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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 36 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng alzó la vela y buscó por doquier los cadáveres del hombre de las gafas de montura dorada y de Hu Gaozi. No halló cadáver alguno; únicamente encontró algunos bártulos amontonados en una esquina. Encontró las ropas de ambos hechas jirones; a juzgar por el grado de los desgarros, aquellas prendas habían sido arrancadas de sus cuerpos a viva fuerza por algún poder externo. Los objetos que llevaban en la ropa seguían allí: Li Banfeng halló las carteras de los dos. La bolsa de tela que contenía los lotos de manchas de serpiente también estaba allí, y las flores de su interior se hallaban intactas. Junto al loto de bronce, Li Banfeng también encontró las gafas de montura dorada. Al lado de las gafas había un estuche de madera, y junto a este, una pitillera de hierro. Pero faltaba un objeto: el abanico plegable del hombre de las gafas de montura dorada. Li Banfeng sentía un gran interés por aquel abanico de fragancia tan peculiar. Su material era muy singular, al igual que su manufactura: plegado servía como vara de hierro; desplegado, funcionaba tanto de cuchilla como de escudo. ¿Adónde había ido a parar el abanico? ¿Se lo había tragado el loto de bronce? ¿Y los cadáveres? ¿También se los había devorado el loto de bronce? Se había engullido dos cadáveres y arrebatado el arma de Gafas de Montura Dorada. ¿Para qué quería un arma el loto de bronce? ¿Acaso esta vasija con forma de loto podía blandir armas y ponerse a luchar? Además, antes el loto de bronce se había comido los crisantemos de manchas de serpiente y los había refinado en Píldoras de Manchas de Serpiente. Ahora que había devorado los cadáveres y el arma, ¿por qué no había tocado los crisantemos de manchas de serpiente de Gafas de Montura Dorada y de Hu Gaozi? ¿Acaso porque ahora tenía carne para comer ya no le apetecía la verdura, y luego se zampó un abanico para limpiarse los restos entre los dientes? Era una deducción bastante razonable. Entonces, ¿qué había dentro de estas tres semillas de loto? ¿Acaso había refinado también a Gafas de Montura Dorada y a Hu Gaozi en píldoras? Con sumo cuidado, Li Banfeng desprendió las tres semillas del receptáculo de siete orificios; la flor de loto se cerró al instante. Dos de las semillas comenzaron a hincharse en la palma de su mano. Al cabo de una decena de segundos, ambas se resquebrajaron y de cada una brotó con un chasquido una perla roja y redonda. El tamaño de estas dos esferas era ligeramente mayor que el de las Píldoras de Manchas de Serpiente; su color era puro y, bajo la luz de la vela, destellaban con un brillo sumamente cristalino. ¿Qué clase de píldora era esta? Mientras reflexionaba, la tercera semilla también estalló. En su interior solo había una esfera redonda, de color herrumbre. No solo su color parecía herrumbre; su tacto también era como de herrumbre: en la mano producía una aspereza viscosa y desagradable que provocaba un profundo rechazo. Y no era solo aspereza, sino una punzada hiriente. Li Banfeng arrojó a un lado la píldora herrumbrosa y descubrió una marca roja en la palma de su mano; junto al ardor punzante, se sentía un ligero entumecimiento. ¿Envenenado? Li Banfeng no sabía cómo reaccionar cuando, de repente, la marca roja se abrió y brotó un poco de sangre. Tras fluir la sangre, el ardor punzante y el entumecimiento se esfumaron. Un Cultivador del Hogar poseía una gran capacidad de autorrecuperación dentro de su propia morada; el sangrado de hacía un instante debía de haber sido un proceso activo de desintoxicación. Sin embargo, Li Banfeng no esperaba que un contacto tan breve con aquella esfera de color herrumbre pudiera causarle semejante daño. Si el contacto hubiese sido un poco más prolongado, o si uno se tragara directamente la esfera herrumbrosa, ¿habría salvación posible? Aunque un Cultivador del Hogar estuviese en su propia morada, mucho temía que ni así habría remedio. 'En apego al espíritu de buscar la verdad en los hechos, ¿debería hacer un experimento conmigo mismo?'. Al pensar en esto, Li Banfeng soltó de repente una risa helada y murmuró para sí: "¿Acaso se creen que estoy loco?". Li Banfeng vació las carteras de Gafas de Montura Dorada y de Hu Gaozi, se protegió la mano con la ropa hecha jirones del suelo, guardó las dos píldoras por separado en las dos carteras y se acuclilló a estudiar las propiedades del loto de bronce. A las esferas rojas y a la esfera de color herrumbre las llamaría de momento Píldoras Rojas y Píldora Herrumbrosa. Las Píldoras Rojas debían provenir de los cadáveres de Gafas de Montura Dorada y de Hu Gaozi. La Píldora Herrumbrosa debía de provenir de aquel abanico plegable desaparecido. El loto de bronce los había transformado a todos en píldoras; Li Banfeng era incapaz de comprender el principio exacto de aquello, y en cuanto a la utilidad de ambas clases de píldoras, de momento tampoco tenía forma de saberlo. La cuestión que más le inquietaba a Li Banfeng en ese momento era: ¿bajo qué principio elegía el loto de bronce los materiales para refinarlos? Antes había escogido los crisantemos de manchas de serpiente, ¿por qué ahora no mostraba interés alguno por ellos? ¿Acaso algún día se interesaría de repente por él y lo convertiría directamente en una píldora? Li Banfeng tomó la bolsa con los crisantemos de manchas de serpiente y se acercó al loto de bronce; la flor no reaccionó en absoluto. 'Entonces, ¿por qué los crisantemos de manchas de serpiente que recolecté antes se transformaron en Píldoras de Manchas de Serpiente?'. 'Recordando cuando regresé anoche, ¿qué hubo de diferente en aquella situación?'. Mientras le daba vueltas al asunto, la cabeza de Li Banfeng volvió a marearse. Era la reacción normal tras inhalar la niebla venenosa; tras el mareo, sentía ganas de vomitar. ¡Vomitar! Li Banfeng recordó algo: lo primero que hizo al volver a la Residencia Móvil fue vomitar, y como no encontró un sitio adecuado, vomitó directamente en la bolsa de tela donde guardaba las flores. Antes de eso, Li Banfeng había vaciado por completo los crisantemos de manchas de serpiente de la bolsa. ¿Sería acaso que, con una bolsa de tela de por medio, el loto de bronce no percibía los crisantemos de manchas de serpiente? Li Banfeng abrió la bolsa y vertió cerca del loto de bronce las más de cuarenta matas de crisantemos de manchas de serpiente que había recolectado Gafas de Montura Dorada. En el instante en que los crisantemos tocaron el suelo, los pétalos del loto de bronce comenzaron a estremecerse. \*Sss... sss...\* Resonó el chirrido de una fricción metálica, y los siete pétalos del loto se desplegaron uno tras otro. Li Banfeng quedó maravillado una vez más ante aquel mecanismo tan exquisito; era incapaz de discernir quién era más avanzado: si la civilización moderna o aquellas tecnologías tan extrañas. Tras abrirse los siete pétalos, Li Banfeng pudo ver con total claridad el receptáculo de siete orificios. Sintió entonces que el aire de la Residencia Móvil comenzaba a fluir en una dirección anómala. El aire giraba hasta formar un remolino, y el centro de dicho remolino era precisamente el receptáculo de siete orificios. Las más de cuarenta matas de crisantemos de manchas de serpiente del suelo se despegaron poco a poco arrastradas por el remolino, revoloteando de arriba abajo por la habitación. '¡Anoche seguro que ocurrió esta misma escena, pero dormía tan profundamente que no me percaté en absoluto!'. Por puro instinto, Li Banfeng se apartó dos pasos del loto de bronce, temiendo ser succionado hacia el interior del receptáculo. Un total de cuarenta y tres matas de crisantemos de manchas de serpiente fueron absorbidas hacia el loto, y los pétalos se cerraron de nuevo. En verdad debían quedar expuestos directamente al campo de visión del loto de bronce para que este reaccionara. ¿Campo de visión? El término parecía un tanto inadecuado; ¿acaso un loto de bronce podía ver? Mientras lo pensaba, Li Banfeng oyó de pronto un chasquido nítido; alzó la vela y buscó agachado durante un buen rato: la píldora herrumbrosa se había caído al suelo. '¿Acaso no la había metido en la cartera?'. Li Banfeng tomó la cartera y la examinó: en la parte inferior de la cartera de cuero había aparecido un agujero, rodeado por marcas de quemaduras negruzcas y azuladas. ¿Estaba corroída? ¿La píldora herrumbrosa poseía semejante capacidad de corrosión? Si uno se tragase la píldora herrumbrosa, ¿qué ocurriría? Ya no digamos un Cultivador del Hogar: ¡lo más probable era que ni un Cultivador del Veneno pudiera resistirlo! ¡Li Banfeng sintió aún más curiosidad! Con los trapos rotos del suelo protegiéndole los dedos, guardó con sumo cuidado la píldora herrumbrosa en la pitillera de hierro. Una caja de hierro, ¿resistiría la corrosión? ¡No la resistía! El efecto corrosivo era todavía más evidente que en la cartera. En cuanto la pitillera de hierro entró en contacto con la píldora herrumbrosa, comenzó a oxidarse con rapidez. Para cuando Li Banfeng retiró la píldora, la pitillera ya estaba cubierta de óxido por entero, sin dejar rastro de su apariencia original. Si la caja de hierro no servía, ¿serviría una de madera? Li Banfeng metió la píldora herrumbrosa dentro del estuche para gafas. Tras observarlo un instante, descubrió que la píldora no corroía la madera, por lo que depositó el estuche en un rincón de la habitación con el corazón tranquilo. Li Banfeng aguardó en silencio junto al loto de bronce; calculó que había pasado media hora cuando los pétalos volvieron a abrirse, revelando en su interior una semilla de loto más. Li Banfeng sostuvo la semilla en la palma de su mano; al separarse del receptáculo, esta se hinchó con rapidez. ¡Pum! Tras un estallido sordo, surgieron disparadas píldoras con franjas alternadas en blanco y negro. ¡Eran Píldoras de Manchas de Serpiente! Li Banfeng hizo el recuento: había diez píldoras en total. Antes había refinado ocho píldoras con treinta y siete matas; según ese cálculo, la proporción de refinado del loto de bronce era de una píldora por cada cuatro matas y media, una técnica muy superior a la de las grandes boticas. Esta vez el gasto de crisantemos de manchas de serpiente había sido menor y el rendimiento más alto, lo que sin duda se debía a que los ejemplares recolectados por Gafas de Montura Dorada eran de mayor tamaño. Li Banfeng vació todos los crisantemos de manchas de serpiente que quedaban: los de Qin el Gordo, los de Nectarina, los de Hoja de Hierba, los de Viejo Pipa, los de Hu Gaozi, los del calvo y los de su secuaz... Eran trescientas treinta y dos flores en total, y el loto de bronce las absorbió todas en el corazón de su cáliz. Tras otra media hora larga, los pétalos se abrieron de nuevo, revelando en esta ocasión tres semillas en el receptáculo. Li Banfeng desprendió las semillas y aguardó en silencio a que fueran estallando una tras otra. Unos minutos después, recogió del suelo las píldoras esparcidas tras los estallidos: había cosechado un total de setenta y seis píldoras de manchas de serpiente. Sumadas a las dieciocho que había refinado previamente junto a Gafas de Montura Dorada, reunía ya noventa y cuatro. ¡Dinero! ¡Eran fajos y más fajos de dinero! Li Banfeng había comprado dos sacos de tela en la tienda de ultramarinos, pero en realidad solo utilizó uno para guardar las píldoras; el otro lo había empleado para contener los vómitos. Guardó las píldoras medicinales en el saco limpio que le quedaba y, de paso, revisó las pertenencias dejadas por Gafas de Montura Dorada y Cachorro de Tigre. Gafas de Montura Dorada llevaba encima dos mil seiscientos trece yuanes en efectivo, mientras que Cachorro de Tigre cargaba con tres mil quinientos veintiocho yuanes y medio. Para el Li Banfeng de hoy en día, estas pequeñas sumas apenas tenían importancia; si recogía ese dinero, era por mero respeto hacia los dos difuntos. Al fin y al cabo, se habían conocido y habían formado un grupo; ¡era su deber custodiar como era debido las pertenencias que dejaban atrás! Tras descansar y reorganizarse durante algo más de dos horas en la Residencia Móvil, Li Banfeng abandonó la Montaña de la Niebla Amarga y caminó hacia el punto de reunión de las diversas boticas. Los cultivadores que cargaban con crisantemos de manchas de serpiente continuaban discutiendo acaloradamente con los encargados de las boticas. Afirmaban a voz en grito que se negaban a vender, pero ninguno se marchaba de allí. Si no se los vendían a las boticas, ¿a quién más se los iban a colocar? Su única esperanza con semejante protesta era arañar un poco más de margen en el precio, tal como se lamentaba un cultivador de mediana edad: "Aunque nos diesen treinta yuanes estaría bien... veinticinco es abusar descaradamente de la gente". Li Banfeng no tenía humor para quedarse a presenciar sus disputas; el Gordo y las demás seguían esperándolo en un rincón apartado. Li Banfeng se había ausentado casi tres horas, ¡y el Gordo estaba que se subía por las paredes de la angustia! "¡No debí haberlo dejado marchar solo! Con lo inmensa que es esta montaña, ¿dónde va a encontrar a esa anciana? Pasó toda la noche en vela ahí arriba, ¡esto va a costarle la vida!". El Gordo no paraba de dar vueltas de un lado a otro, frotándose las manos. Hoja de Hierba bajó la cabeza y murmuró: "Si el hermano mayor Baisha consigue de verdad cambiar las flores por píldoras, a mí me bastará con recibir la mitad...". Nectarina se decía para sus adentros: "Una anciana... ¿qué clase de anciana será? ¿Acaso se habrá topado con la mismísima Estrella de la Fortuna?...". Al divisar la silueta de Li Banfeng, la alegría embargó a todo el grupo. A él no le apetecía escuchar agradecimientos ni tenía tiempo para cortesías; pasó directamente al reparto de las píldoras. "Nectarina, tenías treinta y ocho flores; las cambié por cuatro píldoras". Nectarina se sobresaltó: "¿No faltaban dos flores para la cuenta?". "Puse de las mías para redondear la cifra", respondió Li Banfeng. Nectarina lo miró con una mezcla de intensa gratitud y remordimiento. Li Banfeng extrajo entonces seis píldoras más: "Hoja de Hierba, tú tenías sesenta y una flores. La diferencia es demasiado grande como para completártela, así que no quedó más remedio que redondear a la baja". Hoja de Hierba no cabía en sí de gozo y se apresuró a comprobar la autenticidad de la medicina. Luego le tocó el turno al Gordo. Su cuenta era algo más compleja: al principio tenía veinte crisantemos, lo que equivalía a dos píldoras. Al dividirse las flores del grupo del Viejo Pipa y el Calvo, le correspondieron otras ochenta y cuatro. En total sumaban ciento cuatro flores. Teniendo en cuenta el apoyo que le había brindado el Gordo a lo largo del camino, Li Banfeng le entregó once píldoras. Al sostener la medicina, las manos del Gordo temblaban sin control. "¡Cada una vale diez mil yuanes! ¡Vamos, démonos prisa y vayamos a venderlas ahora mismo!". Hoja de Hierba lo detuvo al instante: "Hermano Gordo, ¿a dónde piensas ir a venderlas?". "¡Pues a las boticas! ¿No las tenemos aquí mismo a mano?". Hoja de Hierba sacudió la cabeza: "No se le pueden vender a las boticas; estas píldoras no tienen un origen demostrable". El Gordo frunció el ceño: "¿Cómo que no tienen origen demostrable? ¿Acaso no son... no son de ese... de ese asunto...?". En efecto, era una historia imposible de explicar; y aunque la contaran, nadie se la creería. Hoja de Hierba añadió: "Trabajé como aprendiz en una botica; jamás aceptan píldoras de procedencia dudosa. Si empiezan a hacer preguntas y escarban hasta el fondo, solo conseguiremos buscarnos problemas". Efectivamente, no podían acudir a las boticas. Li Banfeng no abrió la boca; observaba en silencio cuáles eran los planes del resto. Al oír aquello, el Gordo se desinfló por completo: "Y entonces, ¿qué hacemos? Conseguimos las píldoras, pero se nos van a quedar estancadas en las manos". Nectarina soltó una risita: "¿Cómo se te van a quedar estancadas? Hay infinidad de personas que se mueren por conseguir estas píldoras, y todas son ricas; muchas veces ni con diez mil yuanes logran comprar una. No solo te embolsas su dinero, sino que además se quedan en deuda contigo por el favor. Un negocio tan redondo no se encuentra ni en sueños". El semblante de Li Banfeng se relajó. Había vías de salida. 'Solo que esa vía no me sirve a mí'. La propuesta de Nectarina implicaba colocarlas a través de canales privados a compradores interesados. Li Banfeng era un recién llegado y no conocía a nadie en aquel lugar, de modo que carecía de contactos para dar con compradores adecuados. Quería comprobar si el Gordo disponía de alguna red de distribución. El rollizo joven se rascó la coronilla: "Pero algo así no se despacha de la noche a la mañana". Nectarina se extrañó: "¿A qué viene tanta prisa? ¡Las píldoras no se van a echar a perder de un día para otro!". "Ya, dicho así...". Nectarina no tenía ganas de seguir enfrascada en dimes y diretes con el Gordo. Se giró hacia Li Banfeng, juntó las manos en un saludo de puño y declaró: "Los grandes favores no se pagan con meras palabras. Te debo estas píldoras, y también te debo la vida. Si algún día pasas por la Aldea Mazhu, en el Barranco Exterior, pregunta por You Xuetao y darás conmigo con total seguridad. Si alguna vez me necesitas para lo que sea, no tienes más que abrir la boca; ¡esta doncella no pestañeará ni aunque tenga que cruzar montañas de espadas o mares de fuego!". You Xuetao, Nectarina: su apodo y su nombre de pila guardaban un claro parecido. Acababa de darle su dirección; si el Gordo no encontraba una salida rápida para las píldoras, siempre estaría a tiempo de acudir a buscarla. Hoja de Hierba le hizo una profunda reverencia a Li Banfeng: "Hermano mayor Baisha, mi nombre es Xue Yingying. En el Barranco Exterior, en la Villa Sanpu, pregunta por la familia del Viejo Xue y me encontrarás sin problemas". Nectarina sacó dos de sus píldoras y se las ofreció: "Esta deuda de gratitud es algo que nosotras dos no podemos saldar de inmediato. Acepta estas píldoras como una pequeña muestra de mi aprecio". Hoja de Hierba sacó también dos de las suyas: "Esta humilde hermana también desea expresar su agradecimiento". Li Banfeng hizo un ademán con la mano, rechazando sus píldoras. Las dos mujeres se deshicieron en agradecimientos; si hubiesen sabido que Li Banfeng aún conservaba sesenta y cinco píldoras en su poder, quién sabe qué habrían pensado. Nectarina contemplaba a Li Banfeng, y en su interior bullía cierta inclinación. Los pensamientos de una Cultivadora del Placer eran sumamente directos. Si daba con un varón como él, lo alargado no tenía por qué desmerecer ante lo plano. Los pensamientos de Hoja de Hierba eran bastante más complejos. Aunque no había visto con claridad los detalles del enfrentamiento, no cabía duda de que la cuadrilla del Calvo había muerto a manos de él y del muchacho gordo. '¡Este es un hombre capaz de lograr grandes hazañas! Con su respaldo, mi botica de verdad podría salir adelante'. Ambas mujeres se despidieron una tras otra. Li Banfeng se quedó donde estaba, calculando su viaje de regreso a Yuezhou. En teoría, con semejante cargamento de píldoras, dinero no le iba a faltar. Sin embargo, mientras no las vendiera, no podían considerarse dinero en efectivo. ¿Cómo podía desprenderse de ellas a toda prisa? Li Banfeng posó los ojos en el Gordo; daba la impresión de que él también necesitaba fondos con urgencia. No obstante, tras permanecer un buen rato sentado en silencio, el muchacho, que antes parecía consumido por la impaciencia, se había ido sosegando poco a poco. Consideró que lo que decía Nectarina tenía sentido: "Lo de vender la medicina no es algo que deba apurarse. Esa mujer tiene razón, esto es un artículo de primera; no solo podré sacarle un excelente precio, sino que gracias a estas píldoras podré forjar lazos con muchas amistades influyentes. ¡Así que no hay ninguna necesidad de correr!". '¿Que ya no tienes prisa? ¡Pues eso no me sirve!'. "¡Yo sí tengo prisa!", espetó Li Banfeng, sentándose a su lado. "Necesito el dinero ya". Aunque había obtenido una buena suma del cadáver de Gafas de Montura Dorada, llevarse todas esas píldoras de vuelta a Yuezhou no parecía tener demasiada utilidad. El Gordo se mostró intrigado: "¿Para qué te corre tanta prisa el dinero? ¿Quieres que te preste un poco?". Li Banfeng sacudió la cabeza: "No quiero pedir prestado; lo único que quiero es vender las píldoras cuanto antes". "Venderlas cuanto antes...". Qin Xiaopang comprendía la postura de Li Banfeng: venía de fuera de la provincia, el Barranco del Rey de la Medicina le resultaba un terreno ajeno y apenas conocía a un puñado de personas corrientes, conque mucho menos iba a codearse con magnates o personajes ilustres. Tras meditarlo unos instantes, el Gordo se pellizcó la barbilla: "A decir verdad, conozco un sitio donde podrías darle salida a la medicina de inmediato, solo que el precio... se quedaría bastante recortado". Los ojos de Li Banfeng se iluminaron: "¿De cuánto es la rebaja?". \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 36 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.