Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 18 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Para la inmensa mayoría de los ciudadanos del Estado de Huan, comprarse una casa en propiedad representaba el mayor desafío de esta vida; sin rival ni discusión posible.
Y encima la cuestión acarreaba un dilema de lo más peliagudo: ¿dónde demonios comprarla? ¿En la cosmopolita ciudad de Yuezhou o aquí, en el Barranco del Rey de la Medicina? De Yuezhou mejor ni hablar: los precios inmobiliarios de aquella metrópoli eran capaces de arrebatarle a cualquiera las ganas de seguir viviendo.
'¿Y si me compro la casa directamente aquí en el Barranco del Rey de la Medicina y me instalo a vivir en estas tierras para siempre?'.
Al echar un vistazo a la frondosa arboleda y a las flores silvestres de los alrededores, residir en aquel rincón tampoco pintaba tan mal. El precio de la vivienda en el Barranco del Rey de la Medicina no debía de ser desorbitado.
Li Banfeng se palpó los dos mil yuanes en metálico que guardaba en el bolsillo, intentando calcular mentalmente qué clase de inmueble podía adquirirse con semejante calderilla.
'Un momento... la carrera en el rickshaw de antes ha salido por quinientos billetes...'.
"Antes de poseer una vivienda propia, ¿el Cultivador del Hogar carece por completo de facultades especiales?", preguntó Li Banfeng.
"¿Te refieres a las técnicas y habilidades marciales?", meditó Ma Wu durante unos segundos. "Alguna que otra sí conserva: tras la iniciación, aun careciendo de inmueble, el físico de un cultivador del Hogar se vuelve infinitamente más robusto y resistente que el de un mortal ordinario, y además adquiere la virtud de pasar desapercibido ante ojos indiscretos".
"¿A qué te refieres con pasar desapercibido?".
"Un cultivador del Hogar jamás llama la atención: cuando se mezcla entre la multitud, la gente tiende a ignorar su presencia de forma instintiva. Es una facultad magnífica para eludir vigilancias; los cultivadores de niveles avanzados son capaces incluso de burlar el espionaje y los sondeos acústicos de los Cultivadores del Oído".
'Burlar vigilancias... ¡eso me vendría de perlas para esquivar al Buró Estrella Oscura!'.
Las preferencias de Li Banfeng se inclinaban cada vez más hacia la Vía del Hogar. Sin embargo, Qin el Gordo le soltó una advertencia realista: "Hermano Li, si eliges la Vía del Hogar, ¿de qué piensas comer? Los que se meten a esa senda son todos de familias adineradas que tienen el riñón bien cubierto y no necesitan doblar el espinazo para ganarse el pan".
Li Banfeng le clavó una mirada altiva: "¿Acaso tengo yo pinta de ser un tipo al que le falte para comer?".
Aunque por dentro admitió con amargura: 'Pues la verdad es que ahora mismo estoy en la mismísima ruina'.
Aquello era un problema mayúsculo. ¿Acaso un cultivador del Hogar tenía prohibido salir a trabajar? ¿Tenía que permanecer recluido entre cuatro paredes las veinticuatro horas? 'Bueno, de perdidos al río, siempre podría buscarme un empleo en régimen de teletrabajo... La pega es saber si en esta tierra perdida de Dios existe cobertura de internet...'.
Pensándolo a largo plazo, las ataduras de la Vía del Hogar eran demasiado rígidas.
'¿Y si escojo la Vía del Viaje?'.
"¿La Vía del Viaje otorga también talentos innatos?", preguntó.
"¡Por descontado!", asintió Ma Wu. "Los Cultivadores del Viaje poseen una resistencia descomunal para caminar y unas piernas prodigiosamente veloces. Eso sí: tienen la obligación ineludible de andar todos los días de su vida; si no caminan, su cultivo se marchita. Cuanto más elevado es su peldaño, más lejanas deben ser sus marchas, razón por la cual jamás echan raíces en ningún sitio: donde les pilla la noche, allí duermen".
En su situación actual, estar vagando de aquí para allá a diario facilitaría enormemente que los sabuesos del Buró Estrella Oscura le dieran caza. Y a largo plazo, no tener un techo bajo el que cobijarse planteaba idéntico dilema de subsistencia, salvo que se reciclara como guía turístico o porteador.
'¿Hacerme Cultivador del Placer junto a Ma Wu?'.
Ma Wu pareció encantado con la ocurrencia: "Hermano Li, viéndote tan robusto y bien plantado, tienes madera de sobra para la Vía del Placer. Los cultivadores de esta senda son maestros en nublar el raciocinio del enemigo y propinarle heridas demoledoras sin que llegue a enterarse".
No sonaba nada mal. Sin embargo, Ma Wu puso sobre la mesa un interrogante de extrema gravedad: "Hermano Li... ¿qué tal goza de complexión física y vigor tu amada compañera de alcoba?".
'¿Compañera de alcoba?'.
"¿Qué compañera de alcoba?".
Ma Wu arqueó las cejas con consternación: "Si el hermano Li es soltero, la cosa se complica una barbaridad: depender de romances furtivos y amores de una noche no es un plan sostenible a sesenta días vista".
Aquello sí que era un choque frontal con la cruda realidad. A Ma Wu le llovían las pretendientes, pero Li Banfeng no gozaba de semejante harén.
'¿Regresar a la universidad a buscar a la profesora Song?'. A corto plazo le resultaba imposible poner un pie en el campus. ¡Y aun si volviera, diez asaltos al día iban a acabar con la pobre profesora de matemáticas en el hospital!
Entre tantas cavilaciones, a Li Banfeng se le encendió la bombilla con una ocurrencia temeraria: "¿Acaso no podría elegir varias Puertas Daoístas a la vez?".
Cultivarlas todas en paralelo, asegurarse los talentos innatos de cada una y, con el tiempo, decidir con calma en cuál volcar sus energías.
Qin el Gordo se desternilló de risa: "¡Menuda bicoca pretendes! ¡Si la inmensa mayoría no da abasto para entender una sola senda, ¿cómo vas a meterte en varias a la vez?!".
Ma Wu, en cambio, no se rió; había oído testimonios históricos al respecto: "Escoger tres o cuatro es un suicidio matemático garantizado. Ahora bien: añadir una senda extra, es decir, el Cultivo Dual en dos Puertas a la vez... de eso sí existen precedentes documentados. Claro que quienes lo han hecho ha sido casi siempre por imperativo de fuerza mayor, y rara vez han alcanzado logros destacados. Piénsalo bien: ¿cuánta energía vital consume una sola disciplina? Si un Cultivador de la Comida tiene que despachar al menos cinco libras de arroz diarias, y encima le sumas la Vía del Licor teniendo que trasegar tres o cuatro cuartillos de aguardiente por jornada, no es ya que no ganes tiempo: ¡es que mantener el ritmo reglamentario te costará la salud!".
Li Banfeng quiso indagar: "¿Es obligatorio cultivar ambas sendas de forma simultánea? ¿Acaso no se puede abandonar una y centrarse en la otra?".
"¡Bajo ningún concepto!", zanjó Ma Wu con ademán tajante. "Una vez que tus meridianos han sellado dos Puertas, no puedes renunciar a ninguna de ellas. Si te consagras a una y descuidas la otra, ¡el desequilibrio te costará la vida! Por esa misma razón, las dos disciplinas de un Cultivo Dual deben compartir naturalezas afines y complementarse como el agua y la harina. Si las dos sendas son incompatibles o disonantes, ¡el cultivador reventará en el acto por conflicto de energías!".
Al escuchar la sentencia, Li Banfeng desterró de inmediato la tentación del Cultivo Dual. Si estaba forzado a rendir tributo a ambas sendas a perpetuidad, semejante elección no solo era insensata, sino del todo inviable. Ma Wu tenía toda la razón del mundo: un ser humano normal carecía de la capacidad biológica para duplicar su existencia. A lo sumo, combinar la Comida y el Licor podía tener un pase, pues comer y beber eran hábitos que casaban a la perfección y se retroalimentaban mutuamente. Pero entre las cinco opciones que el buhonero tenía en su expositor, ninguna parecía guardar la menor sintonía armónica con las demás.
Ma Wu formuló entonces una pregunta crucial: "Abrazar dos sendas requiere una Afinidad Daoísta de una profundidad colosal. Hermano Li, ¿cómo andas tú de Afinidad Daoísta?".
"¿Qué demonios es la Afinidad Daoísta?", parpadeó Li Banfeng estupefacto.
Al ver su desconcierto absoluto, tanto Ma Wu como Qin el Gordo se quedaron mudos de asombro.
"¿Ni siquiera sabes lo que es la Afinidad Daoísta?", exclamó el gordo abriendo unos ojos como platos. "Si careces de Afinidad Daoísta, ¿a qué vienes a comprarle polvos al buhonero? ¡¿Acaso vienes a suicidarte?!".
Al comprobar que Li Banfeng seguía en Babia, Ma Wu le ilustró: "La Afinidad Daoísta es el cimiento espiritual, la raíz que te permite anclar el cultivo en tu carne. Para cimentar mi propia base, mi familia desembolsó una fortuna colosal en adquirir agua del Manantial Huiming; me bebí más de treinta litros de esa agua pura para forjar mis cimientos antes de atreverme a dar el paso".
Qin el Gordo resopló con orgullo proletario: "Servidor no nada en la abundancia como este señorito, pero me he hinchado a base de remedios caseros, caldos milagrosos y recetas secretas durante cinco años enteros antes de atreverme a plantarme ante el buhonero".
Li Banfeng seguía sin encajar el concepto: "¿La Afinidad Daoísta solo se adquiere a base de consumir fármacos esotéricos?".
"¿Fármacos?", Ma Wu frunció el ceño; el término le parecía demasiado clínico y profano.
Qin el Gordo captó la duda: "No es obligatorio cebarse a pociones; también se puede acumular Afinidad Daoísta visitando ciertos enclaves telúricos de poder... ¡La estación de Santoucha, por ejemplo, es un paraje célebre para forjar afinidad!".
Al evocar el recuerdo de Santoucha, a Li Banfeng se le erizaron todos los vellos de la nuca: arriesgarse a que le brotaran tres cabezas en el cogote a cambio de un poco de afinidad no salía a cuenta de ningún modo. Preguntó con cautela: "¿Es estrictamente obligatoria la Afinidad Daoísta?".
Qin el Gordo le espetó con rotundidad: "¡Pues claro que sí! ¿O te crees que cualquier hijo de vecino que se cruce con el buhonero puede convertirse en cultivador por las buenas? ¡La Afinidad Daoísta es una gracia providencial, un designio cósmico entre diez mil! ¡Los cultivadores son auténticos dragones y fénix entre los mortales!".
'¿Dragones y fénix entre los mortales? ¡Menuda exageración poética! Si el tirador de rickshaws de antes también era un cultivador con Ruedas de Fuego... ¿ese tipo es un dragón legendario?'.
Ma Wu miró fijamente a Li Banfeng: "No sé si dragones, pero a Santoucha no te acerques ni en broma: quien pisa ese terreno rara vez regresa entero. Dejando al margen las metáforas, los cimientos espirituales no son materia de juego: hermano Li, ¿tienes o no tienes Afinidad Daoísta? Si careces de ella, ni se te ocurra aplicarte los polvos: te va la vida en ello".
Li Banfeng meditó en silencio durante un buen rato, antes de preguntar con voz queda: "Haber sido bañado por la Luz Celestial... ¿cuenta como Afinidad Daoísta?".
"¡¿Que te ha caído la Luz Celestial encima?!", exclamó Ma Wu, soltándose de golpe la mano del pecho dolorido y poniéndose de pie como un resorte.
Qin el Gordo también se incorporó de un salto: "¡¿A qué hora te cayó la Luz?!".
Li Banfeng hizo memoria: "Alrededor de las dos de la tarde".
Qin el Gordo miró la posición del sol poniente mientras Ma Wu extraía un reloj de bolsillo de oro macizo.
"Hermano Li... ¡¿cómo demonios has conseguido aguantar con vida hasta esta hora?!", balbuceó Ma Wu retrocediendo varios pasos aterrado. Qin el Gordo no tardó en imitarlo, pegándose a su espalda.
Li Banfeng soltó una risita nerviosa y corroboró: "O sea, ¿que si te baña la Luz Celestial y no ingresas en una Puerta Daoísta, te mueres irremisiblemente?".
Ma Wu asintió pálido: "El hermano Li lo ha definido con exactitud matemática".
Qin el Gordo dio otros dos pasos hacia atrás: "¡Y no solo revientas tú, sino que te llevas por delante a los que estén cerca en la explosión! ¡Servidor se pira ahora mismo!".
Apretándose la panza dolorida, el muchacho echó a correr como alma que lleva el diablo. El buhonero le gritó desde su puesto: "¡Oye, que todavía no han pasado los treinta minutos de rigor!".
Qin el Gordo agitó la mano sin mirar atrás: "¡No importa, con lo que he aguantado me sobra!".
Dos criados acudieron a sostener a Ma Wu para evacuar la zona. Al ver que Li Banfeng seguía plantado bajo el árbol, Ma Wu volvió la cabeza y le suplicó a voces: "¡Hermano Li, por todos los santos, elige una senda ya mismo! ¡Un segundo de retraso y vas a reventar por los aires! ¡Nadie sabe qué clase de monstruosidad brotará de tu estallido ni a cuánta gente te llevarás por delante! ¡Es vida o muerte, no pierdas un instante!".
Li Banfeng le gritó desde la distancia: "¿Y ser bañado por la Luz Celestial cuenta como una Afinidad Daoísta profunda?".
"¡Profunda no: colosal, inconmensurable!", voceó Ma Wu mientras se alejaba a paso vivo. "¡Hermano Li, olvídate de los cultivos duales y salva el pellejo de una maldita vez!".
……
Tras la desbandada de ambos, el buhonero continuó despachando a la clientela con pasmosa indiferencia.
Una mujer de unos cincuenta años le compró un tarro de crema de nieve y le pidió una pizca extra para probársela en las mejillas allí mismo: "¡No me seas rácano, que tengo que comprobar si el ungüento es puro!".
El buhonero sonrió pícaro: "¡Qué cosas dice mi querida hermana mayor! ¡Con untarse mi crema de nieve, su piel quedará tan tersa y lozana que goteará rocío!".
"¡Ay, qué zalamero me has salido!", rió la dama antes de perderse por el camino.
La crema de nieve, el cosmético clásico por excelencia de principios del siglo XX: un ungüento emoliente para evitar las grietas del frío. Li Banfeng recordaba haber visto aquellos tarros de porcelana en el tocador de la anciana Wu en el orfanato, e incluso se la había untado de niño jugando. La del buhonero debía de poseer alguna propiedad extraordinaria, pues la piel de aquella mujer había cobrado una lozanía casi instantánea.
La noche caía sobre el páramo y el último comprador se había marchado. El buhonero se dio la vuelta y clavó sus pupilas en Li Banfeng: "¿Te has decidido ya? La Decocción para Devolver el Alma solo te concede un indulto de cuatro horas de vida. Te queda un suspiro de tiempo".
Con un leve movimiento de muñeca, una hilera de cajoncitos de madera se deslizó hacia afuera de forma automática, exhibiendo los polvos de colores en su interior. Le estaba instando a consumir la medicina sin más dilación.
El reloj apremiaba de forma dramática: Li Banfeng había ingerido el caldo hacia las tres de la tarde, y faltaba muy poco para las siete.
Li Banfeng había tomado una decisión meditada: elegiría la Vía del Viaje. Aunque su corazón se inclinaba por la comodidad de la Vía del Hogar, la imposibilidad económica de comprar una mansión adecuada volvía inviable su desarrollo posterior. Para garantizarse la supervivencia a largo plazo, la Vía del Viaje era la opción más pragmática y realista.
"Elijo la Vía del Viaje...".
Apenas las palabras salieron de sus labios, un bramido enloquecido resonó a sus espaldas:
"¡Quiero la Decocción para Devolver el Alma! ¡Dadme la sopa, dadme la sopa ahora mismo!".
Li Banfeng giró la cabeza y divisó una figura al mismo tiempo familiar y desconocida. Familiar, porque su rostro salía a diario en las noticias deportivas de la televisión exterior; desconocida, porque jamás lo había tenido en persona frente a sus ojos: ¡era el legendario velocista de élite Qiao Yuesheng!
Bajo el fulgor agónico del crepúsculo, las piernas del atleta se movían a una cadencia sobrehumana, dejando estelas y sombras residuales en el aire. Li Banfeng no albergaba la menor duda de que, con esa velocidad supersónica, habría pulverizado todos los récords olímpicos del planeta.
¡Pero el problema no era su marca mundial: el problema era que venía disparado como un proyectil en trayectoria de colisión directa contra él!
¡Brummm!
El impacto fue demoledor: Li Banfeng salió despedido por los aires y se estrelló de espaldas contra el carretón del buhonero.
El comerciante intentó cerrar los compartimentos con un reflejo desesperado, pero llegó una fracción de segundo tarde.
¡Cataplum!
El cuerpo de Li Banfeng impactó de lleno contra el mueble. Dos de los cajoncitos abiertos salieron despedidos y su contenido se desparramó en una nube pulverizada: ¡los polvos azules de la Vía del Viaje y los polvos dorados de la Vía del Hogar cayeron simultáneamente sobre el rostro de Li Banfeng!
Un dolor atroz, punzante e inhumano le desgarró cada fibra nerviosa de la cara... ¡y se desmayó en el acto!
El buhonero contempló el cuerpo inconsciente de Li Banfeng y luego desvió su mirada glacial hacia Qiao Yuesheng.
El atleta aferraba desesperadamente los hombros del comerciante, suplicando entre sollozos histéricos: "¡La decocción, por piedad... dame la Decocción para Devolver el Alma!".
Bajo la piel del velocista, las venas y arterias se hinchaban como cordeles violáceos, y varias de ellas comenzaban a reventar dejando escapar hilillos de sangre. Qiao Yuesheng lo miraba con los ojos desorbitados de terror, implorando clemencia.
El buhonero frunció el entrecejo con una hostilidad aterradora. Tras un silencio mortal, su voz resonó con la frialdad de una tumba:
"Le has arrebatado la vida a ese muchacho... y encima has mancillado mi reputación comercial. Dime... ¿cómo piensas pagarme esta cuenta?".
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 19
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 18
Estás leyendo el capítulo 18 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.