Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 533 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El asco deformó el rostro de Igris en una mueca de disgusto y apuntó con sus tres dagas restantes a Noah, mirándolo con absoluto desprecio por encima del puente de la nariz.
—Criatura vil y arrogante. Eres aún más repugnante de lo que pensaba. Te haré sufrir —gruñó el enorme demonio. Sus músculos se ondularon y una tenue luz amarilla iluminó su rostro. Las dagas en sus manos temblaron, acompañadas de un tintineo, mientras cada moneda en la habitación comenzaba a vibrar. Ríos dorados se enroscaban en las piernas de Igris y recorrían su cuerpo como escoria fundida fluyendo a la inversa. Las monedas burbujeaban como agua hirviendo mientras haces de luz fundida surgían de debajo de ellas, rayos de sol que se filtraban entre las nubes antes de desvanecerse de nuevo.
—Qué gracioso —dijo Noé, ladeando la cabeza mientras una guadaña dorada surcaba el aire donde había estado, rozando el blanco—. Pero, ¿estás seguro de que es prudente?
—Voy a quebrarte —prometió Igris. Extendió las manos y el oro que tenía delante se alzó formando una columna. Dentro de ella se formó una enorme hoja, gruesa y difícil de manejar, con grandes trozos de oro que sobresalían como carámbanos desordenados. Igris arrojó sus dagas y, con un rugido, levantó el trozo de metal en el aire.
Noah absorbió el poder de Desastre Natural y observó al demonio impasible. Si antes no había quedado claro que Igris no era un guerrero, ahora sí lo era. La demostración podría haber sido impresionante si no hubiera durado varios segundos.
En el tiempo que Igris había empleado en arrear todo el oro y forjar la armadura tosca y brillante, Noah podría haber acortado la distancia entre ellos y matado al gran demonio con un solo grito de Ruptura o el inverso del Fragmento de Renewal. Solo había una razón por la que la pelea no había terminado ya: Noah necesitaba a su oponente con vida.
—No pretendo ser provocador cuando digo que me haces perder el tiempo —dijo Noah, rascándose la nuca. Mientras hablaba, seguía extrayendo energía de Desastre Natural, llevando la runa al límite. Igris seguía siendo un demonio de rango 5. Subestimarlo sería un grave error.
—El que se queda ahí parado sin hacer nada eres tú —replicó Igris desde debajo de las capas de su armadura. Retrocedió un paso y alzó su arma, apuntándola al cuello de Noah—. Disfrutaré partiéndote por la mitad y vendiendo tu cuerpo a Lord Belkus. Seguro que le interesará saber más sobre la persona que ha estado intentando arrebatarle el control del subsuelo.
—¿De verdad lo crees? —preguntó Noah, negando con la cabeza y guardando la poción en el bolsillo. Juntó las manos. Sintió un cosquilleo de poder en la piel y tembló de anticipación—. ¿Por qué crees que me quedé aquí esperando, Igris?
—¡Porque eres un cobarde que usa a los demás para sus propios fines! Creías que podía intimidarme, pero soy muy superior a la escoria a la que te enorgulleces de dominar. Pronto los envidiarás —respondió Igris con una risa gélida.
Se abalanzó hacia adelante, un enorme pie revestido de oro impactando contra el suelo e impulsándolo hacia Noé. Igris dejó escapar un rugido de furia al retroceder, blandiendo el enorme trozo de metal que en sus manos se transformaba en espada, directo al cuello de Noé.
—Esa no es la respuesta correcta, Igris —dijo Noah, haciéndose a un lado y arqueando el cuerpo para que la enorme hoja pasara silbando a su lado sin hacerle daño. La hoja se clavó en el suelo y atravesó la piedra con un chirrido ensordecedor. Fragmentos de oro se elevaron y pasaron zumbando junto a Noah. Para su mayor velocidad de reacción, parecían moverse casi a cámara lenta. Ni un solo fragmento lo alcanzó.
—Hagamos una breve lección de ciencias —dijo Noé al levantar las manos. Igrus arrancó la espada del suelo y la blandió contra su cabeza, pero se agachó para esquivar el golpe. El viento que la acompañaba hizo azotar sus vendas faciales, pero el segundo golpe no se acercó ni de lejos a él, a diferencia del primero. —¿Sabías una de las mejores propiedades del oro?
—¡Basta de tus tonterías! —gritó Igris, lanzando un codazo a la frente de Noah. Este lo esquivó. La pesada armadura que cubría al demonio lo había ralentizado aún más, y evitar sus golpes era pan comido. Bastó un leve movimiento muscular para que el codazo pasara inofensivamente junto a su cabeza. Igris dejó escapar un rugido de frustración cuando otro ataque rozó a Noah por los pelos. Alzó la enorme espada y, agarrando la empuñadura con ambas manos, la abalanzó directamente sobre la cabeza de Noah.
—Esa no es una respuesta. A este paso vas a reprobar mi clase, pero supongo que algunos alumnos necesitan que se les expliquen las cosas con pelos y señales. —Noah giró su cuerpo paralelo a la hoja, dejando el espacio justo para que las púas que sobresalían pasaran a su lado sin hacerle daño. La hoja se estrelló contra la piedra, clavándose varios metros en ella. Las púas doradas se rompieron y resonaron contra el suelo entre una lluvia de chispas.
—¡Cállate! —rugió Igris—. ¡Levántate y lucha, cobarde!
—Primera pregunta —respondió Noah con tono completamente inexpresivo—. Pregunté por qué tenía que quedarme de brazos cruzados esperando mientras invocabas tu armadura.
Igris dejó caer su espada al suelo y lanzó un puñetazo con un rugido furioso. Esquivó el golpe y luego le propinó una palmada en el codo al demonio. Una poderosa onda de vibración emanó de él y penetró la armadura dorada.
El poder atravesó el oro y penetró en Igris. Varios chasquidos sordos resonaron dentro de la armadura cuando el brazo de Igris se quebró bajo la intensidad del ataque mágico. El demonio de rango 5 gritó de dolor y tropezó, incapaz de mantenerse en pie ante la furia de los temblores que recorrían su cuerpo. Cayó de rodillas. La piedra se quebró bajo su rodilla y se tambaleó, a punto de caer de bruces antes de recuperar el equilibrio.
—Esperé porque necesitaba quebrarte —susurró Noé—. Y en cuanto a la pregunta 2, ¿sabes qué hace especial al oro?
Igris se puso en movimiento de repente, extendiendo los brazos a ambos lados. Se abalanzó sobre Noah intentando derribarlo. Noah dio un paso al frente y se agachó, dejando que el brazo del demonio pasara inofensivamente por encima de su cabeza. Bebió de Desastre Natural y juntó las manos. La energía recorrió sus brazos y llenó su cuerpo por completo, concentrándose en sus palmas. La magia comenzó a emanar de su cuerpo por sí sola. Arcos de electricidad danzaron a lo largo de sus palmas y llenaron el aire con el zumbido de las abejas. Noah se colocó detrás de Igris. El demonio intentó girar, pero no lo suficientemente rápido.
—El oro es un excelente conductor eléctrico —dijo Noé. Presionó las manos contra la espalda del demonio y desató todo el poder del Desastre Natural.
Un océano de energía emanó de él y se precipitó sobre Igris en un diluvio de poder. Una brillante luz amarilla iluminó la habitación y el interior de su armadura resplandeció como un árbol de Navidad. Un estruendo, entre un crepitar y un rugido, sacudió el aire mientras Igris gritaba de agonía.
Gruesas venas de electricidad serpenteante emanaban de la pesada armadura del demonio y trazaban líneas en el suelo en busca de su libertad. Grietas resquebrajaban el grueso oro y montones de monedas deformadas se desmoronaban en medio de la tormenta eléctrica, mientras los rayos se extendían por toda la habitación.
Noah no escatimó esfuerzos. Continuó extrayendo energía de Desastre Natural y canalizando hasta la última pizca de poder que podía reunir hacia Igris. Los gritos del Demonio de Rango 5 eran ininteligibles entre el rugido de energía que emanaba de su cuerpo. Manchas quemadas se extendían sobre el oro que lo cubría como musgo. La armadura se desprendía en grandes trozos, estrellándose contra el suelo. Los fragmentos que cubrían el rostro de Igris se partieron por la mitad y cayeron a ambos lados. Sus ojos ardían como soles gemelos y un rayo brotaba de su boca como el aliento de un dragón. Tenía la boca abierta, los dedos se retorcían desesperadamente buscando una salida que no llegaría. El crepitar de la carne quemada llenaba el aire y un denso humo negro se arremolinaba a su alrededor.
Finalmente, Noah liberó la magia y clavó el pie en la parte baja del pecho de Igris. El enorme demonio se desplomó hacia atrás, la luz tras sus ojos parpadeando mientras las últimas chispas de electricidad se escapaban de su cuerpo, y cayó al suelo con un estruendo ensordecedor que resonó en la habitación destruida. Noah atravesó la densa nube de humo fétido y pisó el pecho de Igris.
El enorme demonio jadeaba de agonía. Había recibido el impacto de lleno y, aun así, había logrado sobrevivir; pero la supervivencia era un término relativo. Enormes porciones de su cuerpo estaban carbonizadas, negras como la noche, y el oro se había fundido en su carne formando patrones bifurcados, como si un escultor enloquecido hubiera usado su cuerpo como un lienzo grotesco.
—¿Quién… te envió? —preguntó Igris con voz ronca, tosiendo flema y sangre.
Noah metió la mano en el bolsillo y sacó la poción de Fusión Mental, quitando el sello superior y acercándola al rostro de Igris. Envió otro torrente de electricidad desde su pie hasta el pecho de Igris. El grito del demonio se convirtió en una tos entrecortada cuando Noah le vertió la poción en la boca.
—Sí —respondió Noah. Noah rompió la segunda mitad del sello y bebió él mismo el resto de la poción. Miró al demonio caído y le volvió a cubrir el rostro con las vendas mientras una familiar sensación de mareo lo invadía. —Nos vemos pronto, Igris.
Entonces el mundo se oscureció.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 533
Estás leyendo el capítulo 533 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.