Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 35 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El pequeño y gordo Qin contempló el cadáver del calvo; le faltaba la parte superior del cráneo y los sesos escurrían por doquier, un espectáculo que revolvía el estómago:
"Hermano Li, ¿cómo puedes ser tan despiadado? ¿Por qué siempre te ensañas con la coronilla?".
Li Banfeng le explicó:
"Es que soy un hombre de corazón blando, me da lástima golpear sus puntos vitales. La bóveda craneal es dura y resiste bien; de haberles dado en otro sitio, temo que les habría dolido demasiado".
¿Acaso la bóveda craneal no era un punto vital?
¿De qué clase de lógica retorcida se trataba?
Qin el Gordo sintió que su entendimiento no daba para tanto y que era incapaz de descifrar los pensamientos de Séptimo Li. Dirigió la mirada hacia las dos mujeres tendidas en la arboleda: Caoye no paraba de llorar, mientras que el estado de Youtao aún era incierto.
Youtao seguía con vida.
Caoye le había administrado dos píldoras medicinales y, poco a poco, Youtao fue recuperando la movilidad.
No podía dar crédito a lo que veían sus ojos.
El hombre calvo y sus tres secuaces, cuatro en total, ¿habían sido despachados de esa manera por Baisha y el gordo?
¿Qué tan alto era el nivel de cultivo de estos dos muchachos?
Youtao le preguntó a Caoye, pero esta tampoco supo explicárselo con claridad; el pánico la había cegado por completo y ni siquiera había alcanzado a distinguir el transcurso de la pelea.
No eran ellas las únicas que no lo comprendían; el gordo Qin tampoco terminaba de asimilarlo.
El combate entero había durado un suspiro. La cuadrilla del hombre de las gafas de montura dorada contaba con seis integrantes en total y, en un abrir y cerrar de ojos, se habían esfumado de la faz de la tierra. Al gordo ni siquiera le había dado tiempo de procesar lo sucedido.
¿A qué sendas del Dao pertenecían esos seis? ¿De qué habilidades disponían?
Salvo por aquel Cultivador del Cuerpo que traía una armadura natural, el gordo no guardaba el menor recuerdo de las artes de los demás, sencillamente porque Li Banfeng no les había concedido la más mínima ocasión de mover un dedo.
El gordo siempre había considerado que el de las gafas doradas era la persona más siniestra y despiadada que había conocido en su vida.
Sin embargo, al clavar los ojos en Li Banfeng, le asaltaron serias dudas de si el de las gafas merecía realmente semejante reputación.
El calvo y sus tres secuaces habían despojado de sus Crisantemos de Manchas de Serpiente a un buen número de personas, acumulando un botín de ciento setenta y seis ejemplares. Entre ellos se contaban los treinta y ocho de Youtao y los sesenta y uno de Caoye.
Por el simple hecho de haber salvado el pellejo, tanto Youtao como Caoye estaban profundamente agradecidas. Ni soñaban con recuperar las flores, pero Li Banfeng se las devolvió de todas formas.
Las setenta y siete restantes, sumadas a las noventa y una del Viejo Fumador, se las repartieron a partes iguales Li Banfeng y el gordo.
Qin el Gordo se quedó mirando fijamente el cadáver del Viejo Fumador, absorto en sus pensamientos.
Aquel hombre le había salvado la vida; de no haber sido por él, el gordo habría perecido a manos del Tigrezno sin lugar a dudas. Sin importar el propósito que hubiese tenido en ese instante, la deuda por haberle salvado la vida era real e indiscutible, y el gordo se negaba a dejar sus restos expuestos a la intemperie.
Li Banfeng le tendió una pala al gordo:
"Date prisa, va siendo hora de que bajemos de la montaña".
Aprovechando que el gordo cavaba la fosa, Li Banfeng registró con minuciosidad los cadáveres del calvo y sus secuaces.
En el cuerpo del calvo halló más de mil billetes, y en los secuaces entre trescientos y quinientos a cada uno, lo que sumaba algo más de dos mil doscientos yuanes en total.
Como Youtao y Caoye se habían llevado la peor parte, Li Banfeng les entregó trescientos yuanes a cada una a modo de compensación. Del dinero restante, Li Banfeng y el gordo se quedaron con ochocientos por cabeza.
El cuchillo del calvo era un arma de buena factura, de modo que Li Banfeng se lo guardó para sí; las armas de los tres secuaces eran de lo más corrientes, así que permitió que los demás escogieran a su gusto.
En cuanto a las pertenencias que pudieran llevar consigo el hombre de las gafas doradas y el Tigrezno, eso tendría que esperar hasta regresar a la Residencia Móvil para revisarlo. A esos dos los había derribado Li Banfeng por su propia cuenta, de modo que estaba resuelto a embolsarse todo lo suyo sin compartirlo con nadie.
El gordo sepultó al Viejo Fumador, se cargó a Youtao a la espalda y los cuatro emprendieron el descenso juntos.
A medida que avanzaban por el sendero montañoso, del cuerpo de Youtao emanaba un persistente olor a sangre que hacía resoplar la nariz del gordo a cada paso.
"No pareces una Cultivadora del Cuerpo", comentó el gordo, expresando francas dudas sobre su senda del Dao. "Los Cultivadores del Cuerpo resisten los golpes como nadie. ¿Cómo permitiste que te dejaran en semejante estado?".
Caoye conocía la verdad, pero guardó silencio; la senda del Dao era el secreto mejor guardado de cualquier cultivador.
Para su sorpresa, Youtao no lo ocultó en absoluto y esbozó una leve sonrisa:
"Pertenezco a la Vía del Placer. Nos acabábamos de conocer por casualidad, así que al principio no les dije la verdad".
"Conque de la Vía del Placer...", suspiró el gordo. "Por lo visto, salieron ganando esas escorias".
Según las conjeturas del gordo, habiendo caído Youtao en manos de la pandilla del calvo, aquello no podía haberse limitado a una simple paliza.
"No sacaron nada gratis, pensaban guardarme para su jefe", soltó Youtao con una amarga sonrisa. "¡Ojalá se hubieran atrevido a tocarme! De pie no soy rival para ellos, pero acostada... ¡no habría quedado ni uno solo con vida!".
Li Banfeng dejó escapar un bufido burlón:
"Con lo malherida que estás, y la lengua todavía no te da tregua".
"¿Dices que presumo? Mis dotes no son pura palabrería. ¿Acaso no eres tú también de la Vía del Placer? ¿Qué tal si nos medimos un poco?". Youtao le dirigió a Li Banfeng una mirada cargada de insinuaciones.
Li Banfeng miró a Qin el Gordo:
"Yo ya tengo pareja".
Qin el Gordo miró a Caoye:
"Yo soy de la Vía de la Comida, como muchísimo".
Youtao dejó escapar un hondo suspiro y, clavando la vista en Li Banfeng, dijo:
"Después de pasarte todo el camino recolectando crisantemos, ¿no se te antoja variar de sabor? En mi opinión, lo plano sabe mejor que lo redondo".
A Caoye se le encendieron las mejillas hasta la misma raíz del cuello.
Li Banfeng estaba a punto de replicar, pero vio que Qin el Gordo se apresuraba a explicarle a Caoye:
"Soy de la Vía de la Comida, de verdad de la Comida. Tengo un apetito descomunal. En un rato las invito a comer y se los demuestro comiendo delante de ustedes".
Los cuatro caminaron sin detenerse hasta el pie de la montaña. Youtao sacó su reloj de bolsillo para comprobar la hora: ya marcaba las ocho en punto.
El trayecto de ida y vuelta por la montaña superaba con creces los veinte li. Li Banfeng ya lo había presentido: el requisito de cultivo básico para la Vía del Viaje estaba más que cumplido; no solo bastaba, sino que le sobraba un holgado margen.
La Montaña de la Niebla Amarga era un paraje de peligro mortal. Conforme a las percepciones de Li Banfeng, avanzar un li por aquel terreno equivalía a recorrer entre tres y cinco en el poblado del Barranco Interior; no solo había colmado la base de su cultivo, sino que calculaba haber ganado dos días adicionales de tiempo.
En la memoria de Li Banfeng flotaba la vaga impresión de que un paraje de peligro mortal conllevaba además un significado muy particular para él.
¿Qué significado era exactamente?
Con la cabeza embotada y mareada por las emanaciones de la niebla venenosa, era incapaz de recordarlo por el momento.
Haber dormido la noche anterior dentro de la residencia también había dejado saldada la tarea cotidiana para la Vía del Hogar.
Puesto que no lograba recordarlo, prefirió no calentarse la cabeza. Lo primordial en ese instante era canjear a toda prisa los Crisantemos de Manchas de Serpiente por dinero y comprar los pasajes de tren para regresar a Yuezhou.
En cuanto a cómo llevar a cabo el cambio con exactitud, Li Banfeng aún le daba vueltas.
Vender las flores directamente quedaba descartado; lo que Li Banfeng pretendía vender eran píldoras medicinales.
Todo dependería del verdadero poder del Loto de Bronce.
Tras cruzar el Puente del No Arrepentimiento y dejar atrás los dominios de la niebla ponzoñosa, los cuatro llenaron sus pulmones con desesperación del aire fresco.
Youtao vomitó dos veces, mientras que Qin el Gordo se sentó al borde del puente jadeando sin cesar, con gruesas gotas de sudor resbalándole por el rostro ceniciento.
Caoye sacó todo el Polvo Refrescante que le quedaba y lo repartió entre los presentes para que lo ingirieran. Tras descansar durante más de media hora, Youtao se puso en pie y logró caminar a duras penas por su propia cuenta.
La constitución física de los cultivadores era ciertamente formidable, pero que las heridas externas cicatrizaran con rapidez no implicaba que las toxinas de la niebla acumuladas en el organismo pudieran purgarse a la misma velocidad.
El grupo avanzaba tambaleante, con pasos pesados y fatigosos; incluso Li Banfeng, que no llevaba tanto tiempo de haber salido de la residencia, sentía cierta debilidad en las piernas.
Caoye les insistió a todos con preocupación:
"Hermanos, hermanas, cuando regresen a sus casas no dejen de guardar reposo absoluto durante un buen tiempo. Esta niebla venenosa perjudica enormemente el cuerpo, no se confíen".
Li Banfeng suspiró:
"Por unos míseros miles de yuanes, ¿de verdad merece la pena?".
Youtao soltó un bufido:
"Si fueras rico, tampoco habrías venido hasta aquí a jugarte el pellejo con nosotros. Todos somos almas de poca monta, así que no vengas ahora con tonterías inútiles".
Qin el Gordo miró a Youtao:
"Nosotros nos jugamos el pellejo porque no tenemos con qué caernos muertos. Pero con esa estampa y esa figura tuya, ¿qué necesidad tienes tú de arriesgarte así? Sobran hombres que estarían encantados de mantenerte el resto de tu vida".
"¡A mí nadie tiene que mantenerme!", resopló Youtao con frialdad. "No solo soy capaz de alimentarme por mi cuenta, ¡sino que además gano dinero para mantener a mi compañero!".
Li Banfeng frunció el ceño:
"¿Tu compañero? ¿Encima tienes que mantenerlo tú a él?".
"¡Porque me da la gana y porque tengo con qué!", le espetó Youtao, clavándole a Li Banfeng una mirada de absoluto desdén. "Si tú fueras capaz de mantener a tu pareja, ¿acaso lo habrías traído contigo a jugarse el pellejo?".
Al gordo le brotó sudor frío por la frente:
"Que soy de la Vía de la Comida, ¿cómo diablos se los explico?...".
"Sé que eres un Cultivador de la Comida, tampoco es nada vergonzoso", sonrió Nectarina. "Mi pareja tampoco es de la Vía del Placer, es una Cultivadora del Hogar".
Hoja de Hierba comprendió al instante: "Con razón me preguntabas por los Cultivadores del Hogar, hermana. La verdad es que debe de ser muy duro para ti; a los de la Vía del Hogar no les resulta nada fácil salir a ganarse la vida".
"Ganar dinero es lo de menos", Nectarina negó con la cabeza. "Siendo una jovencita, no quiero que ande exponiéndose en la calle".
Li Banfeng cayó en la cuenta de repente: "¡Conque tu pareja es una mujer!".
Todos los presentes asintieron al unísono: "Vaya, conque es una mujer".
Tras dar unos pasos más, Li Banfeng volvió a girar la cabeza y clavó los ojos en Nectarina: "¡¿Tu pareja es una mujer?!".
"¿Acaso no se puede? ¿Qué tiene de malo que sea mujer?", Nectarina frunció ligeramente el ceño. "Si a ti te gusta lo redondo antes que lo plano, y a mí me gusta lo plano antes que lo largo, ¿qué tiene de malo?".
Li Banfeng asintió pensativo: "Visto así, supongo que nada".
Nectarina giró el rostro y le dio un pellizco en la mejilla a Hoja de Hierba: "A ver, dime tú, ¿tiene o no tiene razón tu hermana?".
"Hermana... esto... pues sí...", Hoja de Hierba dio un discreto paso al costado para poner distancia entre ambas.
Qin el Gordo lucía un tanto desorientado: "Yo... bueno... soy Cultivador de la Comida".
El flujo de transeúntes en el camino fue en aumento y Li Banfeng redobló la guardia, temeroso de que alguien intentara arrebatarles las flores.
Sospechaba que aquel era un lugar desprovisto por completo de cualquier atisbo de ley.
Nectarina, por el contrario, lucía bastante despreocupada: "Descuida. Al llegar al pie de la montaña, todos tienen que acatar las reglas; al menos no pueden actuar a cara descubierta. De lo contrario, ¡que se olviden de poner un pie en el Barranco del Rey de la Medicina!".
Entre la densa niebla ondeaban estandartes de diversos colores.
Las principales boticas estaban justo enfrente; había llegado la hora de ganar dinero.
Tanto a Qin el Gordo como a Nectarina les brillaban los ojos, e incluso la tímida Hoja de Hierba era incapaz de ocultar su emoción.
Los tenderos de cada botica ya habían montado sus puestos para comprar las flores, pero al acercarse, a los oídos de Li Banfeng llegaron oleadas de acaloradas discusiones.
"¡¿Veinticinco billetes?! ¿Acaso se creen que están comprando coles?".
¿Veinticinco billetes por qué cosa?
Hoja de Hierba miró los Crisantemos de Manchas de Serpiente en su saco, negándose a creer lo que oía.
Qin el Gordo fue a enterarse de la situación y, al poco rato, regresó rechinando los dientes de rabia.
"¡Vámonos, nos vamos! ¡No vendemos nada!".
La gente alrededor también comenzó a vociferar: "¡No se vende! ¡Antes dejamos que se pudran en nuestras manos que vendérselas!".
"¡Maldita sea, esto es un abuso descarado! ¡Ni hablar, no se las vendemos!".
El tendero de la Botica Liu, enseñando una dentadura manchada de amarillo, comentó con una sonrisa burlona: "Si no quieren vender, allá ustedes. Si les parece poco lo que ofrezco, vayan a mirar a otra parte".
En las demás boticas la historia era idéntica. La patrona de la Botica Chu, mientras se retocaba el colorete del rostro, soltó con desdén: "A veinticinco billetes el tallo, ese es el precio de este año. Si van a soltar la mercancía, dense prisa; si no, recojo el puesto y me largo".
¿Por qué había bajado a veinticinco billetes por tallo?
¿Acaso no estaban a ochenta y cinco?
La situación era la siguiente:
Las grandes farmacias habían enviado a sus propios hombres a la montaña y habían dado con un risco escarpado cubierto de Crisantemos de Manchas de Serpiente.
Habían recolectado todas esas flores y cada botica se había adjudicado más de mil tallos.
Con semejante reserva como respaldo, las farmacias no tenían de qué preocuparse y se habían puesto de acuerdo para desplomar los precios a su antojo.
Sin embargo, el recorte resultaba despiadado.
A veinticinco billetes el tallo, se necesitaban cuatro flores para elaborar una sola Píldora de Manchas de Serpiente: un coste base de cien para venderla después a diez mil. Una ganancia descarada de cien veces el valor original.
Nectarina se sentó en el suelo, muda durante un largo rato.
Hoja de Hierba agachó la cabeza, incapaz de contener las lágrimas que rodaban por sus mejillas.
El Gordo pateaba el suelo, furibundo: "¡No pienso venderlas, joder, no las vendo! ¡No me creo que no podamos encontrar otro comprador!".
"¡Deja de hablar por despecho!", Nectarina apretó los dientes. "Si no se las vendes a ellos, ¿a quién más se las vas a vender? ¡Todas las grandes boticas del Barranco del Rey de la Medicina están aquí reunidas!".
Qin el Gordo peló los ojos: "¡Pues no las vendemos en el Barranco del Rey de la Medicina! ¡Nos vamos más lejos!".
Nectarina soltó una risa burlona: "No digas tonterías, ¿adónde diablos vas a ir? ¿Acaso has salido alguna vez del Barranco del Rey de la Medicina?".
Qin el Gordo se dejó caer en el suelo de golpe: "¡Entonces esperaré a que venga el buhonero ambulante!".
"¿Esperar al buhonero?", Nectarina sonrió con amargura. "Aquel tipo de las gafas ya lo advirtió: una vez cortados, los Crisantemos de Manchas de Serpiente se echan a perder en menos de un día. Si no los vendemos hoy, mañana no valdrán ni un solo centavo".
Qin el Gordo resopló: "Ese cuatro ojos tampoco era trigo limpio".
Hoja de Hierba dijo entre sollozos: "Pero en eso tenía razón; mañana estas flores estarán podridas y ya no servirán de nada".
Nectarina lanzó un hondo suspiro: "Déjalo, vendámoslas. Algo sacaremos; yo tengo treinta y ocho flores, podré sacar casi mil billetes. Es mejor que nada... Nacimos con esta perra suerte y no hay vuelta de hoja".
"¡Pues yo no pienso venderlas!", bramó el Gordo arrojando su saco contra el suelo, encendiéndose más conforme lo pensaba.
Tras quedarse pensativo unos instantes, de pronto clavó la mirada en Li Banfeng.
Se arrimó a él y le susurró en voz baja: "Hermano Li, ¿todavía tienes esa píldora?".
Li Banfeng asintió y deslizó la Píldora de Manchas de Serpiente en las manos del Gordo.
El muchacho miró a todos lados con cautela, condujo al grupo hacia un rincón apartado y le tendió la píldora a Hoja de Hierba: "Hermanita, échale un vistazo. ¿Esto es auténtico?".
Hoja de Hierba era Cultivadora de la Medicina; aunque no sabía elaborar la Píldora de Manchas de Serpiente, sí era capaz de distinguir si era legítima o una falsificación.
Tras examinarla detenidamente, abrió los ojos de par en par: "Hermano Gordo, de verdad es una Píldora de Manchas de Serpiente... ¿De dónde la sacaron?".
Qin el Gordo miró a Li Banfeng.
Li Banfeng tomó la palabra: "En la montaña me crucé con una anciana. Me dijo que me cambiaría píldoras por crisantemos: una píldora a cambio de diez flores".
"¿Diez flores?", Hoja de Hierba no daba crédito a lo que oía, y Nectarina tampoco.
Con diez flores apenas salían dos píldoras; ¿acaso esa anciana sólo buscaba duplicar su ganancia?
¡Las farmacias de aquí se estaban embolsando cien veces el valor!
"¿No será que esta píldora es falsa...?", Hoja de Hierba empezó a dudar de su propio criterio.
El Gordo increpó contrariado: "¿Pero no acababas de decir que era de verdad?".
"Es que... temo haberme equivocado. ¿Dónde se ha visto semejante precio en este mundo? Creo que será mejor...", la joven desvió la vista hacia los estandartes de las boticas.
"¡Yo confío en ti!", Nectarina le plantó su saco en las manos a Li Banfeng. "Tú me salvaste la vida y tú me diste estas flores. Sean reales o falsas las píldoras, ¡yo confío en ti! ¡Y si lo pierdo todo, lo asumiré sin quejarme!".
El Gordo también le entregó su saco a Li Banfeng.
Hoja de Hierba vaciló un instante, pero al final terminó poniendo su fardo en manos de Li Banfeng.
Qin el Gordo miró hacia la Montaña de la Niebla Amarga: "Quién sabe si esa anciana seguirá allí arriba... Hermano Li, ¿podrías ayudarnos a...?".
Hacer que Li Banfeng volviera a subir a la Montaña de la Niebla Amarga le provocaba remordimientos al muchacho: "Hermano Li, iré contigo".
Li Banfeng arqueó una ceja: "Voy a probar suerte; tú quédate aquí y no estorbes".
Li Banfeng desandó el camino y, al internarse en la espesura de la niebla, abrió la puerta de su Residencia Móvil.
Sabía de sobra que aquello entrañaba riesgos y que podía despertar sospechas innecesarias.
Sin embargo, quedarse con los Crisantemos de Manchas de Serpiente en la mano sin darles salida levantaría exactamente las mismas suspicacias.
Y cuando en el futuro quisiera colocar las píldoras de manchas de serpiente, al no tener contactos ni apoyos, era muy probable que se metiera en líos todavía mayores.
Viendo las caras que se gastaban aquellos boticarios, cualquiera sabía de qué calaña eran capaces de ser; Li Banfeng no tenía la más mínima intención de venderles las píldoras a esas farmacias.
Ayudaría al Gordo y a los demás para ver si, de paso, conseguía abrirse otra vía comercial.
'Al fin y al cabo, en cuanto termine este negocio me volveré a Yuezhou. No pienso pisar este lugar nunca más, y jamás volveré a toparme con esta gente'.
Una vez dentro de la Residencia Móvil, con los Crisantemos de Manchas de Serpiente en la mano, Li Banfeng se disponía a averiguar cómo abrir aquel loto de bronce, pero descubrió con sorpresa que ya se encontraba abierto.
Sobre el receptáculo de siete orificios reposaban tres semillas de loto.
¿De dónde habían salido esas tres semillas?
Li Banfeng se quedó estupefacto.
Alzó la vela e inspeccionó con detenimiento la estancia; fue entonces cuando se percató de que faltaba algo en la habitación.
¿Qué era lo que faltaba?
¿Adónde habían ido a parar los cadáveres de Gafas Doradas y de Hugaozi?
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 36
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 35
Estás leyendo el capítulo 35 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.