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Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
He Haiqin detestaba a los extranjeros occidentales con la misma visceralidad con la que He Jiaqing aborrecía a los estudiantes foráneos en la universidad; en ese rasgo de carácter, padre e hijo guardaban una semejanza asombrosa. He Yuxiu le apretó la mano a He Haiqin e insistió: "Hermano, hazle caso a tu hermana mayor por una vez. Este médico tiene aptitudes de sobra y lo ha enviado el mismísimo Xiao Zhenggong en persona. Deja que lo intente, te lo ruego". "¡Largo de aquí!", rugió He Haiqin apartando con desprecio la mano de su hermana. He Yuxiu se volvió hacia Yan Yulin: "Cuñada, ¡di algo tú también!". Yan Yulin respiró hondo y, armándose de un valor inusitado, declaró: "Señor mío, toda mi vida he acatado su santa voluntad sin rechistar, pero por una sola vez voy a tomar yo la decisión. Hermana mayor, ¡haz pasar a ese médico ahora mismo!". He Yuxiu se puso en pie a toda prisa para llamar al facultativo. He Haiqin ardía en cólera, pero su cuerpo exhausto carecía de fuerzas para oponerse. Al cabo de unos instantes, el doctor Cuitike, un hombre rubio de ojos azules y nariz afilada y aguileña, se presentó junto al lecho. Al contemplar a He Haiqin cubierto de pies a cabeza por aquellas pústulas monstruosas, Cuitike no pudo evitar un respingo de asombro. Yan Yulin se apresuró a tranquilizarlo: "Señor médico, no se asuste, por favor. Estas pústulas no son contagiosas en absoluto. Los miembros de la familia llevamos cuidándolo dos años enteros y jamás nadie se ha infectado". "¡Maldito demonio extranjero de mierda!", masculló He Haiqin fulminando a Cuitike con una mirada de puro veneno, antes de reprocharle a su esposa: "¿Para qué pierdes el tiempo dándole explicaciones inútiles? ¿Acaso crees que este perro extranjero es capaz de entender una sola palabra de lo que dices?". "¡Sí que lo entiendo!", respondió Cuitike con una pronunciación límpida, sonora y perfectamente modulada. "No todos los demonios extranjeros somos malas personas. Yo soy un buen demonio extranjero: ¡amo con locura la Provincia de Puluo!". He Haiqin esbozó una sonrisa sardónica y forzada: "Vaya con el sujeto... sí que se te da bien soltar parla barata". "No es solo palabrería", repuso Cuitike mientras se desabotonaba la camisa sin el menor pudor, exhibiendo un pecho poblado de vello donde lucía tatuado en caracteres gigantescos de caligrafía impecable: \*AMO LA PROVINCIA DE PULUO\*. Yan Yulin se tapó los ojos con ambas manos, escandalizada. He Yuxiu aprovechó para terciar: "¡Mira, míralo bien, hermano! El hombre habla con total devoción; ¡hasta se lo ha grabado a fuego sobre el corazón!". He Haiqin apartó la cara, negándose a mirar el torso del occidental: "En mi casa no disponemos de ninguno de esos artilugios ni máquinas que usan los extranjeros. Lárgate de una vez". Cuitike negó con la cabeza y sonrió afablemente: "Honorable señor, no abrigue temor alguno: no empleo ninguna maquinaria occidental. Soy un cultivador de la Vía de la Medicina y aplico las artes curativas más ancestrales de la Provincia de Puluo. Permítame primero examinar las pulsaciones de sus meridianos". Cuitike procedió a tomarle el pulso a He Haiqin con minuciosa concentración. El patriarca toleró el contacto apretando los dientes, resistiendo la repugnancia sin mirarlo a la cara. Tras varios minutos, Cuitike pareció formarse un diagnóstico certero de la patología. Tomó su maletín de cuero, extrajo una aguja de plata larga y fina, la esterilizó sobre la llama de una vela y la introdujo con delicadeza en una de las pústulas que cubrían la piel de He Haiqin. Un espeso fluido verde oscuro brotó de la punción. Cuitike impregnó la yema de su dedo en la secreción purulenta y se la acercó a la nariz para olerla con detenimiento. A continuación... ¡se llevó el dedo a la boca y lamió el fluido con la punta de la lengua para saborearlo! Yan Yulin acababa de recalcar momentos antes que la afección no era contagiosa. Pero aun a sabiendas de ello, al ver a Cuitike relamerse aquel líquido purulento y viscoso, Yan Yulin no pudo contener las náuseas y vomitó de puro asco. Y no solo a ella se le revolvió el estómago: el mismísimo portador de las pústulas, He Haiqin, sintió unas arcadas demoledoras. He Yuxiu demostró tener un estómago algo más curtido; aunque los músculos de su rostro sufrieron un tic convulsivo, exclamó mirando a su hermano: "¡Mira, hermanito, qué entrega y profesionalidad la del doctor Cuitike! ¡Se lo ha metido en la boca sin pestañear e incluso lo está paladeando para analizar los matices!". "¡Uuuuaaagh!", He Haiqin estalló en arcadas y vomitó con estrépito. Para un Cultivador de la Comida, vomitar jamás era un acto permisible a la ligera: constituía la peor falta de respeto concebible hacia los manjares y la energía vital del sustento. Pero He Haiqin sencillamente no pudo reprimir la repugnancia. Mientras tanto, la lengua de Cuitike seguía moviéndose dentro de su boca, degustando meticulosamente cada matiz de la pústula. Pasados varios minutos, Cuitike asintió con gravedad: "Creo que ya conozco el verdadero origen de este mal". He Yuxiu se sobresaltó: "¿Qué quieres decir? ¡Explícate!". Cuitike sentenció: "Esta enfermedad jamás debió haber existido en este mundo. Alguien la ha creado deliberadamente". Al oír semejante revelación, He Haiqin giró la cabeza bruscamente, clavando en Cuitike una mirada de estupefacción: "¿Acaso sabes quién me ha tendido esta trampa mortal?". Durante todo este tiempo, su sospecha constante había sido que el Clan Lu estaba detrás de aquel veneno insidioso. He Yuxiu abrió los ojos como platos: "¡¿Han sido esos bastardos del Clan Lu?!". Cuitike negó con la cabeza: "Ignoro la identidad exacta del autor, pero sé cómo neutralizarlo. Honorable señor, concédame una habitación a solas para preparar la medicina que necesita". He Haiqin frunció levemente el ceño; la idea de ingerir pócimas de procedencia desconocida le causaba un profundo rechazo. Adivinando sus recelos, Cuitike añadió con serenidad: "Honorable señor, puede estar absolutamente tranquilo: permaneceré en su residencia hasta que se halle completamente restablecido. Si durante ese tiempo surge la menor complicación, tiene plena potestad para quitarme la vida cuando guste". He Haiqin miró a Yan Yulin, y su esposa le hizo una seña al mayordomo para que acondicionara un aposento reservado para el médico extranjero. En menos de media hora, Cuitike salió de la estancia portando en la mano un tubo de ensayo que contenía un polvo blanquecino. "Honorable señor, ingiera este compuesto pulverizado y su aflicción sanará en muy poco tiempo". Al contemplar el polvo blanco, los músculos de la cara de He Haiqin se crisparon con un espasmo incontrolable. Desconfiaba profundamente de los occidentales y no quería tomarlo; sin embargo, en su estado actual, de no probar remedio alguno, no sobreviviría ni un par de horas más. Yan Yulin tomó el tubo de ensayo. Tras vacilar unos segundos agónicos, He Haiqin asintió débilmente y su esposa le vertió el polvo directamente en la boca. La garganta del patriarca estaba tan tupida de vesículas que padecía una disfagia extrema, razón principal por la que no había podido probar bocado. Pero esta vez ocurrió algo insólito: aun sin una sola gota de agua para disolverlo, aquel polvo áspero y seco fue deglutido sin atascarse. Cuitike permaneció de pie junto al cabecero en actitud reverente y formal, dejando constancia de que no pensaba marcharse a ninguna parte. Transcurrida cerca de una hora, He Haiqin, que hasta entonces yacía en un estado de postración absoluta, comenzó a incorporarse lentamente sobre la cama. Rompió a sudar a mares y sobre su dermis plagada de pústulas despuntó un tímido rubor de vitalidad. El rostro de Yan Yulin se iluminó de júbilo incontenible. He Yuxiu no cabía en sí de entusiasmo: "¡Mira, hermano, qué maravilla de médico es este doctor Cuitike! ¡Una sola dosis y ya te estás recuperando!". Cuitike esbozó una sutil sonrisa: "Honorable señor, ¿cree ahora en mis palabras?". He Haiqin soltó un bufido despectivo: "Las medicinas de los demonios extranjeros son siempre iguales: ¡alivian los síntomas superficiales pero no arrancan el mal de raíz!". Cuitike negó con la cabeza: "Permaneceré aquí en su mansión hasta que esté completamente curado". He Haiqin le lanzó una mirada inquisitiva: "¿Cuánto dinero te ha pagado Xiao Zhenggong?". Cuitike abrió los brazos con gesto apesadumbrado: "Me temo que no puedo revelar ese dato; concierne a mi ética profesional. El Líder Xiao me encomendó taxativamente su curación asegurando que el dinero no era obstáculo". He Haiqin arrugó el entrecejo con aspereza: "¡¿Cuánto te ha dado?! ¡Deja de andarte con rodeos!". Cuitike suspiró con fingida resignación: "El Líder Xiao me entregó diez mil monedas de plata". He Haiqin asintió y ordenó de inmediato al mayordomo: "Págale diez mil monedas de plata de mis arcas y acompáñalo a la habitación de invitados para que descanse". Cuitike hizo un ademán de rechazo: "No es necesario que me recompense, el Líder Xiao ya...". "¡Esto es una gratificación que te otorgo yo personalmente! ¡Márchate ya!". He Haiqin sabía reconocer la eficacia de su tratamiento, pero ello no mitigaba ni un ápice su aversión ancestral hacia los occidentales. Una vez Cuitike hubo abandonado el dormitorio, He Haiqin se volvió hacia su cónyuge: "Yulin, tráeme papel y tinta: voy a redactar mi testamento". "¡Señor mío, por piedad, qué ocurrencia!", exclamó Yan Yulin con ganas de taparle la boca. "¡Si acaba de experimentar una mejoría milagrosa, no tiente a la desgracia con palabras tan aciagas!". "No confío en ese demonio extranjero; podría tratarse perfectamente del último fulgor antes de la muerte. Ve de inmediato a buscar el papel y el pincel: yo dictaré y tú escribirás. Hermana mayor, tú actuarás como testigo oficial". He Haiqin era un hombre de terquedad indomable y nadie se atrevía a contradecirle. Preparados los útiles de escritura, la primera disposición tajante del patriarca fue traspasar la jefatura y todos los bienes del Clan He a su hijo He Jiaqing. He Yuxiu, que estaba a su vera, no pudo evitar acotar: "Hermano, déjame que te recuerde una cosa: Jiaqing sigue postrado en coma, y nadie sabe a ciencia cierta si llegará a despertar algún día". He Haiqin negó con firmeza: "El Tercero me ha dicho que lo de Jiaqing no reviste gravedad". He Yuxiu resopló con sarcasmo: "¡Solo tú eres capaz de fiarte del Tercero! ¿Acaso sabes qué intenciones alberga en su retorcido corazón? Si a ti o a Jiaqing les ocurre alguna desgracia irreparable, ni tu mujer ni yo tendremos fuerzas para plantarle cara; todo el Clan He caerá directamente en sus garras. ¡No me extrañaría en absoluto que el estado de coma de Jiaqing haya sido obra suya!". "Hermana mayor... tú... ¡tú...!", He Haiqin comenzó a boquear sofocado por la agitación y varias de las pústulas de su torso reventaron en cadena. Yan Yulin se abalanzó para sostenerlo entre sus brazos. "¡Haiqin, cálmate, solo eran habladurías mías sin fundamento! ¡Por todos los santos, no me des estos sustos!", chilló He Yuxiu disponiéndose a salir disparada a buscar a Cuitike, cuando la voz de su hermano la detuvo en seco. "Hermana mayor... tengo hambre... prepárame algo de comer...". ¿Hambre? ¡He Haiqin tenía apetito! Para un cultivador de la Vía de la Comida, el hecho de poder alimentarse equivalía a haber superado el umbral de la muerte. He Yuxiu estalló en alabanzas: "¡Ese doctor Cuitike es un auténtico portento! ¡Con una sola toma de su medicina ha logrado sacarlo del pozo!". ¿La medicina? ¿Acaso había tenido algún efecto curativo? ¡Ninguno, absolutamente ninguno! ¡Aquel polvo blanco no se diferenciaba en nada de un puñado de tierra del suelo! Sentado en la habitación de invitados, Cuitike se miraba en el espejo del tocador mientras sacaba la lengua. Justo en el centro del tejido rosado destacaba una pústula verde del tamaño exacto de un guisante. Lo que había devuelto la salud a He Haiqin no era ningún fármaco milagroso: Cuitike había transferido la totalidad del foco patológico del cuerpo del enfermo hacia el suyo propio. Desde el primer instante en que lamió aquella gota purulenta, la semilla de la infección se había enraizado en su organismo. A partir de ese segundo exacto, el patriarca He había comenzado a sanar, motivo por el cual pudo tragar el polvo seco sin dificultad alguna. ¡Cuitike jamás había pertenecido a la Vía de la Medicina: era uno de los cultivadores más insólitos y aterradores de este mundo, un Cultivador de la Enfermedad! Con la mirada fija en el reflejo de su lengua, una sonrisa desquiciada le partió el rostro: '¡Qué pústula tan rematadamente perfecta! ¿Quién habrá sido capaz de crear semejante obra de arte? Por lo visto, todavía queda alguien con vida en el linaje de mi propia Vía Daoísta... Tengo que dar con su paradero. ¡Y después, lo mataré con mis propias manos!'. "¡Je, je, je, je, je!", una risotada estridente y siniestra brotó de su garganta. ¡Cof, cof, cof! Rió con tanto frenesí que la pústula de su lengua estalló. El espeso líquido verde le bajó por la garganta, provocándole un violento ataque de tos. Tras calmarse la carraspera, chasqueó los labios con deleite. Con un sonoro sorbo, se tragó hasta la última gota de aquel fluido verdoso y exhaló un suspiro de genuino éxtasis: "¡Es demasiado delicioso!". …… Provincia de Puluo, Kudaikan, en medio de la desolada estepa silvestre. El tren mil ciento sesenta continuaba completamente detenido sobre los rieles. De cuando en cuando, en el exterior de los vagones resonaban disputas acaloradas, gritos y forcejeos violentos. Dentro de su compartimento a oscuras, Li Banfeng abrió la mochila y comenzó a inventariar una por una las reservas de comida que aún le quedaban. \----- • Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ) • Autor: Salagusi (沙拉古斯) • Traductor: Inmensurable 🚂 ¡Pasajero, deja tu reacción y comentario para alimentar las calderas del tren 1160! ¡Tu apoyo mantiene la presión de vapor al máximo para acelerar los próximos capítulos! ⚙️
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El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.