Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La Vía de las Letras y la Vía Marcial eran fáciles de comprender: las artes de la espada y el cultivo del intelecto se consideraban sendas respetables desde tiempos inmemoriales. La Vía del Veneno y la Vía de la Medicina también encajaban dentro de la lógica pragmática de los oficios. Pero... ¿qué clase de cultivo eran la Vía del Humo o la Vía del Licor?
Li Banfeng no pudo evitar preguntar: "¿Fumar tabaco y empinar el codo también cuenta como cultivo?".
"¡Pues claro que cuenta, cómo no va a contar! ¡Ya sea fumando o bebiendo, siempre que alcances un reino espiritual, todo es cultivo!", proclamó Qin el Gordo con orgullo de aldeano. "¡En mi pueblo, el Segundo Tío Liu tenía la obligación de beberse cinco libras de aguardiente al día! Solo después nos enteramos de que el buen hombre era todo un Cultivador del Licor de segundo nivel".
Ma Wu enarcó una ceja, incrédulo: "¿Y a qué se dedicaba ese Segundo Tío Liu tuyo como para costearse semejante senda?".
La Vía del Licor no era un lujo al alcance de cualquiera: cinco libras de alcohol todos los santos días costaban una auténtica fortuna.
Qin el Gordo replicó ofendido: "¡Es que el Segundo Tío Liu era maestro destilador de oficio!".
Ma Wu siguió rascándose la barbilla: "Aunque destilara alcohol, ¿cuántos litros sacaba por jornada? Si él solo se pimplaba cinco libras diarias, ¿le daba la producción casera para abastecerse?".
A Li Banfeng le pareció que Ma Wu pecaba de quisquilloso: a fin de cuentas, ¿y si aquel tío tenía una destilería industrial a su cargo? Pero para su sorpresa, el joven noble insistió en el asunto: "Los Cultivadores del Licor son aves raras de ver. Me gustaría ir a visitar a ese Segundo Tío Liu tuyo; ¿dónde para ahora mismo?".
Qin el Gordo sacó pecho y soltó con naturalidad: "¡Está muerto!".
Ma Wu arrugó el entrecejo: "¿Y de qué murió? ¡Ni se te ocurra decirme que falleció de una borrachera!".
Un Cultivador del Licor jamás podía morir por intoxicación etílica.
Qin el Gordo se rascó la coronilla: "A ver... relación con la bebida sí que tuvo, pero no se murió por el alcohol en sí. El caso es que aquel día el tío Liu se agarró una cogorza colosal, se tiró de cabeza al río... y se ahogó".
Ma Wu soltó una risita burlona: "Hermano, no es que dude de tu palabra, pero lo que cuentas carece de sentido: un cultivador de segundo peldaño jamás se ahogaría tan fácilmente en un río común".
Qin el Gordo defendió su versión con absoluta seriedad: "¡Si al principio no se ahogaba! El tío Liu se tiró al agua y nadaba con una soltura envidiable; la cosa no pintaba mal. Los del pueblo le gritaban desde la orilla que saliera de inmediato, advirtiéndole de que más adelante estaba la desembocadura y la corriente bajaba embravecida. Pero el tío Liu gritó que a él le traían al pairo las corrientes, porque acababa de ver en persona al Ancestro Fundador, ¡y el Ancestro le había cambiado la Puerta Daoísta convirtiéndolo en un Cultivador del Agua!".
"Cultivador del Agua...", Ma Wu se acarició la barbilla meditabundo. "En efecto existe esa Puerta Daoísta, aunque es sumamente exótica. ¿Y de verdad se transformó en un Cultivador del Agua?".
"Vaya usted a saber", suspiró Qin el Gordo sacudiendo la cabeza. "Servidor no se lo creyó, y los vecinos tampoco. Así que el tío Liu, para demostrarnos a todos que no mentía, nadó adrede hasta la parte más honda y turbulenta de la desembocadura y se clavó de cabeza en el fango del lecho fluvial. Cuando logramos rescatarlo, tenía la nariz y la boca atascadas de lodo y arena... y hacía rato que había entregado el alma al Creador".
Al escuchar el desenlace, Ma Wu dejó escapar un hondo suspiro, dando credibilidad al relato: "La Vía del Licor... es una senda demasiado traicionera y peligrosa".
Li Banfeng no pudo evitar la pregunta: "¿Y cuánto llegó a trasegar ese buen hombre aquel día?".
Qin el Gordo respondió: "Según dijeron los testigos, se metió doce libras de aguardiente entre pecho y espalda".
'Con razón vio al mismísimo Ancestro Fundador...', pensó Li Banfeng.
'¡¿Doce libras de licor?! ¡Si ni siquiera doce libras de agua caben en una tripa normal!'. Le parecía un disparate mayúsculo; aunque recordando que el propio gordito tenía que engullir veinte libras de arroz para su iniciación, comprendió que en Puluo el concepto de cordura brillaba por su ausencia.
"¿Acaso un Cultivador del Licor tiene que beber hasta reventar por obligación?", quiso profundizar Li Banfeng.
"¡Pues claro que tiene que beber a muerte! Si no, ¿cómo diablos va a ganar tiempo?", sentenció Qin el Gordo con gesto adusto.
"¿Qué significa eso de 'ganar tiempo'?", inquirió Li Banfeng.
El gordito le dedicó una mirada de conmiseración: "¿Pero tú de qué cueva has salido que no te enteras de nada?".
Ma Wu, dotado de mayor paciencia, se encargó de iluminarlo: "Sea cual sea la Puerta Daoísta que elijas, una vez franqueada la entrada, superada la prueba y obtenido el primer nivel, debes consagrarte al cultivo diario. Ahora bien: si te limitas a cultivar al ritmo reglamentario y ordinario, ascender cada peldaño te costará diez años de vida. Es decir: pasar del primer nivel al segundo te llevará una década entera; y si aspiras a culminar los diez peldaños desde la iniciación, ¡te harán falta noventa años de tu existencia! ¿Quién demonios dispone de semejante tiempo?".
Li Banfeng se quedó mudo. Ignoraba qué abismo de poder separaba al primer peldaño del segundo, qué beneficios concretos aportaba y si justificaba hipotecar diez años de juventud.
Ma Wu prosiguió con tono docto: "Si no estás dispuesto a esperar a que te salgan canas, tienes que ganarle tiempo al reloj. Ignoro las cuotas exactas de la Vía del Licor, pero he tratado con cultivadores de primer nivel de la Vía de la Comida: consumir cinco libras de arroz al día es su mantenimiento básico ordinario. Si no comen esa cantidad reglamentaria, ¡su cultivo involuciona! En cambio, si se fuerzan a ingerir diez libras diarias, están ganando tiempo: esas cinco libras de exceso les computan como un día adicional de cultivo acumulado. Si logran mantener esa disciplina de diez libras al día sin fallar, ¡ascenderán al segundo nivel en tan solo cinco años! Y si mantienen ese ritmo redoblado a perpetidad, en lugar de noventa años, ¡alcanzarán el décimo nivel en cuarenta y cinco!".
"¿Y qué ventajas tiene llegar al décimo nivel?", preguntó Li Banfeng.
Ma Wu respondió con brillo en los ojos: "En todo el Barranco del Rey de la Medicina jamás ha puesto un pie un cultivador de sexto peldaño. ¡Con que alcances el séptimo nivel, te coronarás como el líder absoluto de toda la comarca! Y ya no hablemos del décimo nivel: en toda la inmensidad de la Provincia de Puluo, los cultivadores de décimo peldaño se cuentan con los dedos de una sola mano: ¡son auténticos señores supremos de este mundo!".
A Li Banfeng el liderazgo marcial le traía sin cuidado: "Aunque llegues al décimo nivel, para entonces ya rondarás los setenta u ochenta años de edad... ¿De qué le sirve a un anciano decrépito ser un señor supremo?".
"¿Qué tiene de malo tener setenta u ochenta años?", sonrió Ma Wu con picardía. "¡Al coronar el décimo peldaño, tu propia esencia biológica transmuta! Tu longevidad se multiplica por tres: si tu esperanza de vida natural era de cien años, ¡pasarás a vivir trescientos! A escala de trescientos años, tener setenta u ochenta equivale a estar en los veintitantos: ¡la flor de la juventud!".
¡El décimo nivel triplicaba la esperanza de vida!
¡Eso sí que era un reclamo tentador a más no poder!
Qin el Gordo se dio un golpe en el pecho, henchido de fe: "Desde el día en que salí del vientre de mi madre, todos los vecinos del barrio han dicho que nací con estrella. ¡Ese décimo peldaño me lo llevo yo de calle!".
Li Banfeng miró al muchacho: "O sea, ¿que a partir de ahora el hermano Qin tendrá que comerse cinco libras de comida al día?".
"Y cuando alcance el segundo nivel, eso no será ni el principio...", en ese punto, una sombra de congoja cruzó el semblante de Qin el Gordo. No temía que le faltara estómago, sino que le faltaran cuartos para comprarse la comida. Pero ya había dado el paso sin retorno, pues sabía de sobra que en esta vida no servía para otra cosa que no fuera devorar.
Li Banfeng quiso precisar: "Y si uno se queda en el noveno nivel, ¿cuánto se le prolonga la vida?".
"¡En el noveno nivel no se prolonga ni un solo día!", aclaró Ma Wu sacudiendo la mano. "Solo al pisar el décimo peldaño se desafía al destino. En el noveno sigues arrastrando la frágil longevidad de un mortal común; si en el transcurso de tu vida biológica no consigues coronar el décimo nivel, ¡todos los sacrificios anteriores habrán sido en vano!".
Aquellas condiciones rayaban en la crueldad: ninguna prolongación vital antes de la cumbre. Si cultivabas al ritmo ordinario, alcanzar el noveno nivel exigía ochenta años de dedicación ininterrumpida; aun empezando a los diez años de edad, al pisar el noveno nivel tendrías ya noventa primaveras a cuestas... ¿con qué fuerzas ibas a acometer el asalto final?
Esa era la razón indiscutible por la que todos los cultivadores se desvivían por robarle tiempo a la muerte: ¡todos ansiaban alcanzar el décimo peldaño antes de que el ataúd se cerrara sobre sus cabezas!
"¿Todas las Puertas Daoístas se rigen por la misma ley?", inquirió Li Banfeng.
Ma Wu asintió: "Todas sin excepción. Para cambiar el sino hay que apretar los dientes y correr hacia el décimo nivel: los Cultivadores Marciales tienen que entrenar hasta desollarse los huesos; los de las Letras, quemarse las pestañas estudiando sin tregua; los de la Comida, devorar hasta reventar; y los del Placer... entregarse al fornicio sin descanso. Desde luego, existen atajos: consumir hierbas espirituales milenarias, brebajes alquímicos o píldoras de cultivo; pero esos tesoros cuestan fortunas inalcanzables y no son una solución sostenible en el tiempo".
Li Banfeng sopesó la cuestión y preguntó: "¿Y qué hay de la Vía de la Tierra?".
Qin el Gordo frunció el ceño: "¿Por qué preguntas por la Vía de la Tierra? ¿No será por ahorrarte unos cuartos?".
Lo cierto era que Li Banfeng sí había pensado en el factor económico: en el bolsillo solo llevaba dos mil yuanes, insuficientes para costearse el polvo iniciático. Aunque Qiu el Mono le había prometido cubrir la cuenta de la senda que eligiese, Li Banfeng poseía dignidad: con dos vasos de fideos se había ganado el rescate de su vida, y eso ya era una bendición; ¿con qué derecho iba a abusar obligando a un desconocido a gastarse decenas de miles de billetes en él?
Ma Wu meneó la cabeza con gravedad: "Hermano Li, te aconsejo suma prudencia: jamás intentes escatimar en esto. Los polvos no tienen mayor o menor valor intrínseco: todos condensan la sabiduría de los ancestros. La única razón por la que el polvo de la Vía de la Tierra es el más barato de todos es porque nadie quiere comprarlo: ¡la Vía de la Tierra es la senda más amarga y penosa de este mundo!".
"¿A qué te refieres?", inquirió Li Banfeng.
Ma Wu expuso con elocuencia: "Desconozco cómo son las Provincias Exteriores, pero supongo que también tendréis labradores, ¿verdad? Bien sabrás lo esclavo que es el campo: sembrar en primavera, segar en otoño, deslomarse de sol a sol sin un solo día de reposo... ¡y todo eso solo computa como el mantenimiento ordinario más básico! Para ganar tiempo, un Cultivador de la Tierra debe dejarse la piel buscando semillas raras e ingeniándoselas para hacer brotar flores y hierbas espirituales milagrosas. Ahora piensa, hermano Li: cuando alcances los setenta u ochenta años, ¿tendrás fuerzas en el espinazo para empuñar la azada? Y si azota una granizada, una riada, una sequía atroz o una plaga de langostas, la cosecha entera se arruina; y no solo no ganas tiempo, ¡sino que tu cultivo puede marchitarse! Por no hablar de enemigos o maleantes que vengan de noche a robarte, saquearte o prenderle fuego a tus bancales: perder la cosecha no solo arruinaría tu cultivo, ¡te costaría la mismísima vida! Hermano Li, esa senda es un calvario: ¡ten cuidado, piénsatelo mil veces!".
Li Banfeng descartó la opción de inmediato: Ma Wu tenía toda la razón, ese sendero era un suplicio.
El Placer y la Comida ya le habían quedado claros. "¿Y cómo cultiva la Vía del Viaje?", preguntó Li Banfeng.
"¡Pues pateando caminos sin parar!", respondió Qin el Gordo de buena gana. "Cuantos más parajes visites y más lejos llegues, más rápido crece tu cultivo y más tiempo le descuentas al calendario. A los trotamundos y vagabundos sin techo les pirra la Vía del Viaje".
"¿Y la Vía del Hogar?", inquirió de nuevo.
"¡Tumbándote en casa! Cuanto más tiempo te pases apoltronado en tu mansión, ¡más velozmente progresa tu cultivo!", exclamó el gordo.
Li Banfeng se quedó estupefacto: "¡¿Quedándote tumbado en casa se puede cultivar?!".
"¡Pues claro, por eso el polvo de la Vía del Hogar es el más caro de toda la botica!", suspiró el gordo con resignación. "Si yo hubiera reunido la pasta, no lo habría dudado ni un segundo. Por cierto, Ma Wu, tú que nadas en billetes, ¿por qué demonios no has elegido la Vía del Hogar?".
Ma Wu negó con la cabeza: "No soporto la claustrofobia: pasarme el año entero encerrado entre cuatro paredes me mataría de aburrimiento. No os mentiré, amigos míos: lo que de verdad mueve mi existencia es el goce sensual; si me falta una fémina al lado, ¡no sobrevivo ni un solo día!".
Li Banfeng sugirió: "Eso tiene fácil arreglo: te llevas a las señoritas a tu mansión y asunto resuelto".
Ma Wu suspiró: "Ojalá fuera tan sencillo. La Vía del Hogar opera bajo principios totalmente distintos al resto de sendas: su cultivo no lo genera uno solo, sino que se forja en comunión con el Espíritu del Hogar".
"¿Y qué demonios es un Espíritu del Hogar?", Li Banfeng sentía que su cabeza iba a explotar ante tanta terminología esotérica.
La pregunta puso en un aprieto a Ma Wu: "La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta qué es con exactitud. Los cultivadores del Hogar rara vez asoman las narices a la calle; en cuanto alcanzan un peldaño respetable, es casi imposible toparse con uno de ellos. Solo sé que un cultivador del Hogar necesita adquirir una finca adecuada: ni demasiado llamativa para evitar a los curiosos, ni demasiado aislada para no morirse de inanición. El inmueble debe albergar cierta resonancia espiritual innata; alimentando esa energía con esmero, se termina gestando una entidad consciente: el Espíritu del Hogar. Qué aspecto adopta ese espíritu, lo ignoro; pero lo que es incuestionable es que para ascender de peldaño, ¡el concurso del Espíritu del Hogar es imprescindible! Y esa es la prueba más ardua de todas: el espíritu tiene su propio carácter caprichoso. Si logras complacerlo, te generará torrentes de cultivo con generosidad; pero si no sabes ganártelo, tu progreso se estancará. Y lo que es peor: si llegas a enfurecerlo, ¡se conocen casos documentados de espíritus que han degollado a su propio amo dentro de la casa!".
Li Banfeng escuchaba con los ojos como platos; Qin el Gordo también prestaba una atención devota. Sin duda, la Vía del Hogar era un sendero rodeado de misterio.
Li Banfeng inquirió: "¿Por qué se enfurecería un Espíritu del Hogar hasta el extremo de asesinar a su dueño?".
Ma Wu relató con tono de advertencia: "De semejante tragedia solo he tenido noticia una vez, y precisamente ocurrió aquí, en el Barranco del Rey de la Medicina. Los Espíritus del Hogar son fanáticos de la limpieza; si detectan inmundicia, se afanan por dejarlo todo reluciente, motivo por el cual el cultivador debe mantener la mansión como los chorros del oro. En esta comarca vivía un cultivador del Hogar rematadamente marrano: no solo se negaba a limpiar las habitaciones, sino que no se lavaba la cara, no se duchaba, no se lavaba el pelo, no cambiaba de ropa ni se afeitaba las barbas; apestaba a cien leguas. Durante un tiempo el espíritu aguantó el tipo e incluso le lavaba las camisas, le enjugaba el rostro mientras dormía y le cortaba los pelos para adecentarlo un poco. Pero aquel zafio no aprendió la lección: no contento con su propia mugre, invitó a una pandilla de amigotes igual de guarros que él a instalarse en la casa durante días. Y hay una regla inviolable: ¡sin el consentimiento explícito del Espíritu del Hogar, ningún extraño puede pernoctar bajo su techo! Aquella gentuza convirtió la mansión en una pocilga inmunda. El espíritu colapsó de rabia y, en mitad de una noche cerrada... ¡los degolló a todos en sus camas, sin dejar a uno solo con vida!".
Qin el Gordo se estremeció de pies a cabeza, consciente de que la pulcritud no era su fuerte: "¿Y qué fue de aquel Espíritu del Hogar?".
"Se quedó atrapado entre los muros y degeneró en un Espíritu Maligno; a día de hoy sigue cobrándose vidas si alguien osa cruzar el umbral".
"¿Y nadie va a purificarlo?", preguntó el gordo.
"¿Quién se va a molestar? Espíritus malignos los hay a patadas en Puluo; nadie tiene tiempo que perder en semejantes nimiedades".
……
Mientras Ma Wu y Qin el Gordo continuaban charlando amistosamente, Li Banfeng se sumió en hondas reflexiones:
'¿Qué Puerta Daoísta debería elegir? ¿Acaso es una decisión tan crucial? Es vital: se trata de salvar el pellejo. Según el buhonero, si te baña la Luz Celestial y no ingresas en una senda, revientas como un sapo. Pero en teoría, cualquier senda valdría para conservar la vida, ¿no es así? Mi único propósito al venir aquí era rescatar a He Jiaqing... ¿tanto importa qué camino tome? ¡Pues claro que importa! ¡Menuda oportunidad providencial e inestimable se acaba de presentar ante mis ojos!'.
'Me he enemistado a muerte con la gente del Buró Estrella Oscura y me han puesto una diana en la nuca para liquidarme: si quiero sobrevivir en este mundo hostil, ¡necesito facultades de verdad para protegerme! Y por si fuera poco, ¡existe el grandioso horizonte de triplicar mi esperanza de vida al décimo nivel!'.
"Las cosas buenas son cosas buenas, y las malas son malas; el principio es tan simple como eso", murmuró Li Banfeng para sus adentros.
Qin el Gordo ladeó la cabeza: "Hermano Li, ¿de qué cosas buenas y malas estás hablando?".
Li Banfeng prefirió guardar silencio.
Lo que tenía delante era una bendición indudable: al margen de las dificultades añadidas, obtener facultades sobrehumanas y aspirar a trescientos años de longevidad era una auténtica maravilla. Y dar con la senda adecuada sería el colmo de la fortuna.
Pero, ¿cuál elegir? Sus conocimientos sobre este universo eran todavía demasiado bisoños.
"Amigos míos, ¿qué facultades específicas despliega cada senda?", preguntó Li Banfeng.
"Eso es harina de otro costal", resumió Ma Wu con gracia. "Los Cultivadores Marciales saben partirte la crisma; los de las Letras son maestros en reprender e insultar con elocuencia mágica; los del Viaje corren como centellas; los de la Comida, bien saciados y bebidos, despliegan hechizos contundentes y una fuerza descomunal".
Qin el Gordo apostilló: "¡Y los del Placer aguantan diez asaltos por jornada sin pestañear!".
Ma Wu sonrió: "No es solo aguante de alcoba: la Vía del Placer destaca por perturbar y dominar la mente ajena a través de las emociones".
"¿Y los Cultivadores del Hogar?", insistió Li Banfeng.
Ma Wu reflexionó: "La Vía del Hogar aúna defensa y ataque en perfecta armonía, dependiendo del talante de su Espíritu del Hogar. Fuera de su recinto, un cultivador del Hogar mantiene un poder combativo promedio entre rivales del mismo peldaño; pero dentro de los confines de su propia mansión... ¡es sencillamente invencible entre sus iguales, e incluso capaz de plantar cara y doblegar a enemigos de un peldaño superior!".
'¿Tan formidable es la Vía del Hogar? ¿Y si elijo esa? El dinero de la iniciación podría devolvérselo a Qiu el Mono más adelante... pero una mansión con espíritu propio... ¡¿dónde demonios voy a comprar semejante propiedad?!'.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela)
Capítulo 18
El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 17
Estás leyendo el capítulo 17 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.