arrow_back

Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 777 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La mente de Noah se desmoronaba. Sentía como si su cuerpo se partiera en tres. Fuerzas como magnéticas tiraban de distintas partes de su cuerpo en direcciones aparentemente aleatorias. Algunas querían ir a la izquierda, otras a la derecha, y otras parecían empeñadas en darse la vuelta. Era como si su propio ser intentara desgarrarse. El alma de Noé burbujeaba, una sopa espesa atrapada en un caldero de carne que había sido colocado en un fuego demasiado intenso para que pudiera soportarlo. Senderos dorados se entrelazaban, surgiendo y desapareciendo. Podía sentirlos fluir como venas dentro de su cuerpo y alma. Un poder intenso los recorría, transmitiendo incontables recuerdos sin cesar a través de cada fibra de su ser, en cada instante. No había escapatoria. Ni siquiera el mundo exterior era seguro. Destellos de la Línea se deslizaban por los bordes de su visión. Se arrastraban por las paredes y atravesaban el techo como si una araña hubiera olvidado que la colisión de objetos es un concepto y simplemente hubiera tejido una telaraña a través de la realidad misma. Su concentración estaba tan alterada que apenas podía mantener la vista fija en el hombre moribundo que tenía delante. Lo único que lo mantenía cuerdo era, curiosamente, la intensidad de la magia que extraía de Sunder. Una magia gélida le quemaba las venas. El poder se había concentrado en su dedo, que aún estaba enroscado en el hilo invisible que ya había comenzado a apretarse de nuevo alrededor del cuello del moribundo. Noah ni siquiera estaba seguro de cómo había sabido que podía detener la soga. Estaba casi seguro de haberse movido antes de que su cuerpo siquiera registrara lo que estaba haciendo. O eso, o ya lo había olvidado, y el recuerdo se había mezclado con los reflejos perdidos entre los fragmentos de cristal roto que giraban en su mente. Pero el poder de Sunder no podía durar para siempre. El hombre estaba atado, pero solo temporalmente. Podía sentir la presencia extraña vibrando en los confines de lo que una vez había sido su alma. De alguna manera, había logrado usar el aspecto vinculante de la pasiva de Sunder para conectar al hombre consigo mismo. No sabía que podía hacer eso. ¿Por qué no lo supe? Tiene sentido. Una voz pasiva es una voz pasiva. ¿Qué clase de idiota se metería con Sunder? Es lo único que nos mantiene atados a la calabaza. ¡La calabaza! ¿Dónde está la calabaza? ¡Olvida la calabaza! ¡El tipo se está muriendo! ¡Preguntas, idiota! ¡Haz tus preguntas! Los pensamientos lo asaltaron como una ráfaga. Todos provenían de él, pero ninguno le resultaba familiar. Noah se llevó una mano a la sien. Apretó los dientes, intentando apartar el dolor de cabeza que lo atormentaba. Sus ojos volvieron a enfocarse en el hombre que estaba a sus pies. —¿Dónde? —logró decir Noé—. ¿Dónde estamos? —Obsidia —susurró el hombre con voz ronca. Sus dedos aún buscaban a tientas la gran llave de bronce que descansaba contra su pecho—. En la Ciudadela Perdida. Yo… ¿cómo…? Otra oleada de desorientación azotó a Noé. Un océano de locura lo rodeaba. Olas de demencia se estrellaban contra el casco del pequeño bote donde residía su mente, amenazando con inundarla por completo y arrastrarlo todo al fondo. Pero no podía permitir que eso sucediera. Noah apretó los dientes. Se clavó las uñas en las palmas de las manos y besó a Sunder con más fuerza. El frío glacial que le quemaba las venas hizo retroceder la locura un poco. Le dio algo en qué concentrarse, le regaló un instante de claridad en medio de la tormenta. —Lo siento —logró decir Noah. Tenía los nervios a flor de piel. Cada fibra de su ser luchaba a la vez por mantenerse en su sitio y desgarrarse. —Yo… yo no puedo curarte. Pero necesito información. ¿Qué es Obsidia? —No puedo pedir que mis plegarias sean escuchadas dos veces —dijo el hombre con una risa débil. Se estaba apagando. Noé no era Sievan. Solo podía retrasar la muerte por un tiempo. —La llave. Tienes que tomarla. Por favor. La Ciudadela no puede morir conmigo. La gente tiene que saberlo. —¿Qué es Obsidia? —preguntó Noah con urgencia—. ¿Dónde está Arbalest? ¿Estoy en el planeta correcto? La confusión se reflejó en la mirada del hombre. Sus ojos parpadearon. Por un instante, Noé temió haber muerto. Luego, la mirada del hombre se enfocó de nuevo. “¿Arbalest. El imperio infantil que cayó?” Noé sintió un alivio inmenso. Este era el planeta correcto. —Sí —dijo Noah. Sentía que su mente volvía a desmoronarse. Este momento de lucidez era efímero. Algo la consumía. —Sí. ¿Dónde está? ¿Dónde estamos? Por favor. Dímelo. Antes de que ya no pueda escuchar. Algo en su voz debió de llegar al moribundo. —Obsidia es el nombre de este mundo —respondió el hombre débilmente—. Arbalest estaba allí. Está muy lejos de aquí. Pero… todas las facciones ordenaron que se evitara tras la caída de la Sombra de la Noche. A Noé le palpitaba la cabeza. La forma en que hablaba el hombre era casi como si estuviera hablando de un suceso ocurrido hacía mucho tiempo, en lugar de algo que hubiera ocurrido solo unos días o semanas atrás. —¿Caída? ¿Cuándo? —preguntó Noé, con el miedo apoderándose de él—. ¿Cuándo cayó? —No lo recuerdo. Hace meses. Quizá más —dijo el hombre. Su voz se debilitaba—. Lo siento. Solo he oído hablar de… de la batalla. No estaba lo suficientemente cerca como para estar allí. La Ciudadela. La estaba investigando. Escondido. Meses. Noah sentía un torbellino de emociones. Llevaba meses fuera. ¿Era bueno? ¿Era malo? Era mejor que años, de eso no cabía duda. Pero en meses podían pasar muchas cosas. Un torbellino de posibilidades le asaltaba la mente como mil películas a la vez. Noah los aplastó. No podía permitir que le nublaran la vista. Su cordura pendía de un hilo. Incluso un instante de distracción podría hacerle perder más tiempo del que podía permitirse. El moribundo dejó escapar una débil tos. Sus dedos volvieron a aferrarse al collar con la llave. —Por favor —susurró—. Toma la llave. Ignóralo. El hombre ya está muerto. ¿A quién le importa? Se está muriendo. Unos segundos no le harán daño. Ya han pasado meses. Nada cambiará en el próximo minuto. Él nos ayudó. Noé apretó los dientes e hizo caso omiso de las voces. Luego bajó la mirada hacia la llave que el hombre sujetaba con menos fuerza. —¿Qué es esto? —preguntó Noé—. ¿Para qué quieres que lo use? Los ojos del hombre parpadearon. La vida en su interior se apagó. El dedo de Noé ardía mientras la soga se apretaba. La muerte no estaba contenta con la demora que le había causado. Un débil suspiro silbante escapó de los labios del hombre. Entonces abrió los ojos de golpe. Una explosión de energía pareció surgir en su interior mientras agarraba a Noah del brazo, con la mirada encendida por la desesperación. “La Ciudadela Perdida. Es real. Nos encontramos dentro de sus muros exteriores. Los experimentos aquí fueron un éxito. Ellos… ellos crearon los monstruos. Sus secretos… este lugar ha permanecido oculto en el tiempo durante incontables años. Por favor. No dejen que mi descubrimiento sea en vano. Que se sepa. Que se sepa que Sebastián el Buscador descubrió la Ciudadela, aunque solo sea ante ustedes.” Con la última palabra que salió de sus labios, toda la fuerza pareció abandonar a Sebastián. Su cuerpo se desplomó, la soga finalmente se tensó alrededor de su cuello y arrancó su alma de su cuerpo. Y entonces Noé se quedó solo. Bueno, tan solo como podía estar. Se quedó allí un instante. Luego se agachó, ignorando las fuerzas que tiraban de su mente en todas direcciones menos en la que él quería ir. Noah acarició la cara de Sebastián, cerró los ojos y le quitó la llave del cuello. Era más pesada de lo que esperaba. Había unas tenues, casi indescifrables, marcas que recorrían la superficie de la llave. La habilidad necesaria para crear algo así debía de ser descomunal. ¿Me suicido? No. Claro que no. Dijo que estoy lejos de donde cayó Arbalest. No sé dónde está la calabaza. ¿Y si hay un límite de distancia? ¿Y si morir de nuevo me envía de vuelta a ese vacío blanco? No puedo arriesgarme. Todavía no. Al menos, no hasta que mi alma esté un poco menos dañada. Mi alma. ¡El fragmento de renovación! Los ojos de Noé se abrieron de par en par. Agarró el Fragmento, bebiendo con avidez el poder de la hermosa runa y dejándolo fluir por su cuerpo. Un suspiro de alivio se le escapó de la garganta mientras ríos de poder recorrían su alma destrozada. Sintió cómo los daños se reparaban al instante. Sintió cómo las grietas se cerraban, pero sabía que aún no era suficiente. Había más partes dañadas que intactas. Noah ni siquiera sabía qué lo mantenía cuerdo en ese momento. Su alma era más bien un montón de cristales rotos que una unidad coherente. Pero estaba ahí. Y eso bastaba. Mientras quedara la más mínima parte de él, no se permitiría dejar de existir. Las voces en su mente no desaparecieron, pero sí se atenuaron. Se encontraba al borde de la locura y la consciencia. Era el momento de mayor lucidez que había experimentado en… todo el tiempo que había transcurrido desde que entró en el vacío blanco. Noah respiró hondo. Luego exhaló lentamente, intentando concentrarse. El intento solo tuvo un éxito parcial. Su atención no estaba contenta de estar haciendo su trabajo, pero no le daba opción. Apretó con más fuerza la llave que Sebastián le había dado. Morir no era una opción que pudiera permitirse contemplar todavía. No podía arriesgarse a que la calabaza no funcionara o a volver al vacío. Eso significaba que tendría que encontrar la forma de regresar con Moxie y los demás sin morir en el intento. Los ojos de Noah se posaron en el cadáver del monstruo que había matado. Aunque no había tenido oportunidad de arrancarle las runas con Sunder, su dominio había detectado que era de rango 5, al igual que Sebastian. Estoy en un lugar llamado la Ciudadela Perdida, ¿eh? Son unas ruinas llenas de monstruos espeluznantes y, al parecer, nadie sabe dónde está excepto el muerto a mis pies. Un poder vibrante se encendió en su interior al extender la mano hacia Disrupción Desenredante. La runa de rango 5 tembló de anticipación. Su poder ansiaba ser usado. Noah había estado separado de ella demasiado tiempo. Noé se colgó la llave al cuello y dirigió una última mirada al cuerpo de Sebastián. —Gracias —dijo Noé. Luego salió de la habitación. Su dominio bullía. Un monstruo surgió de las sombras sin emitir el menor sonido. Era una mancha oscura en un pasillo aún más oscuro, nada más que un destello de dientes voraces y... Un rayo rojo rasgó el aire. El monstruo apenas tuvo tiempo de lanzar un grito de agonía antes de ser destrozado. Trozos de su cuerpo volaron junto a Noah, salpicando su ropa y pintando la pared tras él. Fue a visitar a Sunder. Luego se detuvo. Quizás no debería absorber más runas en mi alma ahora mismo. No necesito expansión, necesito reparación. Noah dejó que Sunder se desvaneciera. Pasó junto a los restos del monstruo y continuó adentrándose en la Ciudadela Perdida. Su dominio se estremeció. Podía sentir a los monstruos. Docenas de ellos. No, cientos. Estaban por todas partes. Infestaban las paredes como un enjambre de insectos. Por alguna razón, solo uno de ellos había atacado a Sebastian. Quizás fuera la emoción de la caza. No tenían esa libertad al tratar con él. Un chirrido agudo surgió de la oscuridad cuando una criatura retorcida apareció ante él. Media docena más la siguieron. Sus ojos rojos taladraron a Noé, consumidos por el hambre y el odio. A Noé no le importaba. Una luz carmesí iluminó el pasillo mientras el Caos se concentraba alrededor de su mano en una tormenta en miniatura. Oleadas de poder emanaron de su interior. Los fractales de luz blanca que aún se aferraban a sus hombros como una capa se estremecieron. Se retorcían como tentáculos dentados, anticipando su presa. Por primera vez desde que regresó del vacío, todas las voces en su cabeza armonizaban. Las fuerzas que lo desgarraban se ajustaron, cedieron, alineándose como la luna en un eclipse. —Ustedes —susurró Noé, un trío de voces superpuestas en perfecta sincronía—, están en mi camino.
El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Continúa leyendo

El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Capítulo 778

Siguiente Capítulo ›

El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 777

Estás leyendo el capítulo 777 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.