Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 736 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los pies de Dayton resonaban contra el suelo mientras corría por el dormitorio con el único hombre enmascarado que quedaba a su lado.
Ya no podía oír a los de rango 6.
Eso era un problema. Algo le decía que una lucha entre magos tan poderosos no iba a ser silenciosa. El único motivo para que reinara el silencio sería la victoria de alguien. Por muy seguro que se hubiera mostrado el hombre de las túnicas con ribetes rojos… se trataba de Spider.
No. Ni siquiera es Spider. Es solo su refuerzo. Ese maldito demonio es demasiado peligroso. No entiendo cómo la Inquisición ha decidido dejarlo vivir. Son unos idiotas. Todos ellos.
—¿Qué ha pasado? —gruñó Dayton al doblar la esquina—. ¿Por qué está todo tan silencioso?
—Desconozco el resultado de la pelea —respondió el enmascarado—. Supongo que mi compañero ya se ha ocupado de la amenaza. Cálmate.
—Serías más consciente si hubieras visto de lo que es capaz Spider —gruñó Dayton—. Tu aliado está muerto.
—Absurdo —dijo el enmascarado con una risita burlona—. Exal te recomendó, pero está claro que no tienes agallas para un trabajo como este. Cálmate. Un mago de rango 6 no caería tan fácilmente. Tu paranoia te domina.
—Y la ingenuidad te ciega —espetó Dayton. Sentía cómo se le escapaba todo de las manos. El corazón le latía con fuerza en el pecho, como si una soga invisible le apretara el cuello—. Si estás tan seguro de que sigue vivo, entonces date tiempo. Yo me encargaré de los niños. Puedo con unos cuantos patéticos de Rango 3. No necesito tu ayuda.
Una risa ahogada golpeó contra la máscara que cubría el rostro del otro hombre. “Nadie viene. Pero no creo que seas tan estúpido como para intentar robar la runa. Muy bien. Para evitar tus parloteos, me aseguraré de que nadie te siga”.
Dayton no perdió tiempo en responder. Ya le habían informado dónde estaban la habitación de Isabel y Todd. No había ni un segundo más que perder. No le cabía duda de que el primero de los enmascarados estaba muerto o a punto de estarlo, y que el segundo le seguiría poco después.
Su venganza sería efímera. Spider le había negado incluso la oportunidad de disfrutar plenamente de lo que le pertenecía por derecho. Pero la victoria era más importante que unos pocos segundos de satisfacción. Dayton dudaba tener más de un minuto para actuar. Si no conseguía la Runa Maestra y escapaba del dormitorio para entonces, probablemente nunca lo haría.
Frenó en seco frente a la puerta, pero Dayton apenas se detuvo. Aquello distaba mucho de ser una misión sigilosa. La explosión que había sacudido la residencia había arruinado cualquier posibilidad de sigilo. Lo único que importaba ahora era la velocidad.
Velocidad y potencia.
Extendió la mano hacia adelante, lanzando un rayo negro que rasgó el aire con un rugido. La puerta se hizo añicos bajo su magia con un crujido seco, y fragmentos de madera salieron disparados por el aire y se estrellaron contra el suelo.
La luz del pasillo inundaba la habitación contigua, pero apenas lograba iluminarla. Estaba completamente a oscuras. Unas pesadas cortinas cubrían las ventanas. No era una oscuridad cualquiera. Las sombras eran demasiado profundas, demasiado largas.
El resplandor del sol en el pasillo apenas lograba vislumbrar las sombras oscuras. Pero Dayton no necesitaba ver. Recurrió a su dominio, desviando su atención mientras dejaba que la magia se arremolinara hasta formar una esfera crepitante en la palma de su mano.
Podía sentir dos formas dentro de la habitación. Se habían colocado a ambos lados de la puerta, ocultándose lo suficientemente profundo como para que no pudiera verlas aunque revisara manualmente las esquinas.
Los labios de Dayton se curvaron en una mueca de desprecio. Los niños intentaban defenderse. En cualquier otra época, habría sido ridículo. Unos de rango 3 intentando plantarle cara a uno de rango 5. Podría haberlos aniquilado incluso antes de que la humillación de Spider lo obligara a evolucionar.
Ahora, ni siquiera habría competencia.
Se puso en movimiento de repente, irrumpiendo en la habitación y extendiendo las manos hacia la presencia de la izquierda. Era imposible saber cuál de los dos era, y daba igual. Incluso si hubiera planeado perdonar a uno, no había tiempo para averiguarlo. Simplemente los mataría a ambos. Así se aseguraría de que la Runa Maestra apareciera.
La oscuridad engulló el crepitar de su rayo mientras rasgaba las sombras. Se dirigió hacia uno de sus objetivos, pero este se apartó de un salto en cuanto entró en la habitación.
Su magia impactó contra la pared con un crujido sordo. Dayton reprimió un gruñido mientras giraba, extendiendo ambas manos hacia adelante y dejando que un torrente de abrasador rayo negro brotara de ellas en una ola.
La magia se extendió por el suelo de la habitación con un silbido crepitante, pero no llegó muy lejos. Se desvaneció a escasos metros de Dayton, y el poder de sus runas se evaporó en el instante en que abandonó su cuerpo.
¿Qué es esto?
Las luces se retorcían en la oscuridad, serpenteando por las paredes y girando bajo sus pies. Los ojos de Dayton se abrieron de par en par.
Runas. Había cientos. Miles, quizá. Alguien había cubierto cada centímetro cuadrado de las paredes de la habitación con imbuiciones. Y no se habían detenido ahí. Las imbuiciones cubrían el techo y se extendían sobre cada mueble como una grotesca pintura.
Dayton se giró bruscamente, y un pilar de piedra estalló frente a la puerta, bloqueando la salida y desterrando la poca luz que aún se filtraba desde el pasillo.
La furia que ardía en el corazón de Dayton se multiplicó por cien. No intentaban huir. Le impedían escapar.
—¿Crees que huiría? —gruñó Dayton—. ¿De alguien como tú?
La magia brotó de sus palmas con un rugido. Rayos dentados rasgaron la oscuridad y barrieron las runas que brillaban en el suelo, cortando las imbuiciones y destrozando el poder que contenían.
Sintió que Todd e Isabel se movían al otro extremo de la habitación para evitar el ataque. Aunque no pudiera verlos, no podían esconderse de su Dominio. Los labios de Dayton se curvaron en un gruñido. Esto ya estaba durando demasiado. Tenía que acabar con esto.
—¿Nos culpas? —preguntó la voz de Todd, resonando en la oscuridad—. Tu historial con este tipo de cosas no es precisamente ejemplar, Dayton.
Un rayo descomunal surgió de las manos de Dayton y rasgó el aire con un estruendo atronador. Cayó justo en el punto de donde emanaban la voz y la energía mágica de Todd, pero él siguió hablando como si nada hubiera pasado.
—Sabes, sabíamos que volverías en algún momento —dijo Todd—. Te hemos estado esperando. Mataste a mi padre, cobarde. Mataste a mi familia. A nuestras familias. Vas a…
—¡Esa runa nunca fue tuya! ¡Le pertenecía a alguien que supiera usarla! —rugió Dayton, blandiendo sus manos como cuchillas. La magia brotó de ellas con fuerza y se estrelló contra la pared, destruyendo varias imbuiciones más. La densa oscuridad que llenaba la habitación se disipó. Se desvaneció rápidamente, inundando los ojos de Dayton con información mientras recuperaba la vista.
Su magia se estrelló contra una simple pared de piedra, pero Todd no estaba por ninguna parte.
——pagar por eso —continuó la voz de Todd, parcialmente ahogada por chasquidos y siseos como si estuviera hablando desde muy lejos.
Una runa se apagó, el daño era demasiado extenso para que persistiera. La voz de Todd se fue con ella. Los ojos de Dayton se abrieron de par en par al darse cuenta. Todd había estado hablando a distancia. Pero eso debería haber sido imposible. Había sentido la presencia de Todd.
Todavía podía sentir la energía de alguien que estaba justo donde había provenido la voz… pero no había nadie.
¿Son invisibles?
Y entonces la marca mágica que señalaba una de las posiciones del mocoso frente a Dayton desapareció. Antes de que pudiera darse cuenta, la segunda también desapareció.
Su dominio recorrió la habitación, pero no había nada. Solo quedaban los restos humeantes de las imbuiciones que su magia había destruido. Ellos…
Una explosión rasgó el aire y una lengua de fuego rasgó la oscuridad que se desvanecía. Una ráfaga de calor impactó contra el costado de Dayton. El aliento escapó de sus pulmones en un débil jadeo mientras se tambaleaba hacia un lado, empujado por una fuerza repentina. Se tambaleó, llevándose una mano al costado.
De un pequeño orificio circular en su costado brotaba sangre caliente. La herida era profunda. No sabía con certeza qué tan profunda era, ni tenía la menor idea de qué la había causado.
¿Qué? ¿Cómo? ¿De dónde salió? ¿Cómo es que tienen magia tan rápida y poderosa como para dominar mi dominio?
A Dayton le palpitaba la cabeza mientras el pánico y la confusión se mezclaban con su ira. La pelea no debía haber terminado así. Era imposible. Dos niños de la lista negra de rango 3 no podían hacer esto.
Las sombras se movieron cuando Todd salió de la esquina de la habitación, y el latido en el cráneo de Dayton se intensificó.
El soldado de rango 3 estaba enfundado en una elegante armadura de piedra. Tenía la mano alzada y de su muñeca emanaban volutas de humo. La herida debía de provenir de algún proyectil que Todd le había disparado.
Pero nada de eso importaba ante la aplastante realidad que golpeaba la sien de Dayton.
Todd no tenía una firma mágica. Era como si fuera invisible para el dominio de Dayton. Era como si no estuviera allí... pero la herida supurante en su costado decía lo contrario.
—¡Araña! —gruñó Dayton, agarrando su magia y usándola para ponerse de pie—. Él hizo esto.
Una llamarada abrasadora le atravesó la espalda a Dayton. Dejó escapar un grito de dolor, y todo el poder que había reunido se evaporó de repente, arrebatado de sus manos como un bebé de la cuna. Cayó de rodillas.
Con un gruñido de furia, Dayton volvió a activar su magia —
Nadie respondió.
Un único y aterrador silencio se cernió sobre la habitación. Dayton intentó recuperar su magia. No había nada. Su magia no solo se había agotado, sino que había desaparecido. Su dominio seguía igual. Era como si todo el poder que había acumulado a lo largo de los años se hubiera esfumado.
—¿Qué es esto? —gritó Dayton—. ¡Devuélvemelo! ¡Es mi derecho! ¡Esa runa es mía! ¡Me pertenece!
—Ninguna de tus runas te pertenece —dijo Isabel, saliendo de detrás de Dayton. Una luz centelleó en el suelo mientras se colocaba frente a él. Una espada de energía carmesí palpitaba en su mano, con espirales de relámpagos que se movían lentamente recorriéndola como dedos que vagaban por una galaxia—. No mereces ninguna de ellas, y mucho menos una que perteneció a mi padre.
—¿Qué me has hecho? —gruñó Dayton. Intentó ponerse de pie, pero el mundo giraba a su alrededor burlonamente. Era como si intentara controlar su propio cuerpo con hilos flojos.
—¿Cómo es posible que ni siquiera reconozcas a qué viniste? —preguntó Isabel, con el rostro enrojecido por la luz de su espada—. Querías la Runa del Maestro de Almas, ¿verdad?
—Tus runas están cortadas —dijo Todd—. ¿Qué creías que hacía la Runa del Maestro del Alma, Dayton? Ataca directamente al alma, y la tuya ya no está unida a tu cuerpo. Ya no tienes magia. Aunque no fue una gran pérdida. Tus combinaciones eran terribles. No creí que mi magia pudiera atravesar tu dominio tan fácilmente. Estás acabado.
La sangre le retumbaba en los oídos a Dayton. No podía creer lo que oía. Era imposible. Su magia no podía haber desaparecido. Pero no había nada. Por mucho que lo intentara, sus runas no respondían.
—Mi magia —susurró Dayton con voz temblorosa. Decían la verdad. Se había ido.
—¿Te lo imaginas? —La malicia rezumaba de las palabras de Todd—. Vivir una vida sin magia alguna. Separado para siempre de tu alma, incapaz de acceder a tus antiguas runas o siquiera de obtener nuevas. Vivir como la nada.
—¿Crees que esto me detendrá? —siseó Dayton, arrastrando las palabras mientras notaba que sus labios se movían más despacio de lo debido. Levantó una mano temblorosa hacia el cuello de Todd—. ¿Crees que me rendiré si me perdonas la vida? ¿O crees que rogaré que me devuelvan mi magia? Jamás me detendré. Yo…
Un dolor punzante le atravesó el cuello a Dayton.
El mundo daba vueltas a su alrededor, el techo se convertía en suelo y luego volvía a convertirse en techo cuando su cabeza golpeó el suelo con un ruido sordo, con los labios aún entreabiertos a mitad de la frase.
Le habían decapitado. El pánico y el miedo arreciaban en los pensamientos de Dayton, que se desvanecían. Debería haber muerto ya, pero algo lo retenía allí, su alma atrapada en el plano mortal como en un experimento científico.
Demasiado tarde, Dayton se dio cuenta finalmente de que no era Spider lo que debería haberle preocupado.
—Oh, no pensábamos perdonarte. Mataste a nuestras malditas familias, imbécil —dijo Isabel, clavando su tacón en la cabeza de Dayton y haciéndola girar hacia atrás para que su fría mirada se encontrara con la de él. Por un instante, se quedó inmóvil. Luego, sus nudillos se pusieron blancos alrededor de la espada brillante que empuñaba—. Solo queríamos ver tu cara. Oye, ¿sabías que el más allá no existe si no queda nada de tu alma?
Entonces su espada se hundió, y Dayton no supo nada más.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 737
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 736
Estás leyendo el capítulo 736 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.