Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 577 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un trueno retumbó cuando un relámpago rasgó el aire y se dirigió hacia la cabeza de Emily, solo para estrellarse contra un cuadrado brillante de luz translúcida a escasos centímetros de ella. Chispas eléctricas saltaron al aire y zumbaron contra su piel.
—Gracias, James —dijo Emily, rodando sobre sí misma mientras el ácido chamuscaba el suelo donde había estado parada, dejando una gruesa marca. Se puso de pie de un salto y apuntó, concentrándose en la flecha que se formaba en su arco.
Un rayo se cernió sobre ella, desviado una vez más por la magia de James. Emily apretó los dientes y lanzó la flecha en dirección a uno de los magos.
El hechizo le rozó el hombro al girar, rozando la armadura que llevaba pero sin causarle daño significativo. Lo desequilibró por un instante, dándole a ella la oportunidad de rematarlo y asestarle un golpe certero, pero Emily no tuvo ocasión de aprovechar la oportunidad.
Se vio obligada a retroceder mientras las enredaderas corrían por el suelo y se extendían hacia ella, intentando enredar sus piernas e impedirle esquivar.
Otro rayo cruzó el cielo, deteniéndose contra un disco de luz a escasos centímetros de Emily. La luz vaciló al desprenderse un crepitar de energía. Por un instante, pareció que se rompería, pero la magia resistió con fuerza. James la protegía de los ataques y le daba tiempo para contraatacar, pero no era suficiente.
Había tres enemigos y James se vio obligado a adoptar una postura defensiva para que Emily pudiera siquiera intentar contraatacar. Si hubiera logrado herir a alguno de ellos, tal vez habría tenido una oportunidad. Pero con la armadura que llevaban… necesitaba algo más que un simple roce.
Emily reprimió el impulso de maldecir mientras esquivaba más magia. Preparar sus ataques requería tiempo y concentración, dos cosas de las que carecía cuando tres magos la atacaban desde distintas direcciones.
—No podemos seguir así para siempre —dijo James en voz tan baja que solo Emily lo oyó—. ¿Podrás sobrevivir el tiempo suficiente si voy tras uno de ellos?
—Probablemente —respondió Emily, sin estar tan segura. Los estudiantes que los atacaban tenían una energía descomunal. Llevaban casi dos minutos atacándolos sin parar y no parecían tener intención de amainar.
Eso habría sido impresionante si no sospechara que prácticamente todo su poder provenía de alguien que se lo transfería a través de su armadura de soldado. Desafortunadamente, la fuente de donde extraían su magia no cambió nada.
—Eso no suena muy seguro —dijo James.
Emily retrocedió esquivando mientras lenguas de relámpago bifurcadas se abalanzaban sobre ella, ennegreciendo la tierra donde había estado con una explosión cegadora. Se giró hacia el mago que las había invocado, pero antes de que pudiera apuntar, púas de ácido se dirigieron hacia su cabeza.
Cayó al suelo. Las enredaderas la alcanzaron y ella absorbió la humedad del aire, lanzando un trozo de hielo con los dedos y cortando las enredaderas mientras rodaba de nuevo hasta ponerse de pie.
No podemos seguir así.
—¡Mierda! —exclamó James—. Creo que Isabel la está utilizando… ya sabes.
Emily parpadeó sorprendida. La vacilación casi le costó la vida al ser atravesada por una raíz afilada, pero se giró a un lado en el último momento y cortó la raíz con otra hoja de hielo.
"¿En serio?"
Un rayo cayó sobre ellos y una cúpula de luz floreció sobre sus cabezas, absorbiendo el impacto antes de estallar en brillantes motas de luz.
—Deberías prestarnos atención a nosotras, no a tus amigas —dijo la maga del rayo con tono burlón. Su voz parecía femenina, pero el yelmo que cubría su rostro amortiguaba sus palabras y dificultaba distinguirla.
A Emily realmente le daba igual.
—Sois todos bastante patéticos. Tener que depender tanto del equipo en un examen de segundo año —dijo Emily, lanzando una flecha de hielo que surcaba el cielo hacia la otra mujer.
Sin tiempo para apuntar bien, el ataque solo logró impactar en su hombro y estallar contra su armadura. Uno de los otros magos rió mientras lanzaban cuchillas de ácido hacia Emily una vez más.
James invocó más escudos de luz del aire, bloqueando la magia y dejando escapar un suspiro de exasperación. —¡Qué fastidio! ¿No puedes acabar con ellos de una vez?
—¿Qué crees que estoy intentando hacer? —siseó Emily—. ¡Ya te dije que estaré bien! Puedes ir a atacar…
Una enredadera brotó de la tierra quemada, alcanzando la pierna de Emily antes de que ella pudiera reaccionar. Un destello iluminó el lugar y varios trozos de planta se estrellaron contra Emily, cercenándola en múltiples pedazos.
—No estás haciendo todo lo que puedes —dijo James—. Podrías hacer más. Lo he visto. Isabel sin duda lo hace. ¿Por qué te frenas? De nada, por cierto.
—Isabel es mejor que yo en eso —siseó Emily—. Nunca he intentado usar esa habilidad en una pelea de verdad. Solo en entrenamientos. ¿Acaso olvidaste lo mala que era cuando empezamos?
Flechas ácidas cayeron sobre Emily y un escudo de luz se formó en el aire sobre ellos, absorbiendo el ataque una vez más. El mago ácido se burló. —Hablar sola no es buena señal. Deberías ir al médico.
—¿Dónde aprendiste a decir esas tonterías? Tu profesor es un imbécil —dijo Emily, apartándose de un salto cuando un rayo se dirigió hacia donde estaba. Una mano la agarró por la espalda de la camisa y la puso de pie de un tirón antes de que las enredaderas que se arrastraban por el suelo pudieran alcanzarla, y las congeló con una ráfaga de hielo.
—Vaya lengua afilada para un noble. Quizá llevas demasiado tiempo juntándote con gentuza —dijo el mago del rayo—. No lo haces nada mal. Cambiar entre dos formas de magia tan rápido es realmente impresionante. Lástima que todo ese poder se desperdicie.
¡Por todos los dioses, qué estúpidos son! Tengo mi magia de hielo activa al mismo tiempo que las habilidades de luz de James. Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que tengo un mago de luz invisible de mi lado, pero supongo que estos idiotas se aliaron con Marley. Eso no dice mucho de su inteligencia.
—¿A quién le importa lo mal que lo hiciste al principio? —le susurró James a Emily, dándole un codazo en la espalda baja—. He visto de lo que eres capaz. Te estás frenando. Sé que puedes lograrlo.
Un destello de luz iluminó el cielo cuando un rayo volvió a caer sobre ellos. Emily apretó los dientes. James la empujó de nuevo.
—Me lleva demasiado tiempo —espetó Emily—. No puedo hacerlo lo suficientemente rápido para…
—Claro que puedes. Ya te he visto hacerlo antes. Deja de dudar tanto de ti misma. No estás sola. Te apoyo, pero no puedo seguir bloqueando la magia para siempre. ¿De verdad vas a dejar que Isabel te deje en ridículo así? Eres igual de buena que ella.
Emily apretó con fuerza su arco. Su corazón latía con fuerza en su pecho —una, dos veces— y luego su rostro se endureció. —Bien. Cúbreme.
—En eso estoy —respondió James, y ella pudo oír la sonrisa en su voz incluso cuando el aire se onduló a su lado y él dejó que su invisibilidad se desvaneciera.
El mago de las plantas soltó una maldición. "¿De dónde ha salido?"
Estúpido.
Emily apartó sus pensamientos de la pelea y los dirigió hacia adentro. Controló su respiración y se concentró. Tenía tiempo. James le había prometido protegerla. No permitiría que la atacaran, pero ella tenía que cumplir su parte del trato.
La magia crepitaba y resonaba a su alrededor. James y los demás magos intercambiaban burlas que le llegaban como un torrente.
Apenas se percató de nada.
La escarcha le picaba la piel. Una niebla helada se elevaba de su cuerpo y la envolvía en una bruma blanca a punto de convertirse en nieve espesa. Se extendía en todas direcciones, deslizándose por el suelo y llenando el claro a su alrededor.
Sus sentidos se agudizaron en la gélida niebla, recorriendo los patrones de escarcha que se extendían por cada minúsculo cristal que la componía. El mundo entero se aquietó. Incluso el latido de su corazón y el dolor de cabeza se desvanecieron en el olvido.
Emily cerró los ojos.
Deslizó una mano por el aire. Sintió cómo los dibujos del hielo cambiaban a su paso. La niebla se arremolinaba tras su brazo. Cada movimiento en su interior modificaba el patrón.
Y así era exactamente como debía ser.
El hielo era un elemento más del agua, y más que ningún otro elemento, el agua estaba en constante cambio. Todd había pasado horas con ella repasando las propiedades que podía adquirir en las imbuiciones, y Emily las había estudiado todas y cada una de ellas lo mejor que pudo.
Su patrón no permanecía inalterable. No era un patrón que pudiera abordarse de forma rígida. El cambio mismo formaba parte del patrón.
Emily dejó que su arco se desvaneciera de sus manos, sumergiéndose por completo en la niebla. Sintió dónde estaba y dónde no.
Y en esa niebla, Emily sintió la presencia de los tres magos.
Abrió los ojos de golpe.
James yacía en el suelo frente a ella, con los brazos cruzados tras la cabeza. Un rayo se dirigió hacia él, pero un disco de luz surgió y lo bloqueó, desvaneciéndose en el mismo instante en que el rayo se detuvo.
Otro escudo se alzó para bloquear un rayo de ácido, y un tercero se manifestó para cortar varias enredaderas. Todos desaparecieron en el instante en que cumplieron su cometido.
El poder vibraba en el cuerpo de Emily, y la niebla vibraba en respuesta. Estaban sincronizados.
—¿Cómo lo haces? —preguntó la estudiante.
—Optimizando —respondió James entre bostezos—. Soy vago. No tiene sentido usar más energía de la necesaria, y ahora no necesito usar ninguna.
El mago ácido resopló. Atravesó la niebla y concentró magia sobre sus palmas, dándole forma de una gran punta de energía verde enfermiza. —¿Y eso por qué? ¿Te rindes?
—No —respondió James, dejando que sus ojos se cerraran lentamente—. Estás muerto.
El aire alrededor del mago crepitó. Apenas tuvo un instante para abrir los ojos con sorpresa antes de que un centenar de destellos blancos surcaran el aire. Su escudo cobró vida a su alrededor, pero se hizo añicos bajo la ráfaga de magia.
Retrocedió tambaleándose con un grito. Delgadas agujas de hielo brotaban de cada centímetro de piel sin protección. No había ni una sola parte de su rostro ni de la parte superior de su cuello que no hubiera sido atravesada.
El ataque no fue suficiente para matarlo, pero un brillante destello de luz iluminó el bosque cuando su colgante se activó y lo puso a salvo.
—Eres tan cursi —murmuró Emily, mientras su mirada se dirigía hacia los otros dos magos.
Los otros dos magos reaccionaron al instante, empuñando sus hechizos y lanzándose en direcciones opuestas para distraer a Emily. Se pusieron toda la armadura que llevaban y activaron sus escudos.
No cambió nada. No necesitaba verlos. Podía sentirlos. Todo dentro de la niebla era visible para ella. Agujas relampagueaban entre la niebla ondulante, rozando los escudos y desgastándolos con cada golpe.
Un relámpago se dirigió hacia ella, pero otro disco de luz lo bloqueó. Emily ni siquiera lo miró. Estaba completamente concentrada en su patrón. No había lugar para distracciones, ni las necesitaba.
James la protegía. Ella no tenía que pensar en nada más que en su magia mientras él la protegiera.
Los escudos eran excelentes para bloquear ataques, pero, como se descubrió, tenían una cantidad mínima de poder que consumían cada vez que se activaban. Después de todo, nadie intentaba destruir un escudo a base de cosquillas. Controlar cientos de ataques diminutos era demasiado complicado para la mayoría de los magos, pero esto no se trataba de cientos de ataques diminutos.
Las agujas eran todas una. Formaban parte de la niebla. Parte del patrón... y parte de Emily.
El escudo del mago vegetal se hizo añicos. Dejó escapar un grito cuando las agujas, por pequeñas que fueran, le atravesaron cada centímetro de piel expuesta. Se colaron por las grietas de la armadura y le inundaron la boca.
Su colgante brilló.
—¿Cómo es posible? ¿Qué clase de…? —El escudo de la maga del rayo se hizo añicos antes de que pudiera terminar su desesperada protesta.
“¡Come mierda!”, dijo James.
Su colgante brilló.
Emily bajó lentamente las manos, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Lo había conseguido. Había activado su patrón en medio de una pelea.
Sí, así es. Come mierda—
Esperar.
—¿Sabes qué? —preguntó Emily con una leve risa—. Tenían razón. Me estás arruinando el vocabulario.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 577
Estás leyendo el capítulo 577 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.