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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 496 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Jalen, de pie en la cima de una colina cubierta de hierba, observaba a los alumnos de Vermil sentados en círculo, practicando Formaciones con una naturalidad asombrosa. Aunque apenas comenzaban a dominar una Formación correcta, casi le provocaba una carcajada histérica. Ninguno de ellos comprendió la magnitud del poder que Vermil les había otorgado. Las formaciones ya eran bastante difíciles de aprender de la manera habitual. El método más común entre los magos era estudiar otras formaciones y practicar durante años hasta memorizarlas por completo. Solo una vez hecho esto, un practicante normal consideraba siquiera intentar crear una Formación propia, e incluso esa Formación era poco más que un ajuste inspirado de una ya existente. Los magos más talentosos podían desarrollar la habilidad de crear una Formación única con sus runas actuales tras dedicar su vida a la práctica. Esto solía ocurrir cuando un mago reconocía haber alcanzado, o estar a punto de alcanzar, la cima de su poder y sus runas difícilmente permitirían más combinaciones. Era lógico. ¿Para qué pasar años aprendiendo una Formación si las runas que la componían iban a cambiar en poco tiempo? Era mucho más fácil centrarse en el progreso rúnico normal y luego completarlo todo con las Formaciones al final. Vermil tomó toda esa lógica, la hizo una bolita y se la comió mientras me hacía una peineta. ¡Maldito cretino! No solo se salta nuestra partida, no solo me hace sentir culpable para que cuide de sus mocosos, no solo tengo que hacerlo junto con el grandullón que sigue tan afectado por la desaparición de Vermil que apenas se da cuenta de la magnitud de lo que están haciendo estos duendes, sino que además tengo que hacerlo todo sin sacarles el secreto de la cabeza. Si Vermil les hubiera enseñado Formaciones a los niños de la forma habitual, Jalen no se habría enfadado tanto. Eso ya habría sido una hazaña impresionante y admirable. Pero esto... Jalen ni siquiera estaba seguro de que esa fuera la forma correcta de lanzar Formaciones. Ninguno de los mocosos sentados en el césped sabía siquiera cómo formar una Formación adecuada. No habían estudiado durante años ni practicado mantener el pulso firme durante años. Por lo que Jalen había podido deducir —ya que todos se mostraban extraordinariamente reacios a revelar siquiera el más mínimo detalle de su proceso—, simplemente lo hacían a mano alzada. Solo pensarlo le provocó un tic en el ojo a Jalen. Vermil los había estado preparando para lanzar Formaciones sobre la marcha. Una habilidad reservada incluso para los Maestros de Formaciones más talentosos, y fue con eso con lo que comenzó. Solo existía una solución lógica para explicar cómo eso era posible, y esa idea le atormentaba la mente a Jalen como un castor. Toda la investigación estaba equivocada. El camino que seguía cada Maestro de Formación para aprender su oficio no solo era defectuoso, sino una completa y absoluta basura. —¡Menuda cosita! —exclamó Jalen. Pateó una piedra en el suelo, imbuyéndola de energía espacial, y vio cómo la piedra se elevaba por los aires como un destello gris. Emitió un silbido agudo y golpeó a un pájaro particularmente desafortunado, del tamaño de su cabeza. El pájaro explotó en una nube de plumas blancas y se desplomó contra el suelo, estrellándose contra la cima de una colina frente a él. Brayden, a quien casi había olvidado, estaba de pie en la colina observando a los estudiantes que estaban a su lado, y le dirigió una mirada a Jalen. —Era un espía —le informó Jalen a Brayden—. Estaba planeando cometer un subterfugio. “Entendido, Magus Jalen.” Jalen miró con desdén al grandullón mago espacial. Brayden era la personificación del aburrimiento. Peor aún, ni siquiera podía reprochárselo al grandullón. Su tono monótono y su expresión inexpresiva no eran casualidad. Eran un mecanismo de supervivencia. Brayden quizá fuera aburrido, pero no era un cobarde. Se había plantado ante Jalen cuando había sido necesario, y eso era más de lo que hacía la mayoría. Para disgusto de Jalen, Brayden también se había negado a su sugerencia de tirar a los niños por un precipicio para simular situaciones de peligro real. Todas las garantías de que probablemente los habría atrapado antes de que tocaran el suelo cayeron en saco roto. Gigante testarudo. Me está arruinando la diversión. Por suerte, pronto habrá más de eso. La informante de Otto vendrá pronto a clase. Le he dado tiempo suficiente para conseguir esas runas. La familia King no está en la cima por casualidad, así que podrá darles a los mocosos algo nuevo en lo que trabajar. Quizás una nueva técnica divertida. Probablemente no querrá revelar nada, pero seguro que se la puede convencer. —¿Estás bien? —preguntó Brayden—. Pareces un poco… ah, estreñido. —Estoy tramando algo —dijo Jalen con formalidad—. Algo que deberías considerar si es que alguna idea coherente pudiera surgir de tu cabeza de piedra. —¿No deberías estar supervisando? —replicó Brayden—. Se supone que debes ayudarme a vigilar a los niños, no disparar a los pájaros. Dijeron específicamente que necesitaban evitar que los molestaran mientras practicaban. ¿Hablarme así a mí, un simple miembro de mi familia? Quizás juzgué a este rectángulo andante demasiado rápido. Admiro su valentía. Jalen no tuvo oportunidad de responder al desafío de Brayden. Al intentar cambiar de posición, tropezó con algo que, sin duda, no estaba allí hacía unos segundos. Él —Jalen, cabeza de familia de los Linwick, sexto en el rango en la cima de su poder— cayó de bruces. Claro, justo antes de caer al césped, su cuerpo se onduló y desapareció, teletransportándose para reaparecer a un pie del lugar donde había estado un segundo antes, con un siseo y un chasquido. Tropezar no significaba necesariamente caer al suelo. Aun así, eso no cambiaba el hecho de que había tropezado. “¿Qué demonios es tan estúpido como para...?” Las palabras de Jalen se apagaron al cruzar miradas con un gato de pelaje blanco que sostenía un rollo de papel en la boca. Unos cuernos brillantes sobresalían de su cráneo y un brillo de suficiencia asomó en las motas rojas que se agrupaban en el mar de sus ojos negros como la noche. —¿Ese es el gato de Vermil? —preguntó Brayden sorprendido. Se giró rápidamente, sacó una espada nueva y pulida de su espalda y la sostuvo frente a él—. ¿Ves algún monstruo gigante que se dirija hacia nosotros? No presiento nada. —Yo veo algo mucho peor —dijo Jalen, apretando la mandíbula mientras miraba fijamente al gato—. Una criatura pequeña y desaliñada con una extraña afición por las bolas de pelo y por ser una verdadera molestia. El gato ladeó la cabeza mirando a Jalen. Había inteligencia en sus ojitos engreídos. Mucha más inteligencia de la que debería tener cualquier cosa que se pareciera a una alfombra, de cualquier forma o tamaño. Jalen se abalanzó sobre el gato. Desapareció, y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al percibir cómo se reformaba sobre él. Jalen también se teletransportó, apareciendo en el aire sobre el gato antes de que pudiera tocar el suelo. El gato desapareció una vez más, reapareciendo esta vez sobre la cabeza de Brayden. No lo sentí llegar la primera vez. El muy cabroncete tiene una magia tan poderosa que se cuela por debajo de mis sentidos; lo que significa que me deja ver su teletransportación a propósito. Está jugando conmigo. —¿Quieres jugar? —preguntó Jalen, teletransportándose de vuelta al suelo y mostrando los dientes. La energía zumbaba a su alrededor mientras bebía de sus runas—. No me avergüenza, rata gigante. —¿Podrías esperar a que el gato ya no esté en mi cabeza? —preguntó Brayden secamente. Extendió la mano y tiró de la monstruosidad de pelaje blanco, pero esta se aferraba a su cabeza como un sombrero con problemas de sujeción. —Quédate quieto —respondió Jalen, levantando una mano hacia Brayden—. Si no te mueves, puede que solo pierdas un poco de pelo. —¡No tengo ni un pelo que perder! —gritó Brayden, dando un salto hacia atrás—. ¡No me dispares! —¡Deja de saltar! —espetó Jalen—. Normalmente no fallo, y no me lo estás poniendo nada fácil. Brayden no parecía estar de humor para cooperar. Siguió intentando quitarse al gato de la cabeza, pero sin éxito. Eso hacía prácticamente imposible que Jalen pudiera atacarlo eficazmente, a menos que quisiera arrancarle las manos a Brayden junto con el gato; y, de todas formas, el estúpido gato seguramente esquivaría los ataques. La atención de Jalen se centró en el trozo de papel que el gato tenía en la boca. Seguía sin soltarlo. Si no podía con la bolita de pelo, se negaba a creer que no pudiera quitarle el juguete. Se teletransportó hacia adelante, extendiendo la mano rápidamente. El gato desapareció en cuanto reapareció, situándose a unos seis metros de altura sobre ellos. De reojo, Jalen vio a varios alumnos de Vermil observándolo y riéndose. ¿Gracioso, verdad? Ya verás. Jalen aplaudió. Brayden abrió los ojos de golpe, horrorizado, y se arrojó al suelo. La energía brotó del cuerpo de Jalen al son del estruendo ensordecedor de una enorme cascada, liberando así su dominio. El aire entre Jalen y el gato se distorsionó. Extendió la mano. El espacio se comprimió y se arrugó alrededor de sus dedos. Aunque se encontraba a varios metros de su objetivo, sus dedos atraparon el trozo de papel como si estuviera justo a su lado. Jalen recuperó su dominio. El gato cayó al suelo, con su carga confiscada. —¡Eso te enseñará a no meterte conmigo! —le advirtió Jalen al gato—. Pequeño cretino engreído. ¿Crees que puedes presumir de magia espacial así delante de mí? Si no fueras de Vermil, averiguaría qué te motiva. El gato se teletransportó de vuelta junto a Brayden mientras el hombre corpulento se ponía de pie, con el rostro aún ligeramente pálido. Los estudiantes subieron la colina para reunirse con ellos, mirando del gato a Jalen con una curiosidad evidente. —¿Acabas de desatar tu dominio? —preguntó Brayden—. ¿Sobre un gato? —¿Quién ganó? —preguntó Jalen, desenrollando el papel—. Yo. Ese soy yo. Gato: 0. Jalen: 1. ¿Quién es el vencedor? Exacto. Es… oh. —¿Qué? —preguntó Todd—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué está Mascot aquí? Jalen se quedó mirando las palabras garabateadas en el papel. Luego lo bajó y volvió a mirar al gato. Sin duda, estaba aún más engreído que antes. —¿Querías que me llevara el periódico? —preguntó Jalen, con un tic en el ojo. No era solo eso. Aquello no era un simple gato. Había hecho algo que ni siquiera él podía, y eso lo irritaba tanto que jamás lo admitiría. —¡Claro que sí! —espetó Brayden—. ¿Por qué iba a aparecer Mascot con un papel si no iba a entregarlo? “¡Pensé que era un juguete para gatos! ¡No sé qué hacen los gatos!” —¿Qué dice el maldito papel? —exigió Isabel—. ¿Qué pasó? —Ah, sí —dijo Jalen. Volvió a mirar el periódico y soltó una risita mientras lo giraba para que los alumnos pudieran leerlo—. Parece que ustedes, mocosos, tenían razón. Vermil les manda saludos desde las Llanuras Malditas.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 496

Estás leyendo el capítulo 496 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.