Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 532 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah le dio a Moxie un momento para preparar su magia misteriosa mientras él, desde su espada voladora, escudriñaba brevemente la calle. No había guardias ni transeúntes. Varios demonios pasaban frente a las ventanas de algunas mansiones, pero nadie prestaba atención a la calle.
Era solo cuestión de tiempo. Noah no se hacía ilusiones de poder entrar en una mansión en medio de una calle llena de demonios ricos, causar destrozos y salir sin invocar algún tipo de fuerza defensiva.
La verdadera pregunta es cuán numerosa es esa fuerza y con qué rapidez aparecerán. Las batallas no están prohibidas en las ciudades demoníacas; es solo cuestión de fuerza. Si no molesto a las otras mansiones, ¿acaso intentarán pedir ayuda? Es posible que Igris tenga aliados que sí lo hagan… pero algo me dice que ninguno de sus aliados estará dispuesto a arriesgar la vida si las cosas se complican para él.
Bueno, da igual. Moxie no estará en casa y me encargaré de distraernos lo suficiente para que podamos estar juntos. La única forma de saber qué pasa es intentarlo.
—¿Ya casi estás lista? —preguntó Noah a Moxie, que estaba encorvada sobre la semilla que tenía en las palmas de las manos, con una expresión de intensa concentración que se reflejaba en sus facciones incluso detrás de las vendas que cubrían su rostro.
Ella lo miró y asintió. —Sí. En cuanto termines, dejaré esto junto a la puerta y me encargaré de todo desde el callejón. Me largo de aquí en cuanto lleguen los refuerzos.
Perfecto. Nos vemos en el campamento.
Noah se inclinó hacia adelante y canalizó un destello de energía a través de sus pies. La espada voladora cobró vida y se elevó por los aires, directo a la ventana más alta de la casa. El vuelo fue corto. Al acercarse, Noah extrajo su poder de la espada y desenvainó Espacio Desmoronado.
Un poder gélido recorrió su brazo hasta la punta de sus dedos mientras se elevaba por los aires. Liberó la magia contenida en su mano instantes antes de impactar contra la ventana. Grietas blancas surgieron y atravesaron el cristal como si no existiera.
Un instante después, se derrumbó con un fuerte crujido. El puño de Noé golpeó la ventana al hacerse añicos en una lluvia de fragmentos. Cayó entre ellos y cayó en la habitación del último piso del edificio.
Pequeños fragmentos de vidrio se incrustaron en su ropa y le dejaron finas líneas en la piel al caer rodando al suelo y ponerse de pie de un salto, extendiendo instantáneamente su dominio y sus sentidos sísmicos. La habitación a la que había llegado parecía un estudio, con un pequeño escritorio y una mullida silla roja. Sobre el escritorio había un plato de fruta.
La habitación estaba vacía, pero Noah podía sentir movimiento por toda la casa bajo sus pies. Se detuvo un instante para asimilar la información. Había unas quince personas en la mansión, menos de las que esperaba. De esas quince, había una figura en una habitación del piso inferior que casi le doblaba la altura. Ninguna de las demás se le comparaba.
Aunque Noah no pudo distinguir ningún detalle y su territorio no estaba exactamente dentro de su alcance, no le fue difícil determinar de quién se trataba. Una sonrisa se dibujó en sus labios. Noah tomó una fruta morada y abultada de la mesa y salió por la puerta.
Un demonio de tamaño mediano le provocó una sensación punzante al aparecer corriendo a la vuelta de la esquina de un largo pasillo alfombrado. Noah alzó una mano, liberando una potente ráfaga de viento antes incluso de que el demonio entrara en su campo de visión.
Un demonio de mediana edad, con un único cuerno enorme que le sobresalía de la cabeza como un asta de bandera, apareció justo a tiempo para recibir el hechizo de Noah de lleno en la cara. Lo levantó del suelo y lo estrelló contra la pared que tenía detrás.
Para cuando se puso de pie, Noah ya había acortado la distancia entre ellos. Su palma impactó contra la frente del hombre, empujándola contra la pared con mucha más fuerza de la que había previsto.
El demonio se desplomó, inconsciente. Noah se detuvo un instante, contemplando el cuerpo inerte ante él. Estaba casi seguro de que el demonio no estaba muerto, pero jamás había golpeado nada con tanta fuerza sin potenciarse con magia.
¿Será el Fragmento del Ser el que me da poder? No hay tiempo para preocuparse por eso ahora. Hay cosas más importantes que combatir.
Igris había oído el ruido sin duda. Su cuerpo había comenzado a moverse. No parecía preocupado por nada en particular, pero era solo cuestión de tiempo; y si salía de su habitación, todo se complicaría bastante. Necesitaba contenerlo lo máximo posible.
Noah corrió por el pasillo y entró en una habitación vacía justo encima de su objetivo. Se detuvo un instante para concentrar su poder. Las mansiones de los demonios eran de construcción sólida. Necesitaría atravesar una gran cantidad de material sólido. Entonces, con su gran fruta aún en la mano libre, clavó un pie en el suelo y liberó Materia Deformada.
La magia labró el suelo como si fuera una jugosa sandía. Rayas de energía grisácea, con forma de cubo, arrasaron con todo a su paso, dejando una profunda hendidura. Su poder apenas alcanzó a extenderse unos metros antes de agotarse, pero fue más que suficiente. Noah clavó el pie en la piedra debilitada.
Se hizo añicos y él cayó, aterrizando en medio de una lluvia de polvo y escombros hasta el suelo, muy por debajo. Noé se estrelló contra un escritorio, haciendo que una copa de vino se cayera. Cayó sobre un suelo cubierto de monedas de oro y se hizo añicos.
Los ojos de Noah estaban fijos en el lugar exacto donde sabía que estaba Igris. Un enorme demonio de cuatro brazos y piel azul brillante se encontraba al fondo de la habitación, con la mano a escasos centímetros de la puerta. Vestía largas y lujosas túnicas negras con ribetes dorados. Dos enormes dagas colgaban a cada lado de su cinturón. Eran de diseño similar, con vainas negras y motivos dorados en su superficie.
El demonio era enorme. Aunque la habitación era fácilmente tres veces más alta que una normal, Igris seguía ocupando una parte considerable. Noah tuvo que estirar el cuello hacia atrás solo para poder mirar a los ojos de su objetivo.
—¿Quién eres? —preguntó Igris, llevando las manos a las espadas y desenvainándolas sin dudarlo un instante. El oro chirrió bajo sus pies al cambiar de postura. Igris quizá se sorprendió, pero no lo tomó por sorpresa.
Hay que reconocerlo, los demonios tienen sus ventajas. Estar en constante lucha sin duda te ayuda a parecer menos estúpido cuando te emboscan.
Noah ladeó la cabeza. Se llevó a la boca la fruta que había robado y apartó el envoltorio para darle un mordisco. Arrugó la nariz con disgusto. Estaba demasiado dulce y jugosa, como si le hubieran echado agua azucarada en una bolsa. Tiró la fruta por encima del hombro y salpicó un cuadro de aspecto caro de un demonio que tenía detrás, deslizándose por su rostro antes de caer al suelo.
—Me siento ofendido —dijo Noah con voz gélida—. ¿Te has esforzado tanto por llamar mi atención, pero ni siquiera tienes la cortesía de reconocerme cuando acudo a tu citación?
El escritorio se resquebrajó. Noah se estremeció tan rápido que apenas se dio cuenta de que se había movido hasta que todo terminó. Una estaca dorada surgió del suelo, atravesando la parte inferior del escritorio y elevándose por el aire donde él había estado parado.
Noah se estremeció de nuevo, girando la cabeza lo justo para evitar ser atravesado por otra punta de oro que surgió del suelo. Pasó tan cerca de su piel que casi le afeita, pero ni siquiera logró hacerle un rasguño.
—Araña —gruñó Igris.
—Normalmente se supone que debes decir eso antes de intentar matarme —dijo Noé.
Igris lo miró con desprecio. El oro estalló en el aire alrededor del enorme demonio cuando este saltó hacia Noah. Clavó sus cuatro dagas en direcciones distintas, cada una apuntando a su propio objetivo.
Noah se movía borroso. Cada parte de su cuerpo se movía exactamente a su antojo, hasta los más leves espasmos. Una hoja le rozó la punta de la nariz. Otra le laceró el hombro mientras giraba, permitiendo que una tercera le rozara la espalda. La cuarta apenas rozó el aire al pasar por donde había estado su cuello.
Le propinó un puñetazo en el pecho a Igris y desató Desastre Natural, lanzándole un rayo a quemarropa. Un estruendo ensordecedor rasgó el aire e Igris cayó hacia atrás, deslizándose por el oro y estrellándose contra una pared. El humo se elevaba de una marca carbonizada en su pecho. Igris se agarró la herida, con los labios retraídos, dejando al descubierto dos hileras de colmillos dorados.
—¿Quién te envió? —preguntó Igris.
—Nadie me envió —respondió Noah. Extendió la mano y el viento pasó zumbando a su lado, formando una densa columna de cuchillas blancas. Igris se lanzó a un lado, esquivando la magia que atravesó limpiamente la pared tras él y destrozó una mesa en la habitación contigua—. Estoy aquí porque osasteis llamarme.
El enorme demonio se puso de pie de un salto. A pesar de su tamaño, era rápido. También podía usar magia externa. No era un oponente débil, pero Noah jamás se había sentido mejor. Estaba rebosante de energía.
—Te atreviste a entrometerte en mis asuntos. Lo único que has venido a hacer aquí es morir —gruñó Igris. El oro brotó alrededor de Noé, arremolinándose como agua brillante, y se desplomó sobre él desde todas direcciones.
Noah recurrió una vez más a Desastre Natural, canalizando su poder en todas direcciones. Un vendaval aullante lo envolvió y se propagó hacia afuera, repeliendo la magia de Igris y haciendo que el oro tintineara contra las paredes. El enorme demonio quizá fuera de Rango 5, pero su magia externa no era nada impresionante.
Definitivamente más débil que Azel, o está enfocado en un área diferente.
—¿Sabes cuántas veces he oído alguna variación de esa frase? —preguntó Noé. Un relámpago crepitó entre sus dedos y levantó la mano—. ¿Y sabes cuántas de las personas que me lo han preguntado siguen vivas?
Igris arrojó una de sus dagas contra Noah. Esta cruzó el aire como un rayo negro. Noah no tenía duda de que se movía a una velocidad mucho mayor de la que cualquier humano normal podría haber evitado con sus propias fuerzas.
Él pasó justo al lado. La hoja se estrelló contra la pared detrás de él y vibró, deteniéndose por completo, incrustada en la piedra.
—¿Fue una buena idea? —preguntó Noé—. Ahora solo te quedan tres.
Igris le gruñó. El enorme demonio dio un paso al frente. Entonces una ola dorada estalló frente a él y giró sobre sí mismo, corriendo a toda velocidad hacia un lugar seguro. Cruzó la distancia que lo separaba de la salida en un instante, abriendo la puerta de golpe.
Una enorme enredadera cubierta de hermosas flores blancas llenaba todo el pasillo. Gruesas espinas sobresalían de ella, goteando un líquido púrpura. Igris frenó en seco justo antes de empalarse en la enredadera. Se giró hacia Noah, quien hizo lo posible por no parecer igual de sorprendido.
¡Maldita sea, Moxie! Cuando dijiste que podías con algo, no me di cuenta de la magnitud de la situación.
—¿Qué es esto? —gruñó Igris—. ¿Quién eres? ¿Qué quieres?
Noah se llevó la mano a las vendas que le cubrían el rostro y las bajó para dejar ver su sonrisa. Metió los dedos de la otra mano en un bolsillo y sacó una poción de Fusión Mental.
—Sabes quién soy, Igris. Ya lo hemos hablado. Te esforzaste mucho por llamar mi atención, y ahora la tienes —dijo Noah en voz baja. Levantó la poción y la sangre brotó del rostro de Igris. La sonrisa de Noah se ensanchó—. Y ahora, vas a beber esto por mí.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 533
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 532
Estás leyendo el capítulo 532 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.