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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 582 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah contempló el grimorio, intentando comprender las palabras escritas en sus páginas. El libro nunca le había hablado. Sabía que era consciente, pero esto iba más allá de mostrarle a Bird dibujos inapropiados solo para meterlo en problemas. Había algo que no comprendía. El grimorio era más de lo que había imaginado. Pero, por mucho que deseara averiguar qué demonios pasaba con él y por qué los hombres de Sievan estaban tan inquietos por el libro, ahora mismo no había tiempo. Lo único que importaba eran sus alumnos. No podía perder ni un segundo tratando de averiguar qué era el libro o qué pedía. A Noah le daba igual. Si podía ayudarle, todo lo demás podía esperar. Más tinta floreció en la página del grimorio, pero esta vez no tomó la forma de palabras. Formó un patrón de runas, pero no eran runas cualquiera. Noé reconoció esas runas. Eran suyos. Los ojos de Noé se abrieron de par en par. No solo reconoció las runas, sino también el patrón. Un círculo. Un círculo que había visto hacía muchos meses, aunque ahora le parecía que había sido hacía años. Las runas dentro del círculo eran distintas a las de la última vez que lo había visto. Eso no alteraba en absoluto su propósito. Noé sabía perfectamente cuál era el propósito de ese patrón y comprendió lo que el libro sugería. Era una idea tan ridícula que habría resultado risible en cualquier otra situación. Pero esta no era una situación cualquiera. Sus alumnos estaban librando una batalla increíble, pero su tiempo se agotaba, escapándose como granos de arena entre los dedos de Noé mientras él no hacía más que observar. Esta situación exigía algo ridículo. La tinta se retorcía bajo el Círculo Rúnico para formar más palabras en las páginas del grimorio. Exigiré el pago. —Hecho —espetó Noah—. No me importa lo que necesites. Lo único que me importa es salvar a mis alumnos. Si me dejas hacer eso, entonces tendrás lo que quieras. Ya has visto cómo trabajo. Sabes que cumplo mis promesas siempre y cuando no me pidas algo que no esté dispuesto a ofrecer. Aceptado. Noé cerró el grimorio de golpe. No había nada más que decir. Él y el libro estaban en la misma sintonía, en sentido figurado y literal. Mascot saltó de su hombro y aterrizó encima del libro. Por un instante, sostuvo la mirada del gato. —El libro —dijo Noah con voz tensa como una cuerda floja—. Llévaselo a Isabel. En los ojos de Mascot se vislumbró un atisbo de reconocimiento. Una oleada de energía rojiza-púrpura envolvió al gato y al grimorio que se encontraba debajo. Luego desaparecieron. * * * Isabel se desplomó contra el suelo. Un dolor agudo le atravesó el hombro al caer rodando, y un estruendo a sus espaldas marcó el momento en que una raíz destrozó la tierra donde había estado. Su respiración se volvió entrecortada mientras se ponía de pie a duras penas, con el agotamiento oprimiéndole el pecho y clavándole una puñalada en el costado. No tuvo tiempo de ceder. Isabel se apartó de un salto una vez más cuando otra raíz azotó el aire con un aullido silbante. Polvo y una tenue niebla blanca se arremolinaban en el aire a su alrededor. Le escocían las heridas y le impregnaban la lengua con el frío sabor a hierro y tierra. Cuando empezó a incorporarse, otra raíz ya se dirigía hacia su rostro. Sus músculos protestaron con un grito desgarrador mientras se preparaba para esquivar, pero antes de que pudiera hacerlo, Alexandra la esquivó con una velocidad vertiginosa, destrozando con su espada la magia de Jakob mientras buscaba una abertura en sus defensas. Isabel escupió sangre granulosa al suelo mientras luchaba por recuperar el aliento en el breve instante que la otra chica le había concedido. Su combate no iba bien. Jakob los estaba debilitando. Era patético que el profesor aún no hubiera logrado derrotarlos, y era evidente que lo sabía. El rostro del despreciable traidor se contrajo de furia y vergüenza mientras simplemente usaba sus superiores reservas mágicas para mermar el poco poder que les quedaba. Sabía que la pelea no debería haber tenido ninguna posibilidad. La superioridad numérica no significaba nada ante una fuerza tan abrumadora. Él mismo lo había dicho, y aun así no había logrado vencerlos. Eso no les serviría de consuelo cuando a todos se les acabara la magia y murieran. Isabel apretó la mandíbula. Solo tenían una oportunidad. El patrón de Emily era prácticamente perfecto para destruir escudos. Durante la pelea, se había estado acercando poco a poco a Jakob, pero era difícil saber si llegaría a tiempo. Emily estaba casi con seguridad lo suficientemente cerca como para intentar su ataque ahora —Jakob desconocía el alcance total de la niebla que podía invocar—, pero en el momento en que hiciera algo, el profesor concentraría toda su fuerza en ella. Y si logra romper el escudo de Jakob… no sé qué podremos hacer después. ¿Podremos matarlo de verdad, incluso sin escudo? ¡Maldita sea! Paso a paso. Emily necesita una oportunidad. Puedo dárselo a ella. —¡Eh! —gritó Isabel por encima del estruendo de las enredaderas a su alrededor. Recurrió a la poca magia que aún le quedaba para invocar un destello de energía azul en la palma de su mano—. ¡Escoria de Torrin! ¿Acaso estabas tan obsesionado con maltratar niños que olvidaste por qué renunciaste a tu honor? Los ojos de Jakob se clavaron en ella. Las enredaderas que lo rodeaban se retorcían como una serpiente moribunda. —Tienes razón —siseó Jakob—. Quizás debería ocuparme primero de ti. ¡Ups! Más efectivo de lo que esperaba. Todd apartó a Isabel de un empujón justo cuando una docena de enormes lianas se pusieron en marcha y la alcanzaron al unísono. Cayeron al suelo dando tumbos y él se puso de pie en un instante, levantando a Isabel de un tirón. El corazón de Isabel latía con fuerza en su pecho mientras ponía en marcha hasta la última gota de energía que le quedaba. No podía arriesgarse a mirar atrás a Emily para ver cómo iban las cosas. Oyó a Alexandra y Yulin forcejeando a sus espaldas, intentando impedir que las enredaderas se acercaran, pero estaban perdiendo la batalla. De repente, Todd le dio un codazo a Isabel en el costado. Ella perdió el equilibrio y cayó al suelo. Se oyó un crujido fuerte desde arriba. Todd gruñó de dolor, y el pánico se apoderó de Isabel como una puñalada. Una raíz se había enroscado en el brazo de Todd. Sus huesos crujieron cuando la raíz se apretó como una serpiente y dejó escapar un grito de dolor. —¡Todd! —gritó Isabel. Otra raíz surgió por encima de Isabel mientras ella intentaba ponerse de pie. Entonces se desplomó. Alexandra perdió la visión. Golpeó la raíz con el hombro, apartándola de un golpe. Las espinas que la cubrían le arañaron los brazos y los costados al estrellarse contra el suelo junto a Isabel con la fuerza suficiente para hacer temblar la tierra. La espadachina luchaba por recuperar el aliento. Sus ropas estaban hechas jirones y su magia claramente se acercaba a sus límites. Solo podía mantener su patrón activo por un tiempo limitado. Una raíz surgió de la tierra y se enredó en las piernas de Isabel, atándolas y elevándola por los aires con tanta fuerza que un destello de dolor le atravesó el cuello. —¡Basta de huir! —gruñó Jakob—. Estoy hasta las narices de vosotros, escurridizos ratones. No entiendo cómo un grupo de rangos 2 y 3 puede ser tan exasperante. Estaba tan concentrado en ella que no pareció darse cuenta de la niebla blanca que se arremolinaba en el suelo a sus pies. —Vuelve a lamerle los pies a Torrin, pedazo de mierda —espetó Isabel con voz ronca—. Mi padre logró más cagando por la mañana que tú en toda tu vida. La raíz que le apretaba las piernas a Isabel se apretó. Gritó de dolor cuando los crecimientos afilados que la cubrían se clavaron en su carne y le rozaron los huesos. —Normalmente no disfruto matando, pero haré una excepción contigo —gruñó Jakob. Extendió la mano hacia ella—. Un centenar de chillidos estridentes, superpuestos y en rápida sucesión, rasgaron el aire. Minúsculas agujas destellaron entre la niebla y el escudo de Jakob cobró vida con un fulgor. Ondas estallaron en su superficie ante el violento ataque. Sus ojos se abrieron de par en par. Su escudo se hizo añicos al instante, y finísimos cortes surgieron por el cuerpo del profesor. Jakob giró sobre sí mismo, lanzando un puñetazo con un rugido. Una raíz brotó del suelo bajo Emily, dirigiéndose directamente a su corazón. El aire frente a ella centelleó cuando James apareció justo delante, con los brazos cruzados. Varios discos de luz amarilla se formaron entre él y la vegetación blanca. El ataque de Jakob los atravesó todos. El impacto continuó contra James, golpeándole el estómago con las manos y empujándolo contra Emily. Ambos salieron despedidos por los aires y se estrellaron contra el suelo con un estruendo ensordecedor. Cuando se levantó, ninguno de los dos se movió. La agonía desgarraba el cuerpo de Isabel mientras se retorcía en un intento desesperado por liberarse. ¡No! Un pequeño destello rojizo-púrpura llamó la atención de Isabel mientras se balanceaba suspendida en el aire desde la raíz. Sus ojos se abrieron de par en par. Mascot estaba sentado frente a ella, encaramado sobre un enorme grimorio. El gato jugueteó con la tapa cerrada. No podía ser, pero ahí estaba. El grimorio de Noé. ¿Me envió esto él? La niebla que rodeaba a Jakob se disipó. Él se volvió hacia Isabel. —Ahora es tu turno —gruñó Jakob. Isabel recurrió a sus escasas reservas, impulsada por un destello de esperanza que florecía en su pecho. Una diminuta hoja azul se formó en sus manos y, con un impulso, la clavó en la raíz con un tirón seco. La planta se partió y ella cayó al suelo con un golpe sordo y doloroso. Isabel se arrastró hacia el grimorio con las manos, pues sus piernas no le servían para nada. La sombra de una raíz se alzaba sobre Isabel. Se aferró a los laterales del grimorio. —Necesito su ayuda, profesor —susurró Isabel entre jadeos entrecortados—. Lo necesitamos. —¿Qué diría tu padre si te viera huir arrastrándote de una batalla? —preguntó Jakob, y su fría risa resonó en el claro—. Patético hasta el final. La raíz colapsó. El grimorio que Isabel tenía en sus manos se abrió de golpe, y una sombra oscura surgió de su interior con un aullido como el de un alma que escapa de las profundidades del más allá. Una mano con garras, hecha de la noche más oscura, se formó a partir de las páginas del libro y se movió en una fracción de segundo, agarrando la raíz un centímetro antes de que pudiera entrar en contacto con la espalda de Isabel. Se oyó un fuerte crujido. La materia vegetal salpicó la espalda de Isabel cuando la mano se cerró, triturando la raíz hasta convertirla en pulpa. El brazo oscuro se onduló, y un segundo emergió del libro. Se estrelló contra la tierra con tal fuerza que provocó temblores que sacudieron los pies de Isabel, y una abominación surgió libre de sus páginas. Fibras retorcidas de carne fibrosa, negra como la noche, habían sido cosidas toscamente para formar su figura. Ondulaba y palpitaba como una parodia deformada de un órgano latiendo. La monstruosidad tenía una forma delgada y enfermiza que se doblaba como si hubiera sido rota una y otra vez, y habría alcanzado fácilmente los seis metros de altura si no hubiera estado tan encorvada. Sus largos brazos, delgados como huesos, se extendían a sus costados y se clavaban en la tierra; sus dedos huesudos la escarbaban como si no hubiera nada. Sus cuencas oculares estaban vacías y hundidas, y su boca torcida, con dientes demasiado anchos, esbozaba una sonrisa horripilante mientras la criatura tomaba una bocanada de aire profunda y jadeante. —¿Qué demonios es eso? —preguntó Jakob, elevando la voz con disgusto. Agitó las manos hacia adelante y todas las raíces a su alrededor estallaron, cayendo sobre Isabel y el monstruo como una avalancha. La horripilante criatura alzó su dedo deformado y tocó la raíz más cercana mientras se acercaba. Se oyó un fuerte y húmedo chapoteo. Cada raíz del claro se marchitó sobre sí misma como si hubiera sido secada al instante. Cayeron al suelo, quebradizas e inservibles. El disgusto de Jakob se transformó en horror. Retrocedió un paso, con los labios entreabiertos. Acto seguido, su mano se alzó hacia su cuello, arrancando un colgante y preparándose para arrancárselo. ¡Maldito cobarde! ¿Trajo uno de esos colgantes de escape para estudiantes? La monstruosidad junto a Isabel clavó uno de sus brazos en el suelo con un movimiento fulminante. Carne negra surgió de la tierra justo antes de que Jakob viera cómo una mano huesuda le agarraba el brazo. Se oyó un crujido seguido de un desgarro húmedo y sangriento. El brazo de Jakob salió despedido de su cuerpo, arrancado de cuajo a la altura del hombro. Dejó escapar un grito de agonía. —No se vaya tan pronto, profesor —dijo la abominación con un susurro sibilante. Sus enormes dientes rechinaron mientras una sonrisa se extendía hasta cubrirle todo el rostro—. Me han prometido sus runas. Me aseguraré de que viva lo suficiente para que yo pueda disfrutarlas como es debido.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 582

Estás leyendo el capítulo 582 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.