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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 607 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El poder que fluía por el cuerpo de Garina desde sus runas se entrecortó. Era demasiado experimentada como para permitirse bajar la guardia por completo, pero por un instante, ni siquiera ella pudo evitar que la sorpresa la golpeara en el estómago como un puñetazo. Esto no podía ser cierto. Sus sentidos nunca se equivocaban. Había venido a buscar a una fugitiva de Rango 7, no a la descarada demonio que había logrado ganarle una discusión. Mi presa estaba aquí. No cabe duda. Siento la perturbación. ¿Una trampa, entonces? ¿Alguien intentando aprovecharse de mi debilidad para pillarme desprevenido? No sé ni cómo lo habrían deducido, pero cualquiera que piense que algo así me va a derrotar se va a llevar una gran decepción. Sus sentidos se expandieron en todas direcciones. Garina podría haber estado en cualquier punto del incipiente reino que la rodeaba si lo hubiera deseado. Su mente podía abarcarlo de punta a punta, así que excavar en un bosque calcinado no representaba ningún desafío para ella. En ese pequeño rincón perdido del mundo, nadie podía igualar a Garina. Cualquier Rango 7 que osara intentar esconderse para tenderle una emboscada, sin importar cuánta información hubiera logrado reunir sobre ella, sería encontrado y eliminado sin contemplaciones. ¡Sal tú, cachorro! La comisura de los labios de Garina se curvó ligeramente hacia arriba, anticipando una victoria segura. Y volvió a fracasar. No encontró nada. Había rastros de una runa de Rango 7 —una perturbación centrada directamente encima del Demonio Pez y el grupo que la rodeaba— pero no había ni una sola runa de Rango 7 en este bosque aparte de la de Garina. Sus ojos se crisparon de rabia. Era imposible. Se negaba a aceptarlo. Dejar escapar a un Rango 7 ya era bastante malo. Pero ahora, después de prepararse durante tanto tiempo, que volviera a suceder era como si le escupieran en la boca. —¿Dónde están? —preguntó Garina con una voz tan cortante y fría como el hielo negro. —¿Quién? —preguntó la Chica Pez, mirando a su alrededor. —No juegues conmigo —espetó Garina. Se arrepintió al instante. Gritarle a una criatura tan débil era indigno de ella, y eso solo aumentó su enfado. Ya era la segunda vez que una niña parecida a un duende la superaba en palabras, y la segunda vez, bastó una sola palabra para quebrarla. —Ya sabes quién —gruñó Garina—. Me llamaron. Esto no fue un error. No soy tonta, muchacha. Lo que te hayan pagado —lo que creas que vas a sacar de esto— no lo harás. Si me desobedeces, muere. “Creo que puede que tengas hambre.” Tengo hambre. Ni siquiera quiero estar aquí. Debería estar comiéndome un sándwich con Fredrick ahora mismo, no persiguiendo a un idiota de rango 7 que cree que es buena idea provocarme. ¡Que se jodan las reglas! Voy a partir a este idiota en dos cuando lo encuentre. —Aquí solo estamos nosotros —dijo el hombre desaliñado junto a la Chica Pez. Su rostro se contrajo con suspicacia. Apoyó una mano sobre el enorme libro que llevaba a la espalda, como si fuera a golpearla con él—. ¿Cómo has llegado hasta aquí y qué quieres? Qué raro. No había miedo en los ojos del hombre. Tampoco en su postura. Un leve ceño fruncido apareció en los labios de Garina. Cuanto más lo miraba, más extraña se sentía. Sus sentidos se habían afinado a lo largo de los años, y había algo que no encajaba en aquel mortal que tenía delante. Le tomó casi un segundo darse cuenta de lo que era. No se sentía para nada mortal. ¿Un Rango 7 escondido? Su dominio rozaba el de él. El ceño de Garina se frunció aún más. Estaba lejos de ser de Rango 7. No era a quien buscaba. Examinó a la Chica Pez con resultados similares. Solo quedaba la demonio sin brazos tendida en el suelo a sus pies. Era de Rango 6. No es ninguna de ellas. Si tuviera una runa de rango 7 justo al lado, podría sentirla sin importar quién la escondiera. ¿Dónde está este cabrón? Me importa un carajo lo que esté pasando. Solo quiero acabar con esto e irme. Cada segundo que pierdo aquí es un segundo que no voy a recuperar. —No te lo advertiré dos veces —dijo Garina, afinando los labios—. Dime dónde está el Rango 7. No creas que puedes hacerte la inocente conmigo solo porque hemos tenido una interacción cordial. Esta es tu única oportunidad para decirme qué está pasando. Si la desaprovechas, te colgaré junto con el idiota que intentó engañar a un Apóstol. —¿Rango 7? —El hombre desaliñado ladeó la cabeza. Una leve sonrisa se dibujó en su labio—. ¿Por qué buscas a un Rango 7? No existen Rangos 7 en el reino. Es de dominio público. Había algo de arrogancia en su voz que irritaba profundamente a Garina. Ella era la arrogante. Nadie le contradecía; se postraban a sus pies. Le habría bastado un simple pensamiento para pulverizar a cada uno de los mortales que tenía delante con su Fuerza Rúnica, y solo por eso, no podía usarla. El día en que me vea obligado a desatar mi Fuerza Rúnica contra un Rango 6 y algunos rangos inferiores de nivel medio será el día en que les entregue la correa de mi collar y muera de vergüenza. —Parece que no entiendes la situación —dijo Garina, mostrando los dientes—. No me importaría arrancarte la cabeza de un tirón y metértela tan adentro que te salga por el cuello, muchacho. Última oportunidad. Rango 7. ¿Dónde están? Algo en la mirada del hombre cambió de nuevo. El cuerpo de Garina se tensó. Sintió un escalofrío en la nuca. ¿Qué es esto? Me resulta… familiar. —Me llamo Vermil —dijo el hombre—. Deberías saberlo. Cenamos juntos, Garina. Y, para serte sincero, preferí al calvo antes que a ti. En cuanto a tu rango 7… me da la impresión de que la única forma de encontrar uno aquí es buscando en un lago tranquilo. —Mientes —dijo Garina tajantemente—. Y no te va a gustar lo que viene. —¿Por qué mentiría? —Vermil ladeó la cabeza—. Jamás pondría a mis aliados en peligro sin motivo. Aquí no hay ningún Rango 7. Podría jurar un Juramento Rúnico, pero creo que cualquiera con dos dedos de frente sabe lo inútiles que son. No negaste ser un Rango 7, así que deberías poder sentir a otro, ¿no? No le falta razón… ni con los Juramentos Rúnicos. Estoy siendo demasiado torpe. Revelarme ante un montón de magos débiles ya es bastante malo. Ver a la Chica Pez me descolocó por completo. ¡Maldita sea! —No te creo. Había un Rango 7 aquí. Ni se te ocurra decirme que no —dijo Garina, acercándose a Vermil hasta quedar frente a frente. No sabía por qué lo había elegido a él en lugar del aún mudo Rango 6, pero algo en él le rondaba la cabeza sin cesar—. ¿Dónde. Se. Fueron? Vermil alzó la vista para encontrarse con su mirada sin siquiera parpadear. A Garina se le erizó la piel de la nuca. Una mano fría le rozó la espalda mientras sus sentidos se alteraban con inquietud. Sus ojos estaban equivocados. Era tan sutil que jamás lo habría notado de no ser por su cercanía. La diferencia era imperceptible para un mortal, más allá del puro instinto, pero alcanzar el Rango 7 desataba una dimensión completamente nueva en el mundo, una que nadie más débil podría siquiera soñar con presenciar. Revelaba verdades que impregnaban el universo y dejaban el alma al descubierto para liberar su poder; a su vez, otorgaba la capacidad de ver las almas de los demás. Y el alma de este mortal no pertenecía a su cuerpo. No encajaba en absoluto. En lo profundo de sus ojos se ocultaba algo familiar. Un aura densa y opresiva, propia de una inmensa Runa Divina, un poder que solo había presenciado en contadas ocasiones. La incredulidad la invadió, pero la creciente inquietud la contuvo. Había algo más en la mirada del hombre. Algo antiguo... y algo profundamente erróneo. “Ese poder… te conozco.” Las venas de Vermil se tornaron negras como el carbón en un instante. Extendió la mano hacia adelante, clavándola directamente en el vientre de Garina. El golpe ni siquiera se sintió. Su cuerpo estaba tan reforzado por energía mágica que bien podría haber sido alcanzada por una mosca. Pero la magia que envolvía el golpe era otra cuestión. Garina sintió, por un instante fugaz, cómo aquella sensación familiar en los ojos de Vermil se intensificaba cien veces. Su mirada se alzó de golpe. Una lanza negra se precipitó hacia ella como una estrella fugaz. Garina alzó la mano. La lanza se detuvo en seco a escasos centímetros de su nariz. Lentamente, se giró para mirar al hombre. Había desactivado su dominio para asegurarse de no aplastar a nadie por accidente, pero su sola presencia debería haber bastado para detener cualquier ataque en aquel débil y remoto reino. Y sin embargo, Garina sabía sin duda alguna que si la lanza la hubiera alcanzado, solo le habría dejado un leve corte en la piel. Su mirada volvió a posarse en el hombre. Apretó el puño. La lanza se hizo añicos. “Estuviste justo delante de mis narices todo este tiempo. No me lo puedo creer. Eres a quien él está buscando.”
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 607

Estás leyendo el capítulo 607 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.