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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Banfeng creyó que aquel sujeto que se hacía pasar por He Jiaqing lo acompañaría al baño. Sin embargo, "He Jiaqing" no fue; no deseaba tener más contacto con Li Banfeng tras percatarse de que su comportamiento resultaba un tanto anómalo. Pero incluso si era raro, no había de qué preocuparse. Desde el instante en que Li Banfeng puso un pie en aquella mansión de estilo occidental, estuvo convencido de que su destino ya estaba sellado: Li Banfeng estaba destinado a ocupar su lugar y convertirse en el prisionero del inmueble. Por pura cautela, "He Jiaqing" le había dado a beber un té adulterado con ciertos "ingredientes", con el único propósito de que durmiera a pierna suelta. Temiendo que no conciliara un sueño lo bastante profundo, también había querido embutirle un cuenco de sopa, pero Li Banfeng no la probó. A juzgar por la situación, en verdad Li Banfeng no había dormido con demasiada pesadez; tal vez la dosis no había sido suficiente, o acaso su constitución física era demasiado buena y una sola taza de té no bastaba para dejarlo completamente fuera de combate. Nada de eso importaba ya. Lo fundamental era que Li Banfeng no podía salir. Era imposible que hallara una salida. "He Jiaqing" llevaba días buscándola allí adentro y, hasta ese momento, todavía no había logrado encontrarla. 'En cuanto amanezca, seré libre. Li Banfeng, pedazo de idiota, a ver cuánto logras resistir en esta casa.' "He Jiaqing" bajó las escaleras y se acostó en la habitación de la planta baja, junto a la puerta principal. Li Banfeng entró al cuarto de baño y divisó a un gato atigrado amarillo y a un gato blanco buscando qué comer junto al lavamanos. El lavamanos carecía de grifo; en su lugar, había una bomba manual de agua. El gato blanco saltaba sobre la palanca de bombeo, mientras el amarillo se acuclillaba junto al caño de salida para ver si brotaba algo de agua. Aquel leve frufrú que había escuchado provenía de ellos. ¿Cómo se las habían arreglado para colarse? En la mansión había no pocos gatos. ¿Por dónde entraban los demás? ¿Acaso por las ventanas? En efecto, en el cuarto de baño había un pequeño ojo de buey, minúsculo. Estaba herméticamente cerrado. Li Banfeng lo empujó varias veces, pero resultaba tan sólido como las ventanas del dormitorio: no existía posibilidad alguna de abrirlo. Li Banfeng les dedicó a los dos felinos un par de siseos en voz baja. El gato blanco, que ya desconfiaba de él, se erizó del susto al escuchar aquellos siseos y echó a correr a toda velocidad, escabulléndose por un pequeño hueco situado debajo del lavamanos. El gato amarillo intentó meterse detrás de él, pero Li Banfeng lo atrapó de un rápido manotazo. Contempló el agujero ubicado junto al desagüe del suelo. Debía de tratarse de un conducto de ventilación, con un diámetro apenas mayor que el puño de un hombre adulto. Los gatos eran criaturas en verdad asombrosas. ¿Cómo se las ingeniaban para escurrirse por un agujero tan diminuto? "¡Miau...!" Desde el exterior de la ventana resonó un maullido. A través del vidrio esmerilado, Li Banfeng distinguió vagamente una silueta blanca al otro lado, llamando a su compañero. ¡El gato blanco había salido al exterior de la residencia! Se había colado a través del conducto de ventilación. Las personas no podían salir, ¡pero los gatos sí! ¡Clac! El pomo de la puerta del baño giró y "He Jiaqing" entró de un empujón. Acababa de escuchar el maullido. "Banfeng, ¿qué estás haciendo?" "Estoy sentado en el retrete". Li Banfeng permanecía sentado en la taza del inodoro, sosteniendo al gato amarillo en brazos. "¿Estás sentado en el retrete acariciando a un gato?" Li Banfeng asintió. "Si el gato está en el baño y yo estoy sentado en el retrete, ¿en qué otro sitio tendría sentido acariciarlo?" "He Jiaqing" cerró la puerta del baño, incapaz de emitir juicio alguno sobre semejante conducta. El proceder de Li Banfeng carecía por completo de sentido común, pero siempre se las arreglaba para adjudicarse una justificación que sonaba lógica. ¿Para qué devanarse los sesos pensando en si era razonable o no? 'En cuanto pase la mañana de mañana, no volveré a verlo jamás.' Li Banfeng metió la mano por el conducto de ventilación que había debajo del lavamanos. Aquel ducto no conectaba en línea recta con el exterior de la mansión; qué estructura tenía por dentro o cuántas curvas daba era algo que Li Banfeng ignoraba. Aunque una brisa nocturna y fresca se colaba por la abertura, a Li Banfeng le resultaba imposible arrojar la llave directamente hacia el exterior a través del orificio. Si no podía lanzarla de forma directa, no le quedaba más remedio que jugársela en una apuesta. Era evidente que el gato amarillo no era especialmente valiente; para ganar la apuesta, hacía falta darle un buen incentivo. Li Banfeng extrajo del pantalón de su pijama el sombrero de fieltro recién comprado, en cuyo interior guardaba dos objetos. Cuando antes se cambió de ropa y se puso el pijama, su cartera y algunas de sus pertenencias personales habían quedado en manos de He Jiaqing. Sin embargo, había dos cosas de las que Li Banfeng jamás se separaba: una era la llave de latón y la otra eran las tiras picantes. Ahora mismo, ambas reposaban dentro del sombrero. Primero sacó la llave, entró en su Residencia Móvil y tomó el cable de carga de su teléfono móvil de la mochila. De regreso en el cuarto de baño, empleó el cable de carga para atar la llave al cuerpo del animal. Cargó primero al gato amarillo hasta colocarlo junto a la boca del conducto de ventilación; luego, aferrando la llave con fuerza, abrió una vez más la puerta de la Residencia Móvil. Justo un instante antes de cruzar el umbral, Li Banfeng sacó una tira picante y se la introdujo de lleno en el ano al gato amarillo. Acompañado por un aullido desgarrador y lastimero, el gato amarillo echó a correr como alma que lleva el diablo, precipitándose al interior del conducto. Li Banfeng se introdujo de inmediato en la Residencia Móvil. 'Gatito, si corres directamente hasta el exterior de la mansión, daré por ganada mi apuesta. Pero si decides quedarte agazapado dentro del conducto sin salir, ¡habré perdido! Aunque si pierdo, ¡tú tampoco lo vas a pasar nada bien; ese picante te va a quemar vivo!' Al escuchar semejante escándalo, "He Jiaqing" irrumpió de nuevo en el baño, solo para descubrir que Li Banfeng ya no estaba allí. ¿Adónde se había ido? ¡La cabeza de "He Jiaqing" zumbó con furia desquiciada! Desde afuera de la ventana se escuchó un rumor de pasos. "He Jiaqing" se abalanzó hacia el salón de la planta baja y corrió hasta el enorme ventanal que daba al exterior; allí vio a Li Banfeng de pie en medio del jardín. Junto a Li Banfeng se encontraba el gato amarillo, que en ese preciso instante tomaba un baño de asiento dentro de un charco del jardín para calmar el ardor. "He Jiaqing" estaba petrificado de espanto; Li Banfeng, por el contrario, mantenía una calma absoluta. Apenas unos segundos atrás, "He Jiaqing" estaba convencido de haber recuperado la libertad, plenamente seguro de que Li Banfeng jamás lograría salir de la vieja mansión del Clan He. Apenas unos segundos atrás, Li Banfeng todavía no tenía la certeza de si el gato amarillo saldría disparado por el conducto hacia el exterior; ahora, aquel mismo gato gemía lastimosamente con las posaderas metidas en el agua del charco. Li Banfeng había entrado en la Residencia Móvil dentro del cuarto de baño; el gato, llevando la llave atada al lomo, cruzó el conducto de ventilación hasta el exterior del inmueble, arrastrando consigo la llave fuera de la mansión. La Residencia Móvil acompañaba siempre a la llave: al salir la llave de la casa, la Residencia Móvil sacó consigo a Li Banfeng hacia el exterior. En ese momento, de pie en el salón, "He Jiaqing" aporreaba el ventanal con desesperación, aparentemente llamando a Li Banfeng a gritos, pero Li Banfeng no alcanzaba a oírlo. "He Jiaqing" clavó ambas manos en los bordes del ventanal. En medio de un chirrido estridente y metálico, el ventanal cedió, abriéndose apenas una rendija. La hendidura se fue ensanchando poco a poco. Cuando alcanzó poco más de diez centímetros, "He Jiaqing" embutió la cabeza por la abertura y la asomó hacia afuera. "Banfeng, ¡tú eres el único hermano que me queda! ¿Te vas a marchar así nada más? ¿Me vas a dejar aquí tirado? Banfeng, ¿acaso no habías venido a rescatarme?" Li Banfeng retrocedió unos cuantos pasos. La fuerza física de aquel falso He Jiaqing superaba por mucho la suya; Li Banfeng no había podido abrir aquel ventanal, pero ese sujeto sí era capaz de forzarlo. "¿Quién demonios eres tú en realidad?" Con la llave bien aferrada en la mano, Li Banfeng ya se había preparado para emprender la huida a la menor señal de peligro. "He Jiaqing" intentó escurrir el resto del cuerpo a través del ventanal, pero le resultó imposible: el marco aprisionaba firmemente sus hombros, dejándolo atascado. "¡Li Banfeng, ven, acércate! ¡Acércate un poco más y te lo digo, te haré saber de inmediato quién soy!". Aquel falso He Jiaqing no parecía dispuesto a revelar su identidad. Li Banfeng se disponía a marcharse del patio, cuando, para su sorpresa, alguien más respondió a la pregunta en su lugar. Para ser exactos, no se trataba de una persona, sino del Espíritu del Hogar. El Espíritu del Hogar no permitía que "He Jiaqing" abandonara la residencia. Incluso habiendo abierto el ventanal, no podía salir; e incluso si hubiera sido capaz de abrir la puerta para invitar a Li Banfeng a pasar, jamás habría podido poner un pie afuera. La cabeza de "He Jiaqing" asomaba por el ventanal, forcejeando con desesperación, cuando las enredaderas que colgaban del piso superior se enroscaron de pronto alrededor de su rostro y comenzaron a tirar de él sin piedad. Una fina y delicada capa de piel postiza fue arrancada de cuajo, y las facciones de He Jiaqing se desvanecieron por completo de su rostro. Li Banfeng contempló su verdadera apariencia. ¡Era Lu Xiaolan! La novia de He Jiaqing. ¿Por qué demonios estaba ella en la residencia ancestral del Clan He? 'Con razón mencionó tantos asuntos privados entre He Jiaqing y yo en los mensajes de texto.' 'Cuando He Jiaqing comía con ella y yo me acoplaba, ella lo sabía.' 'Cuando He Jiaqing dormía con ella y yo lo llamaba a mitad de la noche para que saliera, también lo sabía.' '¿Pero sabía acaso lo de pasarse las respuestas en los exámenes? ¿Sabía que He Jiaqing se había puesto a trabajar como peón en una obra en construcción para pagar mis gastos médicos?' '¿Acaso se lo contó el propio He Jiaqing?' '¿Y cómo se las arregló para enganchar un anzuelo en mi teléfono móvil?' '¿Habrá sido por aquella llamada que He Jiaqing me pidió hacer?' '¿Eran cómplices?' '¿He Jiaqing me vendió?' 'Espera... Si He Jiaqing fuera su cómplice, ¿por qué no vino él mismo a engañarme?' '¡Si hubiera sido el auténtico He Jiaqing, jamás habría dejado al descubierto tantas fisuras!' 'Ella es una Cultivadora del Atisbo. Había infinidad de cosas que He Jiaqing jamás le había confiado, pero que ella pudo atisbar y espiar por su cuenta.' 'En todo el asunto de los mensajes de texto, la iniciativa siempre la llevó ella, haciéndome caer en su trampa.' 'Sin embargo, al vernos cara a cara, ciertas fallas se volvieron inevitables, pues le resultaba imposible atisbar cada minúsculo pormenor.' 'He Jiaqing no debería ser su cómplice. Pero entonces, ¿por qué está ella atrapada por el Espíritu del Hogar?' Mientras los pensamientos bullían a toda velocidad en su mente, Lu Xiaolan gritó con voz desgarrada: "¡Li Banfeng! ¿Acaso no quieres salvar a He Jiaqing? Si quieres salvarlo, ¡ven a buscarme! ¡Solo yo sé dónde está! ¡Li Banfeng, yo amo a Jiaqing, de verdad lo trato bien! En este mundo, aparte de ti, ¡solo yo lo trato bien con el corazón en la mano!". Al oír aquello, Li Banfeng dio media vuelta y apretó el paso para marcharse. 'Vaya manera de hablar... He Jiaqing y yo tampoco tenemos esa clase de relación.' "¡Li Banfeng! ¡No te vayas! ¡Te vas a arrepentir toda tu vida! Ya te convertiste en un usuario de energía oscura, ¿verdad? ¡Eres un Cultivador del Cuerpo! ¡Puedes volverte invisible, ¿a que sí?! ¡Enséñame cómo salir de aquí! ¡Pídeme lo que quieras y te lo daré! ¡Te daré lo que me pidas! ¡Tengo muchísimas cosas buenas!". La silueta de Li Banfeng se desvaneció en la penumbra de la noche. Lu Xiaolan, con el rostro anegado en lágrimas, retiró la cabeza hacia el interior del ventanal. No le quedaba más remedio: las enredaderas ya le habían desollado el rostro falso, y lo siguiente que desgarrarían sería su cara auténtica. A lo largo de los últimos días, le habían despellejado el rostro real en incontables ocasiones, infligiéndole un tormento desgarrador y dejando cicatrices que apenas lograban sanar. Se desplomó bajo el ventanal, rompiendo en un llanto desconsolado. No lograba entenderlo. ¿Por qué Li Banfeng no había caído en la trampa? Había conseguido engañarlo para traerlo hasta la Provincia de Puluo, e incluso había logrado que entrara en la residencia. ¿Por qué, a pesar de todo, había huido? Poco después de que el tren descarrilara, He Jiaqing había recibido aquella llamada de Li Banfeng. Esa llamada le salvó la vida a He Jiaqing. Lu Xiaolan le había asestado un golpe demoledor, pero no había logrado matarlo. He Jiaqing contraatacó, pero tampoco pudo acabar con ella. Valiéndose de la llamada que Li Banfeng le había hecho, He Jiaqing escapó de regreso a Yuezhou, enviando a Lu Xiaolan de vuelta a la residencia ancestral del Clan He. Y fue precisamente gracias a esa llamada telefónica que Lu Xiaolan, empleando la técnica del Oído en el Viento propia de los Cultivadores del Atisbo, consiguió enganchar un anzuelo de rastreo en el teléfono de Li Banfeng. Más tarde, al verse atrapada en la vieja casona, ese anzuelo se convirtió en su única tabla de salvación. En el tren, el teléfono de Li Banfeng se había quedado sin batería. El anzuelo se rompió. Lu Xiaolan sintió pánico, zozobra e incluso llegó a caer en la más absoluta desesperanza. Llegó a sospechar que Li Banfeng podía haber sufrido algún percance fatal. Jamás imaginó que, a pesar de todo, él llegaría. Coartada por las restricciones del Espíritu del Hogar, Lu Xiaolan no planeaba recurrir a la fuerza bruta, ni tenía intención de romper las apariencias antes de que Li Banfeng descubriera la verdad. Para asegurarse de que Li Banfeng pasara una noche entera dentro de la residencia en perfectas condiciones, había ensayado meticulosamente cada detalle posterior al reencuentro en incontables ocasiones. Mantuvo una contención impecable: no se apresuró a mencionar el loto Xuansheng frente a él, y ni siquiera montó en cólera cuando Li Banfeng le dijo que lo había dejado en la estación. Se esforzó al máximo por imitar el modo de hablar de He Jiaqing, calcando cada pormenor a la perfección. Cuando Li Banfeng cruzó el umbral, ella se había burlado a propósito de su mochila, imitando al milímetro las costumbres del muchacho. Solo necesitaba aguardar hasta la mañana siguiente para poder marcharse de aquella maldita mansión. ¿Por qué? Realmente no cabía en su cabeza por qué Li Banfeng había salido huyendo. '¿Qué fue exactamente lo que dije mal? ¿En qué demonios me equivoqué?' '¿Por qué escapó Li Banfeng?' Lu Xiaolan se agarró la cabeza tirándose de los cabellos, chillando en un alarido ronco y desgarrador. Por primera vez, comprendió con frialdad que tal vez moriría allí mismo; moriría devorada por el hambre, hasta pudrirse y convertirse en un cadáver pestilente. Tras llorar durante un largo rato, su voz fue apagándose gradualmente y las lágrimas sobre sus mejillas terminaron por secarse con la brisa. Fue a la cocina, tomó varios pellejos y huesos de gato, los picó hasta pulverizarlos y los volcó en la olla. Luego extrajo de su bolsillo un frasco pequeño de porcelana y espolvoreó apenas una pizca de polvo sobre los restos del felino. Aquel polvo medicinal era sumamente valioso; ya solo le quedaba ese frasquito. De la olla brotó una columna de humo denso, semejante a la humareda grasienta que despide un salteado a fuego vivo. Bajo la cortina de humo oleoso, los pellejos y huesos se fueron transformando paulatinamente en un engrudo indescriptible que despedía un sutil hedor a pescado crudo. Distribuyó el menjunje de la olla en cinco cuencos para gatos y los colocó en diferentes rincones de la casa. Uno en el zaguán de la entrada, otro en la sala de estar, uno en la cocina, otro en el cuarto de baño y el último en el pasillo del segundo piso. Aquel tenue tufo a pescado era capaz de propagarse a gran distancia. Confiaba en que ese ligero hedor atrajera gatos callejeros, o quizás comadrejas, criaturas que se las ingeniaban para entrar y salir de la residencia a su antojo. En cuanto probaban el alimento de los comederos, caían en un sueño profundo, exactamente igual que aquel gato atigrado que dormía plácidamente en la cocina. Lu Xiaolan alzó al gato atigrado y, hundiéndole directamente los dientes, le rasgó la piel y el pelaje para devorar con ferocidad su carne y su sangre crudas. También anhelaba comer algo cocido, pero no podía permitírselo: la leña era un recurso demasiado precioso y debía reservarla intacta para embaucar a la próxima persona que pusiera un pie en la residencia. Masticando grandes bocados de carne cruda, Lu Xiaolan murmuraba entre dientes mientras tragaba: "No puedo morir... Bajo ningún concepto puedo morir aquí...". "Tengo que vivir...". "Todavía puedo salir...". \*\*\* Tras dejar atrás la residencia ancestral del Clan He, Li Banfeng atravesó a la carrera varios callejones hasta desembocar en una callejuela angosta. Se deslizó al interior de su Residencia Móvil y ocultó la llave de latón al pie de la ventana de una de las casas. Sentado en silencio en la penumbra de la habitación, Li Banfeng se sumió en profundas cavilaciones. '¿A dónde fue a parar el verdadero He Jiaqing?' '¿Acaso... el He Jiaqing que está postrado en la cama del hospital es el auténtico?' \*\*\* \*P. D.: Li Banfeng no le sacó la tira picante que le había metido en la boca al gato amarillo; ojalá a ese gato amarillo le vaya todo bien.\* \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 25

Estás leyendo el capítulo 25 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.