arrow_back

Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 707 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Lorne incorporó la cabeza bruscamente al notar que sus dedos se aferraban con fuerza a los reposabrazos de piedra de su asiento. Tenía la espalda rígida. Se le erizó la piel. Y, por primera vez en cientos de años, la letanía de voces que gritaban en su cabeza se había silenciado. Una claridad espantosa le atravesó el cráneo como una lanza. Se abrió paso entre pensamientos que hacía tiempo habían sido destrozados y los volvió a unir a la fuerza. Los recuerdos destellaron en su mente como una bruma borrosa mientras el tapiz que él mismo había hecho pedazos se recomponía. Todo volvió a su sitio. La boca de Lorne se deslizó por su brazo y volvió a su lugar en su rostro. Sus ojos se reajustaron y, de repente, ambos se encontraron mirando lo mismo. Los huesos de la pierna que se había puesto al revés crujieron en su afán por corregirse, pero el daño sanó antes de que pudiera siquiera darse cuenta. Y por primera vez en muchos ayeres y en más de unos pocos mañanas, la mente de Lorne estaba perfecta y absolutamente clara. Lo odió cada segundo. —Esto —dijo Lorne mientras se levantaba de su silla, con el disgusto grabado en su rostro como un cincel sobre piedra—, es sumamente desagradable. El único otro ocupante de la cueva, un guardia que custodiaba las puertas, se giró hacia él con los ojos muy abiertos, entre el asombro y el horror. Cayó de rodillas al instante, golpeando su frente contra el suelo con tanta fuerza que se oyó un crujido resonante. Transcurrió un largo segundo antes de que el hombre volviera a levantar la cabeza. La sangre goteaba de una herida abierta en su frente y la reverencia ardía en sus ojos. “Te has encontrado a ti mismo. Perdóname. No esperaba que tomaras conciencia tan pronto. Es mucho antes de lo que habías predicho. Muchas de las tareas que nos encomendaste aún no están completas. Te ruego que me perdones.” El nombre del hombre se le apareció solo a Lorne, y eso no le gustó nada. Sus recuerdos le estaban siendo demasiado útiles. Era un mal presagio. Un mal presagio, sin duda. —Jaxon —dijo Lorne. Era un nombre horrible. A Lorne no le gustaba nada. Sonaba demasiado a nombre de perro, como el que le pondría un niño que se creía guerrero. Sin embargo, le caía bastante bien el hombre al que pertenecía ese nombre. Sus recuerdos le decían que sí, al menos. Lorne no estaba seguro de querer escucharlos en ese momento. —¿Cuánto tiempo ha pasado? —Noventa y cuatro años —respondió Jaxon tras un momento de reflexión. —Seis años antes de tiempo —dijo Lorne, apretando los labios. No debería ser tan consciente todavía. No quería serlo todavía. Tomar conciencia de su propia existencia solía ser una experiencia increíblemente incómoda. Y más aún cuando era tan pronto. Era imposible que todas sus partes hubieran decidido que ahora, precisamente ahora, era un buen momento para empezar a pensar con claridad de nuevo. Y eso significaba que algo lo había despertado. Lorne aguzó el pulso. No esperaba tener que buscar mucho. Cualquier cosa con el poder suficiente para arrancarlo de su letargo y arrastrarlo de vuelta a la maldita consciencia no sería difícil de encontrar. Tenía razón. La presencia perturbadora irrumpió en sus pensamientos como una púa incandescente. Se componía de varias tormentas arremolinadas en la distancia, que se extendían rápidamente cubriendo amplias zonas del experimento en el que había estado indagando durante los últimos años. Cada tormenta era única, pero todas formaban parte de un mismo conjunto. Eran perfectamente concéntricas e impecables. No había ni un solo viento errático entre ellas. Estaban perfectamente calibradas. Perfectamente perfectas. Perfectamente orquestadas. Lorne siseó con disgusto. Eran repugnantes. —La sombra de la noche se ha despertado —dijo Lorne. Los ojos de Jaxon se abrieron de par en par. —¿Ha despertado? Un pensamiento se abalanzó sobre Lorne como un caballo desbocado. Los límites de su consciencia se estremecieron. El delicado equilibrio que le habían impuesto tan bruscamente comenzaba a resquebrajarse. No podría retener sus pensamientos por mucho más tiempo. Después de todo, tenían que ir a algún lugar. Mantenerlos confinados a un solo cuerpo era cruel. —Todavía no —respondió Lorne—. Mi percepción de la realidad es demasiado frágil. Me despertó el ruido del monstruo, pero aún no ha despertado del todo. —¿Qué debemos hacer? ¿Cuáles son sus órdenes? —preguntó Jaxon, poniéndose de pie. Un fino hilo de sangre le corría por la frente, deslizándose por el lateral de la nariz hasta llegar a los labios. —Continuarás como hasta ahora —respondió Lorne. Regresó a su silla y se sentó. Un malestar le revolvía el estómago. El mundo estaría mucho peor si la Sombra de la Noche despertara. Había sido sellada con razón. Sus planes no habían previsto el regreso del antiguo monstruo. Claro que, en realidad, sus planes rara vez preveían nada. Todo era mucho más divertido así; por no mencionar que era imposible que algo saliera mal cuando no había nada que tuviera que salir bien. Es demasiado pronto para que me preocupe por problemas, sobre todo por los que aún no me pertenecen. Pero la Sombra de la Noche no se movería por sí sola. Alguien está husmeando donde no debe. Espero que sean lo suficientemente inteligentes como para mantenerlo bien encuadernado. Me disgustará enormemente tener que sufrir un milisegundo más de pensamiento lógico del necesario. —Entendido —dijo Jaxon, saludando a Lorne con un gesto brusco—. Obedeceremos sus órdenes. —O no —dijo Lorne—. Me da igual. La vida no está hecha para seguir una serie de pasos preestablecidos, ¿sabes? No hay otro propósito en la vida que el de vivir. Simplemente vive. “Haré lo que me digas.” Lorne reprimió un suspiro. Jaxon no entendía nada. Pero la mayoría sí. Supuso que no podía quejarse demasiado. Al fin y al cabo, en unos instantes, le daría igual. Ni esto, ni nada. Sintió que volvía a desmoronarse. Su existencia no podía soportar largas estancias juntas, sobre todo cuando había cosas mucho más interesantes que hacer. Volvería a unirse cuando llegara el momento adecuado, y ese momento no es ahora. Aun así, espero que quede algo del Imperio cuando despierte. Tenía algunos experimentos interesantes que quería revisar. Si alguien tiene el poder suficiente para provocar a la Sombra de la Noche, entonces posee más conocimiento que la mayoría. Y solo hay una razón por la que alguien así se atrevería a provocar a uno de los Avatares del Orden. Parece que alguien está intentando averiguar cómo convertirse en un dios. * * * Una Formación surgió alrededor de Noah mientras la construía capa por capa. Nunca antes había usado Pandemonio Inestable para crear una Formación, pero esta contenía todos los elementos de sus runas anteriores, y en ese momento no le preocupaba demasiado volar por los aires. En realidad, usar runas nuevas para formaciones antiguas no era una tarea tan imposible como los textos que Noah había leído le habían hecho creer. Era perfectamente factible. El proceso requería mucha más precisión y un conocimiento profundo del medio con el que trabajaba, pero Noah estaba bastante seguro de que solo había un treinta por ciento de probabilidades de matarse. ¿Sabes qué? Quizá por eso no les gustó. Supongo que a la mayoría no les hace mucha gracia la idea de matarse una de cada tres veces que intentan usar su magia. Sus pensamientos divagaban, pero Noé no podía evitarlo. Necesitaba esa distracción. El mundo entero a su alrededor temblaba de miedo. Mientras superponía las piezas de su Formación, preparando la magia más poderosa que pudiera desatar, todo se estremecía. Las ramas de los árboles se quebraron y fueron lanzadas por los aires por el torbellino que se intensificaba. El bosque crujió, gimió. La noche engulló el cielo y apagó el sol con su manto negro como la boca del lobo, sin dejar ni siquiera estrellas que brillaran desde lo alto. La única luz visible provenía del creciente vórtice blanco en lo alto. Algo se acercaba. Algo terrible. Y el mundo lo sabía. Noah apretó los dientes mientras luchaba por evitar que su Formación se desmoronara. Inyectó toda su fuerza en la canción que lo rodeaba, uniendo la magia con cada nota. Dejó que la magia de Sunder se entrelazara con el patrón que estaba creando. No se hacía ilusiones sobre sus posibilidades en la batalla. Estaba en desventaja. Pero si lograba atacar primero, si conseguía sorprenderlo, tal vez podría asestarle un buen golpe. Uno que hiciera dudar a la Sombra de la Noche lo suficiente como para que los demás tuvieran tiempo de escapar. Incluso si lograba captar toda la atención del monstruo, Noah solo tenía que resistir un poco más. No importa si muero. Lo que importa es cómo muero. El vórtice se resquebrajó. Se abultó. Energía mágica pura, sin filtrar, lo presionaba. Algo estaba abriéndose paso. Noé se preparó. La determinación se apoderó de su mandíbula y su mano se movió con mayor rapidez al deslizar la cuerda del arco sobre el violín en un zumbido vertiginoso. La música lo enroscó como una serpiente gigantesca a punto de atacar. En cuanto se acerque, intentaré cortarlo con todo lo que tenga. Es la mejor oportunidad que tengo para hacerle daño a algo así. El vórtice se hizo añicos. Desde su interior llegó el final. La palabra “enorme” no alcanzaba para describir el gigantesco tentáculo que brotaba del agujero blanco y dentado. Era tan ancho como una manzana y tenía una punta triangular, como la cabeza de un calamar. Era imposible calcular su longitud; simplemente seguía saliendo del portal sin que se vislumbrara un final. El zarcillo era del gris pálido de una tumba olvidada. Estaba plagado de enormes agujeros de formas extrañas que lo recorrían de punta a punta. Llegaban desde todos los ángulos y lo atravesaban por completo, entrecruzándose entre sí. Y entonces comenzaron los gritos. Como miles de almas condenadas clamando al unísono, el horrible sonido resonó sin piedad en las Acres Quemadas. Le taladró los oídos a Noé y se grabó en su mente como un golpe físico. Se tambaleó, perdiendo una nota de su Formación mientras su consciencia temblaba. Pero los gritos no habían hecho más que empezar. Continuaron desgarrando el bosque, haciéndose cada vez más fuertes a medida que el tentáculo se enroscaba en el aire. Noah reaccionó con brusquedad. No podía permitir que su Formación flaqueara. El sonido de los gritos era tan fuerte que apenas podía oír su propia música, pero no le importaba oírla. Solo tenía que tocar. Los gritos se hicieron aún más fuertes. La Formación de Noé tembló bajo el ataque. Los árboles se agrietaron y se hicieron añicos al ser arrancados por la fuerza descomunal de las ondas sonoras. El suelo se estremeció, abriéndose y formando abismos cada vez mayores alrededor de Noé. El tentáculo se extendió perezosamente por el aire, buscando algo en la lejanía. Con ese movimiento, los gritos cambiaron. Su volumen y tono se modificaron, y un fuerte crepitar de relámpago blanco recorrió el curso de la Sombra de la Noche. Se entrelazó entre los agujeros como una serpiente de electricidad antes de abrirse paso en el aire a su alrededor. Una aterradora comprensión se apoderó de Noé con tal fuerza que casi perdió el control de su Formación por segunda vez. El sonido que oyó no fue un simple grito. Provenía de los agujeros que recorrían la Sombra de la Noche de punta a punta. El monstruo entero era como un instrumento gigantesco. Cada vez que se movía, cada vez que el viento pasaba por los agujeros, los gritos cambiaban. No se trataba simplemente del monstruo anunciando su llegada a todo aquel que se atreviera a estar lo suficientemente cerca para escuchar. Era música. Música en un escenario nunca antes visto. La Sombra de la Noche era una orquesta completa. El dominio de Noé se estremeció. Algo le oprimía el alma, pero instintivamente reprimió la presión. Los árboles del Acre Abrasado no corrieron la misma suerte. Fuertes crujidos rasgaron el aire cuando sus troncos comenzaron a transformarse. A su alrededor, los árboles ennegrecidos comenzaron a tornarse grises. La madera se endureció, adquiriendo una consistencia pétrea. Los árboles empezaron a derretirse desde dentro, y riachuelos de lo que una vez fue corteza ahora corrían por sus ramas como cera de vela caliente, dejando enormes agujeros. Y entonces hasta los árboles empezaron a gritar. El sonido resonó en los oídos de Noah como un tambor a escasos centímetros de su cabeza. La sangre le corría por los lados del cráneo y su Formación tembló al unísono con su alma. El gris se extendía por el suelo como musgo, engullendo la tierra y convirtiéndola en piedra. Todo el bosque se retorcía y deformaba, convirtiéndose en un reflejo de la Sombra de la Noche. Era horripilante, hermoso y terrible a la vez. Las notas eran extrañas y ajenas, pero ahora que había comprendido la verdad, no había forma de cambiarlo. Esta criatura creaba canciones igual que él, pero a una escala mucho mayor de la que Noé jamás había imaginado. Había convertido el mundo entero en su instrumento. El dominio de Noé se estremeció. De reojo, divisó a un Desgarrador que había tenido la desgracia de quedar atrapado en el canto del monstruo. La mitad inferior de la criatura ya se había convertido en piedra sólida, cubierta de agujeros. Se agitó desesperadamente, pero fue inútil. La criatura entera se había convertido en un monumento en cuestión de segundos. Ríos de su propia carne petrificada corrían por su cuerpo, dejando a su paso agujeros que gritaban. Aún podía sentir al Desgarrador dentro de su Dominio… pero estaba cambiando. En cuestión de segundos, el monstruo ya no era el mismo. La Sombra de la Noche no solo había deformado el cuerpo del monstruo. Había cambiado su esencia. El Destripador no había muerto. Seguía vivo, en algún lugar dentro de aquella retorcida torre de piedra goteante en la que se había convertido. Pero el ser dentro de la piedra ya no era el Destripador. Quizá no hubiera muerto, pero se había deformado hasta ser irreconocible. Y si el monstruo pudo cambiar el alma del Destripador, también podría cambiar la suya. Una escalofriante constatación se apoderó de Noé con tal intensidad que no pudo ignorarla. Si esto me corrompe… Mi calabaza no podrá hacer nada. No habré muerto. Simplemente me iré.
El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Continúa leyendo

El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Capítulo 708

Siguiente Capítulo ›

El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 707

Estás leyendo el capítulo 707 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.