquier otra cosa!".
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 38
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 37
Estás leyendo el capítulo 37 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.