Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 610 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Años de entrenamiento eran lo único que permitía a Garina controlar la energía nerviosa que la recorría. No podía hacer nada más que observar cómo Crone se cernía sobre Vermil, mirando fijamente la mano extendida de la mortal.
Garina no recordaba la última vez que una conversación la había preocupado tanto. Ni siquiera la revelación del Profeta de que Decras había mandado llamar a un mortal la había inquietado de esa manera. Una parte remota de su mente se removía de inquietud.
Esto es lo que pasa cuando te permites ciertas debilidades. Ferdinand fue un error. Encariñarse con alguien más débil que uno mismo es buscarse problemas.
Esa parte de su mente apenas logró articular su protesta antes de que la lógica la aniquilara. Garina solo necesitó echar un vistazo al claro para darse cuenta de que su pensamiento no podía estar más alejado de la realidad.
Todos los mortales que se habían atrevido a enfrentarse a una muerte segura en una lucha contra ella por amor a Vermil lo habían dejado bien claro. Quizá la compasión fuera ahora una debilidad, pero si lograban sobrevivir hasta alcanzar un gran poder…
Tales lazos eran raros entre magos poderosos. La mayoría no había llegado a donde estaba por confiar en los demás. El camino al poder que Garina había recorrido estaba sembrado de cadáveres y teñido de sangre. Casi todos los demás magos notables habían recorrido ese camino junto a ella.
Todo un grupo de magos de alto rango 7 que confiaban los unos en los otros hasta ese punto… a Garina se le erizó la nuca.
Podrían destruir a los Apóstoles. Incluso la Iglesia del Reposo se mantiene en pie por un hilo y rostros sonrientes que ocultan armas blancas en la oscuridad. Todos buscan su propio beneficio.
Desafortunadamente, el grupo de Vermil aún no era un pequeño ejército de monstruos de rango 7. Eran un puñado de mortales débiles que estaban frente al segundo Apóstol.
—¿A qué juego juegas, Garina? —preguntó la Bruja—. ¿Esta ramita raquítica y patética? ¿Quieres que crea que es tu discípula?
—Da igual lo que creas —dijo Garina, dejando que el desdén se filtrara en sus palabras. Consideró escupir al suelo, pero lo descartó. No había necesidad de ser tan vulgar. Asintió hacia la mano de Vermil—. Reconoce a mi aprendiz.
—No lo haré —dijo Crone. Ignoró la mano de Vermil y extendió la mano hacia la empuñadura de la enorme espada que colgaba de su espalda—. No soy tonto, Garina. Este no es tu aprendiz. Es a quien buscábamos. Intentas ocultármelo para quedarte con la recompensa.
Mierda.
Bueno, pues no hay remedio. Entre los Apóstoles o Ferdinand… que se jodan estos cabrones con sábanas, y que se joda Decras también. Será divertido ver cómo me va contra la Bruja después de tantos años.
Garina ignoró la punzada de nerviosismo en el estómago. Ignoró el hecho de que, si Crone realmente había seguido entrenando desde su último combate, no tendría ninguna oportunidad contra él. Había cosas por las que simplemente valía la pena correr el riesgo.
Si pierdo, espero que Ferdinand... no.
No estoy perdiendo.
Comenzó a adoptar una postura de combate.
—¡Oye, imbécil! —dijo Vermil, chasqueando los dedos como una madre impaciente—. Estábamos hablando.
El enorme Apóstol volvió lentamente la mirada hacia el mortal. Su expresión era indescifrable, pero Garina podía sentir cómo la molestia crecía en su interior como el agua que sube y choca contra una presa.
“No sabes con quién estás hablando. ¡Cállate, miserable!”
—Sé perfectamente con quién estoy hablando —respondió Vermil—. Garina no me ha ocultado nada sobre los incompetentes con los que tiene que compartir su pésimo gusto para la moda. Y, francamente, ¿qué rango tenías, el 7? Eso no es suficiente para comportarte como un cretino engreído.
La atención de Crone se desvió por completo de Garina. —¿Buscas la muerte?
“¿Buscando la muerte… Dios mío, tío? ¿Esa es tu frase? Creo que me mataría si alguna vez dijera algo tan cursi. Quizás deberías centrarte en no sonar como un crío rebelde de doce años. Sé que eres joven, pero por favor. Intenta tener algo de respeto por ti mismo.”
La confusión se apoderó de Crone. Su mano se cernía sobre la empuñadura de su espada, probablemente intentando comprender lo que sucedía. Si su teoría sobre Vermil era correcta —y lo era—, entonces matar al mortal los llevaría a desobedecer las órdenes de Decras.
—¿Me llamas joven? —preguntó la anciana incrédula—. Yo era vieja antes de que se colocara un solo ladrillo en la miserable ciudad donde naciste. Comparada conmigo, eres una niña.
“¿Tu edad se mide en ciudades? Eso te hace… ¿qué, unos cientos de años? Qué gracioso. Justo hace unos días hablaba con Sievan. Creo que estuvimos todo ese tiempo pensando en qué cenar.”
Crone ladeó la cabeza. —¿Qué? ¿Cómo sabes ese nombre?
—Lo visitamos hace poco. Una excursión familiar —respondió Vermil con un resoplido—. ¿Eres tonto? ¿Por qué si no iría a las Llanuras Malditas? ¿Por diversión? Fue para practicar.
—Tú… no. Imposible. Me niego a creer que Garina tenga una discípula. No sería capaz de enseñarle ni a un perro a hacerse el muerto. ¿Por qué íbamos a elegir a una patética mortal de Arbalest?
Vermil soltó una carcajada. “¡Oh, eres ingenuo! No solo crees que tomé la runa de Decras, sino que además piensas que soy un mortal”.
Los ojos de Garina se habrían crispado si no los hubiera controlado con tanta precisión. Vermil había estado acertada por un instante. Había visto cómo las defensas de Crone comenzaban a resquebrajarse, pero afirmar no ser mortal fue la peor decisión que Vermil pudo haber tomado.
Mierda. Esto no es bueno.
—Con tus mentiras te estás condenando a ti mismo —dijo Crone. Su mano se cerró sobre la empuñadura de su espada—. Garina te adiestró.
—¿Moxie? —preguntó Vermil.
Sin mediar palabra, Moxie activó su Runa Maestra.
Crone se puso rígida. —El poder de Sievan. Pero…
—El poder de Sievan —se burló Vermil con el tono de un niño insolente—. Idiota. ¿Qué tienes que hacer para que te entre en la cabeza? ¿O acaso vas a insinuar que también conseguimos robarle algo al Señor de la Muerte? Si es así, empezaría a preocuparme de que todos ustedes sean unos incompetentes. En serio, ¿cuántas personas pueden sufrir el robo de sus runas antes de que uno empiece a preguntarse dónde radica realmente el problema?
Los dedos de Crone se apretaron. Luego se relajaron. Luego volvieron a apretarse. El hombre nunca había sido el más inteligente de los Apóstoles, y la desconcertante agresividad de Vermil bastaba para desestabilizar por completo incluso a Garina.
No puedo ni siquiera brindarle apoyo. No tengo la menor idea de lo que está pasando ni de lo que está planeando.
—Tu arrogancia… igual que la de Garina —dijo Crone con disgusto—. Quizá su hedor se te haya pegado. No solo reunirte con Sievan, sino entregarle su runa a una mortal insignificante… ¡Increíble! Eres una mentirosa que vomita inmundicia, pero si de verdad eres su discípula, entonces es justo que te reúnas con el Profeta.
¡Maldito! Esto es una trampa. El Profeta desenmascarará cualquier farsa y reconocerá la magia de Decras al instante. No podemos permitir que eso suceda.
Garina no tuvo oportunidad de decir nada. El rostro de Vermil se endureció por la ira en el momento en que Crone mencionó a Moxie, y el hombre ya había comenzado a responder.
—No. Estamos ocupados ahora mismo, y no estoy dispuesto a hacer nada de lo que usted quiera hasta que se disculpe —dijo Vermil.
Crone lo miró fijamente. —¿Qué?
—Te equivocaste —dijo Vermil. Había verdadera ira en sus palabras—. Insultaste a Garina. Me insultaste a mí. Eso exige una disculpa.
“Y dime, ¿qué insulto te he proferido sino la verdad?”
—Dijiste que yo era un mentiroso —replicó Vermil—. Afirmaste que yo solo era un niño.
"Eres."
“Puedo demostrar que no lo soy.”
Crone soltó una risa siniestra. —¿En serio? ¿Ahora sí puedes?
“Muy fácil. Solo tienes que bajar tu dominio y dejarme entrar en tu mente. Tengo una Runa Mental. Me desnudaré ante ti y veremos sobre qué he estado mintiendo. Y después, te disculparás con Garina y conmigo, y luego te largarás.”
“¿Y si no logras demostrar que no eres un mentiroso? ¿Cómo lo expiarás?”
“Me suicidaré.”
Crone resopló. —No. Si eres un mentiroso, entonces eres a quien buscamos. Te necesito vivo. Si quieres que acepte este trato, Garina me besará las botas cuando se demuestre que te equivocas. ¿Qué te parece eso?
Garina se puso rígida. Casi se lanzó al ataque en el acto. Crone se había vuelto aún más arrogante desde la última vez que lucharon, o tal vez solo intentaba provocarla para que revelara sus intenciones.
De ninguna manera voy a rebajarme a ese nivel. Todo tiene un límite.
—Hecho —dijo Vermil antes de que Garina pudiera decir una palabra.
¡Maldito mocoso inquieto!
—Por supuesto —continuó Vermil, con la mirada oscurecida—. Es una petición bastante desagradable. Creo que lo justo es que recibas un castigo mayor si no miento.
“¿Qué? ¿Deseas que yo reciba el mismo castigo?”
—No. Me importa un bledo tu fetiche con los pies —respondió Vermil—. Si no me equivoco, quiero que copies a la perfección un movimiento que hago. No te llevará más de tres segundos. Eso es todo.
—Aceptado —dijo Crone sin dudar un instante. Garina podía sentir su sonrisa burlona bajo la capucha—. Claro, siempre y cuando tu mentora esté dispuesta a jurar por ello. Si tiene fe en su alumna, seguro que no habrá problema.
La ira palpitaba en Garina con tal intensidad que amenazaba con desbordarse por sus oídos. Se obligó a mantener la calma. Vermil debía de estar tramando algo, pero Crone no había elegido sus palabras a la ligera.
Cualquier promesa entre los Apóstoles se juraba en nombre de Decras. Quebrantarla equivalía a invocar la ira de todos los demás Apóstoles.
Si acepto esto… realmente tendré que hacerlo.
Te lo juro por cualquier dios que me escuche, Vermil. Si no lo has pensado bien, voy a aniquilar a toda tu familia.
—Lo juro —dijo Garina entre dientes.
—Yo también. Espera con ansias lo que viene, Garina —dijo Crone con una risa siniestra. Se agachó frente a Vermil hasta quedar a la misma altura—. Mi dominio es tranquilo, muchacho. Muéstrame qué crees que probará que miento. Esto será divertido.
—Será divertido, pero no para ti —dijo Vermil, colocando las manos a ambos lados de la cabeza de Crone—. Permíteme mostrarte la eternidad. Proliferación vacía.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 610
Estás leyendo el capítulo 610 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.