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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 609 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un segundo se prolongó como melaza espesa. Garina se quedó paralizada entre el deber y el deseo. Por primera vez en su vida, ninguno de los caminos que veía la conducía a la victoria. No podía simplemente aplastar sus problemas bajo el yugo de su poder. La Garina de hace apenas unos meses jamás habría tenido este problema. Vermil ya habría sido capturado —o muerto— y el problema ni siquiera habría tenido oportunidad de surgir. Pero la Garina de aquel entonces no tenía nada que perder. No le importaba nada más que sus deberes. Hasta ahora no se había dado cuenta de cuánto disfrutaba de la compañía de Ferdinand, y ahora existía la posibilidad de que jamás volviera a tener un momento de tranquilidad con él. No si quería mantenerlo alejado de las miradas indiscretas de los demás apóstoles. ¡Maldita sea todo! La Garina del pasado ya no existía. Todo el inmenso poder del que tanto se enorgullecía era prácticamente tan útil como un saco de arena. No podía hacer absolutamente nada para salir del pozo cada vez más profundo en el que se encontraba. Sus pensamientos se arremolinaban en su mente a una velocidad incomprensible para cualquier cerebro mortal. Vermil y Moxie seguían dándole vueltas al mismo tema que al comienzo del segundo, pero ni siquiera Garina podía quedarse pensando eternamente. Tengo que concentrarme. Tiene que haber una solución. Mis órdenes eran traer con vida a aquel a quien Decras buscaba, de vuelta con los demás apóstoles. Hay tres posibles desenlaces. Yo peleo y él se suicida. Decras no consigue lo que quiere. Fracaso en mi misión y Ferdinand queda al descubierto. Fracaso por partida doble. Esto no puede ser. Capturo a Vermil vivo y lo entrego como me ordenaron. Algo me dice que no será posible sin matar a Moxie y a algunos otros mortales. Dejo de lado mi orgullo y le miento a Frederick. Al final lo descubre. Su tapadera se ha derrumbado y alguien como él jamás me perdonaría por masacrar mortales. Es demasiado blando. Otro fracaso total. Dejé ir a Vermil y fingí no verlo. El Rango 7 ya no está. Se encargó él solo. Técnicamente, mi trabajo está hecho. Pero si los demás Apóstoles se enteran de lo que pasó… estoy muerto. Ferdinand también, y al ritmo que van las cosas, ese idiota de Vermil se va a suicidar antes de que yo pueda decidir qué hacer. Todas las opciones eran malas. Garina apretó los dientes. Simplemente no había una solución fácil. Todo se reducía a una simple pregunta: ¿le importaba más enfadar a Decras y Renewal, dos dioses literales, o conservar la vida que apenas había vislumbrado? Tomó su decisión en un instante. —¡Guarda esa maldita magia! —ordenó Garina—. No voy a pelear contigo, así que descártala antes de que alguien se dé cuenta. Vermil y Moxie la miraron fijamente. —¿Qué? —preguntó Moxie. “Me oíste. Vine aquí buscando un ser de Rango 7. No veo ninguno. El hecho de que este pequeño imbécil resultara ser el único ser en todo el mundo con el que no podía permitirme encontrarme fue pura mala suerte.” Vermil no liberó su magia, pero el humo negro que emanaba de su cuerpo disminuyó en intensidad. Le faltaba un mínimo de motivación para evitar que su alma se consumiera. Probablemente, el idiota ya estaba algo trastornado por el daño que se había infligido a sí mismo. —¿Cómo podemos confiar en ti? —preguntó Moxie. “Porque podría aplastarte a ti —y a todos los demás mortales que se esconden en los árboles esperando a que los maten— en el tiempo que tardo en parpadear.” Moxie hizo una pausa. Miró por encima del hombro. Lee salió de entre los árboles y Silvertide la siguió. —¿Qué haces aquí, Lee? ¿Silvertide? —exigió Moxie—. ¡Se suponía que tenías que sacar a los niños de aquí! —Brayden está con ellos —dijo Silvertide—. No íbamos a dejarte solo contra un Rango 7. Creía que un ataque sorpresa aumentaría nuestras posibilidades, aunque nunca antes había tenido la desgracia de enfrentarme a un Rango 7. No creía que existieran. “No habría pelea”, dijo Garina. “Todos estarían muertos en un abrir y cerrar de ojos”. —No va a ir contigo —dijo Lee, apretando los puños a los costados. Adoptó una postura de combate—. No puedes tenerlo. —No lo quiero —espetó Garina—. ¿No lo entiendes? No quiero estar cerca de ese imbécil. Su mera existencia lo amenaza todo. Así que guarda esa maldita Runa Divina, idiota. ¿Acaso pretendes que el mundo entero se derrumbe sobre ti? Necesito que te mantengas oculto. Moxie frunció el ceño. —Pero acabas de decir… —Olviden lo que dije —espetó Garina—. He cambiado de opinión. Ninguno de ustedes me vio hoy. Yo no los vi a ninguno. Nos vimos una sola vez, y fue cuando tuvimos una cena inesperadamente agradable. Y Vermil, que Decras o Renewal no te encuentren. Debes permanecer oculto. Mis sándwiches dependen de ello. —¿Tu qué? —preguntó Moxie. —No, es comprensible —dijo Lee asintiendo lentamente—. Habla en serio. Lo noto en el sabor. Nadie bromea sobre sus sándwiches. —¿Qué, ahora eres Aylin? —preguntó Vermil, pero la inmensa cantidad de energía mágica que emanaba de él se detuvo. Fue lo suficientemente inteligente como para no cortar la conexión con la runa al instante, lo que habría liberado todo su poder directamente sobre él, matándolo en el acto. ¿Por qué no me tienen miedo? Respetan mi poder, pero me hablan con normalidad, incluso entre ellos. ¿Cuántas veces se han enfrentado a un oponente capaz de aniquilarlos a todos en el acto? —¿Te vas así sin más? —preguntó Moxie. Todavía no había liberado su Runa Maestra—. ¿Así sin más? —Sí —respondió Garina—. Así de simple. Y si mi deseo se cumple, no volveremos a vernos hasta que alcances el rango 7. —¿Es posible? —Los ojos de Silvertide se abrieron de par en par. A pesar de la situación, la comisura de los labios de Garina se curvó ligeramente hacia arriba. Los mortales pueden ser tan adorables. Actuando como si el Rango 7 fuera la cima del poder… si tan solo supieran. “Para algunos, inevitable”, dijo Garina. “Pero ese día llegará cuando tenga que llegar. Lo único que importa es que nadie jamás…” El hielo mordía los límites del dominio de Garina. Algo se desplazaba a una velocidad cegadora por el reino, y se dirigía directamente hacia ellos. Un poder familiar ardía en su interior. Su frase murió al llegar a sus labios. Todos sus sentidos le lanzaron una advertencia. La sangre se le fue del rostro, haciendo que su piel pálida palideciera aún más. Era la magia de un apóstol. ¡Joder! No me lo puedo creer... Un cometa negro atravesó las nubes y se precipitó directamente hacia el bosque calcinado. Se movía tan rápido que ninguno de los mortales se percató de su llegada hasta que se estrelló contra el suelo justo delante de Garina, transformándose en un hombre enorme. Vestía una armadura de obsidiana y portaba una enorme espada ancha a la espalda. En lugar de yelmo, una pesada capucha le cubría el rostro. Ninguna luz la atravesaba, dejando su cara como un abismo de oscuridad absoluta. Los mortales profirieron maldiciones sorprendidas. Las alarmas resonaron con tal intensidad en la cabeza de Garina que casi la ensordearon. Esto era peor que malo. Era Crone, el segundo de los Apóstoles. Hacía mucho que no luchaba contra él, pero la última vez que habían entrenado, habían empatado. Desde entonces, él había dedicado casi todos sus minutos de vigilia a entrenar, y ella los había dedicado a ser perra guardiana. Mierda. Tal vez no lo sintió... —¿Dónde están? —preguntó Crone, con una voz que sonaba como el susurro de una docena de hombres hablando al unísono—. Sentí la energía del Maestro en una nueva forma. Empezaba a pensar que estabas descuidando tus deberes, pero parece que me has ganado la partida. ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Esto es malo. Esto es realmente malo. —Él… eh… —Garina tosió apretando el puño y su voz se apagó, su mente la estaba abandonando. La cabeza de Crone giró mientras su mirada invisible recorría a los mortales reunidos. —¿Cuál, Garina? Vamos a quebrar a los mortales si los sometemos a nuestra presencia demasiado tiempo. El hedor está por todas partes, y tu olfato siempre ha sido mejor que el mío. No te preocupes, no me atribuyo tu valentía. El mérito de la cacería recaerá únicamente en el sabueso del Apóstol. —¡Cuidado con lo que dices! —siseó Garina, acercándose a Crone y mostrando sus afilados dientes—. No te pongas cariñosa solo porque hace tiempo que no peleamos. Si sigues llamándome perra, te diré a qué sabe tu garganta. —Con gusto aceptaría un duelo cuando sea más oportuno, pero esto es prioritario. Una orden directa del Maestro es irrevocable —dijo Crone—. Adelante, Garina. ¿Cuál? Moxie captó la mirada de Garina. Una determinación férrea se apoderó del rostro de la mortal. La mente de Garina se aceleró. Los pulmones de Moxie se expandieron. Estaba a punto de hablar, y aunque no habían intercambiado ni una sola palabra, Garina sabía lo que iba a hacer. ¡Qué jugada tan valiente y estúpida! Va a decir que es a ella a quien Decras busca para despistar a Vermil. —Es… —empezó Moxie. —Estás equivocada —dijo Garina en voz alta. —¿Qué? —Crone ladeó la cabeza—. ¿De qué estás hablando? “La persona que busca Decras no está aquí.” —¿Me tomas por tonto? Las sentí, Garina. Había una runa inmensa con las mismas características que la del Maestro en este plano. ¿Qué otra cosa podría ser...? “¡Idiota! ¿Aquel que considerabas mi alumno?” —¿Tu… estudiante? —Garina sintió la mirada de Crone clavada en ella bajo su capucha—. ¿De qué estás hablando? Garina avanzó a grandes zancadas y le dio una palmada en el hombro a Vermil. —Aquí tienes. He estado entrenando a un mortal para que se encargue de algunas de las tareas más molestas que yo no quería hacer. Este es mi alumno. Crone la miró fijamente. Luego, lentamente, se volvió para mirar a Vermil. El Apóstol era fácilmente dos cabezas más alto que él. Garina tuvo que hacer un gran esfuerzo para no secarse la frente con la parte posterior de la manga. —Tu… estudiante —repitió Crone—. ¿Y qué, por favor, le has enseñado a un mortal? ¿Afirmas que la sensación que acabo de experimentar no era la runa robada del Maestro, sino una que tú le diste? —Correcto —dijo Garina—. Él… —Ni una palabra más —ordenó Crone, infundiendo sus palabras con su Fuerza Rúnica. La presión golpeó a Garina y le cerró la mandíbula a la fuerza. Había dirigido el ataque exclusivamente a ella, por lo que ninguno de los mortales había sido aplastado al instante. Crone se agachó hasta quedar frente a frente con Vermil. —¿Eres su alumna? ¡Dios mío, espero que este desaliñado imbécil aprenda rápido y sea mejor actor de lo que parece! Si él no lo es, todos lo somos… Los pensamientos de Garina se desvanecieron por segunda vez ese día. Porque, en lugar de miedo, había algo más que brillaba en los ojos de Vermil. Su actitud cambió por completo de un momento a otro. Porque en su rostro no había expresión de presa. Era la de un cazador. —Encantado de conocerte. Garina ha sido un poco reservada sobre sus compañeros, así que estaba temblando de nervios por conocerte —dijo Vermil, extendiendo la mano con una sonrisa contenida—. Puedes llamarme Araña.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 609

Estás leyendo el capítulo 609 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.