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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 483 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Una hora no era mucho tiempo en el contexto general. Era apenas un poco más que el tiempo que se tarda en estirar una comida para que parezca que hay más de la que realmente hay. Era lo que se tarda en conciliar el sueño en los días en que han pasado demasiadas cosas. Era un instante en un día, que no era más que un parpadeo en una vida. Para todos los demás habitantes de Treadon, transcurrió casi una hora como cualquier otra. Pero el tiempo era así de caprichoso. Para Aylin, aquello fue un festín. Para Rekeba, fue una agonía. No tardó en darse cuenta de que el juego estaba amañado. Lo supo desde el principio. Nadie propone un juego con tantas desventajas a menos que tenga un as bajo la manga. Esa carta debería haber sido Vrith. Toda la información que Rekeba tenía le indicaba que la molesta mujer se había arrojado literalmente a los pies del títere del tirano callejero para suplicarle por su vida. Cualquier idiota habría usado a la cobarde para intentar inclinar la balanza a su favor. Cuando Rekeba llegó al campamento, fue dolorosamente evidente. La lujuria y el odio no eran emociones tan diferentes, y sintió el asco que emanaba de Vrith en las sombras mientras se acercaba a Aylin. Rekeba estaba tan segura de sí misma. Estaba convencida de que Vrith era su as bajo la manga y que la partida ya estaba ganada. Su plan original era jugar con el idiota jefe callejero un tiempo antes de doblegarlo hasta que ningún demonio con un mínimo de dignidad volviera a seguirlo. Ese había sido el plan, pero la oferta era demasiado tentadora. El chico no importaba, pero Spider sí. Aún no se había presentado ante sus exploradores. Cualquier información que pudiera obtener sobre sus poderes sería invaluable. La oportunidad de preguntarle lo que quisiera sobre él y sus habilidades la había atrapado con fuerza. Pero ahora, mientras Rekeba yacía tendida en el suelo, con los brazos temblando desesperadamente por incorporarse, la respiración entrecortada y su cuerpo exprimido hasta la última gota de energía como si fuera una simple prenda de ropa, resultaba dolorosamente evidente que había interpretado mal la tarjeta por completo. La sonrisa del muchacho frente a ella no era la de un niño inocente y enamorado. Era la mueca forzada de un matón de la calle. Tenía los labios entreabiertos, pero no de felicidad, sino de hambre. No la miraba como a una adversaria. Para él, solo soy un trozo de carne. El corazón de Rekeba latía con fuerza en sus oídos. Hacía tiempo que había abandonado la idea de intentar ganar la pelea. En cuanto se dio cuenta de que se enfrentaba a un demonio del conocimiento, comprendió lo mucho que había cometido un error. Firmar un contrato para intercambiar preguntas con uno de los suyos era como untarse todo el cuerpo con miel antes de entrar bailando desnuda en la guarida de un Oso Gigante, darle una palmada en el trasero para despertarlo de su letargo y luego introducirse en su garganta. No, Rekeba ya no se hacía ilusiones de ganar. Su único objetivo era sobrevivir. —¿Pasa algo, Rekeba? —La voz de Vrith era tan arrogante que a Rekeba se le revolvió el estómago de rabia—. Parece que te has postrado ante mí, pero ni siquiera yo me he arrodillado ni me he tumbado del todo en el suelo. Rekeba rechinó los dientes. Acababa de hacer una pregunta, pero no recordaba cuál era. Aylin la respondió. Ni siquiera se molestó en escuchar. Toda su atención estaba puesta en aferrarse al último vestigio de poder que le quedaba. Había algo profundamente erróneo en Aylin. Le arrebató el poder con una facilidad que debería haber sido imposible para él. Era como si se enfrentara a alguien de un rango muy superior al suyo. —Me gusta esa pregunta. ¿Te gustaría entregarte por completo a mí y a Spider? —preguntó Aylin, ladeando la cabeza—. Esa es la posición de rendición, ¿verdad? —No lo sé —dijo Rekeba con voz ronca y débil. A sus oídos, sonaba amarga y patética. No sé. Esas tres palabras deberían haber sido su salvación. Estaba convencida de que eran la escapatoria que Aylin se había tendido para evitar revelar información demasiado importante. No podía estar más equivocada. Resultó que ignorar algo seguía siendo parte de la sensación de la que se alimentaban los demonios del conocimiento. Ninguna de sus palabras importaba. Aylin no se tragaba las palabras. Se tragaba la comprensión. Rekeba había intentado mentir. Había intentado hablar con medias verdades y misticismo. Nada funcionó. Todo lo nuevo que aprendía lo hacía más fuerte. Los dedos de Rekeba se clavaron en el suelo mientras sus brazos temblaban entre la humillación y la furia. La única forma de vencer a un demonio del conocimiento era callar. No eran demonios hechos para el combate. Al menos no en su juventud. Pero Aylin lo había previsto. Si no respondía en cinco segundos, todo había terminado para ella. Si respondía, todo había terminado. Si huía, todo había terminado. Todas las posibilidades significaban la derrota. Rekeba se negaba a aceptarlo. Era superior a él en todos los sentidos. Era imposible que hubiera perdido de forma tan humillante. Regresar a Rakkor con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha, derrotada, era una idea inconcebible. Durante años, había sido envidiada. Había sido amada. Había sido temida. Se había abierto paso a codazos entre las filas de los Dientes de Plata Silenciosos solo para llegar hasta aquí. Tan cerca de sus verdaderos objetivos. Tan cerca de lo que le habían prometido. Esto no puede terminar aquí. Me niego a que un niño me venza en una trampa. He aplastado a hombres diez veces más fuertes que él bajo mi talón y los he hecho regresar suplicándome que lo hiciera de nuevo. Soy Rekeba de la Diente de Plata Silenciosa. ¡Merezco la victoria! ¡Me la deben! Las manos de Rekeba temblaban. Recurría desesperadamente a su poder, intentando reunir lo poco que le quedaba. Sus guardias la rodeaban, intercambiando miradas. Ninguno hablaba. No hacía falta. Podía adivinar lo que pensaban. La duda era evidente en sus ojos. Más que duda, había burla. Observaban su humillación y la encontraban divertida. La furia le atenazaba el pecho a Rekeba. Existían reglas que prohibían atacar a Aylin. Ella no podía hacer nada contra él, todavía no. No sin admitir la derrota. Vrith, por desgracia, estaba en la misma situación. La vil mujer estaba a salvo de ella. Pero mis propios hombres… Los labios de Rekeba se curvaron en una sonrisa cruel. El camino para liberarse de esto se le había revelado. Si quieren reírse, que se unan a mí en el suelo. Recurrió a sus runas, extrayendo la poca energía que aún contenían, y la liberó. Sus ojos estallaron con energía mientras el poder fluía por su cuerpo y se aferraba a los pensamientos reprimidos de los hombres a su alrededor. Se aferró a la lujuria que les invadía al mirarla y bebió de ella con avidez. Los demonios se tensaron por la sorpresa y el dolor, pero fueron incapaces de emitir gritos de dolor o placer. Llevaban años cerca de ella. Días, semanas, meses de deseo carnal se habían ido acumulando en su interior. Habían creado un vínculo inquebrantable con ella. Ninguno de ellos se había planteado siquiera reprimir sus viles pensamientos. Quizá creían estar a salvo. Quizás pensaron que tenían una oportunidad. Una risa se le escapó a Rekeba. Sus hombres se desplomaron a su lado, jadeando débilmente en busca de aire y fuerzas, pero no tenían resistencia. Rekeba bebió todo lo que tenían. Su piel se secó y sus jadeos se apagaron cuando ella se incorporó. La fuerza la invadió como un océano embravecido. La llenó del pecho y recorrió sus extremidades. Se pasó la lengua por los labios y dejó escapar un suspiro tembloroso. Todo el proceso había durado apenas unos segundos. Aún había tiempo para su pregunta. Se puso de pie, renunciando a sentarse, y alzó la vista para encontrarse una vez más con la mirada de Aylin; pero lo que vio la dejó perpleja. Su expresión permanecía inalterable. Interés mezclado con una confianza distante. No había ni un atisbo de miedo o preocupación. No le quedaba ni un ápice de sentimiento del que pudiera alimentarse. Imposible. Simplemente liberé toda mi fuerza. No iba dirigida a él, pero él no siente ninguna lujuria por mí. ¿Cómo? No había tiempo para pensarlo. Tenía que hacer su pregunta antes de que se acabara el tiempo, o todo sería en vano. Apretó la mandíbula con irritación. No quería admitir lo exasperante que era ver esa expresión en el rostro de alguien inferior a ella. Era la expresión de un insecto curioso bajo una piedra, no la de la mujer más hermosa que Aylin jamás debería haber visto. Me niego a que esta mocosa me pille desprevenida. Tengo que tomar la iniciativa. —¿Dónde está Spider? —preguntó Rekeba. Spider era el único demonio que importaba, y era evidente que Aylin lo idolatraba. Esa era una debilidad que podía aprovechar. —Me encantaría conocerlo a fondo. —No creo que alguien como tú le interese lo más mínimo a Spider —dijo Aylin con frialdad. Señaló con el pulgar por encima del hombro—. Pero la última vez que lo vi, estaba en esa tienda de campaña de allá. ¿Qué? ¿Está aquí? ¿Simplemente… sentado? ¿Mirando? ¿Todo esto le parece una broma? Rekeba sintió que su confianza flaqueaba. Apretó los puños y se irguió, intentando desviar la atención de Aylin hacia cualquier cosa menos su rostro. Fue inútil. Sus ojos eran como dos pozos de hielo que la taladraban sin cesar. —Me toca —dijo Aylin en voz baja—. ¿Tienes miedo? —¿Yo... qué? —preguntó Rekeba, sorprendida una vez más. Sus dedos se crisparon—. No. ¿De ti? ¿Cómo podría tenerte miedo? —Esa no es una respuesta —dijo Aylin con el mismo tono tranquilo. Rekeba se preparó para resistirse mientras él le robaba su poder, pero no pasó nada. Aylin se quedó sentada. —Pero a la vez, sí lo es. Te toca. Lo correcto habría sido preguntar por Spider. Buscar una debilidad; pero ya le había preguntado a Aylin sobre eso, y su respuesta había sido que nunca había visto nada que pudiera siquiera lastimar a Spider, y mucho menos matarlo. No se lo creyó ni por un segundo. Nadie era inmortal. El problema era que Aylin la había engañado otra vez. El chico tonto apenas sabía nada de Spider. La mitad de sus respuestas sobre Spider consistían en admitir que no lo sabía. No había nada que pudiera averiguar sobre él, así que lo único que le quedaba era encontrar una debilidad en el señor de la calle que tenía delante. —Me preguntaste si tenía miedo —dijo Rekeba, acercándose a Aylin e inclinándose hasta quedar frente a frente, a escasos centímetros de distancia—. Pero no dijiste cómo te sientes. ¿Qué sientes cuando me miras? Según sus propias reglas, no puede mentir. Tendrá que elegir entre bajar la guardia y admitir la verdad o romper sus propias reglas. —Al principio, me quedé boquiabierto —admitió Aylin. Rekeba sonrió, pero no había terminado. Aylin apoyó las manos en las rodillas y negó con la cabeza, exhalando—. Puedo decir con toda sinceridad que eras el demonio más atractivo que he visto en mi vida. No creía que fuera posible que alguien pudiera tener ese aspecto. La sonrisa de Rekeba se desvaneció. Algo andaba mal. A pesar de las palabras de Aylin, no sentía nada por él. No había deseo. No había anhelo en sus ojos. —Pero entonces aprendí —continuó Aylin. Se incorporó, se sacudió las rodillas y se puso de pie frente a Rekeba—. Verás, creo que ya no hay nada más que aprender de ti. Ya lo has revelado todo… y nada me ha llamado la atención. Ya no me interesas. Un escalofrío recorrió la nuca de Rekeba y le bajó por los brazos hasta aferrarse a su pecho. Decía la verdad. Aylin no era ninguna santa. Había lujuria en él —ella podía sentirla—, pero ni una pizca estaba dirigida a ella. Rekeba no pudo evitarlo. Retrocedió un paso. Su mirada recorrió la plaza del mercado. El único otro demonio allí era Vrith. Sus guardias yacían muertos a sus pies, completamente exhaustos, sin vida ni energía. No había nadie que pudiera ayudarla. —Ya podemos dejar de jugar —dijo Aylin en voz baja—. Si quieres, puedes hacerme otra pregunta. Vrith sonrió a su lado. Flexionó los dedos y las garras se asomaron de sus puntas, brillando con la luz del atardecer. Las palabras de Rekeba se le atragantaban. Se le habían atascado como una piedra, impidiéndole respirar. Retrocedió un paso. La mirada de Aylin la siguió. Observándola. Esperando. Me tendieron una trampa. No puedo ganar después de haber gastado tanta energía. Se suponía que Aylin era una niña temblorosa, no una competente de Rango 3. Un par de demonios de Rango 2 no son suficientes para enfrentarme a él y a Vrith al mismo tiempo. Las justificaciones le pasaron por la cabeza, pero no bastaron para ocultar la verdad de la que era plenamente consciente. Un segundo más, se quedó paralizada. “Creo que ya casi se acaba la hora”, dijo Aylin. Si se quedaba un segundo más, no cabía duda. Moriría. Las opciones eran la muerte o la humillación. Solo una de ellas tenía potencial para un futuro. Rekeba se rompió. Dio media vuelta y echó a correr hacia la calle tan rápido como sus pies se lo permitieron. La sangre le retumbaba en los oídos mientras corría. Vrith era igual de rápida que ella. El demonio podría haber estado en cualquier sombra, pero no estaba. Nada acompañó su retirada. Rekeba miró por encima del hombro y vio a Vrith y Aylin de pie, uno al lado del otro, observándola alejarse impasible. Ni siquiera la consideraban una amenaza digna de perseguir. Rekeba sintió un nudo en la garganta. La mayoría de los demonios habrían jurado venganza al instante. Habrían gritado su furia a los cuatro vientos, jurando que regresarían para aniquilar a sus enemigos una vez que fueran más fuertes. Se vio incapaz de pronunciar tales promesas. Palabras como esas requerían una chispa de ira o un atisbo de resolución. Rekeba no tenía nada de eso. Cuando volvió a mirar a Aylin, el único demonio que había conocido que no mostraba ni la más mínima atracción hacia ella, lo único que sintió fue miedo.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 483

Estás leyendo el capítulo 483 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.