Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 608 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En cuanto Garina profirió la acusación, algo en la mirada de Vermil cambió por segunda vez. El aire casi arrogante que envolvía sus palabras se desvaneció, y pareció cambiar de estrategia en un instante.
Era como si le hubieran arrancado una capa del alma. En sus ojos seguía sin haber miedo. Solo quedaba una férrea determinación, pero a Garina le daba igual. Un Rango 4 no iba a acabar con ella por mucho que lo intentara.
Le palpitaba la cabeza con un creciente dolor de cabeza.
Todo se estaba desmoronando.
El Rango 7 había logrado ocultarse, y la persona a la que debía interrogar era a quien había estado buscando todo este tiempo. Él era quien le había permitido mantenerse alejada de los demás Apóstoles.
Y en cuanto lo encontró, retomó sus obligaciones por completo. Permanecer sentada en un reino de magos sin que su existencia corriera peligro llamaría demasiado la atención, sobre todo si se quedaba en el mismo sitio.
Esta es la única persona que no podía permitirme encontrar. Pero ahora que la tengo, ¿qué demonios hago? ¿Desobedecer directamente una orden del mismísimo Decras? Eso es como traicionar a todos los demás Apóstoles.
Podría con algunos… ¿pero con el Profeta? No puedo vencerlo. ¡Maldita sea! Y si Ferdinand descubre que este idiota está aquí, también tendrá que intervenir. ¿Se supone que debo mentirle?
Garina apretó los puños a los costados. Su mente, potenciada por las runas, se movía tan rápido que un segundo bastaba para mantener una conversación consigo misma, y aun así, ese segundo no era suficiente.
El Rango 7 y todo lo relacionado con él quedó relegado a un rincón de su mente. Su orgullo no importaba cuando todo lo que había llegado a disfrutar durante las últimas semanas, demasiado cortas, estaba a punto de arder en llamas por la presencia de Vermil.
Lo único que importaba era encontrar una manera de afrontar esto.
¿Los mato a todos? Si nadie sabe que estuvieron aquí, la búsqueda se prolongará eternamente. Tendría que mentirle a Ferdinand, pero puedo vivir con eso. Podría decírselo dentro de un año, cuando ya sea demasiado tarde y sea evidente que ha abandonado la Iglesia del Reposo.
Garina no era la única que pensaba. Podía ver a Vermil dándole vueltas a las ideas desesperadamente, pero él debía de haberse dado cuenta de la situación en la que se encontraban. No había nada que pudiera hacer contra ella y ambos deberían haberlo sabido.
—Lee, ve a buscar a Yoru y luego a los demás —dijo Vermil con voz monótona. Sacó una calabaza de su cintura y se la arrojó—. Sácalos de aquí.
Lee. Sí. Ese era su nombre.
Lee obedeció sus órdenes sin dudarlo. Agarró a la demonio caída y cargó a la chica enmascarada sobre su hombro antes de adentrarse rápidamente en el bosque. La mano de Garina se crispó. Lo sensato habría sido detenerla, pero ya daba igual.
Algunos de los rangos inferiores no pudieron escapar de ella. No importaba adónde fueran. Si Garina quería encontrarlos, lo haría.
Al menos eso era lo que se decía a sí misma.
En realidad, Garina no estaba tan segura de poder obligarse a acabar con Lee.
La mayoría de los mortales me dan igual. Joder. ¿Cómo pude encariñarme tan fácilmente con ella? No es más que una mocosa demoníaca y respondona.
Una mocosa demoníaca que alguna vez tuvo razón. A Garina le tembló un ojo. Apretó aún más las manos y sintió un destello de Fuerza Rúnica atravesar sus defensas mentales antes de que pudiera detenerlo. Cada rama seca y árbol a su alrededor se hizo añicos. La ceniza se extendió como una sábana negra sobre el suelo cuando una ola de presión se hundió en la tierra.
Vermil se tambaleó, cayendo de rodillas por la fuerza de su presencia, pero no cayó.
Sus venas se tornaron negras como el carbón. El dominio de Garina se estremeció ante la presión que emanaba del Rango 4, una presión mucho mayor de la que debería haber existido.
Sintió un escalofrío en la nuca.
¿De verdad le robó todo esto a Decras? ¿O es su propio poder? En cualquier caso, no sorprende que los dioses lo busquen. ¡Maldito sea Decras! ¿Qué hago? Si tengo que elegir entre mi dignidad y perder esta nueva vida… ¿acaso el honor sirve para algo más que para arder?
—Tendrás que avisarle a Decras que he estado ocupado —dijo Vermil entre dientes—. Me temo que tendré que rechazar su solicitud de reunión, pero me aseguraré de añadir una cesta de frutas extra al paquete de regalo cuando lo envíe.
—¿Cestas de fruta? —preguntó Garina, sorprendida incluso en medio de su angustia—. ¿Estás loca?
—Solo un poco —respondió Vermil. La presión que emanaba de su cuerpo se intensificó. Aún no era suficiente para representar una amenaza para ella, pero le permitió ponerse de pie lentamente.
Un destello de asombro la recorrió. Aunque no estaba usando activamente su Fuerza Rúnica, el hecho de que él pudiera resistir su presión de esa manera la desconcertaba. Un Rango 4 debería haber caído derrotado por su magia.
El poder que emanaba de él le resultaba familiar. Estaba canalizando su Runa Maestra. Pero cuanto más poder utilizaba Vermil, más extraño se sentía. Era tan parecido al poder de Decras que no cabía duda, pero había algo diferente.
Había demasiadas cosas que no tenían sentido, y entre ellas estaba la completa y absoluta falta de miedo en el rostro de Vermil... y el creciente poder que emanaba de él.
Una telaraña negra brotaba de sus venas y se filtraba hasta sus uñas. El blanco de sus ojos se desvaneció como el cielo nocturno.
¿Cuánta energía puede extraer de esa runa? Esa presión es imposible para una runa de rango 4. Ni de lejos.
—¿Cómo lo haces? —preguntó Garina, sorprendida, rompiendo su lucha interna—. Un alma de rango 4 no debería poder resistir tanta energía sin romperse.
—¿Quién habló de no romperse? —Una mezcla entre un gruñido de concentración y una sonrisa gélida se dibujó en su rostro. La sangre le corría por la comisura de los labios. No quedaba ni rastro de la arrogancia que había impregnado sus palabras un instante antes—. Eres de rango 7, Garina. La más fuerte que he conocido. No soy tonto y jugar contigo no va a funcionar. Eso solo me deja una opción.
—¿Crees que puedes matarme? —preguntó Garina—. ¿Prefieres eso a intentar convencerme de que os perdone la vida?
—Veo la mirada en tus ojos —respondió Vermil. Un poder aún mayor se acrecentó en su interior. Volutas de humo negro se escapaban de sus ojos y se deslizaban entre sus labios. La frontera entre su alma y su runa se desvanecía. —Da igual lo que digamos, ¿no? Ya has tomado tu decisión.
“Vas a destrozar tu alma mucho antes de que yo pueda hacer nada si extraes tanto poder de una Runa Maestra. No puedes resistir tanta magia, idiota.”
—¿Por qué te importa? —Vermil ladeó la cabeza. El aire a su alrededor vibraba con una neblina grisácea y oscura. Había tanto poder concentrado a su alrededor que se desbordaba hacia el mundo—. De todos modos, estás a punto de intentar matarme.
“Aún no he decidido si te necesito vivo o no. Deja de usar esa maldita magia, idiota. No desperdicies tu vida. No tienes ni idea de lo que te depara el universo. Este no tiene por qué ser tu final. Un Rango 4 con tanto poder en un cuchitril como este… podrías llegar a ser mucho más.”
Una sonrisa genuina reemplazó el gesto de desprecio en los labios de Vermil.
“No quiero ser nada más. Esto termina con nosotros, Garina. ¡Aléjate de mis alumnos!”
“¡No lo creo, maldito suicida!” La voz firme de una mujer resonó en el bosque.
Por segunda vez ese día, Garina se sintió sorprendida. Ella —y Vermil— miraron hacia un lado al unísono.
Al borde del claro se encontraba una mujer de cabello rojizo rojizo y expresión furiosa. Vestía una gruesa capa de piel blanca y los árboles quemados a su alrededor se retorcían como si sufrieran una agonía terrible.
Garina no había notado la llegada de la mujer en absoluto.
Su energía mágica estaba completamente oculta, pero Garina sabía quién era. Era la mujer que se había sentado con Lee y Vermil durante la cena.
Imposible. No es de rango 7. Imposible que sea más que de rango 4. Me habría dado cuenta si estuviera aquí. ¿Qué demonios está pasando?
—¿Moxie? ¿Qué haces aquí? —exigió Vermil—. ¡Tienes que correr! Le dije a Lee que…
—No te vas a matar por esto —gruñó Moxie, avanzando a grandes zancadas. Los árboles a su alrededor se estremecieron. Luego, con una serie de fuertes crujidos, se partieron. Finos trozos de madera cenicienta se alzaron en el aire a su alrededor, congregándose tras ella como la figura turbulenta de un ángel vengativo.
—¿Cómo puedes ocultarte de mí? —exigió Garina—. ¿Qué clase de magia podrías tener que engañe mi poder? ¿Así es como escondes al Rango 7?
—No existe ningún Rango 7 —dijo Vermil—. Han desaparecido, Garina. Destruidos. El único que te interesa aquí soy yo. Deja que Moxie se vaya.
Moxie se echó la capucha hacia atrás. Al instante, Garina volvió a sentirla. La mujer era de Rango 4, igual que Vermil.
—Te equivocas —dijo Moxie—. No me voy a ninguna parte. Lee me contó lo que pasó. Que se jodan los dioses. No tienen derecho a exigirnos nada. Sobre todo después de ver cómo Decras lo arruinó todo en las Llanuras Malditas. Le debe una disculpa a toda una raza.
¿Las Llanuras Malditas? No me lo puedo creer. Saben mucho de demonios, pero ¿estos dos mocosos han estado en las Llanuras Malditas y saben lo suficiente como para saber que Decras creó a los demonios?
¿Qué está pasando?
—¿Quién eres? —preguntó Garina.
—Alguien que está hasta las narices de que intenten matarnos —respondió Moxie. Extendió la mano y los fragmentos de madera salieron disparados en una ola cenicienta.
Garina chasqueó los dedos. Un muro de presión surgió de ella, destrozando y desintegrando la madera antes de que pudiera siquiera acercarse. Pero, incluso mientras la nube de cenizas explotaba de sus restos, algo le punzó en su territorio.
Los escalofríos que le recorrían la espalda se intensificaron.
Una magia verde oscura y negra iluminó la mirada de Moxie. Su sombra se extendió por el suelo y los árboles muertos a su alrededor se estremecieron. Entonces, brotes de vida surgieron en sus superficies. La corteza quemada sanó. Las ramas rotas se regeneraron.
Donde antes solo había muerte, brotó materia fresca. Un humo negro y enfermizo emanaba de los árboles sanados. Se enroscó en las manos extendidas de Moxie, llenando sus palmas. Tatuajes de espinas aparecieron en su piel y se enroscaron en sus brazos, abriéndose paso hacia su corazón.
Garina nunca había visto la runa en acción, pero eso no importaba. Su patrón era demasiado similar como para que lo hubiera olvidado. Era el poder del único hijo verdadero de Decras.
Era el poder del Señor de la Muerte.
—Sievan —susurró Garina—. ¿Cómo tienes la runa de Sievan?
—Casi, pero te equivocas otra vez —dijo Moxie, apretando los dientes en un gruñido—. Este es Ciclo Eterno. Lo creé con Runas Maestras Fragmentadas de Sievan. Es mi Runa Maestra, no la suya.
Para manifestar una runa así, alguien tendría que tener un conocimiento increíble del ciclo de la vida y la muerte. ¿Cómo lo habría logrado un runa de rango 4?
“¿Él te dio las piezas para crear una runa como esa? Sievan protege el poder de la muerte de quienes abusarían de él. ¿Pretendes que crea que se la daría a un mortal cualquiera? ¿Y esperas que confíe, incluso con semejante poder, en que lograste matar a un ser de Rango 7?”
—Nunca dije que hubiéramos matado a los de Rango 7 —dijo Vermil—. Solo que se han ido. Moxie es de Rango 7. Tienes que llevarte a los niños y…
—¡Cállate! —dijo Moxie—. ¿De dónde vamos a huir de una de rango 7? Nos va a dar una paliza en cuanto caigas. Al menos nosotras dos tenemos una oportunidad.
Garina se fijó en las palabras de Vermil. Algo en la forma en que había dicho que el Rango 7 había desaparecido… no cuadraba.
Entonces sus ojos se abrieron de par en par al ser asaltada por un pensamiento imposible.
No. No puede ser eso, pero nada más tiene sentido. ¿El poder que le robó a Decras era la capacidad de fragmentar runas? Por eso había una de Rango 6 hace un momento. La degradó de Rango 7, pero eso no debería ser posible. ¡La Todopoderosa Separación es la Runa Divina de Decras! Un mortal jamás podría haber absorbido algo así en su propia alma. Debería haber obtenido una de las runas más débiles de Decras, no la verdadera. Una Runa Divina, incluso con sus poderes debilitados, aniquilaría por completo la existencia de un mortal a menos que existiera un poder inmenso…
Contrapeso.
Y así, de repente, todo encajó a la perfección.
Por eso la Iglesia del Reposo lo busca. Renewal no ambiciona el poder de Decras. Él también la lleva dentro. Este pequeño mortal no robó a un solo dios.
Robó a dos.
Y si no me ocupo de él aquí y ahora, entonces no serán solo los Apóstoles quienes me acosen.
También será Renewal.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 609
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 608
Estás leyendo el capítulo 608 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.