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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 23 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¿Cómo demonios había terminado la llave sobre el lomo del oso? Bastaba pensarlo un momento para dar con la respuesta. Antes de cruzar la puerta, Li Banfeng había arrojado la llave entre la maleza. Aquel oso debió de haberse ido a rascar contra los matorrales y, por pura casualidad, la llave se le quedó pegada al pelaje, cargándola consigo durante todo el trayecto de regreso a su cueva. Dado que la Residencia Móvil seguía a la llave allá adonde fuera, Li Banfeng y su morada habían terminado siguiendo al oso negro hasta la guarida. Ahora el problema crucial radicaba en lo siguiente: ¿cómo quitarle la llave del lomo? Al ver que la fiera se disponía a internarse de nuevo en la cueva, Li Banfeng aceleró el paso, recogió una piedra del suelo y la arrojó con fuerza contra su espalda. Bajo ninguna circunstancia podía permitir que entrara. Si la llave caía en la negrura de aquella caverna, recuperarla sería una tarea titánica. Su intención era derribar la llave con el impacto de la piedra. Por desgracia, la distancia no era de menos de cinco metros; se encontraba a varias decenas de metros del animal, y ya resultaba una auténtica proeza acertarle al cuerpo. El pedrusco no tocó la llave: se estrelló de lleno en la nuca del oso negro. Al recibir semejante golpe, la fiera soltó un rugido atronador, dio media vuelta y se abalanzó sobre Li Banfeng. Li Banfeng echó a correr. Tras perseguirlo durante un trecho, el animal se percató de que no lograba darle alcance; se incorporó sobre sus cuartos traseros, dejó caer las zarpas delanteras frente a su pecho y rugió con furia una y otra vez hacia Li Banfeng. Era la severa advertencia propia de un úrsido: si te atreves a acercarte otra vez, te costará la vida. Tras emitir su advertencia, bajó las extremidades delanteras para apoyarse a cuatro patas y, en cuanto giró sobre sí mismo con rumbo a la cueva, otra piedra volvió a impactarle en la nuca. Li Banfeng apuntaba a la llave, pero era incapaz de controlar con precisión la fuerza de su brazo, de modo que el proyectil siempre acababa incrustándose en la nuca del oso. Enloquecida de furia, la bestia arremetió con todo su peso contra un árbol junto a la entrada de la cueva y lo derribó, haciendo alarde de su descomunal fuerza ante Li Banfeng. Aprovechando que se daba la vuelta, Li Banfeng le arrojó otra piedra, acertándole una vez más en la nuca. El oso sacudió la cabeza, algo aturdido y desconcertado. Li Banfeng observó la llave en su lomo, invadido por la ansiedad. Cada vez que el oso arremetía hacia él, Li Banfeng huía de inmediato a toda prisa; y cada vez que el oso le daba la espalda, Li Banfeng le arrojaba una piedra. Tras lanzarle dieciséis piedras consecutivas, la fiera desistió de perseguirlo y tampoco intentó volver a la cueva. Se dejó caer de bruces en el suelo, completamente inmóvil. Li Banfeng se aproximó cautelosamente y comprobó que el oso ni estaba muerto ni se había desmayado; mantenía los ojos abiertos y seguía jadeando, con la nuca empapada de un rojo escarlata. '¿Se habrá rendido a su suerte?' Li Banfeng recogió otra piedra del suelo. El oso rugió al instante y se levantó a duras penas. Li Banfeng soltó la piedra. La bestia volvió a tenderse sobre la tierra, sin mover un solo músculo. A juicio de Li Banfeng, el mensaje era claro: no tires piedras, todo se puede hablar. Haciendo acopio de valor, Li Banfeng rodeó a la fiera por detrás, arrancó la llave de un tirón y echó a correr a toda velocidad. Solo cuando la silueta de Li Banfeng desapareció por completo, el oso negro se levantó del suelo y, arrastrándose con lentitud y pesadumbre, regresó a su caverna. Con la llave a buen recaudo en el bolsillo y el cuerpo cubierto de polvo y lodo, Li Banfeng salió de la espesura y descendió por la ladera de la montaña. Al llegar a las faldas del monte, recogió dos piedras y las metió en su mochila; sopesó la carga y calculó que pesaban más o menos lo mismo que el loto de bronce. El señuelo debía parecer lo más auténtico posible. Aunque era una carga pesada, la condición física de un Cultivador del Viaje era sobresaliente, de modo que podía soportarlo sin inconvenientes. Al encontrarse en un paraje tan desconocido, lo lógico habría sido que Li Banfeng fuera incapaz de orientarse. Sin embargo, no solo discernió los puntos cardinales con absoluta precisión, sino que, valiéndose de la posición del sol y de las huellas impresas en la tierra, halló un camino principal. Ese era el talento innato de un caminante de la Vía del Viaje. Haber corrido más rápido que un oso negro a través de un terreno tan abrupto y escabroso también formaba parte de los dones de la Vía del Viaje. Pero lanzar piedras con semejante puntería y violencia, ¿procedía de la Vía del Viaje o de la Vía del Hogar? Eso tendría que comprobarlo más adelante; en ese momento, la prioridad inaplazable era dar con He Jiaqing lo antes posible. Aquel supuesto camino principal no era más que una vereda de tierra batida, razonablemente llana y espaciosa, cuya anchura permitía el paso simultáneo de dos carretas de bueyes. ¿Por qué medir la anchura del camino tomando como referencia carretas de bueyes? Porque en el camino venía, en efecto, una carreta de bueyes. Li Banfeng se cruzó con un anciano que arreaba la carreta y se acercó a preguntarle dónde podía encontrar un sitio para cargar electricidad. "¿Luz eléctrica? ¡Eso es dificilísimo de encontrar por aquí, ni el jefe de la aldea tiene en su casa! ¡Vaya a probar suerte al Barranco Interior!" Gracias a las explicaciones del anciano, Li Banfeng adquirió un panorama general del Barranco del Rey de la Medicina. El Barranco del Rey de la Medicina era un pueblo, un asentamiento de enormes dimensiones dividido en el Barranco Interior y el Barranco Exterior. El Barranco Exterior abarcaba una vasta extensión que comprendía todas las aldeas y caseríos dependientes de la localidad. El Barranco Interior, en cambio, constituía el núcleo urbano del pueblo. Li Banfeng le entregó treinta monedas al anciano, y este arreó la carreta para llevarlo hacia el Barranco Interior. El viaje en carreta se prolongó desde la mañana hasta el crepúsculo. Al llegar al Barranco Interior, las sombras de la noche ya se cernían sobre el lugar. De pie sobre la Calle del Arco Conmemorativo, pavimentada de cantos rodados, Li Banfeng meditó cuál debía ser su siguiente paso. Aunque He Jiaqing le había enviado la dirección, Li Banfeng solo se acordaba hasta la Calle del Arco Conmemorativo; para conocer los detalles exactos de la ubicación, forzosamente debía hallar un lugar donde cargar la batería de su teléfono. Al costado de la calle divisó un pequeño establecimiento con un letrero que rezaba: Tienda de Abarrotes Feng. En su interior brillaba una luz, lo que sugería la presencia de corriente eléctrica. Li Banfeng cruzó el umbral de la tienda de abarrotes y descubrió un par de velas encendidas sobre el mostrador; solo entonces comprendió que el resplandor que había visto desde afuera no era una bombilla, sino la llama titilante de la cera. El tendero, ataviado con una túnica larga de solapa cruzada, aguardaba de pie tras el mostrador y lo recibió con una sonrisa servicial: "¿Qué va a llevar el señor?" A espaldas del mostrador se alzaba una estantería abarrotada de mercancías de diversa índole, apiñadas en apretadas hileras. Li Banfeng preguntó: "¿Tendrá algún sitio donde pueda cargar electricidad?" "¿Cargar la batería?" El tendero pareció escuchar un término de lo más insólito. "Aquí no tenemos electricidad. ¿Por qué no va a preguntar por la casa del viejo Xu, en la Calle Yuanzheng?". ¿La Calle Yuanzheng? ¿Y qué clase de lugar era ese? Li Banfeng de verdad no tenía fuerzas ni ganas de seguir dando vueltas. "¿Sabe si en la Calle del Arco Conmemorativo vive alguien llamado He Jiaqing?". Aunque sabía que había pocas esperanzas, Li Banfeng preguntó de todos modos. El tendero meditó un instante y sacudió la cabeza: "No conozco a ningún He Jiaqing, pero sí sé de la vieja mansión del Clan He. Siga derecho por la avenida hacia el este, doble hacia el sur en el segundo cruce hasta llegar al Callejón Xianchuanzi; allí hay una residencia independiente con patio propio, esa es la vieja mansión del Clan He". ¿La vieja mansión del Clan He? ¿Sería la casa de He Jiaqing? ¡Era muy probable! Aquel tendero era un buen hombre, y para mostrarle su gratitud, Li Banfeng decidió comprar algo en la tienda. ¿Qué sería conveniente llevarse? Li Banfeng examinó los artículos un momento y le echó el ojo a un plumero de plumas de pollo. El mango era perfectamente recto y las plumas eran abundantes, tupidas y multicolores; tenía un aspecto de lo más ostentoso y presentable. Era la primera vez que iba de visita y no podía presentarse con las manos vacías; aquel plumero resultaba un obsequio ideal para He Jiaqing. Li Banfeng también eligió un sombrero de vestir. Para ser de una tienda de abarrotes, el material no era de gran calidad, pero el corte era bastante pasable. Li Banfeng escogió uno negro y se lo encasquetó de inmediato. Su gorro de montañismo se parecía demasiado al atuendo de los tiradores de carritos de tracción humana; al ponerse aquel sombrero de vestir, su porte subió de categoría al instante. "Tendero, ¿cuánto cuestan estas dos cosas?". El tendero echó un vistazo a la vestimenta de Li Banfeng y preguntó con una sonrisa: "¿Va a pagar con billetes del Estado de Huan o con monedas de plata? Si trae billetes extranjeros, aquí también se los puedo cambiar". En este lugar, antes de cerrar cualquier transacción comercial, siempre era indispensable confirmar el tipo de moneda. Li Banfeng no poseía monedas de plata ni divisas de otros países, por lo que naturalmente optó por los billetes del Estado de Huan. El sombrero costaba treinta y un yuanes con sesenta, y el plumero, siete con ochenta. Li Banfeng se bajó el ala del sombrero, empuñó el plumero de plumas de pollo y, como un misterioso caballero cruzando la penumbra de la noche, se adentró desde la avenida principal hacia el callejón. La vieja mansión del Clan He resultó sumamente fácil de encontrar. En aquel estrecho callejón, las viviendas comunes se apiñaban una tras otra, sin apenas espacio entre las paredes contiguas, y solo existía una residencia independiente con patio propio. Cuatro muros de piedra caliza azul cercaban un patio provisto de un jardín florido. Detrás del parterre se erigía una casa de dos plantas de estilo occidental, construida con ladrillos oscuros y tejas rojas, con enredaderas suspendidas de las fachadas que exudaban por doquier una suntuosidad singular. En un poblado como este, una residencia semejante saltaba a la vista de inmediato. ¿De verdad era esta la casa de He Jiaqing? '¡Vaya, parece que la familia de Jiaqing está en muy buena posición!'. '¿Por qué demonios se ponía a cargar piedras entonces?'. El único inconveniente era que de la residencia emanaba un vago hedor a pescado que le provocaba a Li Banfeng un ligero malestar. No le gustaba comer pescado; en el orfanato, aunque pasara un mes entero sin probar bocado de carne, jamás probaba el pescado. Por los alrededores no había pescaderías; ¿de dónde provenía semejante pestilencia? Li Banfeng se detuvo ante la cancela de hierro, dudando sobre cómo llamar a una puerta de esa índole. En una mansión de tal envergadura, ¿no debería haber al menos un portero? Tras observar unos instantes, Li Banfeng no vio guardia alguno. Empujó un poco la verja de hierro y, con un chirrido estridente de los goznes, la puerta se abrió sin resistencia. ¿Estaba bien entrar así sin avisar? 'Jiaqing de seguro no se molestará conmigo; y si no resulta ser su casa, bastará con decir que me equivoqué de camino, que tampoco creo que nadie me arme un escándalo por eso'. Li Banfeng cruzó el patio y avanzó directamente hasta la entrada de la casa occidental. Junto al ventanal de la planta baja, una silueta humana se recortó de súbito y se desvaneció en un pestañeo. Apenas fue un destello fugaz junto al cristal. De haber sido el Li Banfeng de antes, jamás habría reparado en esa figura instantánea. Sin embargo, el Li Banfeng de ahora lo había visto con absoluta claridad; su agudeza visual era inconmensurablemente superior a la de antaño. Había alguien dentro y, a juzgar por su velocidad de desplazamiento, definitivamente no se trataba de una persona ordinaria. Li Banfeng empuñó el plumero con la diestra y llamó con suavidad a la puerta con la zurda. ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! Los toques resonaron parsimoniosos y contenidos, cargados de elegancia. "¡Miau!". Un gato negro saltó de pronto desde el segundo piso hasta quedar junto a la puerta, miró de hito en hito a Li Banfeng, meneó la cola y retrocedió dos pasos. Li Banfeng se quedó desconcertado cuando, de pronto, escuchó una voz familiar brotar desde el interior: "¿Eres tú, Banfeng?". ¡Era la voz de He Jiaqing! Li Banfeng soltó un largo suspiro de alivio y alzó la voz: "Soy yo. Abre la puerta". Tras esperar cerca de medio minuto, la puerta se abrió. Li Banfeng frunció el ceño: "¿Por qué tardaste tanto?". He Jiaqing permanecía plantado en el umbral, escudriñando a Li Banfeng fijamente durante un largo rato: "Hermano, por fin llegaste". "Aquí estoy", Li Banfeng se descolgó la mochila y esbozó una amarga sonrisa. "El camino hasta aquí no fue nada fácil". He Jiaqing tomó la mochila con soltura: "¿Por qué vienes cargando una mochila tan andrajosa?". Li Banfeng se quedó perplejo: "¿Esta mochila está andrajosa?". He Jiaqing sonrió: "¿Cómo que no? Si ya se le están soltando las costuras. ¿Dónde compraste semejante trasto?". "¿Dónde la compré?". Li Banfeng relajó el entrecejo, curvó las comisuras de los labios hacia arriba y contestó con una sonrisa: "Ya ni me acuerdo; creo que me la regalaron por recargar saldo para el teléfono". He Jiaqing sopesó el peso de la mochila en la mano y preguntó: "¿Las cosas están aquí dentro?". Li Banfeng sacudió la cabeza: "No están en la mochila; las dejé en la consigna de la estación de trenes". \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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Estás leyendo el capítulo 23 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.