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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 771 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Por segunda vez en la memoria reciente de Noah —que bien podría haber sido un día o mil— se encontraba en un lugar desconocido. Las paredes de una habitación gris se alzaban a su alrededor. Se elevaban formando un techo curvo, del que colgaban fragmentos de piedra como los restos deshilachados de una telaraña. Un patrón espiral de piedra fundida se extendía bajo sus pies y ascendía por las paredes. Parecía más una cicatriz fibrosa en la piel que cualquier otro tipo de daño o talla realizada en la roca. La habitación era pequeña. Comparada con el mar en el que se había perdido antes, resultaba casi asfixiante. Tenía apenas unos tres metros de diámetro y no presentaba entradas ni salidas aparentes. Solo había piedra. Había algo en esta habitación que parecía antiguo. A Noah se le erizó el cabello. Apenas podía sentir un leve zumbido, como el susurro de cien voces, casi inaudibles, que intentaban alcanzar su mente. Los esfuerzos de las voces fueron en vano. Podían llegar a donde quisieran. Senderos dorados seguían serpenteando por los pensamientos de Noé y permeando cada fragmento de su ser quebrantado. Había mil leguas, y mil más, antes de que siquiera el más leve susurro pudiera dar un solo paso a lo largo de la Línea que lo envolvía. Noah se llevó una mano a la sien, apretando los dientes mientras intentaba ordenar sus pensamientos confusos. Incluso concentrarse en una sola cosa le resultaba imposible. Las paredes de la habitación a su alrededor parecían más una sugerencia que una orden. Pero estaba allí por una razón. Al menos, Noah estaba bastante seguro de que así era. El estruendo ensordecedor del océano dorado en su alma consumía cualquier pensamiento fugaz que se atrevía a tener. Si no fuera por ese retazo de recuerdos oscuros que se resistían obstinadamente a desvanecerse incluso bajo la propia Línea, entonces no habría habido nada aquí para él. Pero el terreno existía. Y, mientras existiera, Noah Vines también. Él estaba allí por una razón. Era para irse. Apretó los dientes y apartó la mano de la sien. El mundo le daba vueltas mientras fragmentos de la Línea danzaban ante sus ojos. Atravesaban los muros de piedra erosionados que se alzaban sobre él. Entonces Noé parpadeó. Ya no estaba solo. Había alguien más en la habitación con él. Era una mujer de su edad. Su piel, tersa como el mármol, era tan pálida que bien podría haber sido blanca. Noah no tenía duda alguna —y en su estado actual, eso era mucho decir— de que jamás había visto el sol. Los rasgos de la mujer eran hermosos como solo los de una estatua podían serlo, inalcanzables para cualquier ser vivo y, sin embargo, aún así palidecían en comparación con Renewal. Era un poco más alta que Noé, con una cabellera fina como una gasa que le caía sobre los hombros en una cascada de tonos plateados grisáceos. Unas delicadas túnicas de seda le sentaban tan bien que parecían fundirse con su piel. Sus ojos eran como dos salpicaduras de sangre sobre nieve fresca. Atravesaron su pálida tez con tal intensidad que parecieron arrancarle al instante las capas más externas del alma de Noah. —No deberías estar aquí —dijo la mujer con una voz tan suave y distante que bien podría haber provenido de otro mundo completamente distinto. —Y tú no estás aquí —respondió Noah, entrecerrando los ojos por el fuerte dolor de cabeza—. Eres Sinfonía Miserable. La runa de la Sombra de la Noche. La apariencia de la mujer cambió. En un instante, un hombre apuesto apareció donde ella había estado un instante antes. Era más alto y corpulento, con músculos cincelados y una mandíbula tan afilada que podría haber cortado acero. En un abrir y cerrar de ojos, el hombre se convirtió en un niño. El niño en un demonio, y el demonio en un monstruo. Cien rostros y formas distintas desfilaron fugazmente. No podrían haber sido más diferentes entre sí, salvo por dos cosas. Cada encarnación tenía una piel de un blanco pálido con manchas de un rojo carmesí que miraban fijamente a Noé. —No pertenezco a nada —dijo la mujer—. La Sombra de la Noche me sirvió durante un tiempo. No era mi amo. —¿Tus propósitos? ¿Para qué? —preguntó Noé, con una punzada de ira que se abrió paso incluso por encima del dolor punzante que asaltaba lo poco que quedaba de su mente—. ¿Destruirlo todo? ¿Convertir el mundo en piedra? —Crecer —respondió la mujer—. Ascender. Ese es mi único objetivo. “Un objetivo bastante patético. No parece tener mucho futuro”, dijo Noah. “Mira a dónde te ha llevado”. “Parece que estás en el mismo lugar.” “¿Y yo soy… qué, la mitad de tu rango? Tú eres de rango 8, ¿no?” Una expresión de ofensa cruzó el rostro de la mujer. “No me confundan con meras insinuaciones. Soy la ley. No tengo rango.” —¿Ley? ¿Eres un Maestro Runa? —preguntó Noé. —Soy una Runa Divina —respondió la mujer. Hizo una pausa, luego se corrigió—. Habría sido una Runa Divina. Pero ahora la Sombra de la Noche está hecha añicos. Su alma ha sido desgarrada, y no soy más que un recuerdo lejano de lo que pudo haber sido en un vacío de lo que jamás será. —Tal vez deberías haberte aliado con algo que no fuera una basura malvada —sugirió Noé—. Ahí lo dejo. —¿Acaso le importa a una espada a quién hiere? —preguntó la mujer, ladeando la cabeza—. No tengo más deseos que la ascensión. Ese es mi propósito. La Sombra de la Noche me condujo hacia esa meta. El método en que se usó mi fuerza no es decisión mía. —Así que serviste a la Sombra —señaló Noah—. No poder controlar cómo se aplica tu magia suena a servidumbre. Pero lo triste es que parece que no te importa. Ya veo de dónde viene lo de “Desdichado” en tu nombre. “Sé por qué estás aquí. Esperas que encuentre una manera de escapar de este lugar, y aun así me insultas.” —¿Ves a alguien más haciendo fila aquí? —preguntó Noah, arqueando una ceja—. No es que tengas muchas opciones. Solo estamos nosotros. Eso no significa que vaya a adularte y postrarme a tus pies. Tu magia se usó para masacrar a mucha gente. Gente inocente. “¿De verdad eres mejor? Todos creen que su causa es justa. Si fueras tan fuerte como la Sombra de la Noche, ¿sería menor el rastro de cadáveres que dejarías a tu paso?” —No lo sé. No lo sé —respondió Noah—. Pero al menos sé por qué lucho. Pareces muy conforme con ser una herramienta. Te daría una buena reprimenda si de verdad me importaras. Pero te seré sincero. Solo quiero una cosa: salir de aquí. ¿Puedes ayudarme? "No." —Entonces hemos terminado aquí —dijo Noé. La mujer parpadeó. —¿Qué? —Hemos terminado —dijo Noé. Hizo un gesto con la mano—. Puedes dejarme salir. No tengo nada más que decirte. —¿Y mi poder? —preguntó la mujer, frunciendo el ceño confundida—. ¿Lo abandonarías? ¿Así sin más? No eres más que una simple mortal. ¿Acaso te das cuenta de la inmensidad de aquello a lo que le das la espalda? —¿De qué me servirías? —preguntó Noé—. Si no puedes sacarme de aquí, no te necesito. De todas formas, parece que lo mejor es que te quedes. Si de verdad no ves nada malo en el uso que le di a tu magia, entonces el mundo estará mejor sin ti. “¿Te das cuenta de lo que soy? Yo…” —Me da igual —dijo Noah. Le palpitó la cabeza de nuevo y tropezó, apoyándose en la pared para no caer de bruces. Fragmentos de la Línea pasaron ante sus ojos—. Ya tengo runas poderosas. Simplemente no están aquí ahora mismo. “Seguirás atrapado.” —Mejor estar atrapado solo que con alguien que no tiene reparos en condenar a cientos de miles de personas a la tortura —respondió Noé—. Encontraré otra salida. “¿Te das cuenta de dónde estamos? Este es el espacio entre mundos. Un vacío infinito, un abismo de poder. No hay salida de este lugar.” —Me alegra saberlo. Encontraré otra manera de salir —dijo Noé. —¿Cómo puedes estar tan segura? —El rostro de la mujer se frunció con confusión. —Porque tengo que hacerlo —dijo Noé simplemente. “¿De verdad lo crees? ¿Cómo?” —Porque tengo que hacerlo —dijo Noé—. Y porque hay gente que espera mi regreso. Hubo un momento de silencio. Luego, la mujer entrecerró los ojos. “Llévame contigo.” —¿Qué? —Noé parpadeó—. ¿Por qué? —¿Ves a alguien más aquí? —preguntó la mujer, esbozando una sonrisa irónica fugaz—. No me queda otra opción. No puedo permitirme desvanecerme. —¿Y por qué te llevaría? —preguntó Noah—. No estaba fanfarroneando. Si no puedes sacarme de aquí… ¿qué propósito tienes aparte de ser una amenaza? “La única amenaza que represento es la forma en que me utilizas.” —Vamos. ¿En serio? —preguntó Noah—. Eres consciente. Tienes deseos. ¿Y se supone que debo creer que no quieres hacer nada más que servir con deber? Seguro que estás encantado de haber descendido de Sombra de la Noche a un simple Rango 5. Definitivamente no tienes ninguna intención de influirme de ninguna manera. —¡No puedo! —gruñó la mujer, con la ira encendida tras sus ojos enrojecidos—. No puedo ejercer mi propio poder. Los deseos no son nada. La elección no es nada. Simplemente soy. Y, hasta que ascienda a la verdadera Divinidad, eso es todo lo que seré. —¿Hasta cuándo? —preguntó Noé, arqueando una ceja. —¿Qué crees que es la divinidad? —preguntó la mujer con un suspiro cansado—. Es la libertad. Algo que los mortales dan por sentado. Soy un ser de energía pura. No tengo opción. Todavía no. —¿Y qué harías tú si lo tuvieras? —preguntó Noé. La mujer vaciló. —No lo sé. Yo estaría… más. —Siempre puedes ser más. Me parece que ya eres más que capaz de pensar —señaló Noé—. Estamos conversando, ¿no? “Es diferente. Las palabras no son más que palabras. No puedo influir en cómo nadie usa mi poder.” —Dices eso, pero te presentas en forma humana con una clara intención de influir —señaló Noé—. No eres más mujer que yo un hámster. “¿Me culpas por intentarlo?” —No —dijo Noé—. Te culpo por no haberte esforzado lo suficiente cuando importaba. No hiciste nada para detener a la Sombra de la Noche. No me refiero a lo difícil que habría sido. Digo que siempre tenemos una opción. Y tú... tú no intentaste detener a la Sombra. Ambos permanecieron en silencio durante varios segundos. Luego, la mujer negó con la cabeza. “No lo hice. Mi propósito es ser. Ser es ser útil. Por eso debo ascender.” —Es un trabalenguas —dijo Noah, sonriendo a pesar del dolor que le atormentaba los pensamientos—. Pero ¿qué te hace pensar que algo va a cambiar cuando asciendas? ¿Qué nueva opción te queda? La mujer vaciló. Frunció ligeramente el ceño. —Habré alcanzado la divinidad. “Siempre hay otra meta. Siempre hay otro paso”, dijo Noé. “¿Sabes qué he descubierto? Se trata de lo que estás haciendo ahora mismo. No es el consejo más sabio, lo sé. Es bastante básico. Pero no hay nada de malo en lo básico. ¿Acaso cambias realmente una vez que te vuelves divino?” “Por supuesto. El poder…” —¿Qué tiene que ver el poder con esto? —preguntó Noé—. Si la Sombra de la Noche hubiera alcanzado la divinidad y te hubiera llevado con ella, ¿qué habría sido diferente? “Yo sería Divina.” —Vaya —dijo Noah con expresión inexpresiva—. ¿Y eso significa…? “No lo sé. Yo sería Divino. Ese es mi propósito. Es deber de una ley ejercer su poder…” —Dejar que otros te dobleguen a su voluntad —corrigió Noé—. Para ser sincero, no parece que te esfuerces mucho. Seguirás siendo exactamente igual que ahora: un prisionero en una jaula. Solo que será una mejor. ¡Menuda ayuda te servirá! —¿Qué quieres que haga? —preguntó la mujer, apretando los puños con rabia a los costados. —Para alguien tan preocupado por las opciones, no pareces muy dispuesto a tomar una por tu cuenta —observó Noah. Se rascó la nuca mientras los fragmentos de la frase le daban vueltas en la cabeza como confeti dorado—. Conocí a alguien parecido a ti. No exactamente igual, pero casi. Pero ella no quería tomar decisiones. Les tenía miedo. “¿Y? ¿Qué hizo ella?” A Noah le temblaron los labios. “Tomó decisiones. Lo siento. Di la impresión de que iba a darle un consejo profundo, pero no es así. No soy filósofo. Francamente, mi mejor cualidad es la absoluta calidad de las tonterías que digo. Son de primera”. La mujer estudió a Noé durante varios segundos, sus rasgos indescifrables. “¿Qué elección puedo hacer? Soy una Runa. Buscar la superación es tan esencial para mí como respirar para ti. Das a entender que el poder no cambiará nada para mí. Si tienes razón… entonces tu argumento carece de sentido. Ninguna de mis decisiones importa.” —No me entiendes. Lo que digo es que ya puedes tomar las decisiones que estás postergando —dijo Noah—. Y todo empieza por a quién le otorgas tu poder. Te equivocaste con la última decisión. ¿Qué vas a hacer ahora? Sus labios se crisparon. —No tengo muchas opciones, la verdad. “Eso depende. ¿Te importa lo más mínimo que tu poder se haya utilizado para torturar a incontables personas?” La mujer volvió a vacilar. Fue solo un instante, pero algo pasó fugazmente por su mirada. “La Sombra de la Noche era una existencia infernal. Para cuando supe lo que era, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto”, dijo finalmente. “No siempre fui Desdichada. Quiero que mi canción se escuche. Ese es mi propósito”. —Entonces parece que sí tienes opciones. Dos —dijo Noé—. Yo no me habría aliado con un monstruo que no se preocupa por la matanza que provoca. Pero si eso no es lo que deseas, entonces mi único problema es con quien te controló. Puedes venir conmigo o quedarte aquí. Quizás venga otro. “No lo harán.” Noé arqueó una ceja. —Esa creencia es una elección en sí misma. “Eres insoportable.” —Desde luego que elijo serlo —dijo Noé. Sus labios se curvaron en una sonrisa divertida—. ¿Y tú? La mujer volvió a observar a Noé con atención. Parecía hacerlo con frecuencia. Luego tragó saliva. Sus ojos, de un rojo intenso, se desviaron hacia un lado. “Yo… no veo salida. Estoy perdido. Si tienes razón, entonces ya es demasiado tarde para mí. La Sombra de la Noche me moldeó hasta convertirme en lo que soy. Mi nombre me hace justicia. Soy el Desdichado. Quienes oigan mi canción jamás volverán a oírla. Para mí, el único camino a seguir es el que conduce a una jaula.” —Yo no te usaría así —dijo Noé—. No tengo ningún deseo de ese tipo de poder. —No importa. Es el único poder que poseo —dijo la mujer. Su mirada se agudizó. Y entonces estuvo frente a Noé; el espacio entre ellos desapareció en un instante. Sus ojos, rojos como la lava, lo taladraron como dos soles. El poder abrasaba el ser de Noah. No cabía duda de que la presencia ante él era pura magia en estado puro. Daba igual la forma que adoptara la runa. No había ninguna mujer. Nunca la había habido. Ante él se manifestaba la magia. Una magia que había transformado un imperio entero en un infierno, un apocalipsis en forma de runa. —¿Estás seguro? —preguntó Noé—. No soy un Rune, pero estás hablando en términos muy absolutos. Eso provocó una sonrisa burlona en los labios de la mujer. "Estoy segura". “¿Entonces qué harás? ¿Quedarte aquí?” —No —respondió la mujer tras una breve pausa—. Averigüé si dices la verdad. Dio un paso atrás. La fuerza que golpeaba a Noah no disminuía; al contrario, se intensificaba. Olas de sangre roja se desprendían de su piel en capas, retorciéndose en la pequeña habitación de piedra que los rodeaba. La presión estampó la espalda de Noah contra la pared. Levantó las manos frente a su rostro, apretando los dientes mientras el ataque mágico se intensificaba. —¿Qué estás haciendo? —gritó Noé. —Justo lo que sugeriste. Tomar una decisión propia. Una completamente distinta —respondió la mujer. Por un instante, la magia que flotaba en el aire a su alrededor se congeló. Sus miradas se cruzaron, y una sonrisa se dibujó en los labios de la forma humana de la runa—. Sinfonía Miserable solo existe enjaulada. Por lo tanto, Sinfonía Miserable dejará de existir. Usa mi poder mejor que la Sombra de la Noche. Extendió la mano hacia Noé, casi como para estrechar la suya. Y entonces se hizo añicos. El poder que flotaba en el aire a su alrededor explotó con un rugido ensordecedor. Si Noah hubiera estado físicamente presente, la fuerza descomunal de la magia le habría destrozado los tímpanos. Fragmentos de piel blanca y pálida se desprendieron de la mujer. Se consumieron antes de tocar el suelo, dejando tras de sí minúsculos rastros de poder fundido. Y entonces, tan rápido como había llegado el poder, se fue. Un ser permanecía donde había estado la mujer. No era ella. Tenía la misma altura que Noé, carecía de rasgos que lo identificaran como hombre o mujer. Bien podría haber sido un maniquí. Su cuerpo blanco y pálido estaba desprovisto de cabello y ropa, y acribillado a agujeros como los que habían cubierto a la Sombra de la Noche. Pero su mano seguía extendida. Y, aunque ya no tenía ojos, Noé pudo darse cuenta de que aún lo miraba fijamente. La mujer se había ido. Sinfonía Miserable se había despojado de todo su poder, arrebatándoselo por completo. Pero su esencia permanecía. La runa seguía ahí. Noé podía verla en el aire, tras la estatua marcada por la viruela, las espirales de su canto rebosantes de potencial y ansia. La influencia de la Sombra de la Noche se había desvanecido junto con todo el poder que la runa había desechado. Y ya no era miserable. Un nuevo nombre surgió a fuego. El nombre que la runa había portado hacía mucho tiempo. Sinfonía hueca. Noé bajó la mirada hacia la mano que se extendía hacia él. Luego la tomó entre las suyas. La estatua se hizo añicos. Se le puso la espalda rígida. Inspiró profundamente. Un poder gélido le recorrió la palma de la mano y penetró en su ser. Se grabó en su alma como una marca helada. Y dentro de Noé tomó forma una runa como ninguna otra que hubiera tenido. No era una runa de rango, ni una Runa Maestra. Era algo completamente distinto. Era una runa que sabía que algún día se volvería Divina.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 771

Estás leyendo el capítulo 771 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.