Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 499 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En el instante en que Taleel pronunció las palabras “Luna Creciente”, Pirren comprendió lo mal que se había metido en asuntos políticos en los que no tenía ningún derecho. En Treadon abundaban los demonios, y solo unos pocos eran conocidos por todos los demonios de la ciudad.
Yoku, la Luna Naciente, era una de ellas. Su nombre era prácticamente lo único en lo que todos coincidían sobre ella. Había más rumores sobre Yoku que demonios fracasados acechando en los Páramos.
Algunos decían que era una bestia gigantesca, irracional y guiada únicamente por el instinto, atrapada en algún lugar recóndito de la ciudad. Otros rumores afirmaban que tenía influencia sobre casi todos los demonios de alto rango de Treadon y que los había controlado durante siglos.
Pirren había oído hablar de Yoku como la mayor enemiga y aliada de Lord Belkus, y su edad oscilaba entre unos pocos cientos de años y el doble de la antigüedad del propio Treadon.
Nada de eso importaba. A Pirren le daba igual si Yoku era una fuerza de la naturaleza o simplemente un demonio astuto que se aprovechaba de los rumores para aumentar su poder. Lo único que le importaba era que la obligaban a reunirse con ella.
Fuera cual fuese la verdad sobre Yoku, no cabía duda de su poder. Como mínimo, de Rango 6, y posiblemente incluso de Rango 7. Circulaban algunos rumores que afirmaban que Yoku era en realidad de Rango 8, pero Pirren no los creía en absoluto. Una persona de Rango 8 no habría necesitado merodear en la noche ni recurrir al misterio para manipular a la gente. Simplemente habría tomado lo que quería por la fuerza.
Pero, para Pirren, un Rango 6 y un Rango 8 eran prácticamente lo mismo. Ambos podían matarla con solo pensarlo. ¡Que le den a Spider! Si Pirren hubiera podido darse la vuelta y huir para salvar su vida, lo habría hecho.
Taleel no le dio la oportunidad. Aunque el demonio sombrío no la miraba, podía sentir su atención punzándole la piel. Aunque hubiera podido escabullirse, él sabía dónde vivía.
Él sabía dónde estaban sus hijos. Por muy rápida que fuera Pirren, no era más veloz que el poder de Yoku. No importaba si lograba escapar si eso le costaba la vida de sus hijos. Así que Pirren hizo lo único que podía: siguió a Taleel y se dejó llevar ante su ama.
Pirren no recordaba la duración exacta del viaje. Ella y Taleel serpenteaban por las calles sombrías mientras sus pensamientos, presas del pánico, le daban vueltas en la cabeza; y entonces llegaron.
Taleel abrió de golpe una puerta sencilla en un callejón anodino, idéntico a todos los demás de la ciudad. Una luz blanca y pálida emanó de ella e iluminó la ciudad como si la luna misma hubiera quedado atrapada tras la puerta.
Volvió a mirar a Pirren. No necesitó pronunciar palabra. Su intención era clara. Pirren tragó saliva, con la espalda rígida como una vara de acero, y entró en el resplandor. Parpadeó mientras sus ojos se acostumbraban a la luz brillante.
Un pasadizo se extendía ante ella, descendiendo hacia el centro de la ciudad. Taleel entró tras Pirren y cerró la puerta con un suave clic. Ella lo miró y él asintió, indicándole que siguiera adelante.
Ninguno de los dos habló durante los siguientes minutos. Su miedo y expectación aumentaban con cada paso. Cada rumor que había oído sobre la Luna Creciente se alargaba en su mente como sombras al atardecer. El sendero parecía interminable, haciendo que Pirren se preguntara si acaso tenía fin o si aquello era solo una forma de tortura.
Pero, finalmente, llegaron. Al igual que cuando llegó a la puerta del callejón, apenas se dio cuenta de cuándo sucedió. Pirren estaba tan absorta en sus pensamientos y en el eco de sus pasos en el sendero que no se percató de la puerta de piedra hasta que la tuvo justo delante. Una luna creciente estaba grabada en el frente, pero no tenía nada de extraordinario.
—No la mires a los ojos. No mires a las sombras. Si lo haces, quien salga de esta habitación no serás tú —advirtió Taleel con voz suave y reverente.
No le dio a Pirren la oportunidad de preguntar qué quería decir. Extendió la mano por encima de su hombro y la presionó contra la puerta. Esta se abrió silenciosamente. Un frío glacial envolvió el cuerpo de Pirren y le erizó las escamas.
Un mar de oscuridad absoluta se extendía ante ella. Su forma se retorcía y agitaba como aceite en agua. Algo acechaba en su interior, y su presencia le oprimía el corazón a Pirren como un tomate maduro. Desvió la mirada hacia el centro de la habitación.
La oscuridad se rompió con un suave rayo de luz plateada que descendía desde lo alto. Una joven estaba sentada en el centro de la habitación; su larga cabellera caía desde su cabeza hasta el suelo. Tenía dos ojos azul pálido, tan planos como la superficie del mar en un día sin viento. Sus brazos rodeaban sus piernas, abrazando sus rodillas contra su pecho. No tenía cuernos. De no ser por sus ojos y su cabello, la joven habría parecido completamente humana.
¿Esta es Yoku? No se parece en nada a lo que decían los rumores. No sé si eso es bueno o malo.
Pirren se quedó al borde de la oscuridad, paralizada por el terror. Taleel la empujó con fuerza por la espalda, haciéndola tropezar y caer entre las sombras. Sus palabras resonaron en su mente y Pirren fijó la mirada en las manos de la chica, sin querer apartarla.
—He traído el que usted pidió, señora —dijo Taleel mientras cerraba suavemente la puerta tras ellos.
—Gracias, Taleel —dijo Yoku. Su voz era tan suave que debería haber sido imposible de entender, pero resonó tan clara como un toque de difuntos en los oídos de Pirren—. Acércate.
Pirren habría preferido hacer cualquier otra cosa, pero su cuerpo hacía tiempo que había dejado de obedecer los deseos de su mente. Seguir cualquiera de ellos solo la llevaría a la muerte a ella y a sus hijos.
Avanzó en la oscuridad, intentando no mirar las turbias olas que se arremolinaban en el mar negro que la rodeaba. Yoku no dijo nada hasta que Pirren y Taleel estuvieron a escasos metros de ella.
—Con eso basta —dijo Yoku—. ¿Tuviste alguna dificultad, Taleel?
“No. Fue como usted dijo.”
Yoku asintió levemente con la cabeza. Se llevó un pulgar a la boca y mordisqueó la punta mientras sus pálidos ojos recorrían el cuerpo de Pirren como cuchillos sin filo. Pasaron varios segundos antes de que Yoku hablara.
“Eres un cobarde.”
Las palabras no se pronunciaron con la intención de insultar. No fueron más que una mera observación de un observador imparcial.
—Sobreviví —dijo Pirren. Un leve atisbo de ira le revolvió el estómago. Todos los demonios poderosos eran iguales. Todos la menospreciaban, a pesar de que no había contado con más que migajas. Se había arrastrado hasta allí, dejando un rastro de su propia sangre a su paso, mientras que la mitad de ellos simplemente habían obtenido su poder por casualidad o se les había concedido como regalo.
—Sí —murmuró Yoku—. ¿Y te preguntas por qué te he buscado?
¿Qué propósito podrías tener para mí? No merezco la atención de alguien como tú.
—Quería saber si me serías útil —respondió Yoku, ladeando ligeramente la cabeza—. Ningún demonio es inútil. Todos pueden tener un propósito si cuentan con la motivación suficiente.
La mano helada que rodeaba el corazón de Pirren comenzó a apretarse aún más. No sonó como una amenaza, pero lo había sido. Estaba segura. La motivación nunca significó otra cosa en las Llanuras Malditas.
—Esto tiene que ver con Spider, ¿verdad? —preguntó Pirren—. No sé nada de él. No puedo hacerle daño. Solo me pidió que le consiguiera acceso a la subasta. Eso es todo.
—Lo sé —dijo Yoku, guardando silencio unos segundos más. Luego se quitó el pulgar de la boca y dejó escapar un delicado suspiro—. Qué decepción. No eres lo que necesito. Quítatela, Taleel.
¿Qué? ¿Me trajo hasta aquí solo para decir que no me necesita? ¿Qué sentido tenía todo eso?
—Como desee, ama —preguntó Taleel. A Pirren se le erizó la nuca cuando sus instintos le lanzaron una advertencia.
—¡Alto! —ordenó Yoku, abriendo ligeramente los ojos por la sorpresa. Su voz apenas se elevó, pero tanto Taleel como Pirren cayeron de rodillas como si una fuerza de mil libras les hubiera aplastado la espalda.
A Pirren se le congeló la respiración en el pecho y una ola de vértigo amenazó con hacerla perder el conocimiento. Un instante después, la sensación desapareció, pero el aire se le había escapado por completo de los pulmones. Tomó una bocanada de aire entrecortada, con el corazón latiéndole con fuerza.
—¿Señora? —jadeó Taleel, con evidente confusión en su voz.
—Inesperado —dijo Yoku, recuperando su tono de voz suave. Inclinó la cabeza hacia un lado mientras observaba a Pirren—. Perdóname, Taleel. No quise lastimarte.
—Estoy bien, ama —dijo Taleel, aunque su voz denotaba que no estaba bien—. ¿Desea que detenga mi mano?
—Su peso cambió —murmuró el demonio infantil—. No valía nada, pero en el instante en que te moviste para matarla, su peso se magnificó y el tuyo desapareció.
¿Peso? ¿De qué está hablando?
—Si usted lo ordena, actuaré igualmente, señora. —El tono de Taleel había cambiado de nuevo. El miedo y la resignación habían reemplazado la confusión, como si estuviera firmando su propia vida con sus palabras.
—Eres demasiado valiosa para eso —respondió Yoku. Bajó la mirada hacia Pirren, quien rápidamente volvió a fijar la vista en las rodillas de la otra demonio para evitar su mirada—. Pirren, exijo una explicación.
—¿Una explicación? —preguntó Pirren débilmente—. ¿Para qué?
—Si Taleel te hubiera matado hace un momento, habría muerto contigo. —La voz de Yoku era tan fría como sus ojos helados—. Dime por qué. ¿Quién te protege?
¿Qué? Nadie. No tengo a nadie más que a mis hijos, y ninguno de ellos es lo suficientemente fuerte como para siquiera arañar a Taleel, mucho menos para matarlo. No hay nadie...
Un pensamiento le picó en la cabeza a Pirren. Y, a pesar de la situación en la que se encontraba, estuvo a punto de estallar en una carcajada histérica.
—Responde a la ama, engendro —ordenó Taleel.
—La araña me protege —dijo Pirren al vislumbrar por fin un salvavidas. Era tenue, pero representaba la más mínima posibilidad de sobrevivir la noche. Como siempre, se aferró a la vida como un náufrago a un tablón.
—¿Spider? ¿Qué le importas? —preguntó Taleel—. No eres uno de sus hombres.
Pirren no tenía ni idea de lo que había pasado ni por qué Yoku creía que estaba protegida. No importaba. Si Yoku no lo sabía, Pirren podía hacer lo que mejor sabía hacer.
Mentir.
—No le caigo bien —convino Pirren, esbozando una leve sonrisa al volver a manifestarse la falsa seguridad que había mostrado miles de veces—. Pero se enfadaría mucho si no cumpliera con mi cometido.
—¿Spider mataría a uno de mis hombres? —preguntó Yoku—. ¿Solo porque le causé una molestia?
“Eso parece.”
Para sorpresa de Pirren, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Yoku.
“Entonces quizás, después de todo, me seas útil.”

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 499
Estás leyendo el capítulo 499 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.