Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era una flor de loto forjada íntegramente en bronce. Las hojas de loto servían de peana, con un diámetro de unos diez centímetros; el capullo cerrado descansaba directamente sobre el lecho de follaje. La flor aún no se había abierto, pero al tacto se podían percibir con total nitidez las finas hendiduras que separaban los pétalos entre sí.
'¡Conque era un trozo de bronce de este calibre! ¡Con razón pesaba tanto el paquete!'.
Aunque Li Banfeng no entendía nada de antigüedades ni piezas de colección, saltaba a la vista que se trataba de una pieza ornamental de una factura exquisita.
Pero, ¿acaso una figura decorativa podía ser tan trascendental?
¿Qué pretendía He Jiaqing al empeñarse en que se la llevara hasta su hogar natal?
¿Y aquel vicecapitán Xiao pretendía pegarle un tiro en la nuca para liquidarlo solo por este objeto?
¿Qué secretos ocultaba en su interior aquel loto de bronce?
Había dormido demasiado durante los últimos días y, como no tenía nada mejor que hacer en la penumbra, Li Banfeng se dedicó a examinar minuciosamente el loto de bronce.
Estuvo analizándolo desde el amanecer hasta las dos de la tarde, pero el capullo de bronce no cedió ni un ápice.
¡Chzzzzz!
La megafonía emitió el anuncio de rigor: "Atención, señores pasajeros: el tren está a punto de llegar a la estación del Barranco del Rey de la Medicina. Se ruega a los viajeros que deban descender que recojan su equipaje y se preparen para bajar".
¡Por fin habían llegado!
¡Habían alcanzado el Barranco del Rey de la Medicina!
Li Banfeng recogió a toda prisa la tela de seda, los talismanes de papel amarillo y demás envoltorios, volvió a empaquetar con esmero el loto de bronce y lo guardó en la mochila junto a los tres vasos restantes de fideos instantáneos, la lata de patatas y el paquete y medio de tiras de gluten picante. Acto seguido, abrió la puerta y salió al pasillo.
Desde que subió al tren en Yuezhou, era la primera vez que Li Banfeng ponía un pie fuera de su compartimento y la primera ocasión en que veía con sus propios ojos a los demás viajeros del convoy.
Al principio andaba con el corazón en un puño, temeroso de toparse en el pasillo con engendros de tres cabezas o seres monstruosos por el estilo.
Había un buen número de personas congregadas frente a las puertas aguardando el descenso, pero todas parecían normales; al menos a simple vista.
Algunos ni siquiera tenían billete para esta estación, pero se veían forzados a apearse antes de tiempo porque estaban al borde de la inanición.
Un individuo vestido de traje, con la mano izquierda metida en el bolsillo y una maleta en la derecha, se colocó al lado de Li Banfeng. Li Banfeng le echó una ojeada de reojo: aquel hombre medía fácilmente un metro noventa, pero su peso difícilmente superaría los cincuenta kilos.
Con una complexión tan esquelética y demacrada, un simple soplo de viento en la calle bien podría hacerlo volar por los aires.
Detrás de él venía una mujer cuya figura contrastaba de forma cómica y absoluta: no alcanzaba el metro cuarenta de estatura, pero rondaba holgadamente los setenta u ochenta kilos.
El tren pegó un bandazo y el hombre delgado se apresuró a sujetar a la mujer; por su proximidad y complicidad física, resultaba evidente que eran marido y mujer.
En brazos, la mujer cargaba a un bebé de apenas uno o dos años, al que no se le distinguía ningún parecido claro con ninguno de los dos.
¡Chssss!
¡Uuuuuooonnn!
Con un aullido ensordecedor del silbato de vapor, el tren arribó a los andenes de la estación del Barranco del Rey de la Medicina.
Los empleados desplegaron la escalerilla metálica y Li Banfeng descendió siguiendo a la multitud.
En el instante en que sus pies tocaron el andén, el aire fresco le causó una suerte de placentera embriaguez. Aunque venía cargado con restos de hollín de carbón y emanaciones de grasa de maquinaria, resultaba infinitamente más respirable que la atmósfera viciada del interior del vagón.
El cielo lucía encapotado y grisáceo, pero aun así era mil veces mejor que el resplandor amarillento de las bombillas del camarote, de las cuales ni siquiera habían disfrutado en los últimos días tras el apagón total.
Una vez en el andén, Li Banfeng comenzó a fijarse con detenimiento en la indumentaria de la gente.
Su forma de vestir contrastaba enormemente con la suya.
Muchos vestían trajes occidentales de corte clásico: negros, blancos, a rayas diplomáticas, a cuadros de toda clase.
Otros tantos lucían trajes de corte Zhongshan, algunos con el cuello cerrado alzado y otros con solapas dobladas.
Había caballeros con chalecos de sastre sobre la camisa blanca y pajaritas al cuello.
E incluso se veían hombres con túnicas largas tradicionales, muy similares a las que empleaban los narradores de cuentos y artistas de teatro popular.
La inmensa mayoría llevaba sombrero: predominaban los sombreros de copa o ala ancha y las gorras de visera.
Otras gorras se asemejaban a las de visera, pero con el ala más estrecha y un botón metálico cosido sobre la tela frontal. ¿Cómo se llamaban? Parecían ser las típicas boinas o gorras planas de corte obrero.
Li Banfeng pensó para sus adentros: 'Todos llevan la cabeza cubierta... ¿no debería sacar yo también mi gorra de montañero? Claro que mi gorra técnica desentona bastante con el estilo de esta gente... Y no es solo cuestión del sombrero'.
Al subir al tren se había quitado la camisa y el pantalón formal para ponerse una camiseta de manga corta y un chándal deportivo moderno. Visto ahora en medio de aquel andén, su aspecto desentonaba de manera flagrante con la vestimenta de época de la multitud.
'¿Y si me cambio de ropa aquí mismo y me pongo de nuevo la camisa y los pantalones de vestir? A fin de cuentas, soy un tipo capaz de mudarme de muda en pleno vagón de metro; hacerlo en un andén sería pan comido... Bah, qué tontería, ¿por qué demonios tengo que vestir igual que ellos? ¿Acaso no está genial tener personalidad propia?'.
Li Banfeng llegó al convencimiento de que era el varón más llamativo y brillante de todo el andén.
Y tan brillante: comenzó a percibir una extraña sensación óptica, como si su propio cuerpo estuviese emitiendo resplandores luminosos.
"¡Mamá, mira, ese hombre de ahí tiene una luz encima!", exclamó un niño a sus espaldas, señalándolo con el dedo.
'¿Lo ven? Hasta los niños pequeños afirman que brillo... ¡Eso demuestra a las claras que no es ninguna alucinación mía!'.
Li Banfeng extendió el brazo derecho hacia adelante: bajo el cielo plomizo de la tarde, su antebrazo irradiaba un halo lívido y deslumbrante. Y no era únicamente el brazo: ¡la totalidad de su cuerpo despedía una luminiscencia cegadora!
Sin embargo, al inspeccionarse con mayor detenimiento, se percató de que no era él quien desprendía fulgor, sino que una columna vertical de luz descendía del firmamento y lo enfocaba directamente, igual que el cañón de luz de un teatro siguiendo al actor sobre las tablas.
¿De dónde procedía semejante haz? Li Banfeng alzó la cabeza para escudriñar las nubes: aquel rayo celeste caía con tal intensidad que casi le abrasaba las pupilas.
'¿Acaso es el foco de un helicóptero policial? ¿Me están rastreando desde el aire?'.
De súbito, el haz de luz se extinguió en seco. Alarmado por lo que pudiera significar, Li Banfeng echó a correr a toda velocidad hacia la salida de los torniquetes.
En el control de billetes se agolpaba una buena cantidad de viajeros que momentos antes lo observaban boquiabiertos. Li Banfeng temía atascarse en la salida, pero para su sorpresa, la multitud se apartó de inmediato a ambos lados como las aguas del mar Rojo, abriéndole paso.
"¡Atrás, atrás todos! ¡Le ha caído la Luz Celestial encima!".
"¿No será un cordero blanco de las provincias exteriores?".
"¡Apártense de ese infeliz! ¡A ver si nos va a salpicar la sangre cuando lo revienten!".
'¿Qué pretenden decir con eso? ¿Acaso ellos también saben que hay un helicóptero sobrevolando la estación?'.
Cada vez más tenso, Li Banfeng le extendió su billete al revisor del andén.
El empleado ferroviario tomó las tenazas, perforó una nueva muesca en el cartón y le devolvió el talón.
Sin pararse a guardar el billete, Li Banfeng cruzó el umbral y salió a la plaza de la estación, donde una hilera de individuos salió a su encuentro.
Aquellos tipos llevaban chalecos rústicos sobre el torso desnudo, sin camisa alguna debajo. En la cabeza lucían sombreros cónicos cuyo diseño guardaba un parecido asombroso con el sombrero de ala ancha de Li Banfeng. '¿Será este su uniforme de gala? ¿Vienen vestidos así a capturarme?'.
Uno de ellos dio un paso al frente y se dirigió a él con soltura: "Caballero, ¿desea un carruaje?".
Li Banfeng aferró la bolsa de tiras de gluten picante con reflejos felinos y replicó a la defensiva: "¿Un coche hacia dónde?".
"¡Adonde usted guste! ¡Usted manda el destino!".
'Ah... conque es un taxista'.
Con las prisas por salir de la zona caliente, Li Banfeng le espetó: "Voy al Barranco del Rey de la Medicina".
El conductor soltó una carcajada: "Caballero, esto de aquí ya es el Barranco del Rey de la Medicina; toda esta comarca lleva ese nombre. ¿A qué rincón exacto se dirige? ¿Al Barranco Interior o al Barranco Exterior?".
'¿Barranco Interior o Exterior?'. Las palabras del chófer despertaron en la memoria de Li Banfeng los datos del mensaje que He Jiaqing le había enviado al móvil.
"Al Barranco Interior. A una calle llamada... Arco o algo así".
"La Calle del Arco Conmemorativo, ¿verdad?", sonrió el hombre. "Trato hecho: ¡son ocho yuanes!".
"Ocho yuanes, me parece bien".
La sonrisa del conductor se ensanchó de oreja a oreja: este cliente era de lo más espléndido, ni siquiera se molestaba en regatear.
Y Li Banfeng en verdad no tenía la menor intención de regatear: ¡ocho yuanes era una ganga! No era más que la bajada de bandera de cualquier taxi urbano en Yuezhou.
El hombre condujo a Li Banfeng por la explanada de la estación hasta llegar ante su vehículo. Li Banfeng examinó el ingenio rodante: constaba de dos grandes ruedas de radios de madera, un asiento acolchado con capota plegable y dos largas varas delanteras unidas por un travesaño central.
"¿Este vehículo... es rápido?".
"¡Como una centella!", presumió el hombre echándose la toalla de secarse el sudor sobre el hombro. "Vaya a preguntar por todos los carros y rickshaws de la estación: ¿quién puede presumir de correr más que yo?".
¡Aquel conductor era un tirador de rickshaw tradicional! ¡¿Cómo demonios podía seguir existiendo gente tirando de carritos a pie en plena época moderna?!
Bueno, bien mirado, después de haber viajado en una locomotora de vapor fantasma y de haber lidiado con un individuo de tres cabezas, subirse a un carricoche tradicional tampoco era para rasgarse las vestiduras. Lo único que le preocupaba era la lentitud.
"¿No tiene algo más rápido?".
"¿Acaso quiere un carruaje de caballos?". El tirador sacudió la mano. "Frente a la estación está prohibido estacionar carretas de tiro: esos bichos ensucian el suelo con estiércol, salvo que vengan transportistas a descargar fardos. Y además, a un caballero de su porte no le pegaría nada viajar en semejante tartana".
La intención de Li Banfeng era preguntar si no había ningún vehículo a motor por allí. Se disponía a hablar cuando, de súbito, sintió la mandíbula completamente entumecida: ¡era incapaz de abrir la boca!
Y no solo los labios se le negaban a obedecer: las manos y las piernas quedaron clavadas al suelo. Su cuerpo entero se sentía como si lo hubiesen sumergido y petrificado en un bloque de cemento armado.
Al ver a Li Banfeng inmóvil como una estatua frente al carricoche, el cochero preguntó desconcertado: "Caballero, ¿qué le ocurre? Caballero... ¡oiga, señor!... ¡¿No me diga que a usted le ha caído la Luz Celestial encima?!".
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 14
Estás leyendo el capítulo 14 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.