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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 740 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Una ira fría y latente ardía en el interior de Noah. La única razón por la que no había estallado en un infierno de fuego era que Isabel y Todd estaban ilesos. Pero eso no la hacía menos intensa. Simplemente la hacía más controlada. Caminó a grandes zancadas por las calles del campus, con un rostro tan inexpresivo que parecía esculpido en piedra. Su cuerpo prácticamente se movía solo; sabía lo que tenía que hacer. Una y otra vez, los nobles lo presionaron. Todo el reino era tan corrupto que resultaba difícil de comprender. Una cosa era que las familias nobles inundaran los mercados con runas falsas y peligrosas para asegurar su monopolio del poder. Otra muy distinta era que se unieran y, sin embargo, se negaran a compartir sus investigaciones. Otra muy distinta era que intentaran conseguir una Runa Maestra cuando no tenían nada más importante que hacer. Pero el Imperio se desmoronaba a su alrededor. Las alianzas que mantenían unidas a sus familias se desmoronaban. Innumerables personas habían sido convertidas en piedra cantora por un monstruo de rango 8 que apareció de la nada y desapareció tan rápido como había llegado. Esto ya no era solo una cuestión de poder. Las familias se estaban desmoronando. Fragmentándose. Y, si hubiera existido siquiera un atisbo de liderazgo adecuado dentro de esas familias, su atención debería haberse centrado por completo en mantener unidas esas alianzas. En preservar aquello por lo que habían luchado durante lo que debieron ser cientos de años. Y tal vez algunas familias estuvieran haciendo eso. Noah no había visto ni rastro de la familia King. Los Linwick... bueno, ya estaban acabados. Jalen había muerto y su padre era una antigua amenaza. No tenían a nadie más competente que siguiera manteniendo a la familia. Él tampoco sabía nada de las demás familias. Pero los Torrin y los Herron habían dejado clara su postura. Les importaba un bledo que todo se estuviera yendo al garete. Lo único que les importaba a sus líderes era echar sus sucias y ensangrentadas manos a la runa de Isabel. Los pies de Noah finalmente se detuvieron al encontrarse de pie en el traqueteante ascensor del Cañón de Transporte. Observó Arbitage mientras ascendía con estrépito, un instante de silencio que rompió la tormenta que rugía en su mente. Una enorme parte del gigantesco Bastión seguía siendo solo piedra resonante. Estaba vacía, y la vida que alguna vez la habitó era ahora un recuerdo lejano. Eso era irreversible. Era difícil decir si Arbitage alguna vez pudo considerarse una gran ciudad. La ciudad era una farsa. Todas lo eran. Arbitage no era una escuela. Era un arsenal de armas de una guerra antigua, creado solo para un experimento. Todo aquel Imperio no era más que un proyecto de feria de ciencias chapucero. Las familias nobles, con todas sus intrigas y manipulaciones, no eran más que hormigueros peleándose en la granja de algún niño. Noah no sabía si aquello era hilarantemente triste o simplemente deprimente. Y, llegado este punto, ya no le importaba nada. El ascensor se detuvo con un fuerte traqueteo. Noé salió. Los demonios se amontonaban a su alrededor, encorvados sobre libros, meditando, o, en el caso de Torrick y Edda, garabateando en papel. Tim estaba de pie junto al panel de control, con papeles pegados en las paredes y colgando del techo sobre él. Tenía las manos manchadas de tinta y una gran pila de libros apilada frente a él sobre el panel. —Bienvenido de nuevo —dijo Tim con una sonrisa que se dibujó en su rostro. Se le congeló la sonrisa antes de que pudiera terminar de hablar, y luego se desvaneció al ver la expresión de Noah—. ¿Qué pasó? —Nadie ha muerto —dijo Noé—. Todavía no. —Estoy dentro —dijo Vrith—. Ha pasado demasiado tiempo desde que tuve una buena pelea. —Me temo que tendrá que esperar un poco más —dijo Noah—. Aunque probablemente no tanto como temes. Voy a hacerlo solo. No necesito a nadie que quiera con vida lo suficientemente cerca como para que resulte herido. Tim, necesito tu ayuda. —Siempre —dijo Tim al instante—. ¿Qué puedo hacer por ti? “Dos cosas. Primero, necesito ir rápidamente a la finca Torrin. ¿Bosque Blanco, verdad? Lo más cerca que puedas. Recuerdo que están protegidos contra la magia espacial, así que sé que el Cañón de Transporte no puede llevarme justo al centro…” —En realidad, eso ya no es cierto —dijo Tim aclarando su garganta—. He avanzado mucho en mi comprensión de la magia espacial desde entonces. Eludir ciertas restricciones espaciales generales es bastante fácil. Puedo hacerlo. Noah sonrió. —Perfecto. Entonces voy a necesitar eso. Y una cosa más. Necesito encontrar a Bird. ¿Sabes dónde está? —No —dijo Tim—. Pero Lee probablemente podría encontrarla con bastante facilidad. Noah hizo una pausa. Luego hizo una mueca. Claro que Lee podía. No sabía por qué no se le había ocurrido antes. Eso era malo. Tenía que estar alerta al salir. No iba a poder permitirse ningún error. —Ah. No sé por qué no se me ocurrió antes. Estaba con ella hace un momento —dijo Noah—. Vuelvo enseguida. Por favor, preparen el Cañón de Transporte rumbo a Bosque Blanco. —¿Cuánto tiempo? —preguntó Tim—. ¿Y cuándo quieres irte? —Dame una hora —respondió Noé tras pensarlo un momento—. Para ambos. Debería ser más que suficiente. Se acabó el juego. Iba a necesitar pedir prestadas algunas runas para esto. * * * Los dedos de Exal tamborileaban sobre su escritorio. No había noticias de Dayton. Biya se había marchado hacía poco, pero él estaba seguro de que no lo había traicionado. No habría tenido ningún motivo lógico para hacerlo. Ya le había prometido la Runa Maestra. Pero eso no explicaba la falta de respuesta. Enfrentarse a unos cuantos demonios de rango 3 mientras Spider estaba ausente, incluso con los demonios bajo su mando, debería haber sido bastante sencillo. Habían enviado varios demonios de rango 5 y uno de rango 6. Un profundo ceño fruncido apareció en los labios de Exal. Su mano se dirigió hacia un brazalete rúnico que reposaba sobre la mesa frente a él. Era de Biya; se lo había dado para que pudieran retomar el contacto fácilmente una vez finalizada la misión. El metal imbuido estaba conectado a un brazalete idéntico que Biya llevaba en la muñeca. Por supuesto, Exal no era tan ingenuo como para creer que ese era el único propósito del brazalete. Ningún regalo, especialmente si provenía del cabeza de una casa noble, venía con segundas intenciones. Probablemente, al ponérselo, hurgaría en sus pensamientos superficiales en busca de información útil. Pero aun así, Exal consideró ponerse el brazalete. Algo le inquietaba. Lo había planeado todo con sumo cuidado. Se había asegurado de tener potencia de fuego más que suficiente. Enviar varias unidades de Rango 5, y mucho menos una de Rango 6, era una exageración total para dos unidades de Rango 3. Algo había salido mal. La tarea ya debería estar terminada. Exal se levantó de su silla. Cruzó las manos a la espalda y comenzó a caminar de un lado a otro detrás de su escritorio. De repente, la habitación le pareció demasiado pequeña. Esto no estaba bien. Tenía que haber… ¿Qué estoy haciendo? Exal se sorprendió a sí mismo a mitad de un pensamiento. Sus labios se tensaron en una línea recta. Era el cabeza de la Casa Torrin. Eso tal vez no lo convirtiera en el mago más poderoso de su familia, pero… este pánico era indigno de él. No era un niño cualquiera. Exal era de rango 6 y tenía dos runas. Existían varias razones que podrían explicar la demora en la respuesta. Conjeturar era inútil. De todos modos, no había pasado mucho tiempo desde que la misión había comenzado. No más de una o dos horas. Pensar demasiado podía perjudicar los planes tanto como cualquier otra cosa. No cavaré mi propia tumba. La paciencia da mejores frutos que cualquier otra virtud. Aunque algo haya salido mal, no importa. Habrá otras oportunidades. Exal exhaló con fuerza. Se volvió hacia su silla, ignorando la aceleración de su corazón mientras se obligaba a sentarse y apoyaba las manos sobre la mesa. Sus dedos comenzaron a tamborilear sobre la madera. Sus labios se fruncieron. Los entrelazó para reprimir el tic nervioso. Su pie ocupó su lugar. Exal apretó la mandíbula. Era como si su cuerpo se rebelara contra su mente. No había absolutamente ninguna razón para ello. Semejante acto vergonzoso era impropio del cabeza de la Casa Torrin. Algo le picó en las orejas, como un leve cambio de presión. Exal frunció el ceño. Se detuvo, intentando averiguar de dónde venía. Su habitación estaba muy por debajo de la tierra, aislada de los sonidos y las distracciones de la ciudad. Protegido de la ciudad de arriba. Incluso si alguien atacara a Torrin— Una explosión atronadora sacudió la tierra. Exal se puso de pie de un salto, con el corazón latiéndole aún con fuerza en el pecho. Su silla salió disparada hacia atrás y se estrelló contra la pared que tenía detrás antes de caer al suelo con un estrépito. ¿Qué está sucediendo? Para que el sonido fuera tan fuerte, el tamaño de lo que lo causó debió ser verdaderamente enorme… o la magia que lo sustentaba era inmensa. ¿Estamos bajo ataque? ¿Me traicionó Biya? Exal se giró hacia la puerta, solo para descubrir que le faltaba la mitad. Retrocedió un paso. Cubos burbujeantes de magia negro violácea devoraban la madera como termitas. La puerta se desvaneció ante sus ojos, desapareciendo en un instante. Detrás de él se encontraba un hombre harapiento vestido como un profesor de arbitraje. Su cabello oscuro le caía sobre la cabeza como cortinas y llevaba colgado a la espalda un enorme grimorio a modo de mochila. Pero sus ojos... sus ojos estaban equivocados. Eran dos agujeros negros hambrientos fijados dentro de su cráneo, tratando de devorar todo lo que osara permanecer a su vista. Algo hizo clic en la mente de Exal. Sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta. Conocía a ese hombre. Era el profesor favorito de Spider. —Vermil —siseó Exal, y el miedo que le oprimía el pecho se transformó en diversión. Habían enviado a un Rango 4 tras él. Uno tan débil que su alma ni siquiera se registraba en el dominio de Exal—. ¿Te gustó tanto mi finca que volviste después de que te dejara marchar una vez? —Ah. Me alegra que la información de Moxie fuera correcta —dijo Vermil—. Sabía que estarías escondido en la habitación segura. Me pareció algo que harías. ¿Dónde está la cabeza de la familia Herron? Supongo que tuviste que hablar con ella. Exal entrecerró los ojos. Vermil sabía demasiado. Eso prácticamente lo confirmaba. La misión había fracasado. —Te has ido —dijo Exal—. Te has excedido, Vermil. Creía que eras más listo. Has jugado bien hasta ahora… pero nunca debiste venir aquí solo. No importa para qué hayas invocado a Spider en la superficie, estás aquí. Conmigo. Y con nadie más. Un poder inmenso invadió a Exal. Debía moverse lo más rápido posible. Hasta saber qué ocurría en la superficie, lo más importante era reubicarse antes de que llegaran refuerzos para apoyar a Vermil. Su runa más poderosa se estremeció mientras Exal absorbía hasta la última gota de poder que podía extraer de ella. Aquella combinación había pertenecido a la familia Torrin durante muchísimo tiempo. No era perfecta —ninguna runa de rango 6 lo era—, pero era una de las combinaciones más poderosas que existían. Enredaderas negras y espinosas se enroscaban en el aire alrededor de Exal, difuminándose hacia Vermil como una guarida de serpientes. Cada una estaba impregnada de un veneno letal, lo suficientemente potente como para aniquilar incluso a algunos de los magos más poderosos del Imperio con una sola gota. Vermil ladeó la cabeza. Una magia púrpura rojiza brotó de él en una oleada indiscriminada. No había un flujo ni un patrón definido, solo fluctuaciones de poder. Arcos dentados de energía desgarraron las enredaderas que se dirigían hacia Vermil, reduciéndolas a meras partículas dispersas por el viento en un instante. La presión golpeó el pecho de Exal y le arrancó el aire de los pulmones. Pero no se trataba solo de presión. El aire mismo tembló cuando algo invisible se abalanzó sobre los hombros de Exal con el peso de una montaña, intentando hacerlo caer de rodillas. Y entonces, demasiado tarde, el dominio de Exal lanzó una advertencia. Zarcillos de poder se arremolinaron alrededor de Vermil mientras su dominio aparecía de repente y se expandía hasta llenar toda la habitación, anulando por completo el de Exal. —Viniste por mis estudiantes, Exal —dijo Vermil, con desprecio y furia en sus ojos negros como la noche—. Pero no solo por ti. ¿Dónde está la cabeza de Herron? Exal intentó usar su magia, pero nada respondía. Sus runas estaban completamente bloqueadas. El dominio de Vermil no solo era más grande que el suyo, sino que lo eclipsaba por completo. La verdad finalmente se hizo evidente, pero ya era demasiado tarde. Aquello no era un dominio cualquiera. Había indicios de algo… más en su interior. Eran tan tenues que apenas podía percibirlos, pero no cabía duda. Era un Dominio del Alma. Y solo existía una forma de desarrollar un Dominio del Alma. —No eres de rango 4 —jadeó Exal, con el horror atenazándole la garganta como un puño cerrado—. Eres de rango 6. ¿Cómo? —Ah, ya sabes. Lo de siempre —dijo Vermil, con una voz cargada de furia gélida—. Combiné siete runas. La verdad es que el resultado no es nada del otro mundo. Tuve que pedir prestadas algunas runas a unos amigos. La combinación es de baja calidad, en el mejor de los casos… pero supongo que la calidad de los materiales con los que trabajas tiene su importancia. —¿Te obligaste a llegar al rango 6? —preguntó Exal, con la cabeza palpitándole con fuerza mientras el aire se le resistía—. Eso no puede ser. Una combinación tan apresurada debería haber fallado. —Oh, no te preocupes por mí —dijo Vermil—. Es solo por un rato. Lo volveré a tallar cuando termine contigo y con la cabeza de Garron. —No puedes existir —susurró Exal, incapaz ya de respirar. Se desplomó de rodillas. El cráneo le palpitaba con dolor e incredulidad. El mero dominio de Vermil lo asfixiaba—. Eres imposible. —Te has metido en líos, Exal —dijo Vermil, agachándose para quedar a su altura—. Y ahora lo descubres. Te lo voy a preguntar por última vez: ¿Dónde está el jefe de la familia Herron? Mi Apocalipsis Desmoronado no es una runa muy estable. Al fin y al cabo, la ensamblé hace solo unos minutos. Si tengo que empezar a arrancarte pedazos, podría quitarte demasiado por accidente. Los ojos de Exal se posaron en la mesa, donde estaba el brazalete. La mirada de Vermil siguió la suya. Luego volvió a posarse en Exal. —Eso —jadeó Exal—. Nos conecta. Una conexión mental. Podemos hablar a través de ella. —¿Una conexión mental? —preguntó Vermil, con una mezcla de deleite y furia. Una sonrisa gélida se dibujó en sus labios—. Oh, esto va a estar bueno.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 740

Estás leyendo el capítulo 740 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.