Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 780 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—Mmm —dijo Noé, estirando el cuello para mirar las fauces voraces del enorme monstruo ciempiés que se cernía sobre él. Frunció el ceño un instante. Las palabras se enroscaban en su mente como volutas de humo, eludiendo su comprensión durante más tiempo del que estaba dispuesto a admitir—. No. No, no lo creo.
—Reza —dijo el pequeño ciempiés a la entrada de la habitación, con la voz temblorosa de terror. Seguía sin moverse del sitio donde Noé le había dicho que esperara. Al parecer, no sabía cuál de los dos le daba más miedo.
Eso era un problema.
Pero tendría que ocuparse de eso más tarde. Había otros asuntos más urgentes. Mucho más urgentes, de hecho.
—¿Qué? —preguntó el Devorador. Había un tono de decepción en su voz, como si hubiera esperado una reacción un poco más entusiasta a su discurso de llegada—. ¿Estás...?
—No —dijo Noé—. Desde luego que no.
La ira se encendió en los ojos del monstruo descomunal al ser interrumpido. El suelo retumbó al moverse, y más de su cuerpo se desplomó en la habitación con un estruendoso golpeteo de sus patas quitinosas contra la piedra. Parecía no tener fin. Simplemente se desvaneció entre las sombras de la Ciudadela, más allá de las puertas, como si fuera el primo insecto de Jörmungandr, esperando para devorar el mundo.
Solo había un problema.
—Eres muy osado —siseó el Devorador—. Después de todos estos años. Todo este tiempo. ¿Tienes la más mínima idea de a quién te enfrentas? Soy la culminación…
—Ayer me enfrenté a un monstruo gigantesco, capaz de destruir el mundo —dijo Noah. Inclinó la cabeza hacia un lado. Una docena de pensamientos le pasaron fugazmente por la mirada—. Oh, no. Eso no fue ayer. ¿Fue...? ¿Cuándo fue? Bueno, da igual. Fue hace poco. No he dormido desde entonces. O eso creo.
El Devorador miró fijamente a Noé. Sus mandíbulas se contrajeron. La frustración en el rostro del monstruo era tan evidente que, por un instante, podría haber pasado por un humano. Los numerosos dientes en su boca ondulaban como un ojo parpadeante. —¿Qué eres...?
—Decepcionante, ¿verdad? —preguntó Noah. Volvió a colocar la cabeza en su sitio—. Esperar un montón de tiempo solo para descubrir que aquello que esperabas no era para tanto. Parece que pasa muy a menudo. Demasiado a menudo. Quizá sea un patrón. Puede ser. Sin duda. Pero da igual. Ya lo sabes. Ya te lo dije, ¿no? Me cuesta un poco recordarlo.
Mientras las palabras brotaban de los labios de Noah, su mente giraba y hacía clic como los engranajes de un reloj al darle cuerda, y algo cambió. Una ola de poder recorrió su alma. La Sinfonía Hueca tembló en su interior. Zarcillos de su magia se extendieron por el cuerpo de Noah, enroscándose en él y ofreciéndole con avidez su poder.
Era algo que jamás había sentido. El poder de la runa era… diferente. No cabía duda de que era una runa, pero a la vez, era completamente ajeno a todo lo que conocía. Era a sus otras runas lo que el heavy metal al folk.
Ambas eran música… pero de un género completamente distinto. Ambas eran hermosas, pero la frecuencia con la que cantaban era totalmente diferente. La mente de Noah se habría llenado de asombro si hubiera estado un poco menos fragmentada. La cantidad de cosas que esto cambió, las preguntas que debería haber suscitado… tendrían que esperar.
En ese momento, simplemente estaba molesto.
—Mortales —dijo el Devorador con disgusto—. No eran dignos de presenciarme. Pero soy libre. Ya no estoy enjaulado. Ya no debo esperar. Y por ello, les doy las gracias. Se les concederá una muerte sin dolor.
El enorme ciempiés se volvió borroso. Sus patas cortaban el aire como mil cuchillas mientras se precipitaba hacia Noé a una velocidad increíble; todo su cuerpo era un hacha que se abalanzaba sobre su cabeza.
Un estruendo ensordecedor sacudió la caverna. La piedra se hizo añicos, los fragmentos giraron en todas direcciones y se estrellaron contra las paredes. Una enorme onda expansiva recorrió la sala, golpeando al pequeño ciempiés cerca de la entrada y lanzándolo contra la pared con un crujido seco.
El polvo caía del techo como una lluvia, y grandes trozos de escombros se desprendían de las paredes y se estrellaban contra el suelo como una granizada. Los murmullos desesperados de una oración resonaban en la habitación llena de polvo.
El Devorador se irguió de nuevo, chasqueando las mandíbulas. No quedaba rastro de Noé bajo él. Sus ojos se posaron en el monstruo más pequeño. Ni siquiera ahora se había movido. Al menos no voluntariamente. Aunque la salida estaba a una distancia que le permitía correr, el monstruo permanecía exactamente donde había caído, y el terror en su voz robada se intensificaba con cada instante que pasaba.
—Uno de los experimentos fallidos —gorjeó el Devorador con disgusto—. Qué público más patético. ¿De verdad el mundo ha olvidado lo que creó? ¿O es que ni siquiera se dan cuenta? Yo…
Un leve golpeteo resonó en la habitación. No era muy diferente del sonido de las patas quitinosas de un ciempiés golpeando el suelo en una marcha, pero el ruido no provenía de un insecto.
No parecía provenir de ningún ser vivo. El tambor resonaba en la habitación como una serpiente enroscada, atrayendo la mirada del Devorador en círculos mientras intentaba localizar el origen de aquel extraño ruido percusivo.
Notas agudas resonaron en la habitación mientras el redoble del tambor invisible se aceleraba cada vez más, pasando de una marcha a un crescendo frenético y arrollador.
Y entonces el sonido se cortó. Desapareció, apagado como una vela, solo para ser reemplazado por el crepitar sibilante del relámpago.
Entonces el redoble de tambores volvió a sonar. Había un aire errático y frenético en el sonido que resonaba en el aire como un grito de auxilio. La música —pues no había otra forma de llamarla— era rápida cuando debía ser lenta. Era lenta cuando debía ser rápida.
Su canto incesante no permitía respiro alguno. El Devorador retrocedió de golpe, escudriñando el entorno en busca del origen del ruido. Y entonces lo encontró. No en el suelo, sino suspendido cerca del techo, con las manos cruzadas a la espalda y la cabeza ladeada, sumido en una intensa concentración.
—¿Oyes eso? —preguntó Noé—. ¿Se está reproduciendo en voz alta? Nunca se sabe. Últimamente he estado oyendo voces. Quizá debería consultar con un especialista. Pero no contigo. Tú no eres a quien nosotros —yo— queremos ver.
Las mandíbulas del Devorador castañetearon de ira, pero ahora había algo más en su mirada.
Precaución.
Noah apenas lo notó. Su atención, dispersa, estaba absorta en el nuevo patrón que se desplegaba en el aire a su alrededor. No era la primera vez que insertar magia en su patrón creaba música.
Ya había ocurrido antes, cuando había usado el patrón para desarticular la magia que entraba en su dominio y usarla a su favor. En aquel entonces había habido canto de arpa. Y este patrón... era el mismo. Era el mismo, pero diferente.
La Sinfonía Hueca no le prestaba su poder a él, sino a su patrón. La runa que una vez perteneció a la Sombra de la Noche no era una que deseara ser invocada directamente. Tomaba su magia y la distribuía en un patrón por sí sola, casi como si tuviera una segunda mente concentrada en mantener el poder para él.
Noah no tenía que concentrarse en absoluto en el patrón. Esta era su canción, pero él no era el cantante. Él era el director de orquesta.
El siseo del tambor se ralentizó de nuevo, adaptándose a los deseos de Noah. Su violín se materializó en sus manos, el arco ya rozando las cuerdas mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Arcos rojos de caos crepitaban a lo largo del instrumento mientras una melodía de cuerdas nerviosa rasgaba el aire, fluyendo desde la Disrupción Desenredante para integrarse al patrón. La Sinfonía Hueca adaptó su melodía a su petición, la línea descendente del tambor al compás de su violín.
Y entonces el punteo de un arpa se unió a la canción. No era necesariamente la combinación que él habría elegido. Pero Chaos nunca se inclinó por la música armoniosa.
Los instrumentos se alinearon mientras Hollow Symphony los ajustaba, sometiendo la magia como un sabueso hambriento. Cada instrumento tejía sus propios hilos del tapiz que era una Formación. Cada hilo provenía de las runas de Noé. Y no solo de la Disrupción Desenredante. Las venas de Noé se tornaron negras como el azabache mientras la propia Sunder temblaba y prestaba su poder a la mezcla a petición de Hollow Symphony.
Y, en cuestión de segundos, quedó hecho.
Una formación que normalmente le habría llevado minutos a Noah crear se llenó tan rápido que apenas podía creerlo. El control adicional que le proporcionaba Hollow Symphony hacía que la formación, relativamente compleja, pareciera básica.
La risa de Noé resonó en la habitación como un trueno enloquecido. Incluso su voz siseaba con una magia que crepitaba en sus labios como una llama. El poder que emanaba de él era indescriptible. Era increíble.
Bajó la mirada hacia el Devorador. Sus odiosos ojos rojos lo taladraron mientras asimilaba al primer ser que veía desde la caída de la Ciudadela. Observaba a la existencia que, en incontables años, no le había temido en absoluto.
Noé liberó la Formación.
Una lanza de obsidiana se abalanzó desde el cielo. Su superficie brillante relucía, innumerables runas ardían con una voracidad insaciable sobre su superficie negra como la boca del lobo. La lanza cayó como un meteoro, dejando tras de sí rastros de energía oscura mientras se desplomaba en un instante.
El Devorador no tuvo tiempo de esquivar.
La lanza se clavó directamente en su espalda.
La quitina se hizo añicos. Fragmentos de caparazón negro crujieron y la lanza atravesó al monstruo, como un fugaz recuerdo, para clavarse en la tierra. Y entonces, tan rápido como se había formado, desapareció.
El Devorador aulló. Retrocedió de golpe, su cabeza golpeando el techo en su apresurado intento de escapar. Polvo y escombros cayeron como lluvia mientras los ojos del monstruo se clavaban en Noé, presa del terror.
En todos los años que había residido en la Ciudadela, en todos los años desde que estuvo atrapado… jamás había sufrido daño alguno. Un líquido negro brotaba de la herida del enorme monstruo, manando a borbotones por ambos extremos.
—¿Qué clase de magia es esta? —gruñó el ciempiés gigante—. ¡Soy el gran Devorador! ¡No puedo ser…!
—No tienes nada de grandioso —dijo Noah, con la vista nublada antes de volver a fijarse en el enorme monstruo. Song se enroscó a su alrededor mientras otra Formación surgía a sus pies. La mirada de Noah permaneció fija en el ciempiés mientras las comisuras de sus labios se curvaban en una sonrisa gélida—. He visto cosas grandiosas. ¿Pero tú? No eres más que un insecto.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 780
Estás leyendo el capítulo 780 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.