Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 770 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé caminó hacia el gris.
Sus pies se posaron sobre la inmensidad blanca que se extendía a su alrededor como diminutas piedras arrojadas a un lago. Débiles ondas se extendieron a su paso, para luego desvanecerse en cuanto se alejó de ellas.
No había diferencia entre el cielo y la tierra. Ningún punto de referencia para medir su progreso más allá de aquella mancha gris. Aquel lugar —si es que podía llamarse lugar, en lugar de ausencia de él— simplemente era.
Noah no emitía ningún sonido. Ni siquiera sus pasos producían el más mínimo ruido. Era como una brisa pasajera en un campo vacío. Literalmente, no había absolutamente nada.
Nada más que él y el gris.
Y por más pasos que diera, el gris no parecía acercarse. No se movía en absoluto. El gris parecía perfectamente a gusto en los márgenes de su visión, una mancha muerta en un monitor en el rabillo del ojo.
Normalmente, ese habría sido un caldo de cultivo óptimo para el pensamiento. Cuando las personas se encontraban atrapadas en una extensión infinita sin más compañía que su propia mente, muchas comenzaban a reflexionar.
Pensaban en el pasado. En lo que habían tenido y en lo que podrían haber llegado a ser. En los rostros que habían dejado atrás y en las decisiones que nunca tomaron. La vida era el mayor —y el menos apreciado— tesoro que el ser humano podía poseer. Pocos llegaban a comprender su verdadera riqueza hasta que se la arrebataban.
Quizás algunos se hubieran dejado llevar por esos recuerdos que les daban fuerza. Por los momentos de silencio compartidos con sus seres queridos. Por los no tan silenciosos. Por las veces que abusaron de las pociones de Fusión Mental para evitar dañar los oídos de cualquiera en un radio de dos millas.
Noé no hizo eso.
Bueno, puede que en parte hiciera lo último. Pero aparte de eso, su mente consideró la opción durante apenas unos segundos antes de darse cuenta de la verdad absoluta.
Le importaba un carajo.
Noah ya lo había hecho todo. La primera vez fue genial. Tanta reflexión, tanta introspección… se volvió monótono. Con una vez le bastaba. El pasado no le importaba. Ya era cosa del pasado.
Solo tenía una cosa en mente: volver con Moxie. Bueno, con ella, con Lee, con Todd, con Isabel y... bueno, la lista era interminable.
Pero en particular quería llegar hasta Moxie.
No ayudaba que la mente de Noé estuviera lejos de ser lúcida. Un destello dorado moteado le cruzaba los ojos como cenizas que caían con cada paso que daba. Una niebla espesa se arremolinaba en su mente y se enroscaba en cada fibra de su ser, permeando hasta lo más profundo de su alma.
Visiones de la Línea se deslizaban por el aire a su alrededor. Solo eran visiones; lo sabía. No estaban allí realmente. No había nada más que blanco.
Pero aún podía sentirlas. Aún podía verlas. Y, si pisara esos tentadores senderos dorados, estaba seguro de que también podría sentirlas. La Línea estaba con él, quisiera o no.
Siempre lo había sido.
Nunca había logrado escapar de ello. Noah simplemente cerró los ojos. Fue incapaz de percibir la verdad grabada en lo más profundo de su ser.
Ahora no le quedaba otra opción.
La presión lo abrumaba desde todos los frentes. El minúsculo charco negro de recuerdos se alzaba solitario en un mar de seda dorada y etérea que intentaba asfixiarlo hasta la extinción. Pero el charco no cedería. Aquella parte de Noé que lo había forjado como persona no permitiría la entrada de la infinitud.
Probablemente por eso Noé solo sintió una cosa mientras avanzaba paso a paso por aquella interminable extensión blanca. No era anhelo, ni arrepentimiento, ni ira por lo que pudo haber sido.
Fue una molestia.
¿Podría quitarme de en medio esta maldita copia barata de Infinity? Tengo cosas que hacer.
Noé tuvo algunas ideas más parecidas a la primera, pero con un lenguaje considerablemente menos cortés.
Entonces se le ocurrió una idea. No había ninguna razón para estar simplemente deambulando a paso lento. Nada le impedía correr.
Así que eso fue lo que hizo.
No sirvió de nada.
El gris permanecía obstinadamente en el borde de su visión.
Y así, Noé echó a correr, con la irritación creciendo en su interior como agua llenando un cubo. Cada paso que daba era una gota más. El agua subía rápidamente hasta llenar el cubo, amenazando con desbordarse.
El gris no se movió.
Y entonces sucedió.
La ira se encendió en Noé como una chispa. Eones de frustración finalmente estallaron.
Y, cuando el siguiente destello de la Línea pasó ante la vista de Noé, clavó el pie directamente sobre ella.
El mundo cambió.
Dio un vuelco, como si Noé hubiera tropezado en una escalera. Luego, su pie volvió a caer con fuerza. Tropezó hacia adelante.
Y la tristeza lo envolvió.
Un amasijo de tentáculos pétreos y flácidos yacía en el suelo como un trozo de sushi olvidado a medio preparar, cortesía de un pulpo de Chernóbil. No estaba seguro de cómo una criatura marina habría llegado a Chernóbil, pero probablemente esa era una pregunta que debía hacerle al pulpo.
Los tentáculos estaban deformados y aplastados como si alguien los hubiera metido en una compactadora de basura. No mostraban ningún signo de movimiento, ni siquiera se estremecieron al reconocer la presencia de Noé.
Pero él los reconoció.
La sombra de la noche.
Los pensamientos confusos de Noé apenas prestaban atención a cómo él —o la Sombra de la Noche— habían llegado hasta allí.
Francamente, seguía sin importarle.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Noé al amasijo de tentáculos.
No respondieron. Los tentáculos simplemente yacían allí, desplomados en una masa grisácea.
Por lo que él pudo ver, parecían estar muertos.
¡Qué alivio! Maldito hijo de puta.
La ira creció en su interior.
Esto era hacia lo que había estado caminando. El cadáver de la Sombra de la Noche, que inexplicablemente se había colocado en ese infierno blanco e infinito en el que él se había quedado atrapado. Eso no le daba muchas respuestas sobre dónde estaba ni cómo podía salir de allí.
¿Es este lugar una especie de cementerio para seres sobrenaturales? ¿Significa eso que yo soy un ser sobrenatural?
No. Probablemente no.
Noé se acercó al cadáver. Allí no soplaba el viento; era imposible que los agujeros que atravesaban el cuerpo del antiguo monstruo emitieran un sonido. Por muy grandes que hubieran sido, ahora solo eran montones de piedra.
Pero si la Sombra de la Noche había llegado hasta aquí, tenía que haber una salida. Esto no era solo una parte de la mente de Noah. Existía. No sabía cómo ni dónde, pero existía de tal forma que algo más podía llegar.
Y si llegara algo más… entonces podría marcharse.
Noé ni siquiera intentó contactar con su dominio. Era inútil. Sus runas no estaban allí. No había nada a lo que pudiera recurrir.
Ignoró los resquicios de luz dorada que se extendían a su alrededor mientras se acercaba al cuerpo de la Sombra de la Noche. Si estaba allí, entonces la Profetisa de la Renewal debía haberla enviado de alguna manera. Ella había sido quien la había estado combatiendo.
Aunque el monstruo era descomunal, era muchísimo más pequeño que antes. El Profeta debía de haber hecho algo. A Noé tampoco le importaba eso. Trepó por uno de los tentáculos. Los agujeros que antes convertían todo a su paso en piedra estremecedora ahora no eran más que puntos de apoyo.
Su mente se balanceaba como algas en la corriente del mar. La molestia por la subida lo atravesó. Una línea dorada se meció ante sus ojos; la agarró.
Y entonces se encontró en la cima de la Sombra de la Noche, olvidando su ascenso.
Noé ni siquiera se detuvo a reflexionar sobre ello. Simplemente observó el mar blanco que se extendía en todas direcciones más allá de su trono vacío. Entonces, sus labios se crisparon con fastidio. Seguía sin haber nada.
Miró hacia abajo, al cadáver que yacía debajo de él.
Algunos de los agujeros en la piedra eran lo suficientemente anchos como para que cupiera un cuerpo. Más que lo suficientemente anchos.
Noah se metió en uno de ellos sin pensarlo dos veces. Era mejor que vagar sin rumbo para siempre.
El interior de la Sombra Nocturna parecía la sección transversal de una hogaza de pan recién horneado, magnificada mil veces. Fibras de piedra se extendían por toda su superficie formando intrincadas redes. Noé las esquivó, agachándose para no golpearse la cabeza mientras avanzaba.
Líneas doradas se extendían ante él. Su pie cayó sobre una de ellas.
Se movió. Noé seguía dentro de la Sombra de la Noche, pero en otra parte. Eso ni siquiera le hizo perder el rumbo. En realidad, no había mucha diferencia entre estar perdido en un lugar y estar perdido en otro.
Lo único que importaba era encontrar una salida. Ni siquiera se le pasó por la cabeza la posibilidad de que no la hubiera. Ese no era un resultado aceptable.
La Línea apareció ante Noé una vez más.
Aceptó la oferta y, acto seguido, se encontró en otro lugar. Una nueva sección de la Sombra de la Noche. Y esta era más espaciosa que las anteriores. Los filamentos de piedra que recorrían el cadáver del monstruo apuntaban hacia adentro, como si emanaran de algo.
Algo en lo más profundo de Noé se agitó.
Un destello rojo pasó junto a las motas doradas de sus ojos.
Luego cambió de posición una vez más.
Ya no había más fragmentos de piedra. En su lugar, se encontró en una espaciosa habitación esférica. El suelo descendía bajo sus pies en una suave curva que ascendía hasta las paredes. Algo le hormigueaba la piel. No lograba identificar qué era, pero no le importaba.
Ante él flotaba una runa. Era enorme, fácilmente del tamaño de Sunder, si no más. También era la más extraña que jamás había visto. Siete anillos la rodeaban por completo en ángulos extraños, como si los cinturones de Saturno se hubieran salido de sus ejes. Cada uno de ellos palpitaba con un poder que le erizó la piel a Noah y le revolvió el estómago entre la inquietud y el deseo.
La superficie gris de la runa estaba perforada por agujeros, y de ella emanaban hilos de poder que la conectaban con la prisión de piedra que los sepultaba a ambos.
Esta no era una runa normal.
Noé lo sabía con certeza.
A él tampoco le importaba.
Noah se acercó directamente a la runa. Aunque había perdido la capacidad de controlar o sentir la magia, aún podía leer el patrón con total claridad.
Sinfonía miserable
Una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Noah. No sabía cómo aquella runa en particular había logrado manifestarse en el vacío blanco… pero tenía que haber una razón por la que hubiera sobrevivido al viaje cuando las demás no lo habían hecho.
Extendió la mano hacia la masa palpitante de magia gris plagada de cicatrices.
Había algo más que simple magia en ello. Incluso desde allí, podía sentirlo; una mirada que se posaba en sus hombros como una pesada capa. La inteligencia residía en la runa que tenía ante sí.
Este era el núcleo de la Sombra de la Noche. No era una Runa Maestra. Se parecía a Desgarrar… pero a la vez, eran completamente diferentes. Esto era algo totalmente distinto, y no quería quedarse atrapado en el vacío, igual que Noé.
—Vas a ayudarme a salir de aquí, ¿verdad? —preguntó Noé—. Vas a sacarnos a los dos de aquí.
Entonces su dedo rozó su superficie, y el mundo desapareció.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 770
Estás leyendo el capítulo 770 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.