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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El vendedor ambulante estaba a punto de marcharse cuando Li Banfeng se apresuró a preguntar: "¿Cuándo volverás la próxima vez?" "Vengo una vez cada tres meses. El día no cambia, el lugar no cambia. ¿No tienes ningún otro asunto?" 'Viene solo una vez cada tres meses.' 'En tres meses, ni siquiera sé si seguiré en este lugar.' 'Una oportunidad así es difícil de conseguir; tengo que comprar algo como sea.' "¡Compraré dos velas!" El cuartito era demasiado oscuro; las velas eran una necesidad absoluta. El vendedor ambulante le entregó dos velas a Li Banfeng: "¿Quieres cerillas?" Cerillas, los fósforos de toda la vida. Li Banfeng originalmente llevaba un encendedor, pero se le había caído con los tumbos del camino. "Dame una caja." "Dos velas y una caja de cerillas. ¿Vas a pagar con billetes del Estado de Huan o con monedas de plata?" Li Banfeng sonrió con candor: "¿Acaso cobras dinero?" El vendedor ambulante enarcó las cejas con aspereza: "¡Por qué demonios no iba a cobrarlo!" Dos décimos por vela y cinco centavos por una caja de cerillas. Como Li Banfeng no tenía cambio suelto, le entregó un billete de cien. Para su sorpresa, el vendedor ambulante realmente se lo cambió: le devolvió un buen puñado de billetes y monedas fraccionarias sueltas, e incluso incluyó monedas de centavo que llevaban años desaparecidas de la circulación. Con las cuentas saldadas y la mercancía entregada, el vendedor ambulante se marchó. Li Banfeng se vio en un dilema. Sin teléfono móvil y en un lugar desconocido entre extraños, ¿dónde iba a encontrar a He Jiaqing? Habían ocurrido demasiadas cosas ese día; aunque se había quedado inconsciente en dos ocasiones, todavía se sentía exhausto. Además, apenas había comido nada en toda la jornada. Abrió la "residencia" con la llave de latón. Antes de cruzar la puerta, arrojó la llave entre las hierbas silvestres; quedaba lo bastante oculta y a la vez resultaba fácil de encontrar: a menos de cinco metros, su puntería jamás fallaba. Una vez dentro de la oscura habitación, Li Banfeng encendió una de las velas recién compradas, se quitó la mochila y se frotó los hombros doloridos. Desde que bajó del tren hasta ese momento, había llevado la mochila a cuestas sin parar. Las demás cosas no pesaban tanto, pero el loto de bronce era una auténtica mole. Abrió la mochila, sacó un paquete de fideos instantáneos y se los comió masticándolos en seco. No llevaba agua encima, pero por fortuna se había tomado dos cuencos de jarabe de frutas antes, así que la sed no era insoportable. Mientras comía y rememoraba lo acontecido durante el día, Li Banfeng sintió que sus problemas mentales mostraban indicios de estarse curando. 'Apenas bajé del tren, me bañó la Luz Celestial, es decir, fui alcanzado por una corriente de rayos de materia oscura por razones aún desconocidas.' 'Nada más salir me quedé paralizado, y encima dos tipos con gorras planas me persiguieron para matarme.' 'De manera inexplicable, me convertí en cultivador de dos sendas daoístas incompatibles y, para colmo, obtuve una casa capaz de moverse.' 'A ver quién se atreve a decir en el futuro que estoy loco. ¿Acaso existe una experiencia más demente que esta?' 'Si no logro encontrar a He Jiaqing, ¿qué se supone que debo hacer?' '¿Regresar a la estación, comprar un billete de tren y volverme directo a Yuezhou?' '¿En qué estoy pensando? Ya llegué hasta el Barranco del Rey de la Medicina, ¿cómo voy a regresar así como así? Bastará con encontrar un lugar donde cargar el teléfono móvil y el problema quedará resuelto, ¿no?' Li Banfeng usó la mochila como almohada y se tendió sobre el frío suelo. Esta casa era un poco oscura y bastante pequeña, pero en realidad no estaba nada mal. A partir de ahora, la llamaría "la Residencia Móvil". 'Esta es mi casa.' 'Tengo casa propia.' El ceño de Li Banfeng se relajó y en sus labios se dibujó una leve sonrisa. Aunque no sabía cuál era la situación actual de He Jiaqing... Aunque ni siquiera sabía en qué lugar se encontraba con exactitud... El estado de ánimo de Li Banfeng era inmejorable. Se sumió en un sueño profundo dentro de la Residencia Móvil. Al despertar, no tenía idea de qué hora era; no llevaba reloj, el teléfono estaba sin batería y en la habitación no entraba la luz del día, por lo que parecía haber perdido por completo la noción del tiempo. El suelo, frío y duro, le había dejado todo el cuerpo dolorido. Se masajeó el cuello y desperezó las extremidades. ¡Crack! Las articulaciones le crujieron provocándole un dolor punzante. De pronto, Li Banfeng sintió que sus fuerzas eran mucho mayores que de costumbre. '¿Una fuerza brotando y agitándose en mi cuerpo?' '¿Es esto lo que el vendedor ambulante llamó el "reconocimiento del hogar"?' Li Banfeng sintió una oleada de regocijo. Dio varias vueltas por la Residencia Móvil y, en efecto, notó su cuerpo mucho más liviano y sus pasos considerablemente más veloces. Se cambió de ropa y se puso una camisa y pantalones de vestir. En comparación con una camiseta informal, la camisa desentonaba mucho menos en este lugar. Aún tenía que llevar la mochila a la espalda, pero no guardaría nada en ella. Puesto que no iba a meter nada adentro, ¿por qué molestarse en cargar con una mochila vacía? Había un motivo tras el plan de Li Banfeng. Los dos sujetos de las gorras planas a los que se enfrentó en la estación iban a por él, pero por más que se devanaba los sesos, era incapaz de concebir qué cuentas pendientes o rencillas podría tener con ellos. Esta era la primera vez que ponía un pie en la Provincia de Puluo; el único punto de conflicto concebible era el loto de bronce. El loto de bronce era el tesoro de He Jiaqing, y dado que He Jiaqing procedía de la Provincia de Puluo, seguro que en estas tierras había personas que sabían de la existencia del artefacto. 'Alguien quiere apoderarse de este tesoro y, por ende, ha puesto sus ojos en mí. Si esa gente vuelve a fijarse en mí, la mejor forma de escapar será entregarles la mochila como señuelo y aprovechar la oportunidad para huir'. La mochila estaba rota; cuando se quedó atascada bajo la litera, Li Banfeng había tirado con tanta fuerza que se habían descosido varias costuras. Que estuviera un poco desgarrada no importaba; no interferiría con los asuntos serios. Al salir de la Residencia Móvil, Li Banfeng no olvidó la advertencia del vendedor ambulante: lo primero era recuperar la llave. Estaba a punto de agacharse para recogerla cuando descubrió que ya no se encontraba en el páramo del día anterior. Ante sus ojos todo seguía sumido en la oscuridad más absoluta; no se distinguía la noche ni tampoco la luz del cielo. '¿Acaso no he salido de la Residencia Móvil?' Li Banfeng se sobresaltó, temiendo haber quedado atrapado dentro de la casa, pero no tardó en calmarse. Aquel lugar no era la Residencia Móvil. Aunque tampoco se podía ver nada, el olor era muy distinto al del interior de la casa. La Residencia Móvil había permanecido deshabitada durante demasiado tiempo, por lo que dentro solo flotaba un persistente olor a polvo viejo. El aire de este sitio parecía mucho más fresco, impregnado de los efluvios de la naturaleza y, en particular, de un tufo acre y almizclado recién desprendido. Además, el lugar no carecía por completo de luz; tan solo era sumamente tenue. Tras haber dormido toda la noche en una casa sumergida en tinieblas absolutas, la vista de Li Banfeng se había vuelto sumamente sensible, de modo que, valiéndose de esa débil claridad, distinguió algunos contornos. Piedras. Paredes de roca. Parecía ser una cueva de montaña. '¿Acaso es la guarida de alguna bestia salvaje...?'. Li Banfeng había acertado: a su lado, dos ojos de un verde fantasmal se abrieron lentamente. En el instante en que vio aquellos ojos, Li Banfeng echó a correr a toda prisa. ¡Fuuuh! Un sordo rugido resonó a sus espaldas, y Li Banfeng oyó de inmediato una respiración agitada y unos pasos pesados. '¿Qué animal es este?'. 'A juzgar por las pisadas, debe de tener un tamaño descomunal'. '¿Hacia dónde estoy corriendo?'. '¿Voy hacia la salida?'. '¿Y si me meto en un callejón sin salida?'. '¿Por qué he terminado en esta cueva?'. '¿Esta bestia me estaba emboscando a propósito?'. '¿Acaso alguien volvió a conspirar contra mí?'. Una cascada de interrogantes bullía en su cabeza, pero mientras corría, las respuestas fueron revelándose una tras otra. Para empezar, Li Banfeng no se había equivocado de dirección: vio un resplandor al frente, confirmando que, en efecto, corría rumbo a la boca de la caverna. En cuanto a cómo había acertado con la dirección correcta, Li Banfeng no tenía tiempo para pensar en ello. Aquel atisbo de luz era diminuto, prueba de que la salida aún estaba muy lejos. En una cueva húmeda y resbaladiza, Li Banfeng dudaba ser capaz de superar en carrera a una bestia salvaje. ¡Pero la realidad demostró que sí podía! La caverna ciertamente era resbaladiza, mas los pasos de Li Banfeng eran firmes y veloces; hasta el momento en que salió disparado por la boca de la cueva, la fiera jamás logró darle alcance. Una vez fuera, tras correr varias decenas de metros más, la bestia apenas salió tambaleante de la gruta persiguiéndolo. Li Banfeng echó un vistazo atrás: era un oso, un gigantesco oso negro que, apoyado a cuatro patas, le llegaba a la altura del hombro. Li Banfeng había visto muchos osos en los zoológicos, pero jamás uno de semejante envergadura descomunal; corrió como si le fuera la vida en ello, con la única intención de perder de vista a aquel oso negro. Sin embargo, la hazaña no parecía tan difícil. Por aquel escarpado sendero de montaña, Li Banfeng volaba a toda velocidad. El oso negro lo persiguió unos instantes, pero poco a poco aminoró la marcha. Dejó de perseguirlo porque no podía alcanzarlo. Al perder a su presa, el oso negro estaba frustrado, pero no era obstinado: lanzó un par de rugidos hacia la espalda de Li Banfeng y dio media vuelta para regresar a la cueva. '¡Ya no me persigue!'. '¡Lo logré!'. Habiendo escapado de las fauces de la muerte, ¡Li Banfeng se llenó de júbilo! '¡Lo conseguí!'. ¿De verdad lo había conseguido? Si se trataba de salvar el pellejo, sin duda era todo un éxito. ¿Pero y la llave? Li Banfeng giró la cabeza y contempló la silueta del oso negro alejándose. A pesar de la considerable distancia, la vista de Li Banfeng era mucho más aguda que antes. Divisó que sobre el lomo del animal brillaba un tenue destello dorado. La llave se había quedado pegada a la espalda del oso negro. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 22

Estás leyendo el capítulo 22 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.