Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 742 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah observó a Biya durante varios segundos que se hicieron eternos; sus ojos, ahora vacíos, miraban fijamente al aire frente a ella. Tenía los labios entreabiertos y la saliva le goteaba por la barbilla. No había ni un solo pensamiento ni emoción en la mujer.
Lo único que Biya aún podía comprender era la Línea. Miles y miles de años comprimidos pasaban fugazmente por su mente. Resultaba que establecer una conexión mental directa con alguien dejaba la mente bastante vulnerable a un ataque mental.
Es una lástima que nunca vaya a tener la oportunidad de aprender la lección.
—¿Qué le hiciste? —preguntó Exal con voz entrecortada, el horror reflejado en su rostro—. Ni siquiera está físicamente aquí. ¿Qué clase de ataque al alma puede hacer esto?
Noah ni siquiera se molestó en mirar al otro hombre. Exal no podía hacerle absolutamente nada allí. Ya tenía demasiados pensamientos y distracciones zumbando en la cabeza.
Quizá habría sentido un atisbo de lástima por Biya si le quedara algo de ella. Por desgracia para ella, no la sintió. Las familias nobles habían dejado muy clara su postura. Ahora solo se limitaba a seguir sus reglas.
Noé extendió una mano hacia Biya.
Entonces invocó Sunder. El poder vibró en su alma mientras Crumbling Apocalypse se estremecía. Repelió la inmensa Runa Maestra. La magia inundó el cuerpo de Noah como un maremoto mientras la ira palpitaba en su mente al ritmo de un tambor de guerra.
Jamás había logrado beber tan profundamente de Sunder. La diferencia entre lo que unas pocas runas de rango 5 podían resistir y lo que su rango 6 —incluso con la mala combinación que tuviera— podía soportar era abismal.
La tinta negra como el azabache le recorría las venas. Gotas de poder concentrado perlaban la piel de Noah como sudor. Se elevaban en el aire y se reunían ante él, fundiéndose para formar la gruesa empuñadura de un arma.
Los ojos de Noé se abrieron de par en par al reconocerlo.
Era una lanza.
La misma lanza que había logrado manifestar por un breve instante cuando usó Sunder al límite de sus habilidades, y la misma lanza que Decras empuñó en la visión que la Runa Maestra le había dado cuando la tocó por primera vez.
Runas fluidas recorrían su superficie, incomprensibles en la obsidiana negra como la boca del lobo que componía el arma. Su punta era tan afilada que parecía cortar las moléculas del aire que la rodeaba.
Noah extendió la mano. Dudó un instante, luego agarró el arma por la empuñadura. Una descarga eléctrica le recorrió los brazos y el cuerpo. En su interior, había algo… más. Noah no estaba seguro de si lo llamaría inteligencia, sino más bien deseo.
El arma ansiaba ser usada. Había estado esperando este momento. Inspiró profundamente y entrecerró los ojos. Apretó con más fuerza la lanza.
Luego se la clavó en el pecho a Biya.
El golpe de Noé lo llevó un paso más lejos de lo que esperaba. No ofreció la más mínima resistencia cuando la punta de la lanza tocó la piel de la mujer. La cortó limpiamente como si ella no estuviera allí.
Un destello de confusión recorrió a Noé.
¿Qué? ¿No puedo cortarle el alma mientras estamos en un Espacio Mental? No tiene sentido. Ya lo he hecho antes. No veo por qué no...
Noé retiró la lanza. La atravesó de nuevo, con la misma facilidad que la primera vez. No ofreció resistencia alguna. Intentó examinarla, pero sus ojos se abrieron desmesuradamente antes de poder hacerlo.
El rojo se filtró en la ropa de Biya alrededor de donde la lanza la había tocado.
¡Joder!
No es que el arma no la hubiera cortado. La lanza era tan afilada que no había sentido diferencia alguna entre cortar el aire y cortarla a ella.
Una línea negra descendió rápidamente a través de la cabeza de la familia Herron.
Y entonces, sin ceremonias, se desintegró como un plátano partido. Ni siquiera tuvo la libertad de registrar su muerte. Sus ojos seguían ausentes, su mente perdida en los infinitos recovecos de la Línea.
Un crujido resonante resonó en el espacio mental compartido.
Antes incluso de que las dos mitades de su cuerpo tocaran el suelo, cuatro runas se elevaron en el aire. Cada una de ellas era de rango 6.
—¿Qué? —susurró Exal desde detrás de Noah.
Casi había olvidado que seguía allí.
Noah extendió la mano en el aire, recogiendo las runas y atrayéndolas hacia su alma. Fue… más fácil de lo que había previsto. Ni siquiera tuvo que pensar en dibujarlas. Simplemente parecieron absorberse en su ser sin el menor esfuerzo por su parte.
Y así, de repente, Biya murió. El gran jefe de la segunda familia noble más poderosa del imperio, abatido de un solo golpe, y a Noah ni siquiera le importó.
Exal retrocedió un paso. Una piedra crujió al rozar el suelo empedrado bajo su talón.
—Imposible —susurró el cabeza de familia Torrin—. Las runas se disipan con el alma al morir. ¿Cómo puede existir tal magia?
Noah se volvió hacia él cuando la lanza se desvaneció de sus manos. Ni siquiera con su nueva runa podría mantener Sunder activo por mucho tiempo. Sobre todo no con ese nivel de poder.
—Salid de este espacio mental —dijo Noah secamente—. Hemos terminado aquí.
Exal tragó saliva. Su mirada pasó rápidamente de Noé al cuerpo caído de Biya.
Entonces el espacio mental colapsó.
* * *
Noah se encontró de nuevo en su cuerpo, dentro de la sala segura de Exal. Un leve dolor de cabeza le palpitaba en la nuca, amortiguado por el poder vibrante de su recién creada Runa del Apocalipsis Desmoronado de Rango 6.
Habría que separarlo cuanto antes. La combinación distaba mucho de ser perfecta, y mucho menos impecable. Aun así, la enorme diferencia entre un Rango 6 y un Rango 5 era abismal.
En el mundo físico, más que en el espacio mental, los sentidos de Noah sufrían un bombardeo constante de información. En muchos sentidos, le recordaba a cuando por fin había logrado comprender su alma por completo. Podía sentirlo todo. Un dominio de Rango 5 era incomparable a uno de Rango 6.
Donde antes solo podía percibir formas generales, ahora Noah veía con un detalle resplandeciente. Cada fibra del alma de Exal parecía gritarle. Podía sentir la magia retorciéndose dentro del hombre, y las imbuiciones que cubrían cada centímetro cuadrado de la habitación a su alrededor.
Si hubiera tenido tiempo, o si su Rango 6 hubiera mejorado un poco, Noah quizá habría podido incluso descifrar con exactitud el efecto de las imbuiciones. El conocimiento no solo era más fácil de adquirir en este nuevo dominio, sino que también tenía más sentido.
La única forma en que podía describirlo era como si su alma solo hubiera estado leyendo un libro de texto hasta entonces. Alcanzar el Rango 6 la había liberado de sus cadenas y le había dado la oportunidad de interactuar con el mundo y obtener experiencia práctica.
Me pregunto cuántos años de trabajo necesitaría mi alma para conseguir un empleo de salario mínimo. Quizás debería volver a estudiar para obtener una maestría.
Noah cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza. Sus pensamientos divagaban sin control. En cuanto se distraía, se disparaban como un perrito suelto. No sabía si se debía al daño en su alma o al enorme aumento de poder mágico que había experimentado hasta alcanzar el Rango 6; solo sabía que cuanto más tiempo pasaba así, más borroso se volvía todo.
Noah se pellizcó el puente de la nariz y se obligó a concentrarse. Exal apenas despertaba del trance mental. La magia en su interior se arremolinaba, pero no era tan estúpido como para intentar invocarla de nuevo. Sabía lo que ocurriría si lo hacía, y aún creía que había una salida.
Un repentino arrebato de ira cruzó los pensamientos de Noah.
Aún no había terminado con Exal. Si había algo que lo mantendría enfocado, era asegurarse de terminar todo lo que había venido a hacer antes de regresar a Arbitage.
—Hice lo que querías —dijo Exal entre gemidos, llevándose una mano a la sien—. Malditas Llanuras. ¿Qué le has hecho a mi cabeza? ¿Qué le hiciste a Biya?
—No es mi culpa que tu alma sea tan pequeña que el simple hecho de conectarme a ella haya bastado para dañarla —dijo Noah con frialdad. Invocó Apocalipsis Desmoronado, dejando que el río de poder almacenado en la runa recorriera su cuerpo hasta concentrarse en la punta de sus dedos.
Exal apretó la mandíbula. —Ya tienes lo que querías, Spider. No tenemos más asuntos que tratar.
—¿Eso pensabas? —Noah ladeó la cabeza. Ajustó el control sobre el poder que lo recorría. Había magia en esa combinación que no comprendía del todo. Un poder que le era prácticamente desconocido. Necesitaría un impulso para funcionar correctamente. —¿Cuándo dije yo que esto era todo lo que quería, Exal?
—¿Qué más necesitas de mí? —preguntó Exal—. Si me matas, toda la Casa Torrin será tu enemiga. Los Herron ya vendrán a por ti. ¿De verdad puedes con otra casa también? Tus alumnos jamás volverán a respirar tranquilos. No eres un dios. Ni siquiera tú puedes protegerlos de todo. Ellos —y tú— pasarán el resto de sus días perseguidos hasta los confines del Imperio.
—¿De verdad crees que estás en posición de lanzar amenazas? —preguntó Noah. Su violín se materializó en sus manos; la madera de obsidiana pareció absorber la luz de la habitación. Las runas grabadas en su superficie brillaron, y el rostro de Exal palideció.
“No fue una amenaza. Fue simplemente un hecho”, dijo el cabeza de familia.
Noé gruñó. —No te muevas.
Deslizó el arco sobre las cuerdas del violín, dejando que su fuerza fluyera a través de él mientras comenzaba a tocar. Aquella tarea era demasiado difícil para que la lograra sin el apoyo de una Formación.
Exal escuchó, paralizado, mientras una canción llenaba la habitación. El poder se concentró en el aire alrededor de Noah mientras construía la Formación. Era bastante peligroso intentar crear una nueva Formación con una runa recién formada que no comprendía del todo, pero volar por los aires no era precisamente su mayor preocupación en ese momento.
Por suerte, esta Formación no pretendía hacer nada sofisticado. Era una de las más básicas que jamás había necesitado. Solo tenía que proporcionarle una función.
Fuerza.
—¿Qué es esto? —preguntó Exal con un suspiro mientras la música de Noah se detenía y las últimas notas resonaban en la habitación—. ¿Qué estás haciendo?
—Haciendo una declaración —respondió Noé.
Colocó un solo dedo sobre la cabeza del otro hombre.
El otro hombre entreabrió los labios.
Una línea negra lo atravesaba de pies a cabeza. La sorpresa y el miedo ni siquiera tuvieron tiempo de desaparecer de su rostro.
Exal se partió en dos, muerto mucho antes de tocar el suelo. Mientras tres runas salían en espiral de su interior, Noah golpeó a Grim en la portada.
—Llévatelos —dijo Noah con frialdad—. No quiero toda esta mierda extra en mi alma. Ya hay demasiada basura dando vueltas dentro.
Lenguas de papel se extendieron por encima de su espalda. Recogieron las runas en el aire y las arrastraron de vuelta a las páginas del grimorio en un instante.
Noah se llevó una mano a la cabeza y se apoyó contra la pared. Una ola de mareo lo invadió. Aún no sabía si se debía al daño en su alma o a los enormes estirones de crecimiento a los que la había sometido. Lo descubriría cuando…
Un leve zumbido le cosquilleó la nuca. De algún modo, se había encontrado sentado contra la pared. Su Formación seguía suspendida en el aire como la espada de Damocles, a la espera de ser activada. Su simplicidad, junto con las reservas enormemente aumentadas con las que ahora contaba, le habían permitido durar mucho más que cualquier otra cosa que hubiera creado antes.
El zumbido se intensificó. Parpadeó.
Era el Cañón de Transporte.
Había pasado una hora. Noah negó con la cabeza y se apartó de la pared, entrecerrando los ojos mientras intentaba concentrarse en el presente. Se puso de pie con dificultad mientras la sensación de hormigueo se intensificaba.
Con un solo pensamiento, recurrió a Sunder por última vez. Rozó con un dedo el poder que flotaba en la Formación, cortándolo y destruyendo el circuito cerrado.
Se oyó un chillido agudo cuando toda la magia que contenía encontró de repente una vía de escape.
El Cañón de Transporte se activó. El cuerpo de Noah se transformó en un destello de luz y, un instante después, la Formación se hizo añicos.
Una explosión ensordecedora sacudió la habitación tras su paso. La onda expansiva detonó las imbuiciones que recubrían las paredes, destruyendo también las runas que preservaban su poder. Los muros se hicieron añicos. Los pasadizos subterráneos se derrumbaron.
Y, mientras Noé desaparecía por el cielo sobre Bosque Blanco, la mansión de la sucursal principal de Torrin se derrumbó en el creciente socavón que se encontraba debajo.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 742
Estás leyendo el capítulo 742 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.