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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 611 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Garina no tenía ni la menor idea de lo que Vermil pudiera estar planeando cuando agarró la cabeza de Crone. Ni siquiera con la magia de Decras poseía ningún poder que pudiera causarle daño real al Apóstol. En el momento en que Vermil intentara lanzar un ataque, Crone lo mataría. La diferencia entre sus almas sería mayor que la que existe entre una hormiga y un elefante. Simplemente no había forma de salvar esa brecha. ¿Podría Renewal poseer alguna habilidad que Vermil planea usar para matar a Crone? No. No es más poderosa que Decras, e incluso si lo fuera, Vermil no podría controlar esa magia. Sus otras runas son demasiado débiles para resistir la presión de tal fuerza. ¿Eso significa que planea de alguna manera burlar a Crone? Garina apretó los puños a los costados. Aquello no era un plan inteligente. Crone no era precisamente el apóstol más brillante, pero no era tonto. No se dejaría engañar por una mortal desesperada sin un plan. Si Vermil pretendía fabricar pruebas en su mente, fracasaría. Y si fracasaba… Garina sintió un vuelco en el estómago, furiosa y asqueada. Sus dedos se crisparon a sus costados. Habría sido fácil abalanzarse sobre ella, clavarle las uñas afiladas en el ojo al otro Apóstol y matarlo en el acto antes de que pudiera reaccionar. Pero no podía hacerlo. Su honor habría muerto dolorosamente solo con pensarlo… y Crone lo sabía. No estaba segura de si la vergüenza o el honor la matarían primero, pero, tal como iban las cosas, tenía el presentimiento de que pronto lo descubriría. ¡Maldita sea! ¿Cómo me metí en esto? ¿Por qué permití que Vermil hiciera esto? ¿Hasta qué punto he caído en desgracia para estar dispuesto a arriesgar tanto solo por un poco de paz? Garina se clavó las uñas en las palmas de las manos. La sangre le goteaba por los dedos y caía al suelo del bosque quemado. Entonces sus pensamientos se interrumpieron. Algo andaba mal. Los demás mortales deberían haber mostrado preocupación. Aunque no fueran ellos quienes estaban a punto de ser humillados, debían saber que Vermil no saldría vivo de esta si perdía la apuesta. Crone iba a llevarlo ante el resto de los Apóstoles, y ellos lo llevarían ante Decras. Ningún mortal sobreviviría a un encuentro con un dios. Pero ante todo eso, el único aliado de Vermil que parecía preocupado era el anciano. Y eso no tenía ningún sentido. Garina no era ciega. Siempre se había enorgullecido de ser observadora. Vermil y Moxie eran claramente más que amigas. Pero Moxie —la que debería haber estado más preocupada— parecía más relajada ahora que cuando Garina llegó. Lee tenía una expresión similar, pero no se correspondía en absoluto con la situación. No era la expresión de alguien cuyo amigo estaba a punto de ser asesinado. Era la de alguien que sabía que ya había ganado. ¿Qué está pasando? ¿Son tontos? No pueden creer que Vermil vaya a vencer a Crone. No hay manera de que un Rango 4, sea quien sea, pueda igualar el poder de almas de un Rango 7. Eso significa que creen que Vermil decía la verdad. Pero eso es imposible. Tuvo que haber mentido. Vermil es mortal. Nada de lo que afirmó pudo haber sido cierto. ¿Qué se me escapa? Crone se estremeció en el agarre de Vermil. Su expresión cambió, contorsionándose como si estuviera sufriendo, y los ojos de Garina se abrieron desmesuradamente. Una gota de sangre le corrió por la nariz. Recorrió sus labios como a cámara lenta, continuando su descenso por su rostro. La mirada de Garina siguió la gota mientras se deslizaba por la barbilla de él y caía al suelo con un goteo tan audible que juraría que resonó en sus oídos. ¿Qué? Los ojos de Crone se abrieron de golpe. Estaban inyectados en sangre y desorbitados, mirando a su alrededor como si no pudieran comprender lo que veían. El Apóstol se zafó del agarre de Vermil y se puso en pie de un salto, casi tropezando en su prisa por levantarse. Vermil dejó caer los brazos a los lados y se puso de pie. Su expresión era indescifrable. Simplemente observó cómo el Apóstol, tres rangos por encima de él, jadeaba desesperadamente en busca de aire mientras volvía a ponerse en pie. La confusión inundó la mente de Garina. Algo había cambiado en la mirada de Crone. Sus pupilas se habían dilatado; su mirada era amplia y vacía. Miraba fijamente más allá de todos, como si observara algo que no estaba allí. El Apóstol ni siquiera pareció percatarse del pequeño río de sangre que le corría por la nariz y le goteaba de la barbilla. —¿Qué eres? —preguntó la anciana con voz ronca. —Eso nunca estuvo en la pregunta —respondió Vermil. Se ajustó el cuello de la chaqueta—. Pierdes, vieja bruja. Admítelo. Soy mayor que tú. Crone no pudo hacer más que soltar una risa agonizante y jadeante. Parecía que aún no había recuperado el control total de sus sentidos. Vermil entrecerró los ojos. —¿O es que todavía no me crees? Estaría encantado de repasarlo todo contigo una segunda vez. —Decías la verdad. No debí bajar la guardia y permitir que una criatura como tú entrara en mi mente —gruñó Crone. Se secó la cara con el dorso de la mano y cerró los ojos con fuerza. Cuando los abrió de nuevo, gran parte de su antiguo ser había regresado. Gran parte, pero no todo. —Ahora entiendo. Elegiste un fragmento de monstruo como discípulo. Lo que vi no era de Decras, pero eso no significa que no posea su runa. Podría ser el mortal que se la robó. Si estabas dispuesto a entrenar a una abominación como esta, entonces ya nos has dado la espalda a todos. Garina miró incrédula. Las palabras que resonaban en sus oídos le pasaban por la mente. Nada tenía sentido. ¿Qué demonios estoy viendo? ¿Acaso… Vermil ganó la apuesta? ¿Qué pasó ahí dentro? ¿De qué está hablando? ¿Y qué es eso de un fragmento de monstruo, por no hablar de las demás tonterías que dice? —Aún no hemos terminado —dijo Vermil chasqueando los dedos—. Termina primero nuestra apuesta... ¿o es que no tienes honor? —Tengo honor —gruñó Crone. Inspiró profundamente y exhaló lentamente, volviendo la mirada a Vermil—. Quienes seguimos los pasos del Maestro no tenemos más que honor. Es nuestro deber. Tienes tres segundos, abominación. Elige tu acción. La copiaré. No sé qué pretendes con esto. ¿Acaso te rebajarás a tu nivel? Vermil se giró y se acercó a Garina. Señaló una daga que llevaba en el muslo y ella, sin decir palabra, se la entregó, aún intentando comprender lo que sucedía. Vermil regresó a pie frente a Crone. —¿Podrías dejar de lado tus extrañas perversiones? —exigió Vermil—. A estas alturas, casi parece que deseas hacerlo, pero no me hagas ilusiones. Pero antes de empezar, ¿qué pasa si te niegas? —¿Qué? —El rostro de Crone se tensó por la ira—. ¿Insinúas que sería incapaz de cumplir cualquier promesa que te hagas? Mi resolución es inquebrantable. No hay humillación demasiado grande… “Responde a la pregunta. ¿Qué sucede si fracasas?” La ira en el rostro de Crone se transformó en furia, y golpeó con el puño una palma abierta. “Es imposible. Haré lo que sea que hagas. Pero si con eso logras terminar esta discusión inútil y seguir adelante, entonces bien. Haré lo que me pidas. Sin restricciones ni límites, salvo darle la espalda al Maestro. No lo traicionaré… aunque da igual. No fallaré. Mi acción será un reflejo perfecto de la tuya”. —Me alegra oírlo —dijo Vermil. Movió la mano y llevó la daga de Garina a su espalda, de modo que su empuñadura quedara perfectamente alineada con la de la espada de Crone—. Los tres segundos comienzan ahora. —El dolor no me asusta —dijo Crone, empuñando su espada—. Haz lo que quieras. Eres solo un mortal. Yo soy un seguidor del Maestro. No hay nada que puedas hacer que yo no pueda. Vermil levantó la espada de Garina con un amplio movimiento y luego la dejó reposar a un lado de su cuello. —Esto promete ser divertido —dijo Vermil—. Nos vemos al otro lado. Luego, sin mediar palabra, se cortó el cuello. La larga daga lo atravesó de un solo tajo, deslizándose libremente por el otro lado justo cuando la fuerza lo abandonaba. Garina se quedó boquiabierta, incrédula. Frente a ella, los ojos del anciano se desorbitaron con horror. Dio un paso al frente, dejando caer su bastón al extender la mano para detener a Vermil, pero ni lo suficientemente cerca ni lo suficientemente rápido como para lograrlo. El cuerpo de Vermil se desplomó hacia adelante. Cayó al suelo, su cabeza rodando y golpeando al rebotar contra su espalda y aterrizar en el suelo quemado junto al cadáver, sumándose a él en un charco de sangre cada vez mayor. La anciana no se movió. Se quedó mirando el cadáver, con la espada al borde del cuello y los labios entreabiertos. —¿Qué? —susurró, y luego, en un tono más agudo—: ¿Qué? Vermil se había suicidado. Loco. ¿Por qué haría eso? ¿Por el bien de sus alumnos? ¿Qué grado de convicción se necesita para sacrificar la propia vida de esa manera? —Hazlo —susurró Garina. Tragó saliva. Su mirada se aguzó—. Imítalo, Bruja. Esa era la apuesta. —Yo… yo no puedo hacer eso —dijo Crone, relamiéndose los labios—. ¿Qué clase de necio se suicida? ¡Eso es imposible de imitar! No voy a desperdiciar mi vida en una tarea tan inútil. ¿Qué pensaba sacar de esto? El trato era con él, no con ninguno de ustedes. Si el mortal desaparece, entonces… “Desaparecido es una palabra muy fuerte.” Una voz resonó en el bosque. A Garina se le heló la sangre al mismo tiempo que su dominio se estremecía al reconocerlo. Debería haber sido imposible, pero su dominio no era uno que pudiera ser engañado tan fácilmente. No cabía duda de lo que sentía, y por la expresión del rostro de Crone, supo que él también lo sentía. Ella, junto con todos los demás que estaban en el claro, giró sobre sí misma. Vermil salió de entre los árboles, tan desnudo como el día en que nació. Se arrancó una hoja del pelo y la apartó con un movimiento rápido; sus ojos eran tan fríos como un mar muerto. Garina no pudo evitarlo. Dio un paso atrás. Esto no tenía sentido. Vermil había muerto, sin duda. No había sido una ilusión. Lo había sentido morir… y lo había sentido regresar. —Sabes, sigues llamándome mortal. —Vermil se acercó a su cadáver y levantó su propia cabeza por el cabello. Con dos dedos, esbozó una grotesca sonrisa en la boca de su cabeza cercenada y la sacudió con decepción antes de arrojarla al suelo, donde rodó hasta detenerse a los pies de Crone—. No creo que sepas lo que significa mortal. Ahora, hazlo. Imítame, como prometiste, o admite la derrota. ¿Qué prefieres?
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 611

Estás leyendo el capítulo 611 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.