Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 570 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La palabra impactó a Noé como un golpe físico. Se dobló sobre sí mismo, sin aliento y con el mundo girando a su alrededor. Apenas logró recobrar el sentido y detenerse antes de ser lanzado a través de la oscuridad hacia el olvido.
Y con esa palabra, los últimos restos del cuerpo de Wizen se evaporaron.
De él solo quedaba la brillante luz azul que se había ido intensificando con cada segundo que pasaba.
Su alma.
Se oyó un sonido como el de una cremallera rasgando los planos de la realidad. Cada hilo de magia gris se tensó como si hubiera sido estirado al máximo.
Un poder familiar se arremolinaba en el aire. Un poder que Noah había sentido en Sunder, pero lo suficientemente distinto como para que resultara evidente que no se trataba de su runa. Quizás fueran del mismo material, pero eran diferentes.
Un fuerte chasquido resonó en el vacío, y un alma fue arrancada de la cuerda.
La magia envolvía el alma, inundándola para crear carne. Hilos grises se entretejieron dando forma a un pequeño demonio, cuya nueva carne era del color de la piedra. El poder emanaba de su cuerpo en oleadas, y aunque tenía los ojos cerrados, su pecho se elevaba y descendía con respiraciones débiles.
Sticky volvió a tener un cuerpo. Espirales de poder gris se deslizaban bajo su piel como un lecho de serpientes, desvaneciéndose lentamente a medida que encontraban su lugar y se asentaban.
Noah la miró incrédulo. Sunder había reconstruido su cuerpo incontables veces al morir en el Plano Mortal, pero Wizen acababa de arrancar a Sticky directamente de la Línea. Sus últimas palabras se habían cumplido.
Wizen había robado directamente a los dioses.
Creo que voy a necesitar algo más que una simple cesta de frutas.
Noah se esforzó por llegar hasta Sticky, pero Wizen fue más rápido.
Su mano azul brillante se clavó en la espalda de la chica demonio, lanzándola por los aires hacia Noah. Aterrizó en sus brazos, inerte. Sticky estaba sumida en un profundo sueño. Probablemente era lo mejor. Cuanto menos recordara del más allá, mejor.
La mirada de Noah se alzó. Por un instante, se quedó mirando los brillantes ojos azules de Wizen. Los labios del otro hombre se movían mientras intentaba articular una palabra. Noah nunca había tenido dificultad alguna para hablar consigo mismo como alma tras su reencarnación, pero parecía que esa ventaja no se extendía al más allá.
Wizen alzó el dedo y lo trazó en el aire. Un tenue rastro de energía siguió a su dedo mientras escribía una sola palabra.
Luego se volvió hacia la línea roja que se extendía a través del más allá. Un único hilo de energía gris, el único que quedaba, se arremolinó hasta enroscarse en la muñeca de Wizen. Este se aferró al hilo rojo y salió disparado, un destello de luz que se desvaneció en la eternidad.
Noah se quedó mirando la última palabra que Wizen había dejado. Era muy consciente de la creciente luz rosada en la distancia, pero el otro hombre no habría perdido el tiempo dibujando una palabra sin motivo.
Y eso era un problema.
La palabra no tenía absolutamente ningún sentido.
Orlen.
No seguía ningún patrón. No había ninguna señal de que pudiera ser un mensaje oculto o algo más. Era simplemente una palabra.
Noah no podía arriesgarse a quedarse sentado esperando más para averiguar qué significaba. Se giró sobre sí mismo, fijando la mirada en la mota blanca y ardiente a lo lejos. El portal de regreso a la Llanura Maldita seguía abierto. Incluso ahora, Sievan lo mantenía abierto para él.
Con Sticky bajo el brazo y la llave apretada en la mano, Noah voló hacia el portal que lo alejaría de la Línea.
Voló hacia la vida.
* * *
Un cuenco de chocolate yacía derramado a los pies de Renewal. Una pantalla oscura flotaba frente a ella, sin imagen ni vida. La silla oscura que solía estar junto a la suya había desaparecido.
Decras se había ido.
Renewal había olvidado lo vacío que podía sentirse el mundo. Aquel dios exasperante había sido el primer respiro en la monotonía de su trabajo en miles de años. Aunque solo había permanecido allí unos breves instantes, no le quedaba más remedio que admitir que esos momentos habían sido agradables.
Y ahora habían terminado.
Como todo lo que existe, esos momentos se vieron obligados a llegar a su fin.
Fue culpa suya. Había sido demasiado negligente en su deber. Renewal se había distraído. Se había entretenido demasiado observando. Demasiado entreteniéndose hablando con Decras. Eso le había costado un mero instante. Un lapso de tiempo tan breve que un mortal no se habría percatado de lo que ocurría.
No creía que importara. El objetivo de Wizen era imposible. Estaba demasiado lejos de su hija. Para cuando se acercara, ella habría tenido la oportunidad de intervenir, así que se había contentado con observar.
Dejar que las cosas sigan su curso.
Pero ese breve instante bastó para que Wizen cambiara de opinión. En lugar de pasar años recorriendo el limbo para encontrar a su hija, usó sus poderes en el acto.
Había arrancado a Sticky de la Línea.
Había destrozado el orden natural.
No había sido nada sutil. El vacío era sensible. La magia —sobre todo la prohibida— lo atravesaba como una corriente eléctrica. Portaba la noticia de lo sucedido. Del fracaso de la Renewal.
Y esa palabra no pasó desapercibida.
Renewal no culpó a Decras por su candidatura. Había sido la decisión acertada.
En el preciso instante en que la onda expansiva rasgó el vacío, Decras se arrojó a un portal oscuro y desapareció, llevándose consigo todo rastro de su paso.
Había dejado sola a Renewal para que afrontara el Juicio.
Había dejado sola a Renewal cuando el universo se partió.
Y de esa grieta en el universo surgió una mujer vestida con un traje de estrellas. Galaxias se enroscaban en su cuerpo y la luz estelar centelleaba a su paso. El rostro de la mujer era indescriptible, incluso para la Renewal. Sus rasgos aparecían y desaparecían, como el flujo y reflujo de un océano universal. Mil rostros se superponían en un instante, para luego convertirse en meras estrellas.
Ella era todo y nada a la vez. La presión la empujaba y la atraía como el latido del universo mismo. La inmensidad de su magia era tal que un planeta se habría desmoronado solo con su presencia.
Ella era el Juicio.
Y, aunque Renewal no pudo precisar ni un solo detalle definitorio en los rasgos de Judgement, había una sola emoción presente en ese rostro en constante cambio.
Enojo.
“Renewal”. La palabra quedó en silencio. Despojada de todo el poder y la inmensidad que conformaban el ser del Juicio. “Has fallado en tus deberes. ¿Cómo pudiste permitir que esto sucediera?”
—Asumo toda la responsabilidad —dijo Renewal, inclinando la cabeza. No había nada más que se pudiera hacer. Ninguna excusa ni justificación habría cambiado el resultado. Todo en la vida tiene un precio. Este era el precio de la distracción. El precio de desviarse del camino que el universo le había trazado.
—La responsabilidad no basta. Quedas destituida de tu cargo. —Juicio extendió la mano hacia un lado, y el hacha de un verdugo cobró vida entre sus hojas. El arma era sencilla, solo madera y metal, pero al verla, un puño de hielo se cerró sobre el corazón de Renewal.
Era un arma que había probado la sangre de los dioses.
Renewal apretó los puños a los costados.
No había nada que pudiera hacer. El Juicio era una deidad de rango 11, una deidad suprema. Y más que eso. El Juicio gobernaba esta región del universo. Su palabra era más que una orden; era ley.
—Lo entiendo —dijo Renewal.
—Pero no te arrepientes —dijo Juicio—. Lo veo en tus ojos, Renewal. Te has dejado llevar por el mal camino. Tanto talento desperdiciado. Podríamos haber aprovechado tu fuerza, pero te has dejado caer. ¿Uno de los Dioses Exteriores, entonces? Dime su nombre.
La mandíbula de Renewal se tensó. El universo no permitía que los dioses menores se rebelaran contra él. Solo aquellos con verdadero poder —o con un deseo de muerte— podían oponerse.
Pero su destino ya estaba sellado. El Juicio no le habría desenvainado el hacha si ella no hubiera planeado usarla.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Renewal. Su juicio había sido acertado. No se arrepentía de nada. El breve instante que había pasado con Decras, observando a los extraños mortales luchar desesperadamente por el poder, había sido uno de los momentos más placenteros de su vida.
Los únicos momentos agradables desde que se había convertido en diosa. Hubo un tiempo en que Renewal justificó su interés en Noah convenciéndose de que solo lo observaba para ver cómo podía apoderarse del poder que él había robado.
Ahora sabía que aquello era mentira. El poder era agradable, pero el verdadero poder no se podía robar. Convertirse en un dios era convertirse en uno mismo. Y ahora, al final, no había lugar para la falsedad.
La renovación simplemente había sido divertirse.
—Dime su nombre —repitió Juicio—. Te lo ordeno, Renewal. Esta es tu última orden.
—No —respondió Renewal, y su leve sonrisa se convirtió en una amplia sonrisa—. No lo haré. ¡Qué bueno que te vayas, Juicio!
—Has caído en desgracia —dijo Juicio con un tono de repugnancia—. Me repugnas, Renewal. Lo tenías todo, pero ahora no tendrás nada. Te considero indigna de seguir existiendo. Eres una mancha en el universo, una aliada del Caos.
La renovación no dijo nada.
Judgement alzó su hacha.
Renewal no intentó esquivar ni bloquear. Era inútil. El golpe de Judgement la seguiría a través de los universos. Destrozaría todo a su paso. Un poder como el suyo era invencible.
Tal vez Decras tenía razón. ¡Maldita sea esta orden hasta el fin del universo! No hay alegría en la complacencia.
“Su sentencia es la muerte”, dijo Juicio.
Renewal cerró los ojos con fuerza.
Se oyó un golpe sordo y húmedo.
“Me temo que debo objetar.”
Renewal reconoció esa voz. Abrió los ojos de golpe.
Del centro del pecho de Juicio sobresalía una lanza negra, haciendo que ríos de sangre dorada se derramaran por su vestido estrellado.
La sangre salpicó el suelo cuando Decras salió de detrás del Dios Supremo, con su arma recubierta de oro.
—Tú —siseó Juicio, llevándose una mano al estómago—. Imposible. No eres un Dios Supremo. No puedes hacerme daño.
La risa de Decras resonó en el vacío. Seguía riendo cuando el hacha de Juicio partió el aire como un cometa en picada.
Atravesó limpiamente a Decras, partiéndolo por la mitad.
—¡No! —gritó Renewal.
—Necia —espetó Juicio, mientras la herida en su pecho ya se cerraba—. ¿Con esta te aliabas, Renewal? ¿De verdad tienes tan mal gusto como para elegir al Profanador como la razón por la que abandonas el bando del orden?
La respuesta de Renewal se vio ahogada por un destello negro y un golpe sordo y húmedo. Sus labios se entreabrieron con incredulidad.
La lanza de Decras quedó clavada en la cabeza de Juicio, atravesándole uno de los ojos. Los labios de la diosa se entreabrieron en un gesto de estupefacción, y la sangre dorada le corría por el rostro en finos ríos.
Le clavó la lanza en el ojo. El cuerpo de Juicio se estremeció cuando Decras arrancó su arma, salpicando el suelo con más sangre dorada. El Dios Supremo se desplomó en un montón de oro que se expandía.
De las mitades de Decras brotaron mechones negros que se entrelazaron. Con un chasquido, su cuerpo se reunió y se giró con una sonrisa en el rostro.
Renewal se quedó boquiabierta, dando un paso atrás atónita.
—¿Oí un grito de horror? —preguntó Decras—. ¿Para mí?
—Yo… ¿cómo? —tartamudeó Renewal—. ¿Mataste a un Dios Supremo?
—¿Matada? No. —Decras miró a Juicio. Luego la apuñaló de nuevo. Su cuerpo se estremeció al retirar la lanza—. Me encantaría, pero no puedo matarla. Es arrogante, pero se lo ha ganado. Lo único que puedo hacer es incapacitarla.
—¿Cómo? —preguntó Renewal, tragando saliva—. ¿Y por qué estás aquí? ¡Creí que habías huido!
—Me escondí —corrigió Decras. Apuntó con la puñalada a Juicio una vez más—. Juicio era demasiado poderoso para que yo pudiera enfrentarlo como es debido. Tuve que hacer un poco de trampa, pero me he divertido demasiado como para abandonarte tan fácilmente. Me temo que tu tiempo como Diosa de la Reencarnación ha terminado. No hay vuelta atrás.
—No —dijo Renewal en voz baja, mientras su mirada volvía a dirigirse hacia Judgement—. No la hay.
—Es hora de elegir —dijo Decras, clavando su lanza en la nuca de Juicio mientras su cuerpo se estremecía—. Probablemente podrías encontrar otro rincón del universo donde esconderte. El alcance de Juicio no es tan grande, a pesar de lo que te han hecho creer. Puedes mantenerte impoluta, con las manos limpias al no convertirte en una de las viles caídas. O…
—Dame eso —dijo Renewal, arrebatándole la lanza a Decras. La levantó y la clavó en el corazón de Judgement con toda la fuerza que pudo reunir. La Alta Diosa se estremeció, y la sangre dorada salpicó por todas partes cuando Renewal arrancó la lanza—. Que se pudra la orden. He odiado este trabajo durante siglos. Renuncio.
Decras soltó una carcajada. Le arrebató la lanza a Renewal y la blandió en el aire. Un portal negro se abrió a su paso.
—Bienvenido a las filas de los Caídos, Renewal —dijo Decras señalando el portal—. La libertad te espera. Y si algún día decides marcharte, bastará con una notificación por escrito.
Renewal vaciló un instante. Miró hacia abajo, a Judgement, y luego a la pantalla oscura que últimamente había ocupado tanto tiempo.
“¿Qué tal si…?”
Estarán bien. El Juicio no sabe quiénes son, y el rastro ya se perdió. Ya me encargué de eso. Ahora dejen de perder el tiempo y marchen. Cuanto más tiempo pasen aquí, menos tiempo tendremos para verlos. Ya tengo un lugar reservado para nosotros, y la comida se está enfriando.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Renewal. “Supongo que te aprovechaste de mi hospitalidad durante un tiempo. Ya es hora de que me devuelvas el favor”.
Atravesó el portal y desapareció.
Judgement se estremeció. Un siseo furioso escapó de sus labios ensangrentados. “Te encontraré, Decras. No puedes escapar de Judgement”.
—¿Podrías ser más pretencioso? No entiendo cómo Renewal ha aguantado tus tonterías tanto tiempo. Yo lo habría hecho hace mucho —dijo Decras—. Puede que seas un Dios Supremo, pero mientras tú te has estancado, yo he crecido. El universo cambia, Juicio, y eres demasiado cobarde para admitirlo. El tiempo de tu orden se acaba. Y cuando termine, estaré allí para decapitarlo. Pero por ahora, me conformaré con esto.
Luego apuñaló a Juicio en el trasero.
El Dios Supremo aulló maldiciones tras él mientras Decras liberaba la lanza y se adentraba en la retorcida zona de sombras. Esta se cerró tras su paso, y Juicio se quedó solo con la oscuridad como compañía.

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Capítulo 571
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 570
Estás leyendo el capítulo 570 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.