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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 787 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé se quedó mirando al Devorador. Le devolvió la mirada. —¿Qué? —preguntó Noé. Sus pensamientos aún fluían lentamente, pero al menos avanzaban. No habría dicho que las grietas en su mente ya se habían sellado. Seguían ahí, pero los fragmentos de su mente seguían asentándose. Cuanto más tiempo pasaba fuera del vacío blanco, más claro se volvía todo. Quizás su alma simplemente se estaba acostumbrando a estar rota. —Oración —parloteó nervioso el ciempiés guía—. Oración. Las mandíbulas del enorme monstruo chasquearon. Luego emitió una tos áspera y áspera que, según Noah, debía de ser su intento de aclararse la garganta. —Soy el Corazón de la Ciudadela —repitió el Devorador. Hizo una pausa para darle más efecto—. Y he venido a negociar. —No. Te oí la primera vez —dijo Noah—. Pero ¿de qué cojones estás hablando...? “Oración”, canturreó el ciempiés más pequeño. Noah suspiró. Miró al más pequeño de los dos monstruos. "Para ya". "Oración." El ciempiés se encogió sobre sí mismo. Parecía que cuanto más asustado estaba, peor se volvía su vocabulario. Probablemente era justificable, dado que aparentemente había empezado a hablar hacía apenas unas horas. Noah volvió a mirar al Devorador. Frunció el ceño, el poder de sus runas aún corría por su cuerpo como ríos helados. El Devorador no le había parecido el tipo de monstruo que se rendía. Sobre todo después de una mísera pelea. Pero tampoco parecía conspirador. Eso no significaba que pudiera permitirse bajar la guardia. "¿Por qué?", preguntó Noah, sin dejar que su magia se desvaneciera. Se mantuvo alerta, listo para entrar en acción al menor movimiento de la enorme criatura. Cabía la posibilidad de que todo esto solo fuera para impedirle crear una Formación, pero tenía más de una forma de reaccionar ante un ataque sorpresa. "¿Por qué querrías negociar? No me pareció que fueras de los que se interesan por ese tipo de cosas". —Me lastimaste —dijo el Devorador, estremeciéndose levemente al oír sus propias palabras—. Me dolió. Noé parpadeó. De todas las explicaciones que pudo haber obtenido, esa fue la que menos esperaba. El Devorador era, aunque nada comparado con la Sombra de la Noche, un monstruo enorme. Era tan grande que Noah aún no había visto su tamaño completo. La mayor parte desapareció en la oscuridad del pasillo trasero, adentrándose en la Ciudadela Perdida. El único corte que le había infligido con Sunder no podía haber sido más que un pinchazo de aguja. El Devorador se estaba rindiendo funcionalmente por el equivalente a un corte de papel. —Estás bromeando —dijo Noah, sin poder contenerse—. ¿En serio? —Sí —dijo el Devorador. Su boca se movió, con docenas de dientes afilados ondulando en un patrón inquietantemente hipnótico—. Mi propósito es persistir. Consumir. No puedo morir. Tienes el poder de matarme. Por lo tanto, no deseo luchar contra ti. Todos estos años atrapado en la Ciudadela... y es una cobardía. No puedes ser real. Si vas a vivir así, ¿qué sentido tiene vivir? —Tenía la impresión de que estabas deseando escapar de la Ciudadela —observó Noé—. ¿Creías que nada de lo que había afuera podría hacerte daño? “No consideré la posibilidad de resultar herido”, dijo el Devorador. “Algo así nunca ha ocurrido. He adaptado mi estrategia al adquirir nuevos conocimientos. Ese es mi propósito. He evolucionado”. Creo que involucionar sería más... espera. ¿Nunca? ¿Nunca te han hecho daño? —preguntó Noah, parpadeando sorprendido—. ¿Cómo es posible? Te haces llamar el Devorador. Seguro que al menos una de las cosas que comiste se opuso a convertirse en comida. El enorme ciempiés se quedó mirando a Noé. No parecía comprender su pregunta, como si le hablara en un idioma que jamás había oído. Esto es extraño. —Olvídate de eso entonces —dijo Noah. Se tomó un momento para ordenar sus pensamientos mientras miraba al Devorador—. Dijiste que eras el Corazón de la Ciudadela. ¿Hablabas en serio? —Esto no es un regateo —dijo el Devorador—. Estás haciendo preguntas. Debes ceder a cambio. Exijo... —Te quedas con tu vida —dijo Noah—. Y solo por ahora. No he accedido a nada. Si quieres evitar una pelea, no estás en condiciones de negarte a dar respuestas. Los múltiples rostros del Devorador cambiaron mientras sus ojos se entrecerraban con furia. Las fauces de sus dientes se crisparon como si intentaran masticar el aire, y los ojos rojos y fundidos del monstruo se posaron sobre Noah como dos soles ponientes. “No me gusta este regateo”. —Entonces elegiste a la persona equivocada para negociar —respondió Noé—. Respuestas. O peleamos... y de todas formas obtengo las respuestas. No las voy a dejar escapar ahora que sé que las tienes. Las mandíbulas del Devorador chasquearon con desagrado. Permaneció en silencio durante unos breves instantes. Luego, emitió un lento siseo. “Yo soy el Corazón. En verdad.” "¿Me estás diciendo que la gente que hizo la Ciudadela construyó todo el edificio contigo?" preguntó Noé con incredulidad. ¿Qué tan estúpido puedes ser? Es como crear una bomba del Juicio Final, atarla a la puerta de tu casa y sorprenderte cuando te matan al abrirla. —No —respondió el Devorador. Una contracción recorrió todo su cuerpo quitinoso en una ola de escamas negras—. El Corazón fue consumido. Lo absorbí, pero no dejó de existir. Nos convertimos en uno. Soy el Devorador y soy el Corazón, pero el Devorador no es el Corazón. Ah. Bueno, eso tiene un poco más de sentido. La Bomba del Juicio Final no estaba atada a la puerta. Simplemente la pusieron en la mesa del comedor. Un poco menos estúpido. Sigue siendo estúpido. —Entonces, ¿los investigadores de este lugar te obligaron? —Sí —dijo el Devorador—. Soy la penúltima creación. La perfección de la Investigación de la Ciudadela. Soy perfecto. Riachuelos de líquido negro resbalaban de las caras que cubrían el cuerpo del monstruo, silbando y salpicando el suelo. Noah intentó no mirarlo demasiado de cerca. Parece que se desviaron unos miles de metros de la perfección. No creo que las cosas perfectas tiendan a tener fugas. —Cierto —dijo Noah, intentando sonar un poco más convencido—. ¿Te das cuenta de que penúltimo significa que había otro? ¿No significa eso, por definición, que no eres...? “Lo supremo nunca llegó a existir. Ya era perfecto”, siseó el Devorador mientras una repentina punzada de ira penetraba sus palabras. “No hay nadie más grande que yo”. ¿Celosos, verdad? Creo que empiezo a entender cómo se dejaron devorar. Crearon una especie de supermonstruo rúnico y luego le dijeron que solo era un paso en su plan para... bueno, lo que fuera que estuvieran buscando. Luego se los comió. Está bien, honestamente. —¿Y ninguno de los investigadores logró defenderse cuando usted decidió que ya no eran necesarios? —preguntó Noé. “Sin más investigación, no podía existir nadie más que yo. Yo era lo máximo. Todo por lo que trabajaron. ¿Quién podría oponerse a la culminación final de todos sus esfuerzos?”, preguntó el Devorador. Sus numerosos ojos parpadearon, como si intentaran detener el torrente de fluido que emanaba de ellos. “Aceptaban su destino. Su destino como parte del Devorador.” Noah sintió asco. —¿No están... ahí dentro, verdad? “Sólo existe el Devorador y el Corazón.” Eso, al menos, fue un alivio. Había límites a lo que Noah estaba dispuesto a aceptar. Los asesinos eran una cosa. Si el Devorador hubiera mantenido almas atrapadas en su interior, habría sido otra. Noé meneó la cabeza. La Ciudadela en su totalidad... no había sido solo un centro de investigación. Había sido una especie de secta. Y, como suele ocurrir, implosionó. Qué desperdicio. Quienesquiera que fueran estos investigadores, eran claramente brillantes. También les faltaba un poco de inteligencia básica, pero sabían lo que hacían con las runas. Nunca había visto una sala de entrenamiento como esa. Y había 750 de esas dispersas por aquí. Podría haber sido un centro de conocimiento sin igual, y se dedicaron a crear un maldito monstruo psicópata en lugar de hacer algo realmente útil. Clásico. —¿Qué pasa con la red? —preguntó Noah—. ¿Los otros puntos de acceso...? —Sin el Corazón, la Red no puede existir —dijo el Devorador—. Este lugar no tiene ninguna función sin mí. Por supuesto. ¿No hay forma de repararlo? ¿El Corazón no se puede reemplazar? Estaría dispuesto a ir a... —El Corazón es irrepetible. Todas las imbuciones que llenan la Ciudadela se basan en él —dijo el Devorador con lo que solo podría haber sido orgullo en su voz—. No pueden existir el uno sin el otro. Mierda. "El Punto de Acceso 4 parecía funcionar perfectamente", observó Noah. "Y no estaba conectado al Corazón ni a la Red". —Fragmentos de lo que una vez fue —dijo el Devorador con una mueca siseante—. Los propósitos de esta instalación están cumplidos. Ellos me crearon. No se necesita nada más. —Lamento discrepar —dijo Noah—. Pero no estás argumentando bien por qué debería trabajar contigo. Te comiste el Corazón y convertiste la Ciudadela, según tus propias palabras, en fragmentos de lo que solía ser. Resulta que este lugar me interesa bastante. Entonces, ¿para qué te necesito? Si los fragmentos quedan atrapados para siempre como fragmentos, ¿quién necesita el Corazón? El Devorador se detuvo. Parecía que el enorme monstruo no lo había considerado del todo. Noah entrecerró los ojos. No había estado fanfarroneando. Aunque dudaba que luchar contra el aparentemente interminable ciempiés fuera difícil, no podía dejar una amenaza como esta a sus espaldas sin una buena razón. El Devorador no tenía nada redimible. Si no le servía de nada... entonces tenía que morir. —No puedes —dijo el Devorador—. No puedes luchar contra mí. —¿Por qué? —preguntó Noah. Sus venas se ennegrecieron al extraer Sunder—. Aún no me has dado una sola buena razón. El Corazón se ha ido, ¿verdad? No tienes nada con qué negociar. Ya te lo comiste todo. Sin Corazón, no hay red. Y sin red... este lugar no me sirve de nada. —No —dijo el Devorador—. Soy el Corazón. Persiste. La red puede ser... Y entonces el Devorador se interrumpió. Debió de darse cuenta de lo que hacía, pero ya era demasiado tarde. No podía callar. Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Noah. —¿La red se puede reparar? —adivinó Noé—. Eso es lo que ibas a decir, ¿no? Solo tengo que devolverte a donde perteneces. El Devorador siseó una advertencia. "¿Tan ansiosa estás por buscar tu propia muerte? Soy el Devorador de la Ciudadela. No soy tan fácil..." —Viniste a negociar conmigo, ¿verdad? —preguntó Noah—. Así que negociemos. O, mejor aún, apostemos. Una tarea sencilla. Lo que se te da mejor contra lo que se me da mejor a mí. Víctor se lo lleva todo. ¿Qué te parece? Las mandíbulas del Devorador chasquearon. Sus ojos rojizos se clavaron en Noah durante un largo instante mientras una onda le recorría el cuerpo, desapareciendo en la oscuridad. Luego descendió ligeramente. "Elaborar." —No hay mucho que decir —respondió Noé—. Eres el Devorador. Quiero que me devores. Dame acceso a tu espacio mental. Te encontraré allí, armado solo con mi propia alma. Si logras consumirla... ganas. Eso es todo. Obtendrás mi poder. Me aparto de tu camino, y la Ciudadela es tuya para que hagas lo que quieras. Devoré el Corazón de la Ciudadela. ¿Crees que un simple hombre puede enfrentarse a la inmensidad de mi existencia? ¿Por qué renunciarías a la única ventaja que tienes sobre mí? —preguntó el Devorador—. Eres un necio. —Entonces será un trato fácil —dijo Noé—. Y, por supuesto, si no logras consumir todo lo que soy... ocurrirá lo contrario. Volverás a ser el Corazón de la Ciudadela. El Devorador entrecerró los ojos. Lo observó en silencio por un instante. Entonces, sus fauces, repletas de colmillos, se deformaron en lo que solo pudo ser una sonrisa. —Acepto —dijo el Devorador con una risa siseante—. Mi espacio mental está al descubierto. Ven. No tardaré mucho. —Esa —dijo Noé, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa y sus ojos se encendían como dos pequeños charcos de luz solar derretida— es una desafortunada elección de palabras.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 787

Estás leyendo el capítulo 787 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 24 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.