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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 735 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Dayton apretó la mandíbula mientras una furia abrasadora le recorría la mente. Cerró los puños con fuerza a los costados y rechinó los dientes con tal intensidad que podría haber partido piedras. Araña. Ese nombre era una plaga. Una maldición. Una que lo había perseguido durante meses. El vil demonio, ese que manipulaba las palabras, lo había engañado. Spider le había robado lo que le pertenecía por derecho. Su hogar. Su futuro. Su respeto. Spider se lo había llevado todo, y Padre se había asegurado de clavarle el último clavo en el ataúd a Dayton. Pero no habían llegado hasta el final. Habían enterrado el cadáver, pero se habían olvidado de comprobar si respiraba. Y el corazón de Dayton seguía latiendo con fuerza. Un odio ardiente le recorría las venas. Un odio que no se saciaría hasta que la deuda estuviera saldada. Su ascenso en la familia Linwick había terminado. Pero a Dayton ya no le importaba. Ese camino era antiguo. Había sido como ver el cielo desde un pozo, lo único que había podido contemplar desde la minúscula jaula en la que se había convertido su vida. Dayton ya no estaba ciego. Quizás Spider había esperado que el exilio lo quebrara. Pero nada más lejos de la realidad. La humillación le había dado lo único que nunca antes había tenido de verdad. Objetivo. Y ese propósito lo había impulsado hasta los Torrin. Hasta Exal, quienes lo habían recibido con los brazos abiertos. Había desvelado las mentiras que impregnaban a toda la familia Linwick y las debilidades que corroían su hogar hasta la médula. Exal le había dado todo eso y más. Le había dado una oportunidad para vengarse… y para reclamar lo que debió haber sido suyo hacía tantos años. Sería la última tarea para abrirle el camino a su nueva vida. Al poder que siempre debió haber sido suyo. Sus dedos se crisparon de anticipación. Casi podía sentir la rabia de los mocosos marginados entre ellos. Dayton jamás había lavado ropa antes de marcharse de la Finca Linwick. Había sirvientes que se encargaban de esas cosas por él. Eso había cambiado en los últimos meses. Había estado solo, y las tareas que correspondían a otros habían recaído injustamente sobre sus hombros. Por culpa de Spider, por culpa de los niños que el demonio protegía, se había visto obligado a lavar y escurrir su propia ropa. Durante meses los había maldecido a todos. Pero hoy, Dayton les dio las gracias. Si no hubiera sabido lo que era exprimir el agua de una camisa, no habría imaginado lo satisfactorio que sería estrangularlos. No supe apreciar lo que tenía. Nunca más. Disfrutaré cada instante de esta vida. Mis ojos están abiertos y no se cerrarán hasta haber visto exprimir hasta la última gota de vida de los pequeños polluelos que tanto ama Spider. Pensaron que podían robarme el futuro, pero será su sangre la que me abra el camino hacia él. —Ya vienen —dijo el hombre vestido con una túnica blanca ribeteada de rojo que olía a muerte. Una máscara metálica brillante, con el rostro de un penitente gritando, le ocultaba las facciones y amortiguaba sus palabras hasta convertirlas en un murmullo embriagador—. Parece que hemos caído en la telaraña de Spider. ¡Qué casualidad! —¿Viene Spider? —preguntó Dayton, clavando la mirada en el hombre que estaba a su lado—. ¿Ahora? —No —dijo el otro hombre que caminaba junto a Dayton—. No es Spider. Seguimos teniendo buenas razones para creer que no está presente. Este vestía las mismas túnicas que el primero, aunque sus adornos eran de un verde enfermizo en lugar del rojo de su compañero. No sabía sus nombres. No se habían presentado, y Dayton no necesitaba que lo hicieran. Exal los había enviado para asegurarse de que cumpliera su misión. Para asegurarse de que nadie pudiera interferir con lo que llevaba meses esperando hacer. —Nuestros adversarios no son más que la guardia que Spider dejó en su ausencia —dijo el hombre de túnica con ribetes rojos—. Garantizaremos que no os molesten. Estos magos podrían tener cierto poder. Es probable que haya demonios entre ellos. —Estamos preparados para ocuparnos de estos asuntos —dijo el hombre de la chaqueta verde, mostrando un rosario blanco brillante enrollado en su muñeca—. Tú te encargarás de los niños y obtendrás la runa. Sospecho que para cuando termines tu tarea, nosotros ya habremos resuelto nuestra parte del problema. Es imperativo actuar con rapidez. No podemos estar aquí cuando regrese Spider. Es demasiado impredecible. Los labios de Dayton se curvaron en una mueca entre gruñido y sonrisa. “No tardaré nada. Pero no subestimes a Spider. Se mete en tu cabeza. Lo tergiversa todo. Aunque no esté aquí… su plan ya podría estar en marcha”. El hombre de la túnica ribeteada de rojo se giró para mirar a Dayton. Aunque la máscara plateada le cubría por completo el rostro, el desprecio en su postura era tan evidente que Dayton casi podía palparlo. “Abordaremos la situación con la debida cautela. Pero no me confundas contigo. Nuestras capacidades no son comparables. Cumple con tu deber, y yo cumpliré con el mío.” Una oleada de ira lo retorció. Lo miraron con desprecio. Dayton abrió las manos, luego las cerró de nuevo en puños. Después las abrió otra vez mientras forzaba su mandíbula para desencajarse. La ira no lo había llevado a ninguna parte. Lo había cegado; lo había extraviado. Ahora solo importaba una cosa. No le importaba lo que los aliados anónimos de Exal pensaran de él. Lo único que importaba era cumplir su misión. Ninguna humillación sería demasiado grande si pudiera librarse para siempre de la mancha que representaba el apellido Linwick. —No tienes que preocuparte por eso —gruñó Dayton. Pero, antes de que pudiera decir nada más, un golpe sordo lejano sacudió los cimientos del edificio. Todos se quedaron paralizados. No pasó más que un instante de silencio. Entonces explotó el muro. Dayton retrocedió tambaleándose, llevándose las manos al rostro mientras enormes trozos de mampostería giraban en el aire y se estrellaban contra la pared a su lado. Su dominio lanzó una advertencia demasiado tarde, pues una inmensa ola de energía mágica se filtró por el enorme agujero en la pared del dormitorio. Un escalofrío le recorrió las venas a Dayton. Aquella magia superaba con creces todo lo que había sentido antes. Y no cesaba. Un escalofrío helado le recorrió la piel mientras su espalda se apoyaba contra la pared y su corazón comenzaba a latir con fuerza en su pecho. Era de Rango 6. Tenía que serlo. Y, sin embargo, por alguna razón, no podía percibir un dominio. Había algo en la distancia, casi superpuesto a la magia que sentía ahora. Podría haber dicho que era un dominio, pero tampoco le convencía del todo. Era demasiado compacto, demasiado denso. Dayton no lograba discernir qué era. Su propio dominio se sentía como si hubiera sido sacudido por una tormenta. Estaba completamente abrumado por la magia que se cernía sobre él. ¿Spider tiene un puto Rango 6 de su lado? El hombre de la túnica con ribetes verdes agarró a Dayton del brazo y lo puso en movimiento de un tirón. “Ven. Esta no es nuestra pelea. Spider no es el único con un Rango 6”. Los ojos de Dayton se abrieron de par en par. El otro enmascarado ni se había inmutado ante las oleadas de magia que inundaban la habitación. Seguía exactamente donde estaba, con la misma postura. Ni siquiera parecía haberse percatado del enorme agujero en la pared. Eso bastó para Dayton. No hizo falta repetírselo. Solo un completo idiota se acercaría a dos magos de rango 6 en plena lucha. Echó a correr, con el hombre enmascarado que quedaba a su lado. No importaba que un Rango 6 le estuviera pisando los talones. La Runa del Maestro de Almas no iba a seguir desperdiciándose. Nadie le impediría cumplir su misión. Nadie. * * * Glask se había enfrentado a numerosos magos poderosos. Estaba acostumbrado a las demostraciones de fuerza y al alarde de poder. Pero, con todo el miedo y la exageración que rodeaban a este demonio araña como una telaraña… se sintió decepcionado. El poder del ataque que derribó el muro había sido inmenso, pero la ahora tenue señal de energía mágica no lo era en absoluto. De hecho, era incluso menor de lo que esperaba. Podría haberla calificado hasta de patética. Biya le había hecho creer que debía enfrentarse a una amenaza formidable en esos pasillos, no a un oponente mediocre. Este mago simplemente había malgastado su poder intentando lucirse. Glask ya había luchado contra magos de rango 6. No muchos, claro —el Imperio Arbalest no contaba con tantos—, pero había más de los que la mayoría sospechaba. Los había combatido. Todavía estaba vivo. No lo eran. Y hoy no sería diferente. Eso era doblemente cierto para alguien que claramente solo estaba en el rango 6 por un pelo. Debía de tener una sola runa terriblemente combinada. Lo único que lo tomó por sorpresa fue la completa ausencia de un dominio en las cercanías. Incluso la débil señal mágica que había percibido antes había desaparecido. ¿Tienen tanto control sobre su dominio? No creo que yo pudiera ocultar mi magia con tanta eficacia aunque quisiera. Entonces la sorpresa de Glask se agudizó. A través del agujero desmoronado de la pared apareció un niño con una máscara de cerámica. Estaba pintada con un ojo azul brillante y una línea vertical que descendía desde el ojo hasta la base de la máscara; un diseño que jamás había visto. —¿Tú? —preguntó Glask, sorprendido por primera vez ese día—. ¿Eres una mujer o una niña? —No vas a correr —dijo la niña, con una voz que dejaba bien claro que no podía tener más de quince años—. ¿Por qué? —¿De alguna manera lograste revertir tu edad? —preguntó Glask—. ¿Cómo es posible que alguien tan joven sea de rango 6? La niña ladeó la cabeza. Algo que podría interpretarse como una inquietud latente en Glask. Sus gestos eran... extraños. Había algo en ellos anormalmente rígido. Extraño. Como si simplemente imitara movimientos ajenos. Su completa desaparición de la presencia mágica a su alrededor no hizo más que aumentar su desconfianza. Algo andaba mal. Glask no tenía miedo, por supuesto. Ante un dominio tan patético como el que acababa de sentir, era imposible que lo tuviera. Ninguna técnica especial para ocultar su poder podría cambiar eso. Qué lástima. Esto es un desperdicio de mis esfuerzos… pero supongo que una victoria fácil es mejor que ninguna. —Ahora mismo intento no analizar demasiado las probabilidades —dijo el niño—. ¿Están buscando a Isabel? Por favor, respondan pronto. Solo me quedan veinticinco minutos si quiero llegar antes. Los labios de Glask se curvaron en una mueca de desprecio tras su máscara. Recurrió a su magia, dejando que un poder enfermizo recorriera sus venas como una marea creciente, ocultando cualquier señal externa de dicho poder. No importaba si luchaba contra una niña. Un ataque sorpresa por sorpresa le había dado más victorias que cualquier otra táctica. “Te quedan menos de veinticinco minutos, niña. Parece que elegiste el bando equivocado. Aliarte con Spider cuando tu magia es tan patética para un Rango 6… una tontería. Deberías haberte mantenido al margen. Tus combinaciones deben ser terribles”. —¿Mis combinaciones? —La chica ladeó la cabeza—. ¿Las sentiste? Me parece improbable. Una figura borrosa cruzó el aire junto al niño, moviéndose tan rápido que Glask no alcanzó a percibir su presencia hasta que estuvo junto al niño enmascarado. Y, para cuando sus ojos procesaron la información y la enviaron a su cerebro, ya se habían abierto desmesuradamente. Era una mujer, y estaba completamente cubierta de sangre. Las vísceras le goteaban casi como si acabara de bañarse en las entrañas de alguien, y entre sus manos sostenía el puño aún sangrante de otra persona. Y dentro del puño había un artefacto vibrante. El mismo artefacto que debería haber estado en manos de Breen, allá abajo, en la entrada del dormitorio, donde lo habían dejado para disuadir cualquier posible amenaza. —Ah, Yoru. Tú también estás aquí. Qué bien —dijo la recién llegada. Miró el orbe que apretaba en su puño—. El tipo de abajo dijo que esto explotaría y mataría a todos si lo soltaba, pero lo maté sin querer antes de poder preguntarle si había otra forma de apagarlo. En Glasgow reinaba la incredulidad. Imposible. ¿Fue tan rápida que mató a Breen antes de que pudiera soltar la bomba? Eso no puede ser cierto. Era un poderoso mago de rango 5. No hay forma de que cayera tan fácilmente. —Isabel y Todd están en peligro —dijo el niño—. ¡Sáquenlo de aquí! —En realidad estaba pensando en comérmelo —dijo el recién llegado—. ¿Crees que explotaré si lo hago? La niña ladeó la cabeza un instante, como si se hubiera olvidado por completo de Glask. Luego negó con la cabeza. “No. Estarás bien.” ¿Qué? —¡Genial! —dijo la otra chica, lanzándose la bomba —junto con la mano de Breen— directamente a la boca. —¡No! —gritó Glask, reuniendo hasta el último vestigio de magia que había podido y condensándolo en su escudo. Un muro brillante de magia verde surgió a su alrededor, reforzado con todo el poder de un hechizo de rango 6. La mandíbula de la niña se cerró de golpe sobre la mano y el artefacto por igual. Glask se preparó. Una explosión de esa magnitud bastaría para herirlo incluso a él si estuviera tan cerca; pero, para su sorpresa, ni una pizca de magia salió de la boca de la chica. En cambio, una familiar ola de magia se abalanzó sobre su dominio. No de la niña, sino de la chica que estaba de pie junto a ella. —¡Puaj! Sabía a cerdo grasiento —dijo la chica cubierta de sangre, arrugando la nariz con disgusto—. Pensé que tanta magia tendría mejor sabor. Demasiado tarde, Glask lo comprendió. La magia que había sentido antes no pertenecía al niño enmascarado, sino al recién llegado. —Tú —gruñó Glask—. ¿Tú eres el de rango 6? —¿Qué? —La chica parpadeó—. Oye, este tipo huele a Dayton. No tenemos tiempo para esto. —No respondía a mis preguntas. Quería asegurarme. —El niño se volvió hacia Glask. Una oleada de magia arrasó la sala sembrada de escombros. La presión impactó contra el pecho de Glask como un martillo de guerra, atravesando su escudo como si no existiera y estrellándolo contra la pared. El aire escapó de sus pulmones con un siseo. El terror lo atenazaba. Aquella magia no se parecía a nada que hubiera sentido jamás. Ningún mago de rango 6 podría haber tenido una presencia tan inmensa. Era abrumadora, sin comparación. —¿Qué eres? —jadeó Glask mientras se desplomaba en el suelo, apenas capaz de respirar. Sus tres runas de rango 6 le parecían simples juguetes atrapados en un huracán. La niña inclinó la cabeza para mirarlo. Ella avanzó hasta que estuvieron a escasos centímetros de distancia, luego se quitó la mascarilla. Sus ojos eran pálidos y vacíos, como dos discos planos de plata. Parecían extenderse kilómetros y kilómetros, sumergiéndose sin fin en su mente hasta que no quedaba nada más que mercurio. Luego se volvió a poner la máscara. La luz de la luna entraba a raudales por el agujero de la pared a sus espaldas, nítida y cruda. La confusión atormentaba la mente de Glask. Juraría que era de día, pero su mente se desvanecía rápidamente. El pánico que debería haber surgido llegó demasiado tarde. Ella le había hecho algo y él ni siquiera se había dado cuenta. Ya ni siquiera podía verla. Lo único que quedaba en sus ojos, grabado a fuego en su ser como si hubiera sido marcado con hierro frío, era una luna creciente que engullía el cielo nocturno. —Ya puedes morir —dijo el niño. Pero Glask no escuchó sus palabras. Ya estaba muerto.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 735

Estás leyendo el capítulo 735 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.