Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 741 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Biya caminaba de un lado a otro por sus aposentos, con las manos cruzadas a la espalda y los dientes apretados. Había pasado demasiado tiempo. La Runa Maestra ya debería estar asegurada. Sus Ejecutores deberían haberla contactado hace tiempo, pero ni siquiera lo habían intentado.
Empezaba a sospechar que Exal era mejor vendedor que estratega. Algo no iba bien. Aunque hubiera habido dificultades, no había excusa para la continua falta de información.
Sus hombres estaban mejor entrenados. Habrían estado en contacto con ella en caso de interferencia. Solo les habría tomado unos segundos. El hecho de que no intentaran contactarla no fue incompetencia.
¿Fue esto una trampa tendida por Exal para debilitar mis fuerzas?
Biya descartó esa idea casi al instante. Era una jugada demasiado estúpida. Había maneras mucho más fáciles de atacar a alguien. Exal no era tan tonto como para intentar provocar a la familia Herron. Aun así, con las cosas como estaban, Biya era más que capaz de asegurarse de que los Torrin lo pasaran realmente mal.
Exal no me pareció del todo tonto. Esto no era una trampa. Pero ¿qué pasó? ¿Acaso aislaron a nuestro equipo? Exal podría haber tenido un infiltrado que reveló nuestros planes y permitió que el grupo de Spider preparara una trampa. Parece la única posibilidad.
O bien su equipo se había enfrentado a alguien tan poderoso que cada uno de ellos había muerto en cuestión de instantes, tan rápido que nunca habían tenido la oportunidad de contactar con Biya de forma segura y advertirle de lo que estaba sucediendo.
Descartó esa idea al instante. Era imposible. No había forma de que hubiera combatientes tan poderosos sentados en Arbitage, rascándose las manos y esperando a que alguien intentara atacar a un par de estudiantes inútiles incluidos en la lista negra.
Cualquiera con ese poder simplemente habría tomado la Runa Maestra para sí mismo, después de todo.
La mirada de Biya se detuvo en el brazalete que reposaba sobre su escritorio. Exal aún no había intentado contactarla. Él también debía de saber que algo andaba mal. A menos, claro está, que él fuera el origen del problema.
Entrecerró los ojos. Dejó de caminar de un lado a otro. Las probabilidades de que Exal se volviera contra ella eran ínfimas. Realmente no tenía ningún motivo para intentar algo así. Los beneficios eran prácticamente nulos. Pero su silencio no hacía más que empeorar las cosas.
¡Maldita sea! ¿Qué demonios pasó en Arbitage? ¿Qué está sucediendo? Debería haber alguna noticia. Pero solo hay silencio. ¿Cómo es posible que un personaje de rango 6 y varios de rango 5 simplemente desaparezcan?
Biya frunció los labios. Extendió la mano para tomar el brazalete, pero se detuvo al ver un destello de luz encenderse en el metal. El brazalete de su pareja se había activado. Tomó la pulsera metálica y se la puso en la muñeca mientras se sentaba en la silla, con la mandíbula tensa por la ira.
La magia atrajo la mente de Biya y ella la aceptó, dejando que la oscuridad inundara su visión mientras el brazalete transportaba su mente.
* * *
Una vieja calle empedrada se extendía bajo los pies de Biya mientras su consciencia cobraba forma. La luz anaranjada del fuego se derramaba sobre su espalda, proyectada por postes de hierro negro con faroles que se balanceaban desde sus extremos a varios metros de altura. Un cielo nocturno brumoso, de un púrpura oscuro, se cernía muy por encima, tan denso y brumoso que la luna parecía haber sido arrancada del firmamento.
Exal estaba al otro lado de la calle. Sus ojos recorrían la calle, saltando de sombra en sombra antes de posarse en ella. Parecía haber visto un fantasma. Dado el retraso de la misión, bien podría haberlo hecho.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Biya con voz tensa—. ¿Por qué tardaste tanto en activar el brazalete? Me aseguraste que sería una tarea sencilla, Exal.
—Spider tenía preparativos —dijo Exal. Dudó un instante, como si buscara, sin éxito, las palabras adecuadas—. He perdido el contacto con Dayton. Tus magos también…
—Nada —dijo Biya, entrecerrando los ojos. Exal actuaba de forma extraña. La última vez que hablaron, casi se le veía reprimiendo sus emociones, y no le parecía el tipo de persona que se derrumbara tras un solo plan fallido—. ¿Quieres decir que no tienes ni idea de lo que ocurrió en Arbitage?
—Nada —replicó Exal negando con la cabeza. La luz sobre él parpadeó. Se alejó de los rincones más oscuros de la calle. Parecía casi asustado—. Pero creo que deberíamos cancelar todo esto. Spider es claramente mucho más fuerte de lo que pensábamos.
—¿Cancelarlo? —exclamó Biya. Se acercó a Exal y le clavó un dedo en el pecho—. Hay muchas posibilidades de que haya perdido hoy a un mago de rango 6 y a varios de rango 5, Exal. Y todo por tus promesas, ¿no crees? ¿Acaso crees que esas promesas se dan por sentadas? ¿Crees que incluso la familia Herron disfruta desperdiciando recursos tan valiosos?
—Creo que a veces es mejor asumir las pérdidas cuando se está en ventaja —dijo Exal con voz aún tensa. Sus ojos recorrieron la calle de nuevo, casi como si esperara que algo saltara de las sombras e intentara estrangularlo—. Cometimos un error de cálculo.
—Te equivocaste en tus cálculos —corrigió Biya negando con la cabeza—. Y me hiciste falsas promesas. Veo esa mirada en tus ojos, Exal. ¿De verdad provocaste una reacción violenta sin estar preparado? Eres el jefe de la maldita familia Torrin, muchacho. Compórtate como tal.
—¿Qué estás insinuando? —preguntó Exal, con un leve tono de enfado en su voz.
Biya soltó una carcajada y negó con la cabeza. —Puede que seas una niña prodigio, pero no dejas de ser una niña inexperta. ¿De verdad creías que todo saldría según lo planeado? ¿Que todo encajaría a la perfección sin resistencia? Siempre existe la posibilidad de que tu oponente esté mejor preparado de lo que esperas. ¿Y qué importa?
Exal vaciló un instante mientras la linterna sobre su cabeza parpadeaba. Biya casi sintió un impulso irrefrenable de poner los ojos en blanco. El idiota estaba tan aterrorizado por las arañas que dejaba que su miedo distorsionara su conexión mental.
¡Necio! Pagará por el daño que causó a mis fuerzas… pero esta es una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Si Exal es realmente tan débil, puedo ganarme su confianza y tomar el control de la Familia Torrin desde dentro. Estoy seguro de que aún puedo sacarles provecho antes de que se derrumben.
—Spider no es más que un demonio —continuó Biya. Podía percibir la debilidad como si fuera sangre en el agua—. Preparen sus defensas. Tiene enemigos por todas partes. Sus fuerzas se concentran alrededor de Arbitage. Que nuestro primer intento haya fracasado no significa que el próximo también lo hará. Tenemos la ventaja del atacante, y él no puede sitiar una ciudad. Eso movilizaría a las familias por miedo a ser las siguientes.
Exal se limitó a negar con la cabeza. Ni siquiera dijo nada. La linterna sobre él parpadeó una vez más y luego se apagó con un leve siseo.
—¡Deja de ser una maldita cobarde! —gruñó Biya, presa de la ira—. Estás a salvo, imbécil. ¿Cómo es posible que una amenaza tan insignificante te acobarde tanto? Yo fui quien sufrió las peores consecuencias, no tú. Tres de mis hombres seguramente han muerto. Sus runas se han perdido. ¿De verdad crees que voy a dejar que te retires de esta así como así?
—No lo entiendes —dijo Exal con la voz entrecortada.
El adoquín bajo sus pies crujió. La mirada de Biya se posó en él. Su labio se curvó con desdén. Jamás habría imaginado que aquel idiota tan seguro de sí mismo que la había convencido de comprometer hombres a su causa fuera tan patético.
Debo estar perdiendo la cabeza. ¿Cómo pude dejar que un mocoso como este me engañara? Estaba tan segura de que sabía de lo que era capaz, al menos en cierta medida… pero seguro que ya se está orinando encima.
—¿No entiendo? —repitió Biya con sorna. Una sombra la cubrió mientras la noche se oscurecía. El miedo de Exal era tan denso que estaba distorsionando el mundo. Aquello era bastante impresionante. El chico debía de tener un alma muy fuerte.
—Tienes que irte —susurró Exal. Algo cruzó sus ojos. Biya lo habría llamado un destello de determinación si el tembloroso necio frente a ella no estuviera literalmente temblando de miedo—. Huye. Mientras puedas.
—¿Huir? —exclamó Biya—. ¿Cómo te doblegaste tan fácilmente? ¿Acaso el Rango 5 que murió era tu amante? ¿Crees que me iré después de esto? Ni hablar. Pagarás la deuda que tienes conmigo, Exal. Los Torrin me conseguirán esa Runa Maestra. Ese era nuestro trato, y no te irás a ninguna parte hasta que se cumpla. Deja de temblar. Spider está en Arbitage. No está en la Mansión Torrin, mucho menos en tu refugio, y desde luego no está aquí. Estás a salvo, idiota.
La lámpara sobre la cabeza de Biya parpadeó. Por un instante, la oscuridad envolvió la calle en un abrazo opresivo. Luego, la luz volvió a atenuarse, retomando una lastimera imitación de su intensidad anterior.
A Biya se le revolvió el estómago hasta la garganta.
Había alguien más en la calle.
Alguien que no debería haber estado allí.
Entre ella y Exal se interponía un hombre harapiento con un uniforme de profesor desgastado. La barba incipiente le caía sobre la barbilla y el pelo desaliñado enmarcaba sus rasgos fríos. De no ser por su presencia allí, ella podría haberlo confundido con un mendigo que hubiera robado el uniforme de un profesor bastante pobre.
Aquí no podía haber mendigos. Aparte de ella y Exal, no debería haber nadie más. A menos que Exal los hubiera traído.
A menos que hubiera sido traicionada.
Una fría constatación golpeó a Biya. Buscó a tientas la pulsera en su brazo, solo para descubrir que ya no la tenía. Sus muñecas estaban desnudas.
El hombre harapiento sonrió, pero la diversión no se reflejó en sus ojos. —Biya. Exal me habló mucho de ti. Aunque debo decir que es raro encontrar a alguien que se equivoque en todo.
—¿Quién eres? —gruñó Biya, invocando a su alma. El poder rúnico no funcionaría correctamente en un espacio mental. Todo lo que ocurriera allí sería una batalla del alma, más que nada. —Y no tengo ni idea de qué estás hablando. ¿De verdad crees…?
—Exal no es seguro en absoluto —dijo el hombre. Su mirada se clavó en la de Biya—. Y tú tampoco.
—Las palabras no significan nada —dijo Biya, mostrando los dientes. Un poder inmenso la invadió mientras canalizaba su alma hacia adelante, envolviéndola a su alrededor mientras preparaba un ataque. No era una técnica que muchos magos del reino conocieran. Eran muy pocos los magos de Rango 6 que podían usar su alma de forma ofensiva, pero nadie llegaba a ser el líder de la Casa Herron sin tener al menos algunos trucos bajo la manga. —No temo tus amenazas, intruso.
Ella lanzó su alma hacia adelante, clavándola en el pecho del hombre harapiento como si fuera una estaca.
Dio en el clavo... y se hizo añicos.
El hombre ni siquiera parpadeó. Ni siquiera pareció darse cuenta de que había sido atacado.
A Biya se le erizó el cabello. Una fuerte sensación de inquietud le recorrió los brazos mientras se encontraba incapaz de apartar la mirada. Su vista estaba fija en los oscuros remolinos de tinta dentro del cráneo del hombre, como una luna atrapada en órbita.
—Tengo un nombre, ¿sabes? —dijo el hombre, dirigiéndose hacia Biya. El único atisbo de emoción en su voz era un temblor de furia reprimida que impregnaba cada palabra—. Lo mínimo que podrías hacer al intentar matar a mis alumnos es mostrar algo de cortesía profesional. Úsala.
Exal no hizo ningún intento por detenerlo. La cabeza de Torrin parecía tan fija en su lugar como se sentía Biya.
Biya tenía la lengua seca. Su alma se estremecía y chisporroteaba como una vela al viento. La presión la abrumaba desde todas direcciones, pero no la derribaba. Ni siquiera podía desplomarse. Lo único que podía hacer Biya era quedarse paralizada. Pero, como si fuera poco, sintió que la presión sobre su mandíbula disminuía.
Se le permitía responder.
No cabe duda. Es el demonio. Nada más podría explicar el aspecto de Exal. ¿Sabe manipular almas? No. Si supiera, habría contrarrestado mi ataque. Ni siquiera pareció notarlo… lo que significa que su alma debe ser enorme. El demonio simplemente no sabe cómo usarla. Eso significa que estoy a salvo. No puede hacerme daño.
—Araña —siseó Biya—. Tus amenazas no tienen peso. No soy una mocosa llorona como Exal. Aquí no podemos hacernos daño. ¿Por qué no me liberas para que podamos negociar como magos de verdad?
—Araña. —El hombre saboreó la palabra como si fuera un caramelo duro—. ¿Sabes qué es interesante? Técnicamente no estás equivocado, pero de alguna manera, te equivocaste en todo. Otra vez.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Biya, negándose a dejar que el miedo se reflejara en su rostro. Había gobernado la Casa Herron durante cientos de años. No se dejaría intimidar por un demonio advenedizo que había escapado de su prisión.
—La mayoría me conoce como Spider —dijo el hombre mientras se acercaba a ella. Se detuvo a escasos centímetros y alzó las manos, sujetándole el rostro mientras se inclinaba hasta que sus narices quedaron a escasos centímetros. Algo brilló en aquella oscuridad infinita.
Un sinuoso sendero de oro, que se extiende hasta el olvido sin que se vislumbre el final.
Las defensas mentales de Biya se resquebrajaron cuando algo las embistió como una ola gigante. Antes de que pudiera siquiera intentar reparar el daño, una inmensa ola de poder la inundó como un diluvio.
Se le congeló la respiración en la garganta.
El mundo que rodeaba a Biya se desvaneció. La oscuridad lo engulló todo. Lo único que quedó fue aquel interminable sendero dorado.
¿Qué es esto? ¿Qué está pasando?
“Acercarse a mis alumnos es lo mismo que acercarse a mí. Creo que es justo que obtengan lo que buscan. Vinieron a la puerta de Spider, así que permítanme presentarles como corresponde”, susurró Spider, con la voz cada vez más lejana mientras se desvanecía. “Empecemos por el principio. Permítanme presentarles a Noah Vines”.
Y entonces se fue, y lo único que quedó fue la Línea.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 742
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 741
Estás leyendo el capítulo 741 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.