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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 31 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al atardecer, la gente de la botica abandonó aquel descampado y se dirigió hacia el siguiente punto. Su partida demostraba que los Crisantemos de Manchas de Serpiente de esa zona prácticamente se habían agotado. El Viejo Pipa dio una calada a su boquilla de fumar, expulsó una bocanada de humo y continuó tras los pasos de la gente de la botica. El grupo caminó fatigosamente durante más de una hora tras la gente de la botica hasta encontrar un segundo enclave favorable: una arboleda no demasiado espesa, más apartada y con flores algo más abundantes. Sin embargo, pese a haber más flores, el rendimiento de todos decayó. La bruma de la Montaña de la Niebla Amarga corroía a cada uno de ellos; incluida la gente de la botica, todos se habían vuelto débiles y aletargados. El Gordo era quien menos sufría los estragos, mientras que Li Banfeng se llevaba la peor parte; sentía las manos y los pies entumecidos, y la vista se le nublaba a intervalos. Al caer la noche, la niebla nocturna se tornó aún más densa, haciendo la situación de todos cada vez más ardua. La joven Nectarina llevaba un reloj de bolsillo; al mirar la hora vio que ya pasaban de las nueve y ella misma apenas lograba sostenerse. "¿Y si nos retiramos? Habiendo venido hasta aquí, ya hemos cubierto con creces los costes". Nectarina había recolectado un total de treinta y cinco tallos de Crisantemo de Manchas de Serpiente, capaces de rendir dos mil novecientos setenta y cinco yuanes; en verdad ya había valido la pena. Li Banfeng había recogido dos tallos más que Nectarina, más o menos lo previsto; además, presentía que, de no bajar de la montaña, su vida correría peligro. El Gordo se negaba a marcharse. Era quien menos flores había cortado, apenas dieciséis tallos que, a los precios fijados por la botica, le reportarían algo más de mil trescientos yuanes. Descontando los gastos de todo este trayecto, ¿le quedaba acaso alguna ganancia? A decir verdad, todavía le quedaba algo de beneficio, pero era demasiado poco. El Gordo no se resignaba. En este segundo paraje, los Crisantemos de Manchas de Serpiente eran a todas luces más fáciles de encontrar que en el primero. Y la condición física del Gordo también era ostensiblemente mejor que la de los demás; según sus propios cálculos, aguantar hasta el amanecer no supondría el menor problema. Era la oportunidad propicia para recuperar terreno y maximizar sus ganancias. Si él no se marchaba, la jovencita Hoja de Hierba tampoco pensaba irse; sostenida por toda clase de caramelos medicinales, su organismo por el momento no acusaba trastornos graves. El Viejo Pipa se fumó otras dos cazoletas de tabaco; según sus propias palabras, mientras tuviera tabaco que fumar, aguantaría en pie. Al ver que ninguno se marchaba, la joven Nectarina tampoco se fue; a ella tampoco le hacía gracia retirarse. Al ver que los dos melocotones bajo su cintura apenas tenían ya fuerzas para oscilar, Li Banfeng de verdad sintió ganas de aconsejarle un par de cosas. Pero carecía de energías para hablar; bajo aquel atroz mareo, articular unas cuantas palabras más le haría vomitar en cualquier momento. Además, la muchacha de los melocotones y él solo se habían conocido por azar; quien de verdad le preocupaba era el Gordo. Sin embargo, el Gordo se negaba en redondo a marcharse, de modo que Li Banfeng no tuvo más remedio que descender de la montaña en solitario. Antes de marcharse, Hoja de Hierba se le acercó para advertirle: "Hermano mayor Baisha, si de verdad eres un Cultivador del Placer, cuando vuelvas descansa por lo menos medio mes. Los Cultivadores del Placer tienen el cuerpo débil y sufren el mayor daño con esta niebla venenosa. Si perteneces a otra senda daoísta, tendrás que reposar como mínimo tres o cinco días. Pero si eres un Cultivador del Hogar, haz como si no hubiera dicho nada". Li Banfeng estaba escuchando la parte crucial cuando de pronto oyó a Nectarina interrumpir a su lado: "Hermanita, ¿qué tienen de especial los Cultivadores del Hogar?" Hoja de Hierba abrió los ojos desmesuradamente: "Hermana, ¿no me digas que tú eres una Cultivadora del Hogar?" La joven Nectarina sonrió: "Tu hermana mayor solo preguntaba por curiosidad". Hoja de Hierba bajó la voz: "Incluso si se trata de un Cultivador del Hogar sin Espíritu del Hogar, con tal de regresar a su residencia y dormir unas siete u ocho horas logrará purgar el veneno. Y si cuenta con un Espíritu del Hogar, ni siquiera necesitará esas siete u ocho horas. Esa es la habilidad de un Cultivador del Hogar: mientras pueda volver a su residencia, no le teme a nada". Nectarina suspiró suavemente: "Ojalá yo fuera una Cultivadora del Hogar". Hoja de Hierba sacudió la cabeza: "Hermana, por lo general los Cultivadores del Hogar no salen a andar por ahí a la ligera. ¿Acaso tú de verdad...?". Mientras hablaba, Hoja de Hierba no apartaba los ojos de Nectarina, visiblemente intrigada por su senda daoísta. Nectarina le acarició la mejilla a Hoja de Hierba: "Cuando terminemos este negocio, ven a mi casa a sentarte un rato. ¿No descubrirás entonces si soy o no una Cultivadora del Hogar?" Li Banfeng no tenía ánimo para perder el tiempo en cháchara, de modo que le advirtió un par de cosas al oído al Gordo: "Quédate aquí a recoger flores, no vuelvas a cambiar de sitio. ¡Corta unas cuantas más y baja deprisa de la montaña!" El Gordo asintió con desgana. Cambiar de sitio no lo haría; en aquel lugar en verdad abundaban las flores. Pero marcharse tampoco se marcharía a la primera; el Gordo planeaba aguantar hasta la mañana siguiente. El de gafas de montura dorada lo había dicho: la floración del Crisantemo de Manchas de Serpiente no tenía hora fija, pero sin duda duraba un día y una noche completos. Si habían brotado pasadas las siete de esta mañana, irremediablemente aguantarían hasta las siete de la mañana siguiente antes de marchitarse. Pasando aquí la noche, con toda certeza podría cosechar otras veinte flores más. Al amanecer bajaría de la montaña; vomitar y tener diarrea no pasaría de unos pocos días de padecimiento, y con un par de buenas comilonas se recuperaría con creces. Al verlo consagrado en cuerpo y alma a cosechar flores, Li Banfeng salió de la arboleda, ocultó la llave en un rincón apartado del sendero de la montaña y regresó a su propia Residencia Móvil. No había bajado de la montaña: las palabras de Hoja de Hierba le habían abierto los ojos. Optó por reponerse primero en su propia residencia; una vez recuperado casi por completo, descendería de la montaña. De lo contrario, era muy probable que sufriera algún percance fatal en el camino. Había algo turbio en la marcha de todo este viaje. Algo sumamente turbio. No confiaba en el hombre de las gafas con montura dorada, a pesar de que la mayor parte de su comportamiento había sido razonable. El actuar de los demás también era razonable; para un grupo de perfectos desconocidos, cuidarse mutuamente dentro de los límites de lo sensato era la decisión más inteligente. Solo una cosa no resultaba del todo razonable. Habían sufrido el ataque de la misma persona tres veces consecutivas. En la Montaña de la Niebla Amarga, todos querían Crisantemos de Manchas de Serpiente; que te asaltaran entraba dentro de lo previsible. Pero que te asaltara el mismo individuo en tres ocasiones ya no tenía nada de razonable. Tropezarse con el hombre calvo la primera vez en el camino podía considerarse una casualidad. Encontrarse con él por segunda vez en el sendero de la montaña, ¿a qué obedecía? ¿Coincidencia? Entonces, ¿cómo se explicaba que el calvo volviera por tercera vez a arrebatarles las flores? Seguir hablando de coincidencias ya no se sostenía por ningún lado. 'Ese tipo calvo debió de haber estado siguiendo a nuestro grupo, pero ¿cómo consiguió pegarse a nosotros?' En la Montaña de la Niebla Amarga, con una visibilidad tan atroz, seguir a alguien era una tarea sumamente difícil; de no haber sido por el Viejo Pipa de Humo, aquel grupo jamás habría podido mantener el paso tras la gente de las boticas. Sin embargo, ese hombre calvo había logrado acecharlos durante todo el trayecto. ¿Acaso entre los suyos también había algún cultivador experto en rastreo? ¿O tal vez alguien les había ido dejando marcas? Li Banfeng desató la bolsa de tela, la arrojó a un lado y se tendió cuan largo era en la habitación, intentando reconstruir mentalmente todo el proceso, pero el dolor lacerante que le recorría el cuerpo no le permitía concentrarse. Dolía demasiado; la niebla de la Montaña de la Niebla Amarga era verdaderamente letal. El mareo que acompañaba al dolor le revolvió las entrañas y le provocó unas intensas ganas de vomitar. No, no podía vomitar dentro de la Residencia Móvil, o al menos no en el suelo. Aquel cuarto carecía por completo de ventilación; si vomitaba en el suelo, quién sabía cuánto tiempo tardaría en disiparse la peste. ¡Pero de verdad que ya no podía contenerse más! Sin pensarlo dos veces, Li Banfeng abrió de golpe la bolsa de tela, vació los Crisantemos de Manchas de Serpiente en el suelo, se llevó la bolsa a la boca y se puso a vomitar a más no poder, hasta expulsar hasta la última gota de bilis amarilla. Una vez que vació el estómago, se sintió un poco más aliviado. Ató bien la bolsa, la arrojó a un lado, se desplomó sobre el piso y cayó en un sueño profundo. Tras dormir quién sabe cuánto tiempo, un olor extraño despertó a Li Banfeng de repente. En la Residencia Móvil, aparte del polvo, no debería existir ningún otro olor. ¿Acaso era el aroma de los Crisantemos de Manchas de Serpiente? Cuando estaba en la Montaña de la Niebla Amarga, no recordaba haber percibido ningún olor particular en aquellas flores. La niebla de la montaña era sofocante y raspaba la garganta; con toda seguridad había tapado el aroma de los crisantemos. Ahora que se encontraba en la Residencia Móvil, libre de cualquier otro olor que interfiriera, volvía a percibir la fragancia del Crisantemo de Manchas de Serpiente. Tenía que ser el olor de los Crisantemos de Manchas de Serpiente, pues Li Banfeng captaba una fragancia floral muy peculiar. Por poco lo olvidaba: ¡Hoja de Hierba había advertido que aquella flor era venenosa! ¡Comerse una sola costaba la vida! ¿Acaso el aroma de las flores también era tóxico? Li Banfeng palideció del susto y se levantó a toda prisa. Había esparcido los Crisantemos de Manchas de Serpiente por la habitación de cualquier manera; ahora debía buscar un lugar seguro donde guardarlos. Sacó una cerilla y encendió la vela. Y la verdad fuera dicha: tras esa cabezada, ya no le dolía el cuerpo ni le daba vueltas la cabeza; sentía que se había recuperado casi por completo. Sin embargo, al instante siguiente, el cuero cabelludo se le erizó como si una serie de descargas eléctricas le recorrieran desde la frente hasta la nuca. '¿Dónde están mis Crisantemos de Manchas de Serpiente? ¿Y los treinta y siete crisantemos que recolecté a costa de tantas penalidades? ¡¿Cómo es que no queda ni uno solo?!' Haber perdido las flores significaba haber perdido el dinero, pero eso ni siquiera era lo más grave. A la Residencia Móvil solo él podía entrar; entonces, ¿quién demonios se las había robado? '¡No me digas que me dio un ataque de sonambulismo mientras dormía y me las comí yo mismo! ¡Pero si esta porquería no se puede comer!' Li Banfeng buscó por todos los rincones, pero no halló ni un solo pétalo. El alcance de la vela era limitado y, sin prestar atención a por dónde pisaba, tropezó con algo y dio un traspié que a punto estuvo de mandarlo al suelo. Alzó la vela, miró hacia atrás y descubrió que se trataba de la flor de loto de bronce que estaba en el suelo. Espera... ¿de verdad era esa la flor de loto de bronce? Siempre había permanecido en el suelo; su posición no había cambiado mucho, pero su estado era completamente distinto. Había florecido. Li Banfeng vio el corazón de la flor; vio el receptáculo del loto. En el receptáculo reposaba una semilla de loto, completamente madura. Con sumo cuidado, Li Banfeng desprendió la semilla; de inmediato, la flor de loto se cerró de golpe, a punto de atraparle la mano. Aquella semilla de color verde azulado vibraba con suavidad en el centro de la palma de Li Banfeng. Li Banfeng ignoraba por completo el origen de semejante semilla y no tenía la menor idea de qué hacer con ella. De pronto, la semilla comenzó a hincharse hasta alcanzar el tamaño de un puño y, con un estruendoso estallido, reventó. Li Banfeng se estremeció y retiró la mano a toda prisa; de la semilla reventada cayeron ocho pequeñas cuentas, no más grandes que la uña del meñique. Li Banfeng recogió una del suelo y la examinó con detenimiento: presentaba un fondo blanco con manchas negras, como si llevara incrustada algún tipo de escama. ¿Qué demonios era eso? \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 31 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.