Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Banfeng, sálvame!".
Un grito de socorro resonó con nitidez junto a su oído, y Li Banfeng, sumido en un sueño profundo, se incorporó de golpe en la cama.
¿Quién había hablado?
Todas las literas de la habitación estaban vacías, a excepción de He Jiaqing, que se encontraba en cuclillas en el suelo terminando de recoger su equipaje.
He Jiaqing alzó la cabeza al verlo moverse: "¿Ya despertaste?".
Li Banfeng lo miró fijamente: "¿Fuiste tú el que me pidió que te salvara hace un momento?".
He Jiaqing frunció el ceño: "¿Acaso sigues atontado por el sueño? Échame una mano a ordenar las cosas, que se nos echa el tiempo encima".
He Jiaqing se marchaba esa misma noche en tren.
A lo largo de los cuatro años de universidad, había sido el mejor amigo de Li Banfeng.
Li Banfeng encendió la pantalla de su teléfono móvil para mirar la hora: ya eran las tres y media de la tarde.
Comerían algo juntos y luego tocaría acompañarlo a la estación para despedirlo.
Li Banfeng saltó de la litera y comenzó a ayudar a He Jiaqing a clasificar un montón de trastos dispersos por el suelo.
"¿Quieres la pasta de dientes?".
"¡Sí!".
Li Banfeng arrojó el tubo de pasta de dientes con milimétrica precisión dentro de la maleta abierta de He Jiaqing.
"¿Quieres la tarjeta del comedor?".
"Te la regalo".
Li Banfeng lanzó la tarjeta del comedor con idéntica puntería al fondo de su propio cajón.
En un radio de cinco metros, Li Banfeng arrojando objetos jamás fallaba un tiro.
"¿Quieres el diploma de graduación?".
"No lo quiero".
Li Banfeng arrojó el diploma de graduación con certera puntería dentro de la papelera situada a tres metros de distancia.
He Jiaqing admiraba precisamente esa actitud tan desenfadada de Li Banfeng.
Ni siquiera le preguntó por qué demonios tiraba el título universitario; simplemente lo lanzó sin dudar. Si algo se quería, se guardaba; si no se quería, se tiraba. La lógica era tan directa y sencilla como eso, y Li Banfeng jamás complicaba las cosas simples de la vida.
Durante los cuatro años de carrera, He Jiaqing solo había tenido a Li Banfeng como amigo cercano porque apreciaba su temperamento peculiar.
Y Li Banfeng, a su vez, solo tenía a He Jiaqing como amigo porque cargaba a cuestas con un historial clínico psiquiátrico; cualquiera que supiera de sus antecedentes procuraba no acercarse demasiado a él.
Li Banfeng abrió una caja de cartón repleta de sobres. Cada sobre contenía varias decenas de fotografías reveladas en papel.
A He Jiaqing le apasionaba la fotografía tradicional. Le gustaba emplear cámaras de carrete y, cada vez que terminaba de disparar un rollo, alquilaba un cuarto oscuro para revelar él mismo las fotos una a una. En cuatro años de universidad había acumulado una caja entera de recuerdos fotográficos.
"¿Aún quieres estas fotos?".
He Jiaqing titubeó un instante: "Escoge unas cuantas que hayan salido bien para llevarlas conmigo; las que hayan salido defectuosas o estropeadas, tíralas".
Li Banfeng seleccionó varios sobres y se los tendió a He Jiaqing: "Estas están todas bien".
He Jiaqing ni se molestó en revisarlas y las guardó directamente en la maleta.
Luego Li Banfeng apartó otros cuantos sobres: "Estas son fotos de tu novia, pero salieron todas estropeadas; mejor tirarlas".
He Jiaqing se quedó pasmado: "¿Estropeadas? ¿Todas?".
Li Banfeng asintió con semblante muy serio: "Ni siquiera llevaba ropa puesta; por supuesto que salieron defectuosas".
He Jiaqing le arrebató los sobres de las manos a toda prisa y los metió disimuladamente en el fondo de la maleta.
...
Al atardecer, en un local de brochetas y barbacoa a la salida del campus universitario.
He Jiaqing le sirvió un vaso de licor blanco a Li Banfeng: "Durante los cuatro años que hemos pasado juntos en la universidad, siempre ha habido una cosa que quise preguntarte, pero nunca me atreví a abrir la boca".
Li Banfeng negó con la cabeza de inmediato: "No me gustan los hombres".
He Jiaqing se atragantó con el trago de licor y tosió durante varios segundos: "¡No me refiero a eso! Hablo de tu nombre. ¿Por qué te llamas Banfeng? ¿Tiene algún significado especial?".
Al escuchar la pregunta, el ceño de Li Banfeng se relajó y las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba, dibujando una sonrisa que resultaba ligeramente rígida y peculiar.
Cualquier otra persona, al presenciar ese gesto, habría intentado poner distancia de por medio de inmediato, pues solía ser el indicio de su inestabilidad emocional.
Sin embargo, He Jiaqing no se alarmó lo más mínimo. Li Banfeng sonreía cuando sus emociones se desestabilizaban, pero cuando estaba de muy buen humor, sonreía exactamente de la misma manera.
Y en ese instante su humor era inmejorable. Con evidente entusiasmo, comenzó a relatar: "Todo esto se remonta a la anciana Wu, de nuestro orfanato. La anciana Wu era la persona con mayor nivel cultural de todo el asilo. Tenía a su cargo a siete niños, y los nombres de los siete nos los puso ella. Aquellos siete nombres eran: Banshan, Banluan, Banling, Ban'ya, Bangang, Ban'yue y Banfeng. Como bien sabes, entre todas las elevaciones de la tierra, la cumbre, el pico más alto, es el 'feng'. Yo era el más sobresaliente de los siete muchachos, así que la anciana Wu me concedió a mí el nombre de Banfeng".
He Jiaqing meditó sus palabras un momento y comentó: "Yo llegué a conocer a esa anciana Wu. Cuando estuviste ingresado en el hospital vino a visitarte, pero juraría que no te llamaba Li Banfeng; te llamaba Li Baisha".
Li Banfeng asintió sin inmutarse: "Porque siempre me mandaba a comprarle tabaco. En aquella época a la anciana le gustaba fumar cigarrillos marca Baisha, así que me llamaba Li Baisha. Antes de eso me llamaba Li Hongmei; y antes de eso, Li Yingchun. Hubo una temporada en que las cosas nos fueron algo mejor y fumaba marcas de más categoría, así que me llamaba Li Furong".
He Jiaqing tomó una brocheta de riñón de cordero: "¿Y por qué llevas el apellido Li?".
Li Banfeng contestó con toda naturalidad: "Porque el conserje de la puerta del orfanato se apellidaba Li".
He Jiaqing asintió con respeto: "Entonces debió de ser un hombre honorable y de gran prestigio para la institución".
Li Banfeng negó con la cabeza: "Era el marido de la anciana Wu. A él le gustaba fumar cigarrillos extranjeros de importación, así que me llamaba Li Camel".
Al caer el crepúsculo, ambos salieron del local de barbacoa.
Li Banfeng sostenía en la mano una servilleta de papel con la que se limpió la boca. Acto seguido, la lanzó y encestó de manera impecable en la papelera situada a unos cuatro o cinco metros de distancia.
He Jiaqing no pudo evitar elogiarlo con admiración: "En un radio de cinco metros jamás erras el blanco. Hemos sido como hermanos durante cuatro años, ¿cómo es que nunca logré aprender esa habilidad tuya?".
Li Banfeng clavó la mirada en la papelera y sentenció: "El estado mental. Lo verdaderamente crucial es mantener el estado mental sereno. Mientras mantengas la calma interior...".
Antes de terminar la frase, Li Banfeng desvió la mirada hacia la distancia. Una mujer de unos treinta y pocos años, vestida con un traje sastre gris de falda y chaqueta, avanzaba hacia ellos con una sonrisa cordial en el rostro.
Era la profesora Song.
Ambos se apresuraron a saludarla con respeto.
La profesora Song impartía matemáticas en la Facultad de Ciencias. Lucía una melena corta a la altura de las orejas que enmarcaba un rostro redondo y de tez blanca y suave. Tras las gafas de montura redonda brillaban unos ojos hermosos, profundos e intelectuales.
Al ver a sus dos alumnos, las comisuras de sus labios se elevaron formando una sonrisa que dibujó dos dulces hoyuelos en sus mejillas.
Esos dos hoyuelos eran los causantes de las fantasías solitarias de innumerables estudiantes varones de toda la Facultad de Ciencias.
¡Era una mujer hermosa como el sol del amanecer! Transmitía una inmensa vitalidad y una reconfortante sensación de seguridad.
Mientras Li Banfeng todavía contemplaba la silueta de la profesora Song alejándose por el sendero, He Jiaqing bajó la voz y le susurró al oído: "¡En su melocotón izquierdo tiene una marca de nacimiento con forma de nuez!".
Li Banfeng se quedó atónito: "¿Acaso se lo has visto?".
He Jiaqing soltó un eructo cargado de alcohol con aire triunfal: "Matemáticas avanzadas, álgebra lineal, teoría de probabilidades... ¿cuándo me has visto reprobar una sola asignatura? Fíjate en cómo me mira la profesora Song durante las clases, ¿crees que mira a los demás de la misma forma?".
"La mirada no me he fijado", repuso Li Banfeng entornando los ojos con semblante muy solemne, "pero la marca de nacimiento de la que hablas, recuerdo claramente que está en el derecho".
"¿Cómo va a estar en el derecho? Seguro que estás confundido...". He Jiaqing se frenó en seco y abrió los ojos de par en par: "¿Tú también se lo has visto?".
Li Banfeng negó de inmediato con la cabeza: "Yo soy un hombre decente".
He Jiaqing protestó indignado: "Le has visto el melocotón a la profesora Song, ¿cómo pretendes pasar por un hombre decente?".
Li Banfeng contestó con absoluta rectitud y seriedad: "¡Lo miré de la forma más formal y decente posible, así que soy un hombre decente!".
He Jiaqing se mostró desinflado por la decepción: "¿Pero cómo va a estar en el derecho?...".
En realidad, él jamás le había visto el pecho a la profesora Song. Lo de la marca de nacimiento se lo había contado su novia, Lu Xiaolan, quien la había visto con sus propios ojos en los vestuarios de la facultad.
"¿Será que Lu Xiaolan me mintió, o seré yo quien lo recuerda mal?", murmuró He Jiaqing mirando fijamente a Li Banfeng con expresión de genuina desilusión. "Seguro que me mintió ella. Siempre me está engañando".
Caminando y conversando, llegaron al pie del edificio de dormitorios femeninos para encontrarse con Lu Xiaolan, la novia de He Jiaqing.
Lu Xiaolan llevaba el cabello recogido en una coleta alta que dejaba al descubierto sus delicadas facciones y la frescura de su juventud. Su vestido ceñido resaltaba a la perfección una figura esbelta y menuda.
Era considerada la chica más hermosa de toda la Facultad de Ciencias, un título que contaba con el consenso del ochenta por ciento de los varones de la carrera.
Aunque ya se conocían de sobra, He Jiaqing no pudo resistir la tentación de presumir ante Li Banfeng: "Mira a mi mujer, parece una beldad recién salida de una lámina de calendario antiguo".
¿De una lámina de calendario? ¿De qué siglo sacaba esas comparaciones?
He Jiaqing siempre había sentido un apego muy peculiar hacia los objetos arcaicos del pasado.
A Li Banfeng, en cambio, Lu Xiaolan le resultaba totalmente indiferente; ni siquiera se molestó en mirarla dos veces.
"Para serte franco y en buena conciencia, sigo prefiriendo la figura de la profesora Song", comentó Li Banfeng mirando a He Jiaqing con total franqueza.
"Para serte franco, mi mujer también tiene buena 'conciencia', y la conciencia no es algo que deba medirse únicamente por su tamaño de bulto, hay que hacer una valoración integral de las virtudes...", argumentó He Jiaqing defendiendo a capa y espada a su novia mientras la veía descender las escaleras del dormitorio.
Los tres tomaron juntos un taxi con dirección a la Estación Este de Yuezhou.
Al llegar a la terminal, Li Banfeng acompañó a He Jiaqing hasta los torniquetes de acceso. Había llegado el momento de la despedida.
He Jiaqing le dijo a Li Banfeng: "Hermano, has bebido bastante licor. Cuando regreses al dormitorio, hazme una llamada".
Li Banfeng sonrió: "¿Para qué quieres que te llame? ¿Acaso temes que me pierda por el camino?".
He Jiaqing negó con la cabeza: "No es que tema que te pierdas. Es que yo también he bebido demasiado y me temo que me quedaré profundamente dormido nada más subir al vagón. Necesito que me des un toque para despertarme y recordarme que vaya a orinar".
Li Banfeng no salía de su asombro: "¿Hasta para orinar necesitas que te avise?".
He Jiaqing repuso con toda la seriedad del mundo: "¡¿Y qué pasa si me orino encima dormido?!".
Li Banfeng seguía sin comprender: "Teniendo a tu mujer al lado, ¿crees que te dejaría orinarte encima?".
He Jiaqing resopló: "¡Ella duerme todavía más que yo! ¡Tiene el sueño más pesado que el de un cerdo, no se despertaría ni aunque el tren entero descarrilara!".
Lu Xiaolan frunció el entrecejo con fastidio y le propinó un puñetazo en el hombro a He Jiaqing.
Li Banfeng también le reprochó: "Estás a punto de subirte a un tren, ¿cómo se te ocurre mencionar descarrilamientos? Da mal agüero".
Charlaron unos minutos más hasta que por los altavoces del andén comenzó a sonar el aviso de megafonía:
"Atención, pasajeros del tren mil ciento sesenta. El control de billetes está a punto de comenzar. Por favor, recojan todo su equipaje de mano y diríjanse a la sala de espera número noventa y seis para embarcar".
He Jiaqing miró a Li Banfeng: "Me marcho".
Li Banfeng soltó un repentino sollozo, apretando los ojos como si fuera a derramar lágrimas de un momento a otro.
He Jiaqing negó con la cabeza y se burló: "Deja de fingir, se te da fatal el teatro. Tú ni siquiera sabes llorar".
A lo largo de los cuatro años de universidad, Li Banfeng había llorado en incontables ocasiones: había usado las lágrimas para ganarse la compasión del tutor de curso y para conseguir el perdón de la oficina académica, pero He Jiaqing sabía perfectamente que todas y cada una de esas veces habían sido pura farsa.
No se equivocaba en absoluto: Li Banfeng era incapaz de llorar de verdad.
Li Banfeng también comprendió que fingir el llanto sobraba en ese instante. Como su mejor amigo, en un momento de despedida correspondía pronunciar palabras sinceras.
Tras un largo silencio, Li Banfeng se limitó a decir con voz sosegada: "Cuídate mucho".
"Tú también, cuídate mucho". He Jiaqing levantó el asa de su maleta y cruzó los torniquetes junto a Lu Xiaolan.
Mientras avanzaban por el pasillo, Lu Xiaolan preguntó con fingida indiferencia: "¿Por qué le pediste a Li Banfeng que te llamara?".
He Jiaqing sonrió con picardía: "¿Estás celosa? ¡Si quieres me caso con él y vivimos juntos!".
"¡Lárgate al demonio!", bufó Lu Xiaolan. "¡Cásate con él y que te aguante!".
He Jiaqing le pellizcó la nariz con cariño: "No te enfades. Ya sabes que él arrastra problemas psiquiátricos. Ha bebido muchísimo licor esta noche y, viéndolo marcharse solo de vuelta al campus, no me quedo del todo tranquilo".
Lu Xiaolan se aferró al brazo de He Jiaqing y admitió en voz baja: "La verdad es que Li Banfeng no es mala persona, pero a veces tiene arranques de locura que dan bastante miedo".
He Jiaqing puso una expresión de absoluta seriedad y la corrigió: "Banfeng no está loco. Yo mismo lo acompañé a la consulta de psiquiatría del Tercer Hospital. El doctor Wang me aseguró que lo suyo no califica como locura; solo estuvo ingresado una semana y le dieron el alta médica".
Lu Xiaolan no pudo evitar soltar una risita al oírlo y continuó caminando junto a él hacia la puerta de embarque.
He Jiaqing, sin embargo, volvió a recalcar con firmeza: "Banfeng de verdad que no está loco. Grábate bien eso en la cabeza".
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 3
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.