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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 563 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Wizen ascendió la escalera de obsidiana; sus pasos se perdieron en el vacío infinito que la rodeaba. Cada golpe de su bastón contra la piedra pulida resonaba en el silencio como un eco, para luego desvanecerse en la oscuridad y no volver jamás. Sticky seguía a Wizen, a un solo paso de él, con los hombros encogidos y la mirada fija en el camino. Un solo paso en falso significaba caer en las sombras que los rodeaban. La única fuente de luz en la habitación era la puerta abierta, allá atrás, al pie de la escalera. El ladrillo dorado del pasillo brillaba con una luz tenue, como si les diera la bienvenida. Cada paso que daba Wizen por la escalera lo alejaba más de la luz y lo adentraba más en la oscuridad. Aunque no debería haber nada que permitiera ver, las escaleras y la plataforma al final seguían siendo visibles. La obsidiana relucía como si la luz de una luna lejana la hubiera iluminado, y algo parecido a la luz del fuego parecía danzar en los adornos dorados de las escaleras. Un tenue aroma flotaba en el aire. Tenía una elegante nota de suave dulzura envuelta en la desesperación, como un capullo de rosa recién arrancado de la tierra bajo los pies. El aroma se volvía más difícil de localizar cuanto más intentaba Wizen identificar qué era o de dónde provenía. Aparte del escalar de Wizen y Sticky, no se oía ningún ruido. Era tan silencioso que Wizen podía oír los latidos de su propio corazón. A pesar de todo lo que había visto a lo largo de sus muchos años de vida, a Wizen se le erizó el vello de la nuca. Algunas emociones escapaban al control humano. Estaban tan arraigadas en la psique que era imposible erradicarlas. Y ahora, era una de esas emociones la que le decía a Wizen que él y Sticky eran intrusos. Intrusos en un lugar donde ningún ser vivo debería haber puesto un pie. A pesar de toda su planificación y preparación, existía una gran diferencia entre preparar la mente para algo y presenciarlo en la realidad. Siguió adelante. Paso a paso, Wizen ascendió la escalera hacia su meta. Hacia lo único por lo que había vivido. Cientos de años, todo para este momento. La llave a su lado pesaba como un ancla. Había dedicado cada fibra de su ser a esto. Miles y miles de instantes —de vidas— solo para asegurarse de llegar hasta aquí. Para asegurarse de poner un pie en esta escalera, un pie en el andén que se extendía más allá. No había margen de error. No podía permitirse ninguna debilidad. Al enfrentarse a alguien tan poderoso como un Rango 8, Wizen debía ser un muro impenetrable. Incluso con las ventajas que poseía, una sola abertura podía... Se resbaló pegajoso. La lisa obsidiana no le ofreció ningún punto de apoyo para recuperarse. Perdió el equilibrio y cayó, golpeándose la cabeza contra el borde de las escaleras con un fuerte golpe. Wizen se giró hacia ella justo a tiempo para ver a Sticky resbalar por el borde de las escaleras. Se abalanzó hacia adelante, pero si bien su cuerpo era muchas cosas, la velocidad no era una de ellas. Su mano pasó por el aire instantes después del pequeño demonio, y ella se precipitó al vacío de abajo. La oscuridad la envolvió en un instante. Algo parecido a una hoja de cristal afilada se clavó en el pecho de Wizen y su respiración se entrecortó. Extendió la mano antes incluso de que un pensamiento pudiera cruzarle la mente. Hilos grises brotaron de sus dedos y rasgaron la oscuridad. Durante largos instantes, se desenrollaron entre las sombras y desaparecieron de la vista. Se tensaron. Hubo un tirón brusco y el brazo de Wizen casi se le dislocó. La fuerza estuvo a punto de arrastrarlo por el borde. Si Sticky hubiera pesado un poco más, lo habría hecho. Apretando los dientes, Wizen retiró la mano de un tirón. Los hilos volvieron a dispararse hacia él, arrastrando al pequeño demonio de vuelta por el borde de las escaleras. Wizen la sujetó con fuerza, asegurándose de que no volviera a resbalar. La sangre le resbalaba por la sien, donde había golpeado los escalones. Wizen se echó el pelo hacia atrás con la mano. La herida tenía mal aspecto, pero las lesiones en la cabeza siempre lo tenían. ¡Ridículo! ¿Esta niña está intentando suicidarse? Wizen sacó un pequeño frasco de su cadera. Un tenue líquido rojo brillaba en su interior y estaba sellado con un sello de vidrio tallado. Wizen rompió el sello y este tintineó al caer por las escaleras antes de rodar hacia la oscuridad. Le abrió la boca a Sticky con una mano y le vertió la pequeña poción dentro. En cuanto lo hizo, le cerró la mandíbula y le tapó la nariz. Pasó un segundo. La herida en su cabeza empezó a cicatrizar, aunque la mitad de su rostro seguía empapada en sangre. Los ojos del demonio parpadearon. Wizen la soltó, sus labios finos. —¿Eh? —preguntó Sticky, parpadeando pesadamente—. ¿Qué pasó? —¿Eres imbécil? —preguntó Wizen—. ¿Cómo puedes resbalar en las escaleras si lo único que haces es subirlas? Sticky se llevó la mano a la cabeza. Sus dedos quedaron rojos al limpiarse la sangre de la herida. “Me mareé mucho. Creo que no me gustan las alturas. No fue mi intención. Lo siento”. Wizen vaciló un instante y luego exhaló con fuerza. Clavó su bastón en las escaleras y se puso de pie. Sintió un hormigueo en la mano. La miró. Unas finas líneas grises palpitaban bajo su piel, brillando con una energía tenue mientras luchaban por mantener su cuerpo unido. Hizo una mueca. Mierda. —Levántate —dijo Wizen—. Confío en que ya puedes ponerte de pie, ¿verdad? No tengo una segunda poción que desperdiciar. Sticky se puso de pie con cuidado. Se secó la cara con el dorso de la mano y tragó saliva antes de asentir temblorosamente con Wizen. —Sí. Ya no es tan malo. Me mareo menos. Wizen la miró fijamente. Ella volvió a mirarlo. Sin duda se va a volver a caer. La chica apenas puede mantenerse en pie. —¿Por qué subirías un tramo de escaleras como este si tienes miedo a las alturas? —preguntó Wizen. —No le tengo miedo a las alturas —se defendió Sticky débilmente—. Solo me mareé un poco. No volveré a caerme. Lo prometo. Wizen apretó con más fuerza su bastón. Ya había traído al demonio hasta aquí. No iba a dejar que bajara las escaleras sola. Jamás volvería al salón sin caerse de nuevo. La agarró por la nuca como a una gatita. Ella soltó un chillido cuando la levantó en el aire y la puso sobre su espalda. En ese momento, no podía permitir que muriera. Enfrentarse a Sievan después de eso sería imposible. —¡Alto! —ordenó Wizen. “Te voy a manchar de sangre.” —Tengo tanta sangre encima que dudo mucho que un poco más marque la diferencia —dijo Wizen con sequedad—. Lo que sí marcará la diferencia es otro retraso. Sticky lo abrazó de inmediato por el cuello y se aferró a su espalda. Wizen esperó un instante para asegurarse de que no la soltaría, y luego reanudó el ascenso por las escaleras. Aún quedaba un largo camino por recorrer. Por extraño que parezca, aunque juraría haber recorrido toda la escalera varias veces, solo había logrado subir aproximadamente una cuarta parte. Otro truco. Sievan parecía tenerles cariño. No detendrían a Wizen. No podía arriesgarse a gastar más magia de la que ya tenía, así que siguió caminando. La escalera no podía ser infinita, y estaba avanzando, aunque lentamente. Los minutos transcurrían lentamente, convirtiéndose en horas. Paso a paso, Wizen ascendía hacia la plataforma que flotaba en el centro del vacío. Se acercaba, aunque a un ritmo terriblemente lento. Su dominio rozaba los escalones a su paso. Minúsculas imbuiciones lo cubrían todo. El aire a su alrededor estaba completamente saturado de energía rúnica. Era increíble. Si Wizen hubiera estado allí por cualquier otro motivo, se habría sentado en los escalones a contemplar el mundo que lo rodeaba durante horas. Pero hoy no era un día para perder el tiempo. No tenía tiempo que perder, así que escaló. En cierto momento, la respiración de Sticky se ralentizó. De alguna manera, había logrado quedarse dormida. Él no tenía ni idea de cómo la diminuta demonio lo había conseguido. Estaban ante una maravilla de la naturaleza. Un lugar de magia tan singular y poderosa que, sin duda, muy pocos habían sido testigos de ella. Era como perderse el amanecer de una nueva era. A medida que las horas transcurrían y el ascenso de Wizen lo llevaba lenta y firmemente hacia la cima, una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Viejos recuerdos le atormentaban. No era la primera vez que cargaba a alguien a cuestas de esa manera, pero aquellos recuerdos eran demasiado dolorosos para revivirlos. Las había mantenido encerradas en un cajón en el fondo de su mente durante siglos. Eran una distracción, un consuelo que le impedía hacer lo que debía hacer. Pero eso pronto terminaría. El cajón no permanecería cerrado por mucho tiempo. Pasó el tiempo. Wizen no sabía cuánto tiempo había pasado. Siendo sincero consigo mismo, el silencio era bienvenido. Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de un momento de quietud como aquel. Sticky seguía aferrada a su espalda, y él caminaba de lado para asegurarse de que no se le cayera mientras dormía. Pero, como siempre sucede, las escaleras llegaron a su fin. El pie de Wizen cayó sobre el borde de la plataforma, y el sonido resonó en sus oídos como el rugido de una cascada. En el centro mismo de la plataforma había una silla de obsidiana. Era sencilla y sin ningún tipo de adorno, no más grande que una silla que Wizen podría haber encontrado en su propio estudio. Sentado en la silla había un hombre sencillo, vestido con un traje gris igualmente sencillo. Tenía las manos entrelazadas sobre el regazo. Sus rasgos eran tan anodinos que resultaba casi imposible recordarlos. Una nariz perfectamente normal, labios finos, apenas perceptibles, piel pálida y cabello castaño ceniza. No era ni alto ni bajo. No era guapo ni feo. No era gordo ni delgado. Pero eso terminó con sus ojos. El hombre no tenía iris. Dos orbes lechosos taladraron a Wizen cuando este salió a la plataforma. Estaban vacíos y planos. Ningún poder ni inteligencia inmensa ardía tras ellos. Simplemente no había nada. Wizen se detuvo al otro lado del andén, frente al demonio. “Sieván.” Sticky abrió los ojos lentamente. En su rostro se mezclaban el asombro y el miedo. Se deslizó de la espalda de Wizen hasta ponerse a su lado, sin decir palabra. —Y así llega el Hombre Tejido —dijo Sievan, descruzando las manos de su regazo. Sus palabras fueron como una suave brisa que se deslizaba por la noche, sin dejar rastro a su paso—. Parece que has traído un pasajero contigo. Inesperado. ¿Conoce ese nombre antiguo? Supongo que no debería sorprenderme. —Ella es testigo —respondió Wizen. Sacó la llave de su costado. El poder pulsaba dentro del portal, amenazando con desbordarse. Wizen lo mantuvo bajo llave. No podía permitir que ni la más mínima cantidad de energía se desperdiciara. —Sabes por qué estoy aquí. —Una elección extraña para testigo —dijo Sievan. Descruzó las manos y se levantó de la silla—. Llega un poco antes de tiempo. Nuestro otro invitado aún no ha llegado. ¿Otro invitado? Wizen no dejó que la pregunta capciosa le llamara la atención. Solo había una cosa por la que estaba allí. —No he venido a reunirme con nadie más que contigo —dijo Wizen. Presionó la llave entre las palmas de sus manos. Las líneas grises que recorrían la piel de su mano derecha palpitaron. En su interior, una antigua runa se estremeció al invocar su poder. Hilos de energía latente se desprendieron del cuerpo de Wizen. Se enroscaron en el aire a su alrededor como algas en una corriente marina. El poder brotó de su pecho y recorrió todo su cuerpo. —Lo sé —dijo Sievan en voz baja—. No ganarás esta vez, Hombre Tejido. Soy la Muerte, y no puedes oponerte a mí. “Soy humano. Es mi naturaleza oponerme a lo que no puede ser vencido. No me iré hasta conseguir lo que vine a buscar.” “Tu deseo está fuera de tu alcance.” —Pero no la tuya —respondió Wizen. Puso una mano en el hombro de Sticky y la empujó un paso atrás mientras el poder que se concentraba en su interior se intensificaba—. Ábreme el camino al más allá, o te arrebataré tu poder y lo haré yo mismo. He venido a recuperar a mi hija.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 563

Estás leyendo el capítulo 563 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.