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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 498 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Pirren se sentía desnuda. Se ajustó la vieja capa sobre los hombros y la bajó para cubrirse el rostro mientras caminaba por las calles iluminadas por la luna. El viento gélido que se colaba por los callejones a su alrededor no le afectaba, pero no podía librarse de la inquietud que le oprimía el cuello como una losa. Hacía tanto tiempo que no abandonaba la seguridad de su nido. El mundo exterior era peligroso. Incontrolable. Sus hijos estaban de vuelta en el nido, desprotegidos. Ahí era donde debía estar ella. Sin ella para cuidarlos, podrían meterse en problemas. Ese pensamiento le produjo un escalofrío a Pirren. Hizo una mueca y se bajó la capucha hasta cubrirse el rostro. Deberían haber estado a salvo con ella vigilándolos. En cambio, casi provocó la muerte de Jophelus. Spider no se parecía en nada a lo que debería haber sido. El demonio la puso en alerta máxima. Pirren siempre se había considerado bastante buena para leer a la gente. Nunca había tenido problemas para engañar a demonios más fuertes que ella. Siempre había encontrado la manera de manipular la situación. La mayoría de los demonios de menor rango desconocían que existían diversas formas de luchar, y estaban completamente desarmados en cualquier tipo de combate que no fuera físico. Pero Spider… no solo había logrado leerla. Era como si sus fríos ojos la hubieran atravesado, escudriñando cada pensamiento en su mente. Un escalofrío involuntario recorrió la espalda de Pirren y se estremeció. Se sintió casi como una violación. Sus estrategias nunca le habían fallado, pero la mirada de Spider dejaba claro que la veía como a una niña jugando con juguetes que no comprendía. Ni siquiera representaba una amenaza para él. Simplemente tomó lo que quiso y se marchó. Una parte de ella ansiaba aferrarse a la garganta de Spider y desgarrarla por la ligereza con la que había menospreciado su fuerza. Por cómo había masacrado a uno de sus guardias sin pestañear. La parte racional de su mente aplastó ese deseo sin piedad. Pirren no había llegado al Rango 5 por ser una idiota. Había combates que se podían ganar. Otros para los que se podía entrenar. Había enemigos a los que se podía engañar o derrotar mediante la colaboración. Spider no era nada de eso. No había mostrado ni una sola debilidad. Ni un ápice de interés por nada que no fueran sus objetivos. La única razón por la que la había dejado con vida era porque necesitaba algo de ella. Era un enemigo inalcanzable. Y, cuando se trataba de un enemigo invencible, lo mejor era que dejara de serlo. Esa era su única estrategia ganadora. A Spider no le importaba Pirren. Lo había dejado claro. Si a él no le importaba, entonces no tenían motivos para ser enemigos. Bastaba con que ella hiciera lo que él quisiera y, con algo de suerte, existía la posibilidad de que comenzara a recompensarla por sus esfuerzos con algo más que su vida. Pirren reprimió un suspiro y dobló por otro callejón. No recordaba con exactitud la última vez que había ido a una subasta en Treadon, pero recordaba lo suficiente como para que la experiencia le doliera como la picadura de una avispa de los desechos. Apretó los puños. No había olvidado la humillación que sintió al llegar a la subasta y presentarse, solo para descubrir que todos sus esfuerzos por ascender ni siquiera la habían colocado en los estratos más bajos de la alta sociedad de Treadon. Sus runas eran toscas, remendadas con los restos por los que había luchado con uñas y dientes. No tenía apoyo ni alianzas con otros demonios. Ningún poder con el que negociar. Le ardían las mejillas de vergüenza al recordar la bolsa de oro que con tanto orgullo había llevado consigo, la totalidad de sus ahorros, fruto de años de trabajo. La risa de los otros demonios aún resonaba en sus oídos en la más profunda oscuridad de la noche, cuando sus pensamientos eran demasiado fuertes para ignorarlos. La idea de regresar la aterraba. Había amasado más fortuna desde aquel día, pero ni de lejos la suficiente para costear lo que necesitaba. Ni de lejos la suficiente para enfrentarse de nuevo a los otros demonios. Ni siquiera ella podía fingir con tanta fuerza. Quizás alguno de ellos enfurezca a Spider. Si pudiera verlo despellejar a uno de ellos de pies a cabeza, entonces todo habría valido la pena. Solo había un problema. Ella no sabía cuándo sería la próxima subasta, y ningún demonio podía presentarse sin previo aviso. Tenían que anunciarse. Era una forma de asegurar que solo los demonios que valían la pena participaran y, a la vez, para que los demonios que subastaban runas pudieran determinar la calidad de las ofrendas que querían incluir en la subasta. Aunque Spider no le diera nada más, enviar al monstruoso demonio en dirección a los demás podría causar suficiente daño como para darle la oportunidad de recuperarse. Los pensamientos de Pirren se enredaban en su mente mientras se deslizaba por las calles de Treadon. Solo eran pensamientos, y ninguno la había detenido jamás. Estaba tan absorta en sus pensamientos que casi no se dio cuenta de que alguien la seguía. Casi. Pirren se detuvo en seco al divisar una figura entre las sombras en el rabillo del ojo. Sacó la lengua y entrecerró los ojos, escudriñando la oscuridad. Intentar huir o realizar cualquier otra maniobra evasiva solo la haría parecer débil. Las apariencias lo eran todo. El demonio que se proclamaba el más fuerte solía controlar la narrativa, a menos que los demás supieran de su debilidad. Y, en esta parte de la ciudad, no debería haber nadie lo suficientemente fuerte como para atreverse a enfrentarse a Pirren. —Sé que estás ahí —siseó Pirren—. Estoy ocupado esta noche, así que seré misericordioso. Vete, o te encontrarás hablando con la muerte. Un demonio emergió de las sombras. Su piel casi se mimetizaba con el manto, solo distinguida por unas finas venas plateadas que la recorrían. En lugar de apuntar al cielo, sus cuernos se curvaban a los lados de su rostro, con las puntas hacia el suelo. Tanto ellos como su cabello eran de un negro azabache. El demonio parecía una sombra viviente. —No es prudente lanzar amenazas antes de saber a quién se dirige uno —dijo el demonio, imperturbable ante la amenaza de Pirren. Pirren se echó la capucha hacia atrás, dejando al descubierto su rostro, y flexionó las garras, sacando la lengua para saborear el aire de nuevo. “Buen consejo. Deberías seguirlo tú mismo. No te conozco, pero no me molesto en aprenderme los nombres de la mayoría de los demonios que mato. Esta noche no es para poner a prueba mi paciencia”. —Ella dijo que te pondrías a la defensiva —dijo el demonio, ladeando la cabeza—. Como siempre, tenía razón. ¿Ella? —Una sola oportunidad —dijo Pirren—. Lárguense. Esta no es su parte de la ciudad. Estas calles están bajo el control de… —La Serpiente Madre —dijo el demonio, entreabriendo los labios para mostrar una hilera de afilados dientes blancos—. ¿O prefieres el Cobarde sin Colmillos? He oído que te llaman de ambas maneras. La rabia le quemaba el estómago a Pirren, pero se contuvo. No había rastro de miedo en la postura ni en las palabras del demonio. Podría haber sido un farol, pero ya había tenido una sorpresa ese día. No necesitaba otra. —¿Quién eres? —preguntó Pirren. “Soy Taleel, pero ese nombre no significará nada para ti.” Tenía razón. Pirren jamás había oído hablar de un demonio llamado Taleel, pero eso no importaba. Treadon era enorme. Siempre había nuevos demonios pasando por allí. Siempre había nuevos demonios muriendo en él. Llevar la cuenta de todos habría sido imposible. —¿Qué haces aquí? —preguntó Pirren. Si acaso, mantenerlo distraído y hablando le daría la oportunidad de arrancarle la garganta. La fuerza bruta no era el único factor que determinaba el vencedor de una pelea. —Para encontrarte —respondió Taleel—. Buscas entrar en la subasta de mañana. Pirren vaciló. Nadie, salvo su propia gente, debía saber lo que buscaba, y ellos no habrían permitido que se extendieran los rumores. Existía la posibilidad de que Spider hubiera consultado con otros demonios o revelado sus planes en otro lugar, pero, de alguna manera, lo dudaba. “¿Qué te hace pensar que tengo planes de hacer algo así?” —Mi señora ve todo lo que se baña bajo su luz —respondió Taleel, con un deje de fanatismo en la voz—. Y te ordena que te reúnas con ella. —¿Quién se cree que es para darme órdenes? —preguntó Pirren con cautela. Miró a su alrededor en el callejón, pero no detectó la presencia de ningún otro demonio. Parecían estar solos. “No me corresponde responder preguntas sobre mi ama. Su conocimiento es solo suyo y solo ella puede compartirlo. No podrás acceder a la subasta sin su ayuda. Si te marchas, fracasarás en tu misión.” La forma en que lo dice implica que sabe que no intento participar en la subasta por mi cuenta. ¿Cómo lo saben? Mi mansión está bien vigilada. No hay ventanas en mi habitación interior. Debería haber sido imposible que alguien escuchara mi conversación con Spider, y creo que se habría dado cuenta si hubiera habido alguien presente. ¿Cómo pudo Taleel saber esto? —¿Y si me niego? —preguntó Pirren, ladeando la cabeza y sacando la lengua—. ¿Intentarás detenerme? —No haré nada, porque ya habrás fracasado —respondió Taleel con sencillez—. El único camino al éxito pasa por mi ama. No tendremos que hacer nada. Tu propia incapacidad te destruirá. Él sabe lo que es Spider. Pirren apretó la mandíbula. Con cada minuto que pasaba, se arrepentía más de haber enviado a Jophelus a investigar a Spider. Estaba involucrado en algo mucho más grande de lo que ella jamás hubiera deseado. Lo último que quería era verse aún más involucrada, pero negarse habría sido una debilidad. Años de entrenamiento solo le permitían una respuesta. —Has despertado mi curiosidad —dijo Pirren con desinterés—. Espero que esto valga la pena. Llévame entonces con tu amante. Escucharé lo que tenga que decir. Cualquier forma de entrar en la subasta es tan válida como cualquier otra. —Dijo que pensarías eso. —Taleel volvió a sonreír, se giró e hizo un gesto a Pirren para que lo siguiera—. Ven, pues. Te llevaré a hablar con la Luna Naciente.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 498

Estás leyendo el capítulo 498 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.