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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 783 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El eco de los pasos resonaba en los pasillos; el repiqueteo de los tambores, que eran las patas del ciempiés, se unía a los golpes más pesados y lentos de los propios pasos de Noé. Todo ello llenaba la oscuridad de los techos abovedados con una pesada sensación de inmenso vacío. Noah hizo todo lo posible por no quedarse boquiabierto. Seguía intentando proyectar una imagen de control, y no podía permitirse que su concentración se dividiera con la mente tan dispersa. Pero incluso con tres versiones distintas de sí mismo concentradas en adentrarse en la Ciudadela Perdida, no pudo evitar contemplar lo que, en algún momento, debieron ser grandiosos salones. Aquello no era una red de cuevas ni una antigua catacumba. Era —o al menos, lo había sido— hermoso. Enormes estandartes colgaban del techo, deshilachados y descoloridos. Noah ni siquiera podía imaginar lo difícil que había sido confeccionarlos. Claramente habían sido tapices, pero cualquier rastro de diseño en su superficie había desaparecido hacía mucho tiempo con el paso del tiempo, y solo quedaban tenues vestigios de su antiguo color rojo. Incluso las propias paredes habían sido una obra de arte en algún momento del pasado. Aún se conservaban restos de oro que habían adornado los bordes de las piedras cuidadosamente seleccionadas. Alguien se había esmerado enormemente en embellecer este lugar. ¡Menuda ayuda les había hecho! Columnas recorrían el salón, sus grandes superficies de mármol agrietadas y rotas. Solo unas pocas permanecían en pie. Antaño habían sostenido el techo, pero ahora Noah sospechaba que no sostenían casi nada. Las columnas se mantenían unidas únicamente por el gran propósito que alguna vez tuvieron. El más mínimo roce podía hacerlas derrumbarse. A ambos lados del vestíbulo había puertas, todas de tamaño mucho más normal que la que había usado para entrar, pero los escombros las bloqueaban. A menos que quisiera excavar entre la piedra, claramente inestable… el único camino a seguir era hacia adelante. Ni Noé ni el ciempiés volvieron a hablar mientras avanzaban. El sonido de sus pasos era lo único que los acompañaba. Más allá de las profundas marcas en el suelo y las paredes que señalaban el paso del Devorador, no se veían rastros de la gran bestia. Era como si se hubiera desvanecido. A Noah no le preocupaba demasiado. El Devorador le daba igual. Era solo otro monstruo. Otro obstáculo en su camino hacia la victoria. Y ahora mismo, cuando su solución para casi todo era usar un mazo mágico, un obstáculo más no suponía ninguna amenaza. El sendero descendía, llevando a Noé y al ciempiés por un camino sinuoso que los adentraba en la tierra. A medida que avanzaban, pasaron junto a docenas de otros pasadizos. Algunos parecían bastante transitables, pero el ciempiés ni siquiera los miró. Eso le venía de maravilla a Noé. Fuera lo que fuese, estaba claro que no era el camino principal. Y si quería averiguar dónde había acabado y cómo podía encontrar de nuevo a Moxie, Lee y los demás, tendría que encontrar el corazón de aquel lugar. Una biblioteca. Un núcleo. Algún tipo de registro. Cualquier cosa, en realidad. Solo necesitaba información. Y, a juzgar por lo que decía, el ciempiés parecía saber adónde iba. Avanzaba con paso firme. Por muy aterrador que fuera el Devorador o cualquier cosa dentro de la Ciudadela Perdida… Noé estaba más cerca. Y él era mucho menos paciente. —¿Cuánto falta? —preguntó Noé—. ¿Adónde vamos? —El Corazón —respondió el Ciempiés, con un parloteo tembloroso de temor; o tal vez simplemente la voz robada le estaba causando problemas. Noé aún no sabía cómo había aprendido a hablar. Quizás le había arrancado las cuerdas vocales a Sebastián. Ese era un problema para otro tiempo y otro Noé. Continuaron adentrándose, cada vez más en los laberínticos pasillos. La Ciudadela Perdida jamás perdió su grandiosidad. Sus creadores no habían escatimado en gastos. Los estandartes desgarrados no se limitaban al vestíbulo. Un río descolorido de tela vieja y mohosa se extendía majestuosamente, demostrando que en su día había sido tan fastuoso como en sus inicios. Noah no sabía cuánto habían caminado. Ya de por sí era bastante malo para calcular el tiempo. Ahora, con destellos de la Línea aún apareciendo y desapareciendo de su visión, con las grietas royendo su alma y el vacío blanco llenando sus huecos como plastilina, apenas podía evitar que su mente se desmoronara como un castillo de arena en una playa tormentosa. Entonces el ciempiés se detuvo ante uno de los pasadizos laterales. Este era algo más grande que muchos de los otros, con diseños que sobresalían alrededor de la entrada. No se detuvo a inspeccionar nada. El ciempiés simplemente entró, y Noé lo siguió. Continuaron adentrándose en la oscuridad. Pero este nuevo pasadizo no los hizo esperar mucho. Tras apenas unas pocas vueltas hacia el interior de la tierra, se abrió de par en par para dejarlos caer sobre una plataforma construida en la pared y suspendida sobre un mar de oscuridad. Noah no encontraba otra palabra para describirlo. Una amplia extensión de piedra se extendía ante él, a varias decenas de pasos en todas direcciones, alejándose de la pared y de la puerta que habían cruzado. Lo único que había en su superficie era un atril. Y más allá, nada. La oscuridad de la habitación era tan densa que no podía distinguir nada más allá del borde de la plataforma. No se trataba de una oscuridad mágica. Noah había visto suficiente de esa como para reconocerla. Fuera lo que fuese esa sombra, provenía simplemente de una ausencia de luz tan completa y absoluta que ni siquiera los destellos de la Línea que centelleaban ante sus ojos podían iluminarla. El ciempiés chilló inquieto. “Corazón”. Noah entrecerró los ojos, escudriñando las sombras que lo aguardaban. No había nada que encontrar en ellas. Lo único que había en la habitación, además de las sombras, era el podio de piedra al borde de la plataforma. Incluso en su estado actual, no le resultó difícil adivinar con qué esperaba el Ciempiés para que interactuara. Atravesó la plataforma con paso firme y se dirigió hacia la protuberancia que lo esperaba. La oscuridad no bastaba para ocultar los más mínimos indicios de una Imbuición en la piedra. El paso del tiempo y el polvo habían cubierto gran parte de las líneas, y las sombras, desde luego, no contribuían a la claridad visual. ¿Qué era este lugar? ¿Una especie de sala de control? Imposible. Eso habría sido más profundo, y el camino principal se extendía mucho más. Esto es otra cosa. Noah pasó la mano por la superficie del podio, intentando revelar algunos de los patrones que habían sido imbuidos en él. Una chispa de energía surgió al instante en que su palma tocó la piedra. Le quemó la piel. Noé retiró la mano bruscamente, pero era demasiado tarde. Una luz blanca y abrasadora rasgó la superficie de la piedra como el sol irrumpiendo tras un denso manto de nubes grises de tormenta. Las líneas surcaban el podio, serpenteando hacia la plataforma a los pies de Noé. Un estruendo sacudió el suelo. Escombros y polvo caían del techo. Y entonces, en las sombras de la sala, más allá de donde estaba Noé, las líneas surgieron con rapidez. Se entrelazaron en un instante, iluminando con su luz una enorme formación de piedra que se alzaba en el centro de la habitación. Era ancha en la base, fácilmente del ancho de una pequeña manzana, pero se retorcía en punta en la parte superior, casi como un tornado de piedra invertido. Las brillantes líneas blancas alcanzaron la cima de la extraña montaña, y un orbe de luz blanca abrasadora surgió de repente. La luz parpadeó un instante. Luego giró, y líneas ondulantes se extendieron por su brillante superficie formando rasgos. Noé se cubrió el rostro con las manos y entrecerró los ojos para ver a través de la repentina y cruda luz. El orbe se estiró ligeramente por los lados, adquiriendo forma ovalada. Una mancha oscura apareció en su centro. Luego parpadeó. Esto no era un orbe. Era un ojo. “Punto de Acceso 4 activado”. Una voz metálica chirrió desde algún lugar dentro del ojo. Cada palabra fluía con mayor suavidad que la anterior, como si años de desuso se desvanecieran con cada palabra. “Intentando establecer conexión con el Punto Corazón”. Hubo una breve pausa. Luego, el ojo chisporroteó, como una vela al viento. Un chillido ensordecedor resonó en la habitación, clavándoselo a Noé como una estaca en los oídos. Siseó, tapándose la cabeza con las manos, pero el ojo ya estaba hablando. “Fallo de conexión. Las imbuiciones del Corazón están desconectadas de la red. Intentando establecer conexión con la red de respaldo.” Esta vez, Noé logró taparse los oídos con las manos antes de que el estridente sonido de advertencia volviera a rasgar el aire. “Fallo de conexión. Este punto de acceso está aislado del resto de la Ciudadela. Investigador, localice inmediatamente a su supervisor. Es probable que la Ciudadela haya sufrido daños críticos.” Noé se preparó, pero no se oyeron más ruidos. Lentamente bajó las manos de sus oídos, mirando fijamente el ojo brillante. Parecía estar observándolo. —¿Dónde estamos? —preguntó Noé. —Este es el Punto de Acceso 4. Nombre informal: Biblioteca —respondió el ojo. ¡Vaya suerte! Una biblioteca… seguro que tiene algunos registros, ¿no? Y parece que no reconoce que no soy uno de sus investigadores. Eso significa que debería ayudarme, ¿verdad? —¿Tienes acceso a los registros? —preguntó Noé—. ¿De la Ciudadela? ¿Dónde está ubicada? No puedo ayudarle con esta consulta. La conexión con Heart ha fallado. Las consultas que están fuera del alcance de esta biblioteca son imposibles. Se recomienda que busque un supervisor. Noé parpadeó. “¿Cuántas bibliotecas hay en la Ciudadela? Seguro que lo sabes. Puntos de acceso. ¿Cuántos hay?” “Setecientos cincuenta, según el último informe de conexión que recuerdo”, informó el observador. “Ninguno de ellos es accesible. La red está caída”. ¡Joder! ¿Hay 750 bibliotecas? ¡Qué mala suerte! Con suerte no encontraría una… y parece que esta no tiene nada de discos. ¡Maldita sea! —¿Conoces la ubicación de otros puntos de acceso? —preguntó Noah. Luego hizo una pausa, una nueva idea le asaltó—. ¿Cuánta energía te queda? ¿Puedes seguir activo? Las reservas personales de este Punto de Acceso están intactas. No hay fecha de finalización prevista para esta ubicación. Desconozco la ubicación física de otros Puntos de Acceso. Esta información excede el propósito de este Punto de Acceso y requiere una consulta al Corazón. ¿Una Imbuición autosostenible, entonces? ¡Joder! Eso es avanzado, sobre todo para algo tan grande. Pero es una pasada. —¿Qué tienes, entonces? —preguntó Noé—. ¿Cuál es la función de este punto de acceso? “La función principal del Punto de Acceso 4 es servir como Biblioteca de Investigación Rúnica”, respondió el ojo. “Estas funciones siguen activas. No se han visto afectadas por los daños en la red, pero se recomienda que este investigador contacte inmediatamente con un supervisor”. ¡Joder! ¿Investigación rúnica? ¿Libros de combinaciones y demás? ¡Imposible dejarlo pasar! Aunque sea inútil, es la investigación que hacían fuera de Arbalest. Es invaluable, ¿verdad? Y si consigo suficientes Runas Espaciales, podría teletransportarme fuera de aquí. —Activa la directiva principal —dijo Noé—. ¿Tienes runas en...? Un estruendo resonó en la habitación. Más polvo cayó del techo. Noah retrocedió un paso, y una mano descomunal se alzó sobre el borde de la plataforma. Venas de un blanco incandescente palpitaban en su superficie metálica. La mano era tan grande como Noah, y no estaba sola. Una segunda mano se estrelló contra el otro lado de la plataforma. Un enorme gólem se alzó entre Noé y la imponente torre. Solo su mitad superior logró emerger de la oscuridad. Pero eso, por sí solo, bastó para triplicar la altura de Noé. Todo estaba hecho de plata pulida, recubierta con tantas capas que era prácticamente imposible encontrar un solo trozo de metal sin modificar. Su cabeza era el yelmo de un caballero medieval, y el único punto de luz que no era blanco eran sus ojos, que ardían de un rojo cereza. Un profundo zumbido surgió del interior del gólem. Acto seguido, una ola de fuerza golpeó a Noé, haciéndolo retroceder a él y al ciempiés varios metros. La presión se apoderó de él, amenazando con aplastar su dominio. Los ojos de Noé se abrieron de par en par. No cabía duda de lo que sentía. Fuerza Rúnica. El gólem de metal poseía Fuerza Rúnica. “Directiva principal activada”, informó el ojo desde detrás del gólem mientras el zumbido de las piezas mecánicas llenaba el aire. Espirales de magia blanca surgieron del interior del gólem al activarse las imbuiciones que lo cubrían, y sus ojos fundidos se fijaron en él. “Objetivo de investigación: Supervivencia”.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 783

Estás leyendo el capítulo 783 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.