Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 782 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Hace cuatro meses.
Isabel voló de regreso sobre el suelo cubierto de escombros de la oscura cueva que había sido su hogar durante el último mes. Su espalda blindada impactó contra la pared con un fuerte estruendo. El aire escapó de sus pulmones en un quejido de dolor al caer al suelo, aterrizando sobre una rodilla.
Todo su cuerpo —a excepción de la cabeza— palpitaba de dolor. Sentía las extremidades como plomo a los costados y el corazón le latía con fuerza en el pecho, intentando en vano bombear suficiente sangre para mantenerla en movimiento.
La sangre manaba de más heridas de las que podía contar, manchando su ropa sucia bajo la piedra agrietada que la cubría. El zumbido de sus runas en el fondo de su mente era un lejano recordatorio de que sus reservas se agotaban, pero ya le costaba casi todo mantener activo su patrón.
—¿Sentada? ¿En medio de una pelea? —La voz fría y cruel de Alice resonó en la habitación como un cuchillo—. ¿Eres una niña o una mujer? Levántate. Si mueres, muere con los pies en la tierra y el trasero fuera del suelo. Será lo último que hagas. Más te vale asegurarte de hacerlo bien.
Isabel apretó los dientes. Se apoyó contra la pared. Piedra contra piedra rechinaba mientras se obligaba a incorporarse. Una ola de vértigo la invadió, amenazando con arrastrarla bajo las olas de inconsciencia que golpeaban los confines de su mente, pero la reprimió.
Llevaba casi una hora luchando contra Alice. Igual que todos los días del último mes. Igual que Todd todos los días del último mes, y, presumiblemente, igual que todos los demás.
Isabel no lo sabía con certeza. Después de que Alice prácticamente los secuestrara, la única otra persona que Isabel había visto era a Todd. Los demás habían sido separados, llevados a diferentes habitaciones de la red de cuevas en la que estaban atrapados.
Pero no había forma de saber con certeza dónde estaban los demás ni cómo se encontraban. Las cuevas estaban mágicamente impregnadas de algo que Isabel jamás había visto. Era como si estuvieran atrapados en una burbuja invisible. Por mucho que ella y Todd lucharan por liberarse, el poder invisible que los aprisionaba era impenetrable.
—¡Que te jodan! —siseó Isabel, escupiendo sangre al suelo. El mero esfuerzo de pronunciar esas palabras fue casi demasiado para ella.
De reojo, vio a Todd intentando incorporarse. No lo conseguía. Su armadura se había roto, sin energía para sostenerla más. Estaba completamente exhausto.
Alice sonrió con suficiencia. El uniforme de la mujer estaba impecable, sin un solo rasguño. Se mantenía tan limpio y perfecto como al comienzo de la pelea. A pesar de los esfuerzos de Isabel y Todd, ni siquiera habían logrado manchar su cabello blanco con una mota de polvo.
—Tus palabras te están llevando a peleas que tu cuerpo no puede soportar —dijo Alice, avanzando hacia Isabel como una puma acechando a una presa exhausta—. No te queda nada. Otra vez.
—¿Te sientes fuerte derrotando a gente de la mitad de tu rango? —preguntó Todd con voz ronca desde el suelo—. Quizás debería buscarte un conejo para que lo patees mientras tanto.
—Me aburrí de los conejos hace mucho —respondió Alicia sin siquiera mirar a Todd. Se detuvo frente a Isabel. Isabel escupió sangre a la otra mujer, pero salpicó una pared invisible a centímetros del rostro de Alicia, deslizándose inofensivamente por la barrera.
—¿Eso es todo? —preguntó Alicia, ladeando la cabeza—. ¿O piensas derrotar a todos tus oponentes escupiéndoles? Ten cuidado. Conozco a unos cuantos que podrían estar interesados en eso. Vas a necesitar más que…
Todd chasqueó los dedos.
Isabel extendió la mano con la última pizca de energía que le quedaba. De su palma brotó un azul intenso, y una fina daga de energía cian cristalina se materializó en su mano. La hoja atravesó la barrera invisible que rodeaba a Alice como si fuera de papel.
Se oyó un golpe seco cuando la hoja se detuvo bruscamente.
La mirada de Isabel se posó en ella. Su mano se había detenido a un centímetro del pecho de Alice; la punta de su arma resplandeciente apenas rozaba el uniforme sobre el corazón de la otra mujer. Un dolor punzante le quemaba la muñeca donde Alice la había sujetado con fuerza justo antes de que el disparo la alcanzara.
Alice siguió la mirada de Isabel hasta la daga.
—¡Mierda! —exclamó Isabel. Los últimos vestigios de su magia se desvanecieron. Su patrón se desvaneció; su concentración ya no era capaz de sostener la avalancha de golpes que había estado visualizando.
—Has traspasado mis defensas —dijo Alice. Su voz era indescifrable, y sus rasgos no revelaban más de sus verdaderos pensamientos que sus palabras. El rostro frío de la mujer era completamente inescrutable. —¿Cómo?
Isabel miró a Alice.
Luego le escupió en la cara a la mujer.
Esta vez, no hubo magia que lo impidiera. La sangre salpicó la pálida mejilla de Alice, desfigurándola como si fuera un cadáver sobre un campo de nieve fresca.
Alice ni siquiera reaccionó. Su mirada se posó en el suelo, en la tierra marcada bajo sus pies, plagada de escombros y chamuscada por las llamas y explosiones de combates anteriores. Entonces abrió mucho los ojos. Se giró para mirar a Todd, y por fin se percató de la más reciente de las grietas que surcaban la piedra.
—Hay un patrón —murmuró Alice—. Antes no estaba. ¿Creaste una Imbuición mientras luchábamos? ¿Es este… el patrón de un Destripador de Magos? ¿Modificado para impedir la presión rúnica en lugar de las Imbuiciones?
—No. Son simples arañazos en el suelo que casualmente formaron un bonito dibujo —dijo Todd—. Te lo estás imaginando.
La atención de Alice volvió a centrarse en Isabel. "¿Lograste traerme hasta aquí, específicamente para que cayera en el patrón y así tener la oportunidad de intentar matarme con una habilidad que no has usado ni una sola vez en el mes que te he tenido aquí?"
—Dame un segundo —dijo Isabel—. Tengo la boca seca. Estoy intentando reunir un poco más de saliva para responder a tu pregunta.
—Si hubiera estado un poco más débil o distraída, aunque fuera mínimamente, eso me habría matado —dijo Alice—. ¿Tan decidida estás a matar a alguien que te acaba de salvar el pellejo de acabar encerrada en una celda y ser torturada durante el resto de tu vida?
—¿Qué hiciste con los demás? —gruñó Isabel—. Solo intentas usarnos en contra de Noah. Eso no va a pasar. No somos herramientas.
“Y matarías por eso. Sois un par de asesinos natos.”
—No nacimos —dijo Todd. Se puso de pie tambaleándose y se limpió la sangre de la mejilla—. Fuimos creados. Y no por ti. Mientras nos mantengas aquí, no nos detendremos. Daremos un golpe de suerte. Encontraremos la forma de salir de aquí.
Alice guardó silencio un instante. Luego, ante la confusión de Isabel, sonrió.
“¡Bien hecho! Sin dudarlo ni un segundo. Empezaba a preocuparme de que no estuvieras al nivel que esperaba, pero parece que te subestimé por completo. Jamás pensé que tendrías la paciencia de esperar tanto tiempo solo para intentar averiguar de qué soy capaz y así encontrar la forma de acabar conmigo de un solo golpe. Puede que seas uno de los mejores hasta ahora.”
Alice apartó la mano de Isabel con un movimiento rápido, haciendo que la daga azul girara fuera de su agarre. El arma se desvaneció en el instante en que la soltó. Isabel ya no tenía fuerzas para recuperarla. No pudo hacer nada más que observar cómo su mano caía a su lado mientras Alice retrocedía un paso.
—¿Dónde están los demás? —preguntó Isabel entre dientes—. ¿Qué les hiciste?
“Por supuesto que los liberé.”
La ira se apoderó de Isabel. —¡Tú…!
—Lo digo literalmente —dijo Alice—. No los maté. Varios de tus amigos ya no están en este sistema de cuevas. Vagan por todos los rincones de Obsidia, haciendo lo que les da la gana.
Isabel miró fijamente a Alice. —¿Qué?
—La mitad de la razón por la que los separé fue para evitar que alguien los encontrara por el hedor de sus almas —dijo Alice con frialdad—. Mantener a la mitad de ustedes encerrados en un espacio tan reducido nunca fue una solución a largo plazo. Tenía que dispersarlos.
—¿Me estás diciendo que nos mantuviste atrapados en una jaula y simplemente… ¿qué?, ¿liberaste a todos los demás? ¿Y esperas que nos creamos eso? —exigió Todd.
—No —dijo Alice—. Conservé a todos. Cuido bien mis inversiones. Los demás simplemente estaban listos mucho antes. Tú tardaste más que casi todos los demás en lograr un buen intento de matarme.
—¿Estabas… esperando a que intentáramos matarte? —preguntó Isabel, todavía tratando de recuperar el aliento y reunir la poca magia que podía.
—Obviamente —dijo Alice—. No estamos en Arbalest. No podía soltar un montón de peces de río en el mar. Te devorarían vivo. Tenía que asegurarme de que tuvieras lo necesario, y un mes era todo lo que podía dedicarle a eso.
—¿De verdad quieres que crea que esto era solo un ejercicio de entrenamiento? —preguntó Isabel, con el labio superior curvado en una mueca—. ¡Menuda tontería! Pero incluso si me lo creyera… ¿y si no hubiéramos intentado matarte? Nos habrías retenido aquí para siempre.
—Sí —dijo Alice encogiéndose de hombros—. O podría vestirlas a las dos con uniformes de sirvienta y encerrarlas en mi mansión. Está llena de polvo. No tengo mucho tiempo para relajarme, así que les espera una buena limpieza. Por suerte para ustedes, aprobaron. La última de todo el grupo, cabe añadir. Moxie intentó matarme a los pocos días, cuando quedó claro que Noah no iba a volver. Además, fue la que más cerca estuvo de lograrlo.
—¿Pretendes que nos creamos que Moxie se marchó así como así mientras tenías a todos prisioneros aquí? —Isabel soltó una risita cansada—. Ella jamás haría eso.
—Claro que no —dijo Alice—. Tuve que prácticamente empujarla a través de un portal para evitar que me arrancara el cuello. Por suerte, Obsidia es enorme. Mucho más grande que Arbalest… y no tiene ni idea de dónde estamos.
Isabel apretó la mandíbula. —¿Todo para que no nos detecten? No somos tontos. Obviamente hay algo más. Podrías haber dicho todo esto si de verdad solo intentabas ayudarnos a evitar que nos detectaran.
—¿Cuándo dije que solo intento ayudarte? —Alice soltó una risa gélida—. Pero da igual lo que pienses. Yo tengo mis objetivos… y tú los tuyos. Ahora bien, ¿ciudad o naturaleza?
—¿Qué? —preguntó Todd.
—¿Ciudad o naturaleza? —repitió Alicia—. Te daré esa opción. Tú decides adónde te envío. Y no preguntes adónde envié a los demás. No los volverás a ver. No en un buen tiempo. Es imposible que te los encuentres por casualidad. Los estoy poniendo lo suficientemente lejos unos de otros como para que eso sea completamente imposible antes de lo previsto.
Isabel apretó los puños con rabia a los costados. —Tú…
—¿Qué quieres decir con horario? —preguntó Todd bruscamente. Se apoyó en la pared para no caerse, con la mirada fija en Alice mientras sus pensamientos se movían rápidamente por su rostro—. Noah…
—Noé ha muerto. No va a volver. Ha pasado un mes. Los planes han cambiado. Si quieres vivir, solo puedes pensar en ti —dijo Alicia con voz monótona—. Y tu silencio significa que yo decidiré por ti. Que así sea.
Alice chasqueó los dedos y un disco de furia mágica roja se abrió a sus pies. Luego señaló a Todd con la mano libre. Él maldijo al ser arrancado del suelo por una fuerza invisible. Lo empujó por el suelo, sin apenas darle tiempo a reaccionar.
Isabel se inclinó hacia adelante. No fue lo suficientemente rápida. Todd cayó dentro del portal, desapareciendo en el furioso disco rojo con un chasquido seco.
Cualquier pensamiento de respuesta se desvaneció de la mente de Isabel. Que Alice se pudriera. No iba a permitir que la separaran de Todd. Se abalanzó sobre el disco rojo giratorio, pero la mano de Alice la sujetó por la nuca y la detuvo en seco.
—¡Déjenme ir! —gritó Isabel.
—Seis meses —dijo Alice—. El Torneo del Sendero Celestial. Me he tomado la libertad de inscribiros a ti y a Todd. A ti y a todos los demás a los que estoy vigilando. Si queréis volver a verlos, os recomiendo que lleguéis a tiempo. No admiten retrasos. Y haced lo posible por sobrevivir hasta entonces. Sería una lástima que algo os matara.
Y Alice empujó a Isabel hacia el portal, y el mundo fue engullido por el furioso siseo de la magia roja.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 782
Estás leyendo el capítulo 782 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.