Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
He Jiaqing dijo estupefacto: "¿Para qué dejaste las cosas en la estación?".
Li Banfeng suspiró: "Es una larga historia".
Li Banfeng permaneció de pie junto a la entrada, vacilando sobre si cruzar el umbral o no.
He Jiaqing ya había cerrado el portón principal.
Si se negaba a entrar en ese instante, equivaldría a romper abiertamente con él cara a cara.
Y si rompía abiertamente con él, ¿sería capaz de salir con vida?
"Entremos antes de hablar". He Jiaqing condujo a Li Banfeng hacia el recibidor. Li Banfeng había caminado fatigosamente durante todo el día; sus zapatos de cuero estaban empapados de lodo y agua. Al dar dos pasos en el recibidor, dejó sendas huellas lodosas sobre la alfombra.
He Jiaqing echó un vistazo a la alfombra. Li Banfeng esbozó una sonrisa incómoda y se apresuró a descalzarse.
En realidad, el estado de sus calcetines no era mucho mejor que el de sus zapatos. Durante su forcejeo con el oso negro, el agua cenagosa se le había colado dentro del calzado y, tras haberse secado al viento a lo largo del camino, ahora se había endurecido hasta quedar amoldada a sus pies.
Li Banfeng se calzó unas pantuflas y le entregó el plumero a He Jiaqing.
He Jiaqing tomó el plumero sin comprender el gesto.
"Es un humilde detalle de mi parte", dijo Li Banfeng.
Sosteniendo el plumero, He Jiaqing sacudió la cabeza y suspiró: "Banfeng, nunca puedes tomarte nada en serio".
Con semblante solemne, Li Banfeng respondió: "Traer un obsequio al visitar una casa, ¿acaso no es algo serio?".
He Jiaqing sacudió la cabeza resignado y dejó el plumero con descuido en un rincón de la sala de estar. Eso le recordó a Li Banfeng una frase que la anciana Wu solía repetir en el orfanato:
'Las familias de bien jamás dejan un plumero en la sala de estar; solo atrae pequeñeces y disgustos insignificantes'.
Pero aquel no era momento de pensar en plumeros.
He Jiaqing guio a Li Banfeng a la sala de estar, y este tomó asiento en el sofá.
Aunque la mansión era suntuosa, tampoco disponía de electricidad. He Jiaqing encendió el candelabro sobre la mesa de centro y le preguntó a Li Banfeng por sus andanzas en el camino.
"Banfeng, te estuve enviando mensajes durante todo el trayecto, ¿por qué no respondiste a ninguno?". He Jiaqing le sirvió una taza de té.
"Al llegar a Kudaikan me quedé sin batería. Encima el tren se averió y no había modo de cargarlo, así que no pude ver nada de lo que me enviaste". Li Banfeng alzó la taza y estuvo a punto de darle un sorbo, pero al acercársela a la nariz notó que el té despedía un tufillo a pescado rancio.
"Esto no será agua de pecera, ¿verdad?". Li Banfeng frunció el ceño.
"¡Qué disparates dices! ¿Cómo que agua de pecera? ¡Son hojas de té de primera calidad! ¡A cualquiera que viniera ni loco se las ofrecería!".
"Ah, conque es un té selecto". Li Banfeng levantó la taza e hizo el ademán de beber, pero el nivel del líquido no descendió lo más mínimo, pues en verdad no tragó ni una sola gota.
He Jiaqing dijo: "Me enteré de que hubo un accidente en el tren. Temía que te hubieras quedado sin provisiones a bordo; no he tenido sosiego en todos estos días".
Li Banfeng sonrió: "Comida no me faltó, pero lo que vi y viví en el camino fue de lo más insólito. Jiaqing, todavía no me has contado qué fue lo que ocurrió en realidad. ¿Qué demonios es este lugar? Y el que está postrado en el hospital, ¿quién es exactamente?".
He Jiaqing rio: "Hay demasiadas cosas detrás de todo esto, no terminaría de contártelas ni en tres días con sus noches. Oí que el tren llegó ayer, ¿por qué viniste a buscarme recién hoy?".
"Es que yo..." A mitad de la frase, Li Banfeng escuchó de pronto un ruido proveniente del recibidor.
He Jiaqing también dirigió la mirada hacia allí; en efecto, se percibía el crujido furtivo de unos pasos arrastrados.
Uno tras otro, ambos regresaron al recibidor. Escudriñaron los alrededores durante unos instantes sin ver a nadie, hasta que descubrieron a una gata calicó acurrucada debajo del zapatero, aferrada a su cuenco y devorando la comida con fruición.
Li Banfeng preguntó: "Hace un momento vi un gato negro, ¿de dónde sale ahora esta gata moteada?".
He Jiaqing rio: "Son gatos callejeros de los alrededores. Al principio vivían en esta vieja mansión, pero cuando me mudé de vuelta terminé despojándolos de su hogar. Me dio lástima, así que todos los días les preparo algo de comer. Después de todo, en una residencia tan inmensa donde solo vivo yo, no viene mal tenerlos de compañía".
Li Banfeng observó el cuenco. Contenía una especie de pasta irreconocible; desde luego no era pescado, pero de ella emanaba ese mismo efluvio a pescado crudo.
'¿Por qué hoy todo huele a pescado? ¿Acaso se me ha estropeado la nariz?'.
Li Banfeng volvió a recorrer el recibidor con la mirada y de repente reparó en aquel plumero tan vistoso que acababa de traer.
Ese plumero, que He Jiaqing había abandonado en un rincón de la sala de estar, ahora reposaba junto al zapatero.
Siguiendo la línea del plumero hacia el zapatero, descubrió que su par de zapatos de cuero, antes cubierto de fango y agua, estaba impecable: no solo habían desaparecido los restos de lodo, sino que lucían relucientes, como recién lustrados.
Del zapatero desvió los ojos hacia la alfombra: estaba limpia, impoluta, sin una sola mota de polvo.
Las dos huellas enlodadas que había dejado al entrar también se habían desvanecido por completo.
"Banfeng, ¿en qué te has quedado pasmado?".
Li Banfeng sonrió: "Estaba mirando a la gata".
"¿Para qué la miras? ¡Tú también debes de estar muerto de hambre!". He Jiaqing sonrió: "Quédate sentado, voy a prepararte un tazón de caldo de carne".
Li Banfeng regresó al sofá, cogió la taza de té y vertió el líquido sobre la alfombra.
Quería comprobar cómo reaccionaría.
En menos de dos minutos, el té sobre la alfombra se secó por completo, sin dejar el menor vestigio.
He Jiaqing se afanaba en la cocina. Debajo de la alacena yacía un gato blanco, sumido en un letargo profundo.
Sobre la tabla de picar reposaba un animal desollado, de apenas un pie de longitud.
He Jiaqing cortó unas cuantas láminas de carne y las arrojó a la olla.
Eran lonchas sumamente delgadas, como si le doliera desprenderse de ellas.
Sin embargo, tras vacilar un instante, He Jiaqing sonrió.
Murmuró para sus adentros en silencio:
'A partir de mañana, ya no tendré que comer esto'.
'A partir de mañana, ya no tendré que quedarme atrapado aquí'.
Cuanto más sonreía He Jiaqing, más radiante se volvía su semblante. Desprendió más de la mitad de la carne de gato de la tabla de picar y la echó a la olla.
"Banfeng, tómate la sopa". He Jiaqing depositó el cuenco humeante frente a Li Banfeng.
Li Banfeng contempló el caldo de carne y dijo con una sonrisa: "Está demasiado caliente, dejaré que se temple un poco".
Al ver la taza de té vacía, He Jiaqing preguntó: "Vaya, se ve que tenías sed de verdad. ¿Te sirvo otra?".
Li Banfeng sacudió la cabeza: "No hace falta, no estoy acostumbrado a un té de tan alta alcurnia".
Tras intercambiar unas cuantas frases triviales, He Jiaqing abordó el asunto crucial: "¿Por qué dejaste las cosas en la estación?".
Li Banfeng soltó una risa amarga: "¡Eso debería preguntártelo a ti! ¿Qué diablos era esa cosa? ¡Provocó que me persiguieran durante todo el viaje! Si no la hubiera dejado en consigna en la estación, ¡jamás habría conseguido llegar a tu casa!".
He Jiaqing se quedó atónito: "¿Incluso al llegar al Barranco del Rey de la Medicina hubo gente pisándote los talones?".
"¡Pues claro! Apenas salí de la estación de trenes aparecieron dos sujetos diciendo que iban a matarme. Me pegué tal susto que eché a correr a ciegas tropezando por doquier, hasta que por fin di con un tirador de rickshaw y pude zafarme. ¿A que no adivinas cuánto me cobró el del carrito?".
He Jiaqing reflexionó un instante: "Eso depende de si su vehículo tenía ruedas de fuego".
"¡Tú también sabes lo de las ruedas de fuego!", exclamó Li Banfeng con fingido asombro. "Dijo que su carromato tenía ruedas de fuego y que un solo trayecto costaba quinientos".
He Jiaqing asintió: "Quinientos no es caro. Quien posee ruedas de fuego no es un individuo cualquiera; ese precio es bastante razonable".
"¿Razonable dices?". Li Banfeng puso una mueca de auténtico dolor de bolsillo. "No sabes lo que me dolió soltar esa pasta".
"Pierde cuidado, ¿acaso dejaría que salieras perdiendo? Yo pago esto". He Jiaqing sacó tres mil yuanes en el acto y se los metió en la mano a Li Banfeng.
Li Banfeng no anduvo con cumplidos y los guardó directamente en su cartera.
"Jiaqing, si te urge tanto, podemos ir ahora mismo a la estación a retirar las cosas". Li Banfeng quería largarse de esa casa cuanto antes.
"No hace falta, ya lo veremos mañana por la mañana. ¡Banfeng, tómate la sopa!". Parecía que He Jiaqing no tenía tanta prisa.
Li Banfeng levantó el cuenco y volvió a percibir un hedor fétido y penetrante a sangre cruda.
El gato calicó terminó de comer su ración, caminó hacia la ventana de la sala y soltó un bostezo.
Li Banfeng dejó el cuenco sobre la mesa y también bostezó.
El animal se acurrucó bajo la ventana y se quedó dormido. Li Banfeng se frotó los ojos, aparentando estar a punto de caer rendido.
"Banfeng, ¿tienes sueño?".
"Un poco..." Li Banfeng se restregó los ojos una vez más.
He Jiaqing se puso de pie y dijo: "Te he preparado una habitación, sube conmigo".
Li Banfeng lo siguió escaleras arriba; la segunda habitación a la izquierda del descanso era su dormitorio.
El cuarto era muy espacioso, con las ventanas cerradas. Unas enredaderas que colgaban desde el tejado se mecían de un lado a otro frente al cristal, agitadas por el viento nocturno.
"Hace un poco de bochorno aquí dentro, ¿se puede abrir la ventana?", preguntó Li Banfeng como quien no quiere la cosa.
"Las bisagras están oxidadas, no abre. Si tienes calor, date un baño; hay un cuarto de baño en el segundo piso, al final del pasillo".
"Paso de bañarme, me caigo de sueño". Li Banfeng ni siquiera se desvistió; se desplomó de cabeza sobre la enorme cama.
El lecho medía más de dos metros de ancho; desde que había venido al mundo, Li Banfeng jamás había dormido en una cama semejante.
He Jiaqing frunció el ceño: "Te preparé un pijama, esa ropa que llevas..."
Las prendas de Li Banfeng estaban cubiertas de fango. Al notar el disgusto de He Jiaqing, se desvistió a toda prisa y se puso el pijama.
He Jiaqing tomó la ropa sucia con naturalidad: "Yo te la lavo".
"Qué pena molestarte tanto".
"Somos como hermanos, ¿qué andas con miramientos?". He Jiaqing recogió las prendas de Li Banfeng.
'Maldición, se llevó toda mi ropa.'
'Menos mal que la llave no está ahí.'
"Jiaqing, con todo lo que ha pasado, todavía no me has explicado nada con claridad", dijo Li Banfeng, soltando otro bostezo.
"Duerme bien primero; mañana te lo contaré todo con calma".
Tendido en la cama, Li Banfeng entrecerró los ojos para mirar a He Jiaqing y de pronto soltó: "La profesora Song tiene una marca de nacimiento en sus melocotones, ¿la has visto alguna vez?".
He Jiaqing sonrió: "Claro que la he visto. ¿Acaso quieres verla tú?".
Li Banfeng también sonrió: "Me gustaría, pero me temo que la profesora Song no me dejaría".
"¡Maldito degenerado!". Con la ropa sucia de Li Banfeng en los brazos, He Jiaqing salió del dormitorio, cerró la puerta y, del bolsillo del pantalón, extrajo la cartera.
Dentro estaban los documentos de identidad de Li Banfeng; con ellos en su poder, podría retirar el equipaje consignado en la estación de trenes.
Al bajar las escaleras, He Jiaqing se dirigió a la cocina y vació la sopa de carne que Li Banfeng no había tocado en el cubo de desperdicios.
Esa sopa era intocable: contenía condimentos.
Agarró los despojos del gato que quedaban sobre la tabla de picar y se puso a roer la carne cruda adherida a los huesos. La sangre le escurría gota a gota por la comisura de los labios.
'No tendré que volver a comer esto.'
'En cuanto llegue la mañana, ¡nunca más tendré que comer esta porquería!'
Hacía unos instantes, la repentina mención de Li Banfeng sobre la marca de nacimiento casi lo había dejado descolocado.
'Ese sinvergüenza pervertido... si no llego a reaccionar rápido, se me habría caído la careta.'
En realidad, se le había caído hacía mucho; solo que él aún no se daba cuenta.
Que Li Banfeng hubiera visto la marca de nacimiento de la profesora Song era algo que el verdadero He Jiaqing sabía a la perfección.
Había sido la comprobación definitiva de Li Banfeng.
Desde el mismísimo instante en que cruzó la puerta, Li Banfeng había detectado las fallas.
El tipo que vivía en esa residencia no era He Jiaqing; ni siquiera había reconocido la mochila de Li Banfeng.
Esa mochila se la había regalado He Jiaqing; la había comprado en un puesto callejero.
¿Quién demonios era?
¿Dónde estaba el auténtico He Jiaqing?
No era momento de pensar en eso; en lo que debía pensar ahora era en si conseguiría salir de allí con vida.
Li Banfeng abrió los ojos y miró el candelabro sobre la mesa.
En esta casa no había electricidad; ¿con qué cargaba su teléfono móvil?
Sin batería, ¿cómo le había enviado los mensajes?
Li Banfeng se incorporó en la cama y observó las zapatillas en el suelo.
Sus calcetines mugrientos habían dejado abundantes manchas de fango en las zapatillas, pero ahora todo rastro de suciedad se había esfumado.
Recordó las palabras que le había dicho Ma Wu:
'A los Espíritus del Hogar les obsesiona la limpieza; cuando se topan con algo sucio, buscan cualquier forma de dejarlo impoluto.'
En esta casa moraba un Espíritu del Hogar.
Luego rememoró lo que había dicho el buhonero ambulante:
'Si un Espíritu del Hogar es abandonado, se transforma en un espíritu resentido. Atraerá a otros para que se instalen en la residencia y, con tan solo pasar una noche entera allí, la persona se convierte en su prisionera. A menos que alguien venga a sustituir al cautivo, el Espíritu del Hogar lo mantendrá preso hasta la muerte.'
Y también otra advertencia:
'A los Cultivadores del Atisbo les encanta engancharse a los teléfonos...'
Ese hombre era un Cultivador del Atisbo.
Sabía lo que ocurría a su alrededor y había podido enviarle mensajes sin cesar porque era un Cultivador del Atisbo, porque había rastreado su teléfono con una técnica de su senda; eso era exactamente lo que el buhonero llamó el Oído en el Viento.
'Me engañó... Me embaucó durante todo el camino hasta la Provincia de Puluo. ¡Está atrapado por el Espíritu del Hogar, convertido en su cautivo, y me engatusó para que viniera a servirle de chivo expiatorio!'
Li Banfeng bajó de la cama, extendió la mano hacia la ventana e intentó moverla con cautela unas cuantas veces.
No abría.
Li Banfeng ya había franqueado la puerta tanto en la Vía del Hogar como en la Vía del Viaje, por lo que su fuerza sobrepasaba con creces la de una persona ordinaria. Sin embargo, percibía con total claridad que era incapaz de abrir esa ventana: estaba sellada con el poder del Espíritu del Hogar.
Si no había forma de salir por la ventana, ¿escapar por la puerta?
El impostor que fingía ser He Jiaqing jamás lo dejaría marchar; aunque tuviera que jugarse la vida en ello, no permitiría que se fuera.
'¿Podré vencerlo en una pelea?'
Eso era difícil de predecir. Lo más probable era que no pudiera derrotarlo, pero el impostor tampoco debía de tener la certeza absoluta de someterlo.
Aunque fuera un usuario de energía oscura y su nivel de cultivo sin duda superara el suyo, bajo el control del Espíritu del Hogar era muy probable que sufriera ciertas restricciones; de lo contrario, bien podría haberlo atado sin contemplaciones y arrojado en un rincón de la casa hasta el amanecer.
Pero aun si pudiera vencerlo, ¿acaso garantizaría que pudiera salir?
Si no podía abrir la ventana, era más que probable que tampoco pudiera abrir la puerta principal.
Llegado ese punto, si el falso He Jiaqing y el Espíritu del Hogar conspiraban juntos contra él, ni con alas conseguiría escapar.
Mientras cavilaba, Li Banfeng escuchó un leve frufrú de pasos arrastrados y sigilosos.
Al salir del dormitorio, descubrió que el ruido provenía del cuarto de baño.
Eran los pasos de un gato; Li Banfeng los reconoció.
'Tengo una idea.'
Li Banfeng se plantó frente a la puerta del baño, con una sonrisa casi imperceptible asomando en sus labios, cuando de pronto vio a He Jiaqing aparecer a su lado.
"Banfeng, ¿no estabas dormido?".
Li Banfeng sonrió: "Dormí un rato, pero me despertaron las ganas de orinar. Voy al baño, ¿te apuntas?".
\-----
• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️

Continúa leyendo
El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 25
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 24
Estás leyendo el capítulo 24 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.