Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 473 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los ojos de Vrith recorrieron la habitación en busca de alguna señal de la llegada del demonio, pero no encontraron ninguna. La puerta estaba cerrada con llave. No había grandes grietas en las paredes ni agujeros en el techo.
Era imposible que alguien pudiera entrar sin, al menos, anunciar su presencia. Sintió un escalofrío en la nuca.
—Si Spider quiere desafiarme, debería haber venido él mismo —gruñó Vroth, levantándose de un salto de la silla. De sus dedos brotaron garras silenciosamente y mostró los dientes—. ¿Se atreve a enviar un mensajero a infiltrarse en mi corte?
El tribunal es un poco excesivo, Vroth.
—Nunca dijiste cómo entraste —dijo Vrith—. Si deseas negociar con nosotros, al menos deberías hacerlo de la manera correcta.
—Tiene razón —gruñó Vroth. Flexionó los dedos y dio un paso hacia el intruso—. Este tipo no entiende cómo se hacen los negocios. No tiene respeto. Ni siquiera te has presentado, ¿y ya te atreves a exigir nada y a irrumpir en nuestro santuario?
—Oh, perdón. Se me había olvidado ese detalle. Soy Lee —dijo el demonio, completamente imperturbable—. Y creo que se te ha escapado algo.
—¿Ah, sí? —La voz de Vroth sonó como una navaja afilada, brotando de entre sus dientes apretados—. ¿Y qué sería eso?
—No estamos negociando —dijo Lee, estirando los brazos por encima de la cabeza y bostezando—. Y tú no mereces respeto. ¿Puedes decirme de una vez cuál es tu decisión? Spider se va a enfadar conmigo si empiezo a hacer cosas sin una respuesta, pero tengo hambre y me estás haciendo perder el tiempo.
Una profunda inquietud se instaló en Vrith. Lee parecía demasiado despreocupada por todo. Esto iba demasiado lejos como para ser solo un farol, y aún no tenían explicación de cómo había logrado entrar en su habitación sin avisar.
—Tiene que tener algún tipo de artefacto —murmuró Vrith—. Algo que le permita ocultarse. Por eso es tan audaz.
Vroth miró a Vrith y esbozó una sonrisa burlona. —¿Ah, sí? Una cosa es que pases desapercibido antes de que me dé cuenta de tu presencia, pero no creas que te irás sin mi permiso.
Lee se limitó a mirarlos fijamente. “Esa no es una respuesta. De todas formas, no puedo irme hasta que me den una, así que ¿podrían terminar de una vez?”
—Mi respuesta a Spider será tu cabeza servida en una bandeja —espetó Vroth al suelo—. Intenta huir, mensajero. A ver hasta dónde llegas.
—¿Eso es un no, entonces? —preguntó Lee, ladeando la cabeza—. Espera. ¿Es un no solo tuyo, o de toda tu banda? ¿Te importa si vuelvo enseguida? Necesito preguntarle algo a Spider. No recuerdo si solo tengo que matarte a ti o si se supone que debemos matar a todos.
Vroth se movió a una velocidad vertiginosa; el único sonido de su movimiento fue un golpe sordo al lanzarse contra el arrogante demonio. Sus garras surcaron el aire como destellos de luz plateada, moviéndose con tal rapidez que Vroth apenas pudo seguirlo.
A pesar de su posición, no pudo evitar sentir un atisbo de admiración. Por eso Vroth era el señor de las calles. Vrith no se consideraba una demonio particularmente lenta, pero Vroth era fácilmente el doble de rápido que ella.
Luchar contra él era imposible. Todos y cada uno de sus combates terminaban siempre de la misma manera. Igual que le había sucedido inevitablemente al mensajero de Spider: una derrota total y absoluta.
Se oyó un leve crujido de garras desgarrando la carne. Vrith exhaló aliviada, intentando ya determinar cuál sería su próximo paso para enfrentarse a Spider. Entonces vio a Lee de pie, no frente a Vrith, sino a su lado.
La sangre goteaba de sus dedos, que habían duplicado su longitud y se habían convertido en garras afiladas como navajas. Los labios de Vrith se entreabrieron con incredulidad mientras Vroth se desintegraba como una fruta podrida detrás de Lee, partida en seis tiras.
Los restos de su cuerpo se desplomaron en el suelo, en un charco de fideos ensangrentados que alguna vez fueron su hermano. Lee se sacudió la mano cuando sus dedos volvieron a la normalidad. Sus ojos se posaron en Vrith. Un gemido nada demoníaco escapó de los labios de Vrith y ella retrocedió un paso.
Vroth — ¿cómo? Yo — no. ¡Esto no es posible!
Vroth no podía perder. No así. Era el demonio más fuerte que había conocido, y ni siquiera era Spider. Era solo su mensajero. La espalda de Vroth chocó contra la pared de piedra con un golpe seco y se dio cuenta de que había estado retrocediendo. La sangre le retumbaba en los oídos y le sudaban las palmas de las manos.
Lee no se había movido de su sitio. Un escalofrío involuntario recorrió el cuerpo de Vrith. La pequeña demonio era tan rápida que Vrith ni siquiera pudo verla moverse. Vrith no había tenido ninguna oportunidad contra Lee. Sus instintos de supervivencia se apoderaron de ella mientras analizaba la situación, buscando una salida, y la encontró en un tiempo sorprendentemente corto.
La única salida era la muerte.
¿Voy a morir aquí? ¿Así?
—¡Ay, caramba! —exclamó Lee, llevándose la mano a la nuca y dejando escapar un gemido—. ¡Ay, la he liado!
Vrith la miró fijamente, sin atreverse siquiera a decir una palabra. Quizás el demonio estaba completamente loco. Si Lee no le prestaba atención y se escabullía por un lado de la habitación, existía la posibilidad de que resbalara...
—Tú —dijo Lee, señalando con el dedo en dirección a Vrith y matando cualquier esperanza que el demonio pudiera haber dejado.
—¿S-sí? —preguntó Vrith débilmente.
Lee agarró un puñado de las tiras ensangrentadas que una vez pertenecieron al hermano de Vrith y las alzó con una mirada angustiada. "¿Puedes encontrar dónde está su cabeza?"
Vrith tragó saliva. Lee no solo era el demonio más rápido que había visto. El pequeño demonio era un maldito sádico. Aunque Vrith no hubiera amado a Vroth, seguía siendo familia en el sentido más amplio de la palabra.
—Está hecho trizas —dijo Vrith con voz forzada—. Y empapado en sangre. No queda casi nada.
—¡Ay, no! —exclamó Lee, tirando de su cabello—. ¿Cómo se supone que voy a pegar su cabeza a algo? ¿Sabes cómo volver a unirla?
¿Qué clase de criatura retorcida crees que soy?
—No —logró articular Vrith, reuniendo el poco amor propio que aún le quedaba. Si iba a morir, no lo haría buscando desesperadamente cómo recomponer la cabeza de su hermano muerto para que alguien la colgara en la pared. Un demonio de verdad le habría exigido a Lee una muerte digna, pero lo único que Vrith pudo articular fue un débil: —No quiero.
—Estamos en un lío tremendo —murmuró Lee, mordiéndose las yemas de los dedos—. Spider dijo que tenía que colgar la cabeza del jefe callejero de un palo si rechazaba la rendición, y luego matar a todo el campamento. Pero ¿cómo se supone que voy a hacer eso si está hecho pedazos?
No puede estar hablando en serio. ¿De verdad me está pidiendo consejo después de haber destrozado mi Streetlord delante de mí?
—Yo… ¿cómo iba a saberlo? —tartamudeó Vrith—. ¡Y fuiste tú quien lo hizo! ¿Por qué estoy en problemas? ¡De todas formas me vas a matar!
—Lo viste —dijo Lee—. Deberías haberme dicho que tenía que dejarle la cabeza intacta, así que en parte es culpa tuya.
—¿Qué sentido tiene eso? —preguntó Vrith, cuya incredulidad, de alguna manera, lograba superar su creciente terror—. ¡Fuiste tú quien lo mató! ¡No sabía que ibas a hacer eso!
“Sí, lo hiciste. Te dije que lo haría si no te rendías.”
—¿Quién se creería eso? —preguntó Vrith—. ¡Todo el mundo amenaza con matar a la gente todo el tiempo! ¡Pero nadie lo consigue tan rápido!
—Es tu culpa —insistió Lee. Se mordió el labio inferior y luego maldijo—. Spider se va a enfadar muchísimo. La he cagado.
El miedo de Vrith seguía creciendo. Si un monstruo como ese le tenía tanto miedo a Spider, entonces el demonio debía ser muchísimo más poderoso que ella. Era una magnitud que Vrith ni siquiera podía empezar a comprender.
—Puede que no me deje comer cecina durante una semana si se entera de esto —murmuró Lee, pero el latido de la sangre en los oídos de Vrith era tan fuerte que no lo oyó en absoluto.
—Yo… si me dejas vivir, no se lo diré —ofreció Vrith, plenamente consciente de lo patética que era su petición. No había razón para dejar a alguien con vida con un secreto cuando matarlo sería mucho más efectivo.
Los ojos de Lee se iluminaron. “¡Oh! ¡Eso es!”
Vrith parpadeó. —¿En serio?
—¡Sí! ¡Ya lo tengo! —exclamó Lee. Antes de que Vrith pudiera preguntar qué quería decir, Lee recogió los restos de su hermano y comenzó a engullirlos. Las palabras se le congelaron en la boca a Vrith, quien observó horrorizada cómo hasta el último pedazo de Vroth desaparecía en la garganta de Lee en cuestión de segundos.
¿Qué carajo?
—De acuerdo —dijo Lee, limpiándose la sangre de la boca una vez que terminó. Miró a su alrededor—. No ves que quede ninguna, ¿verdad?
Vrith casi vomitó en el acto. "Yo... no. No lo creo."
—Aquí tampoco hay nadie más —dijo Lee—. Bien. Esto es perfecto.
—¿Lo es? —preguntó Vrith débilmente.
“Sí. Esto es lo que pasó. Tú mataste a Vroth.”
Un escalofrío de pánico recorrió a Vrith. Lee planeaba culparla de todo. Vivir un poco más no valía la pena si eso significaba ser castigada por alguien tan horrible que el monstruo caníbal que tenía delante le temía.
¿Qué? ¡No! ¡No voy a cargar con la culpa por ti! ¡Mátame ya!
¡No! Entonces sabrá que algo salió mal y no podré poner la cabeza de nadie en un poste. Ya me comí al otro, así que está fuera. Tenemos que hacerlo de otra manera.
¡No voy a dejar que Spider me torture!
—¿Torturar? —Lee miró a Vrith con desconcierto—. ¿Por qué haría eso? ¡Solo tenemos que decir que mataste a Vrith antes de que pudiera responder a mi pregunta! Eso te convertiría en un capo de la calle, ¿no?
Vrith abrió la boca, luego hizo una pausa. Parpadeó. —Supongo… ¿Pero cómo ayudaría eso? ¿Acaso piensas matarme y clavar mi cabeza en una pica?
—¿Así que admites que mataste a Vroth? —Había un brillo peligroso en los ojos de Lee—. ¿Eso te convertiría en un señor de la calle?
Algo le decía a Vrith que Lee no aceptaría otra respuesta que no fuera un sí. Al menos, parecía que Vrith no había sufrido mucho. Cerró los ojos con fuerza y asintió. “Sí”.
¡Genial! ¿Entonces te rindes ante Spider?
Vrith entreabrió un ojo. La misma pregunta que Lee le había hecho a Vroth. Lee la observó expectante. El otro ojo se entreabrió.
Un leve destello de esperanza se apoderó de ella al comprender el juego que Lee estaba tramando. Si Vroth moría antes de responder a la pregunta de Lee, entonces este podría redirigirla al nuevo jefe de la calle.
Si decía que no, acabaría igual que Vroth, pero con la cabeza intacta para ensartarla en una pica. Pero si dejaba de lado su orgullo demoníaco… había una posibilidad.
Vrith cayó al suelo y se postró ante Lee. “Nos rendimos. Por favor, no me claven la cabeza en una pica”.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 473
Estás leyendo el capítulo 473 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.