Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé se dejó caer contra un árbol. No recordaba qué hora era y le dolía demasiado la cabeza como para mirar al cielo. Cerró los ojos con fuerza y se masajeó las sienes, intentando aliviar el dolor mientras se recuperaba.
No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado mientras estaba sentado allí, pero un ruido lejano llegó a sus oídos. Noah parpadeó, dejando que sus ojos se abrieran con dificultad. Su cabeza aún le dolía muchísimo, pero juraría que…
“…en algún lugar de aquí.”
¡Joder, gente!
Noé se puso de pie de un salto y gritó con todas sus fuerzas: “¡Ayuda! ¡Por aquí!”
Pasó un momento y aguzó el oído para ver si alguien había contestado sus llamadas.
¿Hola? ¡Por favor, estoy perdido! ¡Necesito ayuda!
Dos hombres aparecieron flotando sobre los árboles, cada uno de pie sobre una larga pieza de metal ornamentado. Ambos vestían elegantes túnicas negras con capuchas que les cubrían el rostro de sombras, incluso desde el ángulo en que se encontraba. Noé los miró fijamente, con los ojos muy abiertos.
—¡Dioses, ¿qué estáis haciendo? —preguntó uno de los hombres mientras descendían, aterrizando en el claro frente a él—. ¿Qué os ha ocurrido?
Noé abrió la boca y se quedó paralizado.
No puedo decirles nada. No sé qué hacía Vermil aquí. Ni siquiera sé quién es.
—Estoy… estoy herido —dijo Noah con voz débil—. Un mono gigante me golpeó muy fuerte en la cabeza y tengo la memoria hecha un lío. No sé dónde estoy ni cómo llegué aquí. Lo único que sé es que me llamo Vermil.
Los hombres intercambiaron una mirada cuando Noah sacó la pequeña placa metálica del bolsillo y la extendió. Uno de ellos se echó la capucha hacia atrás, dejando al descubierto una barba canosa y rala. Tomó la placa de Noah y la examinó.
—Es profesor en Arbitage —dijo, mirando de reojo a su compañero—. Debió de ser un mono impresionante. ¿Era el Devorador Infernal?
—Claro que no —dijo el otro hombre con desdén—. Está vivo y no chamuscado. Probablemente fue uno de los Maulers. ¿De verdad crees que estaría por ahí si se hubiera topado con ese demonio llameante? Déjame adivinar. ¿Era un bicho grande y feo, de esta altura?
Levantó la mano por encima de la cabeza. Noé frunció el ceño.
“No. Era aproximadamente el doble de alta.”
—¡Maldito asesino! —dijo el hombre barbudo, haciendo una mueca—. Son tipos duros. Entiendo que te haya hecho daño. Aunque no pareces tener heridas. ¿No llevabas pociones curativas?
Noah hizo una mueca y se palmeó la cintura. —No me acuerdo. Solo tengo la insignia del uniforme y mi libro. Mira, ¿puedes llevarme de vuelta a… Arbitage, creo? Seguro que pueden ayudarme. Aunque si tengo que estar de pie mucho más tiempo, me desmayo.
—Te llevaremos. No está muy lejos —dijo el hombre asintiendo—. Es un mal presagio que los Cortadores se estén volviendo lo suficientemente fuertes como para vencer a los profesores. No es una buena señal. Ven, súbete a la parte trasera de mi tabla. Soy Fredrick.
—Gracias —dijo Noah, tambaleándose, aún sin poder creer su suerte, y subió a la placa de metal. Se apoyó en los hombros del hombre mientras esta brillaba y se elevaba en el aire.
—Espera —dijo Fredrick—. Y al menos avísame si crees que te vas a caer. No quiero tener que explicar que uno de los profesores de Arbitage se suicidó mientras yo lo llevaba de un lado a otro.
Noah asintió con un gruñido. El compañero de Frederick también se elevó por los aires, y entonces despegaron, surcando el cielo a toda velocidad justo por encima de las copas de los árboles calcinados. Noah se aferró con fuerza a los hombros de Frederick, cerrando los ojos con fuerza para evitar que su cabeza, ya palpitante, le estallara.
Su consciencia fluctuaba, y le costaba un mundo no soltar a Frederick. Noah no sabía cuánto tiempo estuvieron volando por los aires, pero le pareció que no habían sido más de unos segundos.
Alguien le dio un codazo y se dio cuenta de que los vientos aulladores habían cesado. Abrió los ojos lentamente, haciendo una mueca ante la repentina luz brillante que le atravesó el cráneo. Noé entrecerró los ojos y levantó una mano para protegerse del sol.
Aterrizaron en la hierba frente a un alto y ornamentado edificio de piedra. Grandes pilares se alzaban a los lados del edificio. Estatuas de monstruos se aferraban a ellos, como si intentaran desgarrarlos mientras ascendían hacia la cima.
La letra “T” estaba grabada en oro brillante en cada una de las columnas, cada una aproximadamente del tamaño de la cabeza de Noé. Noé la miró con los ojos entrecerrados.
En realidad, no creo que sea la letra T literalmente, sino más bien la traducción más cercana al inglés. Uf. Esto solo me está causando más dolor de cabeza.
—Estarás en buenas manos —dijo Frederick. Noah miró a su alrededor buscando alguna señal del compañero de Frederick, pero el otro hombre había desaparecido misteriosamente sin que él se diera cuenta.
Supongo que eso probablemente no fue demasiado difícil de hacer en mi estado actual.
—¿Dónde estamos? —preguntó Noé.
—Arbitage, el Cuarto Bastión —respondió Frederick. Vio la mirada perdida de Noah y le dio una palmada en el hombro—. No te preocupes. Si hay algo que se pueda hacer, te atenderemos. En cualquier momento…
Un par de puertas dobles con una quimera tallada se abrieron de golpe, y un hombre bajo salió tras el compañero de Frederick, aún sin nombre. Vestía una sencilla túnica blanca y llevaba un pequeño bastón de madera, aunque no parecía usarlo mucho. Ambos se apresuraron hacia Noah.
Un ceño fruncido cruzó el rostro del hombre bajo y aminoró el paso, perdiendo casi todo el pánico que inicialmente había reflejado su cara.
“Mago Vermil. Pareces... herido.”
—Eh… hola. ¿Eres sanador? —preguntó Noah, frotándose la nuca para intentar despejar el dolor y la confusión.
—Me han informado de que usted sufrió un episodio de pérdida de memoria —dijo el hombre bajito—. ¿Recuerda quién soy?
Noah negó con la cabeza. —Yo… no. Para nada. Lo siento. ¿Debería conocerte?
“Mi nombre es Richard. Estoy especializado en la sanación con runas.”
Richard hizo una pausa, estudiando el rostro de Noah. Este permanecía inexpresivo. Se miraron fijamente durante unos instantes.
—¿Nada? —preguntó Richard.
“Me temo que no. No te reconozco en absoluto.”
Richard se mordió el labio inferior. Se acercó a Noah y levantó una mano, presionándola contra su pecho. —¿Dónde lo encontraste?
—En Acres Quemadas —respondió Frederick—. Sé lo que estás pensando, pero no creo que lo hayan reemplazado. Está demasiado... indefenso.
—Ya veremos —dijo Richard—. Quédate quieto un rato.
Noah obedeció, y sintió como si un frío foco le llenara el cuerpo. Recorrió todo su organismo, desde el estómago hasta la cabeza, pasando por la columna vertebral, antes de dispersarse lentamente por el resto de su cuerpo.
Las pequeñas heridas que le quedaron en el cuerpo tras la pelea con el mono cicatrizaron y desaparecieron. Sin embargo, el dolor de cabeza no disminuyó en absoluto. De hecho, Noah estaba bastante seguro de que la confusión en su mente se había intensificado.
“Es humano, sí. Pero... extraño. No veo nada físicamente mal en ti, aparte de algunas heridas leves, pero está bastante claro que tus recuerdos no están intactos.”
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Noé.
Y, lo que es más importante, ¿puedes decir que el viejo Magus Vermil ha muerto y desaparecido?
Richard resopló, lo que a Noah le pareció bastante extraño ante semejante pregunta.
—Sin ninguna razón en particular, Magus Vermil. Quizá simplemente necesites descansar un tiempo, pero no hay nada que un sanador pueda hacer por ti. Tu mente y tu cuerpo están tan intactos como siempre. Si acaso, mejor.
"¿Mejor?"
—No importa —dijo Richard, negando con la cabeza y sin poder reprimir una leve sonrisa. Eso solo sirvió para confundir aún más a Noah, pero no iba a tentar a la suerte. Cuanta menos gente cuestionara su supuesta amnesia, mejor.
—Ya veo —dijo Noé—. Qué lástima.
—Exacto —dijo Richard con frialdad—. Frederick, gracias por entregarnos al buen Magus. Nos aseguraremos de que tus esfuerzos sean debidamente recompensados.
Frederick se tocó el borde de la capucha. —Cualquier hombre de bien habría hecho lo mismo. Buena suerte, Magus.
Saltó de nuevo a su tabla y se impulsó por los aires. Noah los observó hasta que sus ojos palpitantes se lo permitieron, luego se volvió hacia Richard. Levantó una mano para protegerse del sol y evitar que le lastimara los ojos.
—Me temo que no tengo ni idea de lo que se supone que debo hacer —dijo Noah—. Realmente no recuerdo nada.
—Está bien. Le avisaré al director que te lesionaste. Puedo acompañarte a tu habitación mientras tanto para que descanses —ofreció Richard.
Eso sería estupendo. Gracias.
Richard asintió en respuesta. Regresó hacia el edificio ornamentado, y Noah lo siguió.
Los pasillos eran una imagen borrosa para él, y Noah no recordaba con exactitud adónde habían ido dentro del edificio. Recordaba haber subido varias escaleras y haber recorrido pasillos iluminados únicamente por la luz exterior, pero todo se mezclaba en su mente confusa.
Finalmente se detuvieron ante una sencilla puerta de piedra con una cerradura en el centro. Una placa metálica a un lado decía “Magus Vermil”. Richard le dirigió a Noah una mirada expectante.
—¿La llave? —preguntó Richard.
Noé lo miró fijamente sin expresión. Richard suspiró.
—Entonces, anularé el plan. —Presionó la mano contra la puerta y finas líneas de energía blanca se extendieron a lo largo de ella, iluminando un patrón oculto en la roca. La puerta hizo clic y se abrió suavemente.
—Enviaré a alguien a ver cómo estás pronto —prometió Richard—. Te sugiero que te quedes aquí hasta entonces. Quizás así recuperes la memoria.
Noah asintió distraídamente y entró. Un leve ceño fruncido apareció en sus labios. La habitación era un completo desastre. Montones de papeles cubrían un gran escritorio de madera y se habían esparcido por el suelo a su alrededor. Una llave metálica descansaba sobre el escritorio, junto a una vela apagada.
Probablemente sea para la puerta. ¿Por qué lo dejó Vermil?
La cama estaba desordenada y sin hacer, y la ventana que había detrás estaba cubierta de mugre y polvo. Una pequeña puerta lateral daba a un baño, que no estaba mucho mejor.
Se oyó un golpe sordo cuando Richard cerró la puerta tras Noah sin decir palabra. Miró por encima del hombro.
Algo me dice que no le caigo muy bien.
Noah apartó la confusión y el dolor. Se acercó al escritorio y hojeó los papeles, intentando encontrar algo que pudiera serle útil.
“Grupo de Cambiaformas avistado en la zona. Tengan cuidado con los compañeros o alumnos que reconozcan y que hablen o se muevan de forma extraña, sobre todo con aquellos que lleven desaparecidos más de tres semanas”, leyó Noah en voz alta. Tiró el periódico a un lado.
Siguió hojeando algunos ejemplares más, luego se detuvo cuando algo le llamó la atención.
—¿Qué demonios es esto? —preguntó Noah, cogiendo uno de los papeles. Hacía tiempo que no veía algo parecido, pero había rellenado suficientes en el pasado como para reconocer las características principales. Era una solicitud de prórroga para algún tipo de trabajo.
Una firma garabateada aparecía en la parte inferior, junto con una línea adicional. A Noah se le desencajó la boca con disgusto al leerla.
Si quieres la prórroga, nos vemos en mi habitación una hora después de clase. Ponte algo bonito.
Magus Vermil
Noah repasó la nota, esperando desesperadamente haberla leído mal y que fuera para la amante del hombre. Pero no tuvo esa suerte. Sin duda, la nota la había escrito un estudiante. Incluso tenía su año de estudios junto a su nombre.
“Mierda. El último que habitó este cuerpo era un cretino. Con razón alguien lo mató”. El asco se reflejó en el rostro de Noah. Hojeó más papeles y palideció. “Un momento. Era profesor. ¿Se supone que debo enseñar magia? Ni siquiera sé usarla yo mismo”.
Noah rebuscó entre los papeles restantes, intentando desesperadamente encontrar algún orden. Por desgracia, Vermil debía de estar orgulloso, en cierta medida, del desorden absoluto que era su habitación.
La mitad de los papeles estaban arruinados por manchas de agua —al menos, Noah esperaba que fuera agua— y los demás estaban desactualizados, eran inservibles o simplemente no tenían ningún sentido. Hizo lo posible por organizarlos, descartando los papeles más inútiles y apilándolos junto a la puerta.
Antes de darse cuenta, habían pasado casi dos horas. El dolor de cabeza por fin había disminuido un poco, aunque aún sentía algo de confusión. El fruto del trabajo de Noah era un escritorio de madera bastante limpio y el suelo algo polvoriento. Noah se sentó en la silla frente al escritorio y se mordió el pulgar.
—Vale —se dijo Noé, reclinándose ligeramente en su silla—. Puedo trabajar con esto. Se me da bien enseñar. No es que tuviera mucho tiempo para prepararme sobre los temas en la Tierra. Seguro que hay algún material de referencia, ¿no?
El dorso de su mano rozó el libro que colgaba de su cinturón. Lo desenganchó y lo abrió. Le volvió a doler la cabeza y Noah se presionó la sien con la mano. Se dejó caer en la silla, estudiando las páginas.
Tal vez, si pudiera comprender realmente su contenido, podría disimular su pérdida de memoria y evitar ser detectado.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 4
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 3
Estás leyendo el capítulo 3 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.