Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 30 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El de las gafas de oro había dicho que no valía la pena prestarles atención a una o dos flores al borde del camino; cuando llegaran a un buen sitio, las buenas flores sobrarían.
A juzgar por sus palabras, Li Banfeng había llegado a pensar que en ese buen lugar los Crisantemos de Manchas de Serpiente brotarían como el trigo: bastaría un tajo para cosechar un manojo entero.
Pero ahora que habían llegado a ese supuesto buen paraje, Li Banfeng descubrió que no había tantas flores de calidad; tras más de dos horas de búsqueda, solo había recolectado cinco en total.
Algunos Crisantemos de Manchas de Serpiente tenían tallos largos que se podían cortar directamente con la hoz; en otros ni siquiera se distinguía el tallo, pues los pétalos crecían pegados a la tierra y era necesario desenterrarlos poco a poco con una pala.
Según los cálculos de Li Banfeng, encontrar un solo Crisantemo de Manchas de Serpiente en un radio de diez metros ya era un golpe de suerte. La niebla de la montaña se volvía cada vez más densa y la visibilidad empeoraba por momentos; diez metros constituían prácticamente el límite de su campo visual.
Las flores eran difíciles de hallar y, por si fuera poco, la competencia era feroz.
La gente de las farmacias andaba cerca: tenían más experiencia y actuaban con mayor rapidez.
Y no eran solo ellos; en el seno de este grupo reunido de forma provisional también existía una marcada rivalidad.
El Viejo Pipa era un auténtico Cultivador del Humo; al asegurar que estaba en el primer nivel, seguramente no había mentido.
El humo le servía de ojos: adondequiera que flotara, él podía ver. En dos horas, ya había recolectado trece Crisantemos de Manchas de Serpiente.
La jovencita Caoye tampoco se quedaba atrás: como Cultivadora de la Medicina, poseía una sensibilidad especial hacia las hierbas medicinales y llevaba diez cosechadas.
La exuberante belleza Youtao tenía una técnica algo más deficiente; en dos horas solo había conseguido tres ejemplares, una marca inferior incluso a la de Li Banfeng.
Pero ¿qué demonios pretendía meneándose todo el tiempo delante de sus ojos?
Con ese qipao ceñido, arqueando el cuerpo e inclinando la cintura, plantándole los melocotones en plena cara mientras se contoneaba de un lado a otro... ¿así cómo se suponía que iba a recolectar crisantemos?
¿Acaso pretendía en verdad que le cosechara el crisantemo a ella?
El de las gafas de oro, a pesar de dárselas de entendido, demostró un desempeño bastante ordinario: cosechó seis flores, apenas una más que Li Banfeng.
Cachorro de Tigre, al igual que Li Banfeng, llevaba cinco.
El más inútil de todos era Qin el Gordo, quien únicamente había encontrado una flor y pateaba la maleza de pura frustración.
Cachorro de Tigre se burlaba de él a su lado:
"¡Con una miserable flor no juntas ni para media píldora! ¡A ver si cuando bajemos de la montaña no te la compra nadie!".
El Gordo replicó con evidente fastidio:
"¡¿Cómo no me la van a comprar?! ¡Tampoco es que vayan a refinar una píldora exclusivamente con mi flor! ¡De seguro juntan todas las que compren y las refinan a la vez!".
Li Banfeng preguntó:
"¿Una sola flor ni siquiera rinde para media píldora?".
"No, no rinde", respondió la jovencita Caoye mientras encontraba otro Crisantemo de Manchas de Serpiente y se disponía a recolectarlo. "He oído decir que para elaborar una píldora de calidad superior se necesitan cinco Crisantemos de Manchas de Serpiente".
La atractiva Youtao terció en la conversación:
"Yo tengo entendido que además hay que añadir un buen número de ingredientes secundarios".
Caoye lo pensó un momento antes de decir:
"Recuerdo que para refinar la Píldora de Manchas de Serpiente no hacen falta ingredientes secundarios, pero el control del fuego es sumamente difícil. Hay que cambiar de intensidad cuatro o cinco veces durante el proceso, y cada flama es distinta. Por si fuera poco, cada botica maneja su propio método de refinado".
Al oír aquello, Youtao suspiró con resignación:
"Las fórmulas alquímicas son de esas cosas que, mientras no las conoces, no las cambias ni por oro; pero una vez que las sabes, son una soberana tontería. Claro que, como una no tiene ese talento, solo le queda arriesgar el pellejo a cambio de estas migajas. Muchachita, ya que el destino nos ha juntado y podemos considerarnos amigas, aplícate a aprender bien la farmacología. En el futuro, cuando cosechemos ingredientes para píldoras, te los venderemos a ti; al menos podrías pagarnos un poco más".
Al escucharla, Caoye se ruborizó y, con una sonrisa, prosiguió su búsqueda de crisantemos.
Las palabras de Youtao habían tocado una fibra sensible en su corazón: abrir su propia botica era el sueño de su vida.
Li Banfeng calculó mentalmente a grandes rasgos: cinco flores para refinar una píldora; a ochenta y cinco monedas la flor, solo en la materia prima se iban cuatrocientas veinticinco monedas.
El coste de la Píldora de Manchas de Serpiente distaba de ser bajo; aun sin ingredientes secundarios, sumándole la mano de obra, rondaría casi las quinientas monedas por unidad.
¡El negocio de las farmacias tampoco parecía tan sencillo!
"¿A cuánto se vende una Píldora de Manchas de Serpiente?", preguntó Li Banfeng al vuelo.
"A diez mil", soltó el Gordo con laconismo.
'¿Diez mil?
¡¿Diez mil?!'.
Li Banfeng se quedó petrificado en el sitio.
'¿Me está tomando el pelo?
¡Vender una sola píldora a diez mil!
¡Aquello es una ganancia astronómica!'.
Al ver a Li Banfeng pasmado en el sitio, Youtao soltó una risita:
"¿Qué pasa? ¿Te parece cara? Las farmacias hacen negocios donde una inversión minúscula rinde ganancias exorbitantes. Y aun a este precio, solo las familias adineradas pueden permitírselo; la gente común ni soñando las consigue. Piénsalo bien: con diez mil monedas compras un día de cultivo; con tres millones seiscientos cincuenta mil te aseguras un año entero de práctica; con treinta y seis millones quinientos mil compras diez años. Diez años de cultivo equivalen a subir un nivel entero; reuniendo trescientos millones puedes alcanzar el décimo nivel. Y el décimo nivel triplica tu esperanza de vida. ¿De verdad te parece que no vale la pena gastar ese dinero?".
"Que valga la pena o no es otra historia, hermana; solo te pido que, cuando hables, no me apuntes a la cara con tus melocotones".
Youtao volvió la cabeza hacia Li Banfeng, entornó los ojos y sonrió:
"¿Te gustan? Son gorditos y blancos. ¿Quieres darles un buen apretón? Regálale una flor a tu hermana y te dejaré apretar todo lo que quieras".
Una sola píldora, un beneficio que multiplicaba por veinte el coste.
Li Banfeng encontró otro Crisantemo de Manchas de Serpiente. Se quedó observándolo un buen rato antes de inquirir:
"En vez de comprar una píldora tan cara, ¿no saldría más a cuenta comerse directamente el Crisantemo de Manchas de Serpiente? Cada flor cuesta apenas ochenta y cinco monedas".
Caoye gritó alarmada:
"¡Hermano Baisha, ni se te ocurra cometer una locura semejante! ¡Eso no se puede comer bajo ninguna circunstancia! El Crisantemo de Manchas de Serpiente es sumamente venenoso; con comerse una sola flor, se pierde la vida al instante".
Li Banfeng se quedó atónito:
"¿El crisantemo tiene veneno? ¿Acaso la píldora no es tóxica?".
Tanto Caoye como Youtao se volvieron a mirarlo como si contemplaran a un completo analfabeto.
Caoye explicó:
"La Píldora de Manchas de Serpiente también contiene toxinas, solo que no son tan virulentas. Aun así, no se puede tomar en exceso".
Youtao añadió:
"Oye, hermano Baisha, ¿cómo es que no sabes absolutamente nada? ¿De verdad tienes cultivo encima? Si no lo tienes, baja de la montaña cuanto antes y deja de jugarte la vida aquí. Ah, y otra cosa: lo que dije antes de cambiar trescientos millones por el décimo nivel era solo un decir, no te lo vayas a tomar al pie de la letra. Si alguien se tragara tantas Píldoras de Manchas de Serpiente, ¡no sabe uno ni cuántas veces moriría!".
A su lado, el Gordo le advirtió a Li Banfeng:
"¡Date prisa y busca flores, deja de hablar tantas sandeces! ¡Lo primordial es el trabajo serio!".
En realidad le estaba advirtiendo que dejara de poner en evidencia su ignorancia.
No obstante, tenía razón: el trabajo serio era lo primordial. El Crisantemo de Manchas de Serpiente florecía durante un único día; pasado ese día, las flores se marchitaban irremediablemente.
Y eso ni siquiera era lo más apremiante.
Li Banfeng comenzaba a sentir una oleada de mareo; su cuerpo estaba al límite de no poder resistir más la niebla amarga.
El Viejo Pipa, en cambio, estaba plenamente volcado en lo suyo: aprovechando el tiempo que los demás pasaban hablando, acababa de cortar otro Crisantemo de Manchas de Serpiente.
Tras guardar la flor en la bolsa de tela, Viejo Pipa exhaló otra bocanada de humo amarillento.
La bruma se arremolinó un instante y despertó una sutil resonancia espiritual. Viejo Pipa se apresuró a dar unos pasos al frente; ante sus ojos se alzaba otro crisantemo de manchas de serpiente.
Sacó las tijeras, cortó el tallo con destreza y, justo cuando se disponía a guardarlo, vio aparecer de pronto al hombre calvo que antes había intentado arrebatárselos en el camino, estirando la mano para quitárselo.
Sin perder la compostura, Viejo Pipa interpuso la cazoleta de su pipa contra el dorso de la mano del calvo. Con un siseo abrasador, le arrancó una lonja de piel y carne chamuscada.
El hombre calvo soltó un aullido de dolor y le espetó a Viejo Pipa: "¡Viejo decrépito, ¿acaso te cansaste de vivir?!".
Viejo Pipa sonrió con sorna: "Pretender robarme a mí... Me parece que el que se cansó de vivir eres tú".
"¿Quién te está robando? ¡Esa flor la vi yo primero!".
"¡Me tiene sin cuidado quién la vio primero! La flor está en mis manos; si tienes agallas, ¡ven por ella!". Viejo Pipa no se anduvo con rodeos: guardó la flor en su bolsa, empuñó la cazoleta de la pipa y lo miró con absoluta indiferencia.
El hombre calvo soltó un silbido estridente, y de inmediato otros tres individuos se plantaron junto a Viejo Pipa.
Traía secuaces consigo.
Esta vez, a Viejo Pipa se le descompuso el semblante.
"Viejo, suelta la bolsa que traes en la mano y te perdonaremos la vida por hoy". El calvo desenvainó un machete, y los tres hombres a sus espaldas sacaron también sus respectivas armas blancas.
Viejo Pipa vaciló un instante; no tenía intenciones de jugarse el pellejo a ciegas. Abrió la bolsa y le dijo al calvo: "Aquí hay veintidós flores. Les dejo la mitad y dejamos el asunto zanjado".
"Te he dicho que las dejes todas, ¿es que estás sordo? ¿Prefieres entregar la vida antes que la plata?". El calvo soltó una carcajada siniestra y, sin darle margen a réplica, alzó el machete para abrirle la cabeza.
La pequeña Caoye quedó aterrada y se refugió detrás de El de las gafas de oro.
Este último alzó la voz para gritar: "¡Oigan, amigos, hablando se entiende la gente!".
Cachorro de Tigre también se aproximó: "¡Hay que ser razonables, no recurran a la violencia tan rápido!".
Ambos se adelantaron fingiendo apaciguar los ánimos, pero el calvo los ignoró por completo; asestaba un tajo tras otro, dirigiendo cada golpe directo al cráneo.
Acorralado por cuatro atacantes, Viejo Pipa no disponía de un solo segundo para encender su pipa y dar una calada. Justo cuando un machetazo estaba a punto de hendirle la cabeza, el calvo frenó en seco; en el dorso de la mano le acababa de brotar una herida ensangrentada.
Qin el Gordo había entrado en acción.
Si uno forma una cuadrilla, debe velar por sus compañeros. El Gordo se tomaba las reglas muy en serio y, además, llevaba un buen rato con ganas de darle un escarmiento a aquel pelón.
Al ver que solo el muchacho gordo cargaba contra él, el calvo ordenó a su banda redoblar el asedio sobre ambos.
Al contemplar el cariz de la situación, Cachorro de Tigre miró de soslayo a El de las gafas de oro.
Este último barrió con la mirada al resto de los presentes.
La jovencita Caoye se hallaba encogida tras su espalda, paralizada de puro espanto.
La muchacha Nectarina observaba fijamente al calvo, sin dar a entender qué pensaba hacer.
Li Banfeng, por su parte, había divisado otro crisantemo de manchas de serpiente y se disponía a recolectarlo, como si la trifulca que se desarrollaba a unos pasos no tuviera nada que ver con él.
Cachorro de Tigre le dedicó otra mirada a El de las gafas de oro y murmuró con voz queda: "Ya casi es la hora".
El de las gafas de oro clavó sus ojos en el hombre calvo.
Eran cuatro contra dos. En un principio, la banda del calvo llevaba la ventaja indiscutible, pero, por alguna extraña razón, los cuatro se tornaron cada vez más atropellados en sus acometidas. Las empuñaduras les temblaban en las manos; cada estocada salía chueca y torpe, como si fueran novatos inexpertos que jamás hubieran empuñado un arma en su vida.
¿Qué ocurría?
¿A qué venía tanto desconcierto?
La situación no justificaba en absoluto tal despliegue de nervios.
Al calvo le brillaban las pupilas con un fulgor desquiciado y los pómulos se le encendieron en rojo vivo.
No era miedo lo que sentía; era una euforia desmedida.
Una excitación tan desorbitada que su cuerpo empezaba a escapar a su propio control motriz.
Al percatarse de ello, El de las gafas de oro se lanzó hacia el calvo en dos zancadas y le plantó una patada en pleno pecho, haciéndolo retroceder varios pasos a trompicones.
Cachorro de Tigre también embistió; derribó de un puñetazo a uno de los sujetos del machete mientras increpaba a gritos al grupo: "¡Les dimos la mano y se tomaron el brazo! ¿Acaso se creen que somos fáciles de intimidar?".
El calvo, con el machete en mano, apretó los dientes y espetó: "Les aconsejo que no se metan en asuntos ajenos".
El de las gafas de oro, con el semblante adusto, se acomodó las gafas: "Formamos una cuadrilla y acordamos cuidarnos las espaldas. Este asunto ajeno nos concierne a nosotros".
Qin el Gordo abrió su bolsa y engulló como un animal famélico medio kilo de raciones secas, tras lo cual vociferó a pleno pulmón: "¡Vengan! ¡Atrévanse a pelear, a ver si su abuelo no los pica a machetazos!".
Viejo Pipa levantó la cazoleta de su pipa, aspiró con fuerza un par de caladas sonoras y una densa humareda de tono blanco amarillento comenzó a esparcirse por el entorno.
Al ver que las tornas se habían invertido, el calvo dio media vuelta y huyó a la carrera junto con sus compinches.
El de las gafas de oro soltó un largo suspiro y se volvió hacia los demás: "Continúen recolectando, apresúrense; no se atreverán a volver".
Viejo Pipa guardó la pipa, se sentó un instante en el suelo a recuperar el aliento y prosiguió con la cosecha.
Qin el Gordo caminó hasta donde estaba Li Banfeng, se sentó a su lado bufando con molestia y le susurró: "Hermano Li, ¿por qué no me echaste una mano?".
Li Banfeng le encasquetó en las manos el crisantemo de manchas de serpiente que acababa de arrancar: "Recoge rápido unas pocas flores y larguémonos de aquí; la situación no pinta nada bien".
Dicho esto, Li Banfeng soltó en el suelo la piedra que sostenía en la palma.
Había permanecido todo ese tiempo empuñándola con firmeza.
Solo entonces comprendió el Gordo que Li Banfeng había estado preparado para intervenir en cualquier momento.
Por su parte, El de las gafas de oro encontró un ejemplar de crisantemo y, justo al cortarlo, Cachorro de Tigre se le acercó sigilosamente: "¿Por qué no dejaste que el Tercero les arrebatara un botín primero? Si les robaban una parte, habrían trabajado con más ganas luego. Aparte del viejo, ninguno de estos sirve para nada".
El de las gafas de oro guardó la flor en la bolsa de tela y replicó en un susurro apenas audible: "Ese tal Baisha... es sospechoso".
"¿Qué va a tener de sospechoso? No pasa de ser un don nadie cobarde y avaro".
"Es un Cultivador del Placer; los de esa senda poseen ardides para desquiciar el juicio de la gente. Hay que andarse con mucho cuidado".
Cachorro de Tigre resopló con incredulidad: "A mí no me parece ningún Cultivador del Placer; jamás en la vida vi a uno de ellos emparejarse con otro hombre".
El de las gafas de oro frunció ligeramente el ceño: "Hay muchísimas cosas en este mundo que jamás has visto".
Cachorro de Tigre seguía escéptico: "Hace un momento, cuando el gordito estaba recibiendo leña, ni siquiera lo vi mover un dedo. ¿Qué Cultivador del Placer se quedaría de brazos cruzados viendo cómo vapulean a su compañero?".
"¿Y tú cómo sabes que no hizo nada?". El de las gafas de oro se sacudió la tierra de las manos. "¿No viste que al Tercero le cayó encima una técnica de la Vía del Placer? ¡Ni siquiera era capaz de sostener el machete con firmeza!".
"¿Eso fue una técnica del Placer?". Cachorro de Tigre se quedó pasmado. "Pensé que al Tercero le había entrado pánico. Entonces, ¿qué planeas hacer? ¿Cancelamos el golpe?".
"El negocio sigue en pie, por supuesto. Nos moveremos a otro sitio dentro de poco. Los Cultivadores del Placer son débiles de cuerpo y no aguantan demasiado; sin duda intentará bajar de la montaña antes de tiempo. Cuando se quede rezagado a solas, dejaremos que el Tercero dé cuenta de él, y mientras tanto nosotros liquidamos a estos otros juntos".
El de las gafas de oro se incorporó y echó a andar en busca del siguiente crisantemo de manchas de serpiente.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 31
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 30
Estás leyendo el capítulo 30 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.