Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 778 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé se perdió.
Al menos, tan perdido como podía estar alguien que no tenía un rumbo fijo. La Ciudadela Perdida, Obsidia, dondequiera que estuviera... palabras sin sentido.
Los nombres solo importaban cuando tenían alguna relación con algo. Las indicaciones solo importaban cuando había alguna referencia que lo guiara. Y Noé no tenía nada de eso.
Su mundo entero eran pasadizos de piedra. No había ningún patrón perceptible. Ninguna diferencia entre una sala y otra. Quienquiera que hubiera decidido llamar a este lugar Ciudadela, claramente nunca había estado en una. Las ciudadelas tenían puertas. Si se trataba de una de las buenas, incluso tenían vidrieras ornamentadas que brillaban con un arcoíris de colores.
¿O eran iglesias? Ambas empiezan con C. Da igual.
En cualquier caso, este lugar no era una ciudadela.
Era un laberinto.
Solo había suelo empedrado y techos inclinados y tallados. Paredes de piedra desgastadas por los años y marcadas por las huellas de los monstruos que infestaban el lugar. Había muchos más de los que había imaginado.
Sus túneles eran lo único que rompía la monotonía de los grises pasillos, pasadizos excavados que se entrecruzaban por todo el laberinto purgatorial. Los túneles se habrían apreciado mucho más si no fueran en sí mismos otro laberinto aparte.
Esos malditos pasillos eran igual de confusos que los pasillos normales, y tres veces menos cómodos.
Noah había considerado más de una vez, y con distintas voces, abrirse paso a tiros para escapar de la mazmorra aparentemente interminable en la que se encontraba. Lo único que lo había detenido era ese pequeño resquicio de instinto de supervivencia que aún conservaba en lo más profundo de su ser.
Había demasiados monstruos como para atraer tanta atención. No tenía problemas para lidiar con algunos. Pero usar la magia suficiente para abrirse paso a través de una cantidad desconocida de piedra atraería demasiada atención y lo dejaría sin la magia necesaria para defenderse. Hasta que no estuviera completamente seguro de poder permitirse morir de nuevo, el riesgo era demasiado grande.
Y así vagó.
No había sol ni luna para medir el paso del tiempo. La única forma en que Noé podía calcular aproximadamente cuánto había caminado era haciendo cortes en la palma de su mano con la punta de una uña afilada.
Y, según sus cálculos, había pasado una semana.
El Fragmento de Renewal había ayudado a mantener el tiempo. Solo se activaba una vez cada doce horas, pero estaba casi seguro de haberlo usado mal varias veces. Su mente no estaba donde debía estar. E incluso después de usar el Fragmento repetidamente, su alma seguía muy dañada. Su mente seguía dividida.
Pero su tarea aún permanecía. Y mientras así fuera, la marcha de Noé no se detendría.
La irritación y la impaciencia ya lo habían consumido. Estaba casi seguro de haber recorrido ese mismo pasillo decenas de veces. Irónicamente, lo único que le había impedido morir eran los monstruos que infestaban aquel lugar maldito.
No había comida. Ni agua. Solo estaban Noah, los pasillos y las abominaciones retorcidas que acechaban en ellos. Estaba casi seguro de haber matado a cientos. La energía mágica de sus almas era lo único que lo mantenía con vida.
Tras acabar con las primeras criaturas, las que le habían tendido una emboscada en el pasillo poco después de salir de la habitación, la comida había sido abundante. Llegaban en tropel. Noah apenas podía caminar unos pasos sin ser emboscado.
Pero habían aprendido.
Noah estaba bastante seguro de que los monstruos formaban parte de una mente colectiva. Aunque no había dejado ni un solo superviviente, cada oleada posterior parecía ser más inteligente que la anterior.
Cada vez llegaban menos. Los que atacaban empleaban distintas tácticas. Lo emboscaron en pleno combate. Surgieron del techo y del subsuelo, irrumpiendo desde la piedra en ataques relámpago. Intentaron distraerlo ocultándose en las paredes, dejándolo solo para que pasara y quedara desprotegido.
Noé no perdonó a ninguno de ellos.
Su dominio era un ojo hambriento que no dejaba supervivientes a su paso. La magia de la Disrupción Desenredante se alzaba y caía como la espada de un verdugo. Derretía a los monstruos que osaban atacarlo. Atravesaba los muros en busca de los que intentaban escabullirse. Desmantelaba a todo ser viviente a su paso, absorbiendo su poder y alimentándose de su avance.
El poder se enroscaba en los pasos de Noé, dejando a su paso minúsculos parches de magia fractal temblorosa.
El vacío blanco no lo había abandonado. Le quemaba los hombros, y a su espalda se arremolinaban tentáculos de magia inestables, compuestos de formas geométricas temblorosas que se formaban y se desintegraban más rápido de lo que podían percibirse.
Sentía su presencia grabada a fuego en él, tan profundamente integrada en su alma que algo le decía que jamás se liberaría. Aunque Noah aún no se había detenido a contemplar su alma herida, ya sabía lo que encontraría.
Las grietas que atravesaban su ser se habían llenado parcialmente con los fragmentos del vacío blanco que había destrozado durante su fuga de prisión. De algún modo, se habían fusionado con su alma. Con qué propósito o efecto, aún no estaba del todo seguro.
En ese momento, no le importaba demasiado. La distracción le habría desviado de su objetivo. Y ahora mismo, su único objetivo era encontrar a todos. Y para ello… necesitaba una salida de esa maldita ciudadela.
Los ojos de Noé se entrecerraron con irritación al sentir cómo los límites de su dominio se erizaban. Los monstruos habían descubierto los límites de su visión mental. Eran inteligentes. Noé podía admitirlo. Los patrones de ataque de los monstruos mejoraban constantemente. Probaban nuevas tácticas. Los que combatía ahora, aunque no eran más poderosos mágicamente que la primera oleada, eran doce veces más competentes que sus predecesores.
No cambió nada.
Los mató a todos por igual.
Pero su táctica más reciente era bastante molesta. Habían optado por mantenerse fuera de su alcance, sin duda para preparar algún tipo de emboscada. Ni siquiera se había producido un solo ataque en las últimas horas.
Cada vez que se acercaba, ellos huían.
Como si eso fuera a detenerme.
Noah extendió una mano hacia la pared a su lado. De repente, Disrupción Desenredante surgió un rayo de energía roja, limpia y dentada, sin apenas desviación en su trayectoria. Atravesó la piedra y se clavó en el monstruo que huía, destrozándolo antes incluso de que pudiera defenderse.
Sintió la energía del monstruo fluir hacia él incluso antes de doblar la esquina. Quizás fueran inteligentes, pero carecían de dominio propio. No tenían forma de defenderse de su magia. Y eso las convertía en presa fácil.
Su mirada recorrió el pasillo por el que había entrado. Era más largo que el alcance de su dominio, pero terminaba en un callejón sin salida a unos cincuenta pies de distancia, donde uno de los monstruos parecidos a ciempiés se había pegado a la pared del fondo.
Los labios de Noah se curvaron en una mueca. Era un patético intento de esconderse. Incluso sin su dominio, podía distinguir fácilmente los ojos rojo sangre del monstruo en la oscuridad. Casi podía saborear el miedo y el terror que emanaban de ellos.
Se dirigió hacia ello. La Disrupción Desenredante cobró vida en las yemas de sus dedos y la magia blanca que rodeaba sus hombros pareció sisear con anticipación.
El monstruo se pegó aún más a la pared. Sus patas arañaban la piedra mientras intentaba excavar para ponerse a salvo, pero debía de haber una conexión con el laberinto de túneles cercano. Estaba atrapado.
Entonces, las piernas del monstruo se estremecieron. Se alzaron ante su horrible y deformado rostro. No tenía párpados para parpadear, pero de tenerlos, algo en su expresión sugería que los estaría apretando con fuerza.
Noé hizo una pausa.
¿Es… rendirse?
Las fauces del monstruo, repletas de colmillos, se contrajeron. Dejó escapar un sonido entre siseo y una tos seca. Entonces, en medio de aquel ruido espantoso, se oyó una sola palabra.
—Oración —susurró la criatura con voz ronca.
A Noah le costó un instante darse cuenta de que había hablado. La palabra estaba tan entrecortada que era prácticamente incomprensible, pero había sido una palabra. Y había sido una voz que reconocía, aunque vagamente.
De Sebastián.
—¿Qué? —preguntó Noé, ladeando la cabeza y apretando los labios. El monstruo repetía las palabras que Sebastián había dicho.
¿Te estás burlando de mí? ¿Quieres burlarte de mí con la voz de un hombre al que mataste?
Dio un paso adelante. La magia que se enroscaba alrededor de sus dedos se intensificó con un crujido.
La criatura emitió otro jadeo ronco, como si necesitara desesperadamente un inhalador. Apoyó la espalda contra la pared, pero ya no tenía adónde huir.
—Oración. Oración —siseó, suplicó. La voz de Sebastián era más clara ahora. Como si estuviera aprendiendo sobre la marcha—. Oración. Lo siento… Oración.
Noé vaciló. La locura ensordecedora que golpeaba las paredes de su mente se detuvo. Por un instante, permaneció inmóvil. Su mente escudriñó el área circundante. No había otros seres vivos cerca.
Si aquello fue una emboscada, estuvo muy mal planeada. Aunque probablemente se trataba de una mente colmena, no entendía qué ganaban matando a uno de los suyos solo para fastidiarlo.
—No te molestes. Nadie puede oírte —dijo Noé. Su voz le sonaba extraña a él mismo. Estaba quebrada y seca por los días de inactividad—. Ya lo he intentado.
—Tú —dijo el monstruo—. Por favor. No puedes morir.
¿Yo? ¿O tú?
Noé lo miró fijamente un instante. Luego entrecerró los ojos. —¿Quieres que te deje con vida? Llevas días intentando matarme. ¿Por qué iba a hacer algo estúpido como perdonarte la vida?
“No… es lo suficientemente fuerte. Rezo.”
Noé levantó la mano. El pánico brilló en los ojos del monstruo.
“La llave. La Ciudadela. Sus secretos.”
Ahora repetía las palabras de Sebastián, cada una más rápida y aterrorizada que la anterior.
Noé hizo una pausa. —¿Qué?
—Secretos —repitió el monstruo con urgencia, con desesperación—. Las murallas exteriores. Toma la llave. Reza.
—¿Tienes… una forma de salir de aquí? —preguntó Noah. La emoción se abrió paso entre el torbellino de pensamientos que le daban vueltas en la cabeza. Los tentáculos de magia blanca a su alrededor se agitaron—. ¿Una forma de… qué, del lugar donde esta maldita llave sirve para algo?
—Oración. La llave. Los muros exteriores —gruñó el monstruo.
Eso suena a sí, ¿no? Quizá no sea una salida, pero sí un camino más profundo. Pero cualquier cosa es mejor que estos malditos pasillos.
Una sonrisa peligrosa se dibujó en los labios de Noé.
"Muéstrame."

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Capítulo 779
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 778
Estás leyendo el capítulo 778 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.