Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 756 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—Padre —dijo Noé. Sus palabras eran frías y pausadas, pero el terror se le notaba en la lengua. Allí, al final del imperio, estaba el único adversario al que nunca había logrado vencer. El hombre que nunca debió haber existido.
Al fin y al cabo, al igual que Vermil Linwick, Padre estaba muerto. O al menos, debería haberlo estado. Parecía que ambos tenían eso en común. Sus verdaderos objetivos habían estado tan bien ocultos que nadie, ni siquiera Garina, logró descubrirlos hasta que fue demasiado tarde.
La mirada de Noé se detuvo en el bastón de madera que su padre sostenía. Era sencillo, pero no cabía duda. Su padre controlaba la Larga Noche. Y, por orden suya, el Imperio Arbalest cayó. Su sola presencia ya representaba una amenaza suficiente.
Enfrentarse a Padre, sobre todo con el antiguo artefacto, era prácticamente un suicidio. Era el tipo de enfrentamiento que incluso Noé habría evitado. Él solo se suicidó cuando realmente podía obtener algo a cambio.
Pero todo lo que Noah amaba en este mundo se encontraba entre las ruinas de una vieja torre, a sus espaldas. No tenía otra opción. El único camino para salir del imperio se extendía ante él, y su padre se interponía en su camino.
—Siempre fuiste lo único que me intrigó —dijo mi padre—. Todo lo demás estaba previsto. Todo salió según lo planeado… excepto tú. Pasé mucho tiempo preguntándome por qué, Vermil. Me carcomía el alma. No porque representaras una amenaza, sino porque me confundías.
Noah miró a Padre en silencio, hurgando en su mente en busca desesperada de alguna ventaja. Pero incluso si estuviera dispuesto a arriesgar la vida de todos los que estaban detrás de él, Padre había derrotado a Garina. Había derrotado a Jalen.
Incluso si pudiéramos ganar… ¿Cuántas personas morirían si luchamos contra Padre? ¿A quién estaría dispuesto a sacrificar para salvar a los demás?
Los gritos lejanos se intensificaron a medida que la Sombra de la Noche se acercaba. El enorme monstruo de rango 8 engulló el cielo a su paso, dejando tras de sí solo una sábana negra sin estrellas. Debía de estar a solo unos minutos de convertirlos a todos en piedra, junto con el resto de lo que una vez fue el imperio Arbalest.
—¿Y lo has averiguado? —preguntó Noé—. Imagino que ya has determinado que no se trataba de un simple demonio al que habías invocado.
—Teniendo en cuenta que mi objetivo era alcanzar el Rango 5, creo que esa posibilidad se esfumó cuando masacraste a los Inquisidores que te entregué —respondió mi padre—. Creí que hallaría la respuesta al tener finalmente en mis manos el artefacto. Vi lo que otros solo vislumbraban. La verdadera trama del universo. La inevitable y predestinada realidad que siempre debe cumplirse. Y tú no estabas en ella, Vermil. No existes. Eres una mancha de discordia en un mundo de perfecto orden.
—Estoy herido —dijo Noah. Era muy consciente de la inminente llegada de la Sombra de la Noche, pero hablar le brindaba unos preciosos momentos para pensar, aunque no sirvieran de mucho. Necesitaba una forma de derrotar a Padre.
Pero ni siquiera sé qué tipo de magia usa. No sé de qué es capaz.
—Lo dudo mucho. La hoja no siente compasión por la carne que corta —dijo mi padre—. Creía que seguirías siendo el único misterio que esta odiosa prisión tenía para ofrecer. Puedo decir con total sinceridad que me alegra verte, Vermil. Pero ese nombre… tan anodino. No es el tuyo. ¿Quién eres, entonces?
La única forma de tener una mínima posibilidad de hacer algo es usar hasta el último vestigio de magia a mi disposición. Mi Patrón, mi dominio, Ruptura, Combustión, el Fragmento de Renewal, el estado Despierto, literalmente todo lo que tengo.
Pero no he podido alcanzar un estado de Despertar desde la lucha con Garina.
—No puedes preguntar eso sin responder tú mismo lo mismo. Tu nombre no es Padre. Está tan muerto como Vermil —dijo Noah. Apretó los puños a los costados mientras buscaba sus runas. No podía permitirse quedarse hablando eternamente. Todos lo apoyaban. Si no lograban deshacerse de Padre, la muerte los alcanzaría de todos modos, encarnada en la Sombra de la Noche.
—Llevo este nombre tanto tiempo con él que casi puedo considerarlo cierto. Me he encariñado bastante con él —respondió mi padre—. Pero al fin y al cabo, los nombres son solo nombres. El único poder que tienen sobre nosotros es el que nosotros les otorgamos.
“Parece una forma elegante de decir que tienes demasiado miedo de decir quién eres realmente. Incluso ahora, con el poder de un artefacto, no te revelarás.”
—No te culpo por tus intentos de enfurecerme. Esa desesperación es propia de la presa. Deberías estar orgulloso. En los muchos años que pasé en el Imperio Arbalest, solo tú lograste captar mi atención. No es tarea fácil. Pero, al final, solo hay una forma de conocer la verdadera naturaleza del hombre. —Padre dejó escapar una risa ahogada que no llegó a sus ojos. Alzó la Larga Noche. —Es para ver cómo muere.
Y entonces, mientras los gritos de la Sombra de la Noche avanzaban y consumían todo a su paso, mientras el Imperio Arbalest se desmoronaba tras ellos, Padre desató todo el poder de su dominio.
El mundo se congeló.
Fractales de poder blanco gélido esculpidos en el ser alrededor del Padre. No había ni una sola curva o doblez en su interior. Se extendían en ángulos rectos, viajando a lo largo de planos invisibles en una red cúbica.
La magia que emanaba de ellos era más que fría. Pero no era el frío de la magia de hielo ni ninguna temperatura perceptible lo que Noah sentía. Aquella gélida era mucho más profunda. Eran los muros inquebrantables de una prisión. La inevitabilidad de la muerte. La silenciosa rigidez de quienes alguna vez fueron amigos y que ahora no eran más que transeúntes en la calle.
Este poder no era magia. No había ninguna melodía ni patrón que descubrir en él, porque el patrón era tan simple que no había nada que encontrar. Bien podría haber sido una sola palabra impresa en la realidad con un sello mecánico.
Cumplir.
Una presión inmensa se abalanzó sobre Noah. Lo hizo caer de rodillas, le arrancó el aliento, amenazó con pulverizar su alma antes incluso de que pudiera resistirse. Un gemido de dolor escapó de sus labios.
—Es increíble, ¿verdad? —preguntó mi padre—. Esta es la verdadera naturaleza del universo. Los frutos del árbol que he estado regando durante cientos de años. La capacidad de hacer que cada cosa encaje en la realidad tal y como debe ser.
—No hay nada natural en esto —gruñó Noah, con cada palabra quemándole la garganta como ácido. Invocó su violín y su arco con un pensamiento, liberando hasta la última pizca de presión que podía extraer de sus runas.
Fue como una suave brisa frente a un huracán.
El poder de su padre lo eclipsaba por completo. La diferencia entre ambos era inmensa. Por mucho que recurriera a cada pizca de magia que poseía, apenas lograba que sus manos hicieran algo más que temblar.
Una gota de sudor rodó por la mejilla de Noah. Si pudiera iniciar una Formación, si pudiera entrar en el estado Despierto, tal vez tendría una oportunidad. Pero tal como estaban las cosas… no había absolutamente nada que pudiera hacer.
Mi padre también lo era—
La presión sobre Noé disminuyó.
No en una cantidad significativa, pero sí lo suficiente como para que sintiera que podía tomar una bocanada de aire adicional.
Una sensación extraña le picó en la nuca a Noah. Pero, antes de que pudiera siquiera terminar de procesarla, sintió que la presión cedía de nuevo.
Y entonces volvió a ceder.
Y otra vez.
A Noé le temblaban las rodillas. Apretó la mandíbula con tanta fuerza que sintió punzadas de dolor que le atravesaron los dientes y le llegaron hasta el cerebro. La sangre le latía por las venas al ritmo de un tambor de guerra. Y, a medida que la influencia de su padre se desvanecía, poco a poco se puso de rodillas.
Una docena de presencias ardían en su mente como velas, la débil fuerza de cada una luchando contra el vendaval helado que intentaba asfixiarlo. Pero el alivio no fue gratis.
Dominios lo rodeaban, y su presión se unía a la que emanaba de su alma para contener la presencia del Padre.
Moxie. Lee. Sus alumnos.
Todos y cada uno de ellos estaban a su lado. Se habían arrastrado hasta el dominio de su padre.
—¿Qué? —preguntó Moxie con voz tensa—. ¿Acaso pensabas que nos íbamos a quedar de brazos cruzados sin hacer nada?
—Mejor morir luchando que a manos de esa maldita cosa que tenemos detrás —dijo Silvertide, apretando con fuerza su bastón—. No he llegado a esta avanzada edad para morir de otra forma que no sea una espada clavada en el corazón.
—No le tengo miedo a ningún imbécil que se haga llamar papá —gruñó Todd. Escupió al suelo—. Llevo años listo para morir. Solo asegúrense de enterrarme boca abajo para que papá me bese el culo antes de irse.
—He vislumbrado el futuro —dijo Yoru en voz baja, mientras sus manos resplandecientes chisporroteaban al verse envueltas por la luz de la luna que las componía, luchando por no extinguirse—. Y tú no estás en él.
—Mentiroso —susurró Aylin, con una voz tan suave que apenas llegó a los oídos de Noah.
Uno a uno, todos recurrieron a su magia. Alzaron arcos de hielo y forjaron armas de poder resplandeciente, apoyándose unos contra otros en sus dominios para evitar ser aplastados al instante.
La fuerza de la presencia del Padre era inmensa. Apenas podían mantenerse en pie.
Pero se mantuvieron firmes.
Noé no le dijo a nadie que corriera. No le faltaría el respeto a nadie aquí de esa manera.
—Divertido —dijo el padre—. Inútil, pero divertido. Janice, encárgate de los demás. Yo me encargaré de Vermil. Después de todo lo que ha logrado, merece ver la verdadera magnitud de la distancia que nos separa.
—Sí, padre —dijo Janice.
—¿Te crees un dios? —preguntó Noé, colocando el arco sobre las cuerdas de su violín. Sintió cómo el poder fluía de él hacia el instrumento. Noé ya podía sentir la melodía que quería formar en su mente. No sabía si sería suficiente, pero tendría que serlo. —Porque he visto dioses, padre. Y tú no eres uno de ellos.
—Supongo —dijo el padre, dejando sus palabras flotando en el aire mientras una lenta sonrisa se extendía por su rostro y señalaba a Noé con la Larga Noche— que lo averiguaremos.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 756
Estás leyendo el capítulo 756 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.