Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 21 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah paseaba por las calles del campus, caminando sin prisas ni objetivos apremiantes por primera vez desde su llegada. Al fin y al cabo, no era como si la ropa fuera a agotarse antes de que llegara.
Saboreó el breve respiro, disfrutando de los aromas a pan recién horneado y carne asada que emanaban de los puestos ambulantes que salpicaban las esquinas de algunas calles. Los estudiantes se reunían a su alrededor y se sentaban en las mesas que bordeaban el camino, charlando y comiendo alegremente.
Era un lugar apacible. Un contraste radical con la sangre y las cenizas que habían marcado su vida en los últimos días, y con la infinita nada en la que había desperdiciado cientos o miles de años. Sonrió para sí mismo.
Se unió a la fila de un puesto de empanadas de carne y sacó una moneda de la bolsita que Moxie le había dado. Era dorada, con un borde plateado. Una cara de la moneda tenía grabada la silueta de Arbitage, y la otra, un sol naciente o poniente; Noé no supo distinguirlo.
La fila se redujo rápidamente y pronto llegó al frente. Noé le ofreció la moneda al corpulento vendedor y le dedicó su mejor sonrisa. “Una tarta, por favor”.
No sabía cuánto valían las monedas, pero si el hombre se ofendía por la oferta, Noah tenía bastante dinero para añadir a su paga. Por suerte, el comerciante aceptó la moneda sin decir palabra. Buscó en su delantal y sacó nueve monedas de plata pura, un poco más pequeñas que la de oro, y las dejó caer en la palma extendida de Noah antes de deslizarle un pastel.
—Muchas gracias —dijo Noé, guardando las monedas de plata en su bolsa y cogiendo su pastel de la mesa. El mercader gruñó, sin siquiera dirigirle una respuesta. A Noé no le molestó; tampoco había visto al mercader hablar con nadie que estuviera delante de él en la fila.
Había recibido bastantes monedas a cambio de lo que había pagado, lo que significaba que Moxie le había dado una cantidad considerable de dinero. Noah hizo sonar la bolsa pensativo. Para alguien que no le caía bien, le estaba ayudando más de lo que esperaba.
¿Cuánto me pagan? Le prometí devolvérselo todo, pero si me dio más de lo que gano y me lo gasté todo… quizá sea mejor calcular exactamente cuánto vale todo esto antes de gastar demasiado. Recibí nueve monedas, así que probablemente sea seguro asumir que el pastel costó una plata.
¿Cuánto vale la comida? No me acuerdo. Creo que un conjunto de ropa vale... ¿veinte comidas, tal vez? Me parece un buen trato. Y si me pagan mensualmente, espero ganar suficiente comida para comer al menos tres veces al día.
Eso suma noventa monedas de plata o unas nueve de oro, suponiendo que los meses duren lo mismo aquí que en la Tierra. Moxie dio unas veinte monedas… así que más de lo mínimo que esperaría al mes.
Mucho más dinero del que necesito para unos días. Eso huele mal. Tendré que asegurarme de gastar lo menos posible.
Noah deambuló por las concurridas calles de Arbitage, disfrutando de las conversaciones ajenas y admirando las flores y los árboles bien cuidados que bordeaban las calles. Finalmente, su paseo lo condujo a la zona comercial.
Tras curiosear por los escaparates de varias tiendas, Noé encontró lo que buscaba. Una campanilla en la puerta tintineó al entrar en una tienda. Filas y filas de maniquíes le dieron la bienvenida, ordenados pulcramente a lo largo del lado derecho de la sala.
Un gran espejo cubría toda la pared del fondo, y varias lámparas colgaban del techo a su lado, iluminando completamente la pared. A la izquierda de la tienda había varias puertas y un mostrador, tras el cual una mujer bajita estaba encorvada sobre una prenda de color rojo brillante.
Un estudiante alto estaba de pie frente a ella, al otro lado del mostrador. Tenía los hombros más anchos que Noah había visto jamás y le sacaba dos cabezas. Llevaba el pelo corto y sus facciones eran afiladas.
La puerta se cerró tras Noah, pero ni la modista ni la estudiante se volvieron a mirarlo. A él le pareció perfecto. Caminó entre las filas de ropa y se detuvo al divisar una sección casi central llena de uniformes de profesor que coincidían con el suyo.
Noé los examinó, buscando una etiqueta de precio o alguna indicación de cuánto costaban. No encontró nada, y algo le decía que eso no significaba que pudiera llevarse lo que quisiera y salir de la tienda tranquilamente.
Las puertas laterales del mostrador daban a pequeñas habitaciones cerradas. Cada puerta tenía un espejo en la parte posterior, lo que las identificaba claramente como probadores.
Tras coger varios conjuntos a juego y colgárselos del brazo, Noah se dirigió a una de las habitaciones y se los probó. Salió unos minutos después con el abrigo colgado de un brazo y la ropa nueva en el otro.
Se acercó a grandes zancadas y se colocó detrás del imponente estudiante. Tuvo que hacerse a un lado para poder ver a la costurera.
Pasó un minuto. Una pequeña aguja en su mano entraba y salía del abrigo rojo brillante en el que estaba trabajando. El interés de Noah cambió al ver una gota de sudor rodar por su frente. Parecía mucho más estresada de lo que él hubiera esperado.
Noah frunció los labios. Parecía ocupada. No quería interrumpir su concentración, pero aún tenía cosas que hacer ese día y esperar eternamente en otra fila era lo que menos le importaba.
Dejó pasar casi cinco minutos en silencio antes de que finalmente no pudiera más. Noah echó un último vistazo a la tienda para ver si había algún otro empleado, pero no vio a ninguno.
—Disculpe —preguntó Noah cortésmente—. Lamento interrumpir, pero quisiera comprar esto. ¿Cuánto cuesta cada conjunto? No encontré ningún precio.
La costurera alzó la vista hacia Noah, con los ojos desorbitados por el terror. Su mirada se desvió rápidamente de Noah al estudiante que estaba a su lado.
—¿Pasa algo? —Noah ladeó la cabeza. No esperaba esa expresión—. No quiero colarme ni nada, pero llevo bastante tiempo esperando. Si alguien pudiera ayudarme…
Su voz se apagó. Ni la estudiante ni la costurera le respondieron. Noah entrecerró los ojos. La tensión emanaba de ambos con tal intensidad que Noah podría haberla cortado con un cuchillo.
—Señorita, ¿está todo bien? No parece estar cómoda —dijo Noah. Las manos de la costurera temblaban, y Noah se dio cuenta de que tenía varios dedos vendados por los pinchazos que se había hecho con la aguja; algo que una costurera experimentada no haría a menos que estuviera completamente agotada o aterrorizada.
—¿Podrías dejar de parlotear? —dijo finalmente el enorme estudiante, girándose para mirar a Noah por encima del puente de su nariz puntiaguda. Ahora que estaban frente a frente, Noah pudo leer la etiqueta con su nombre: Tyler.
Qué raro. Es el primer estudiante que veo con una etiqueta con su nombre.
En los ojos de Tyler se reflejaban un profundo disgusto y una malicia que sorprendieron a Noah. “Compra en otro sitio. Está terminando un pedido y no parará hasta que lo haya hecho”.
—No creo que lo haga —dijo Noah en voz baja—. Algo en esto no me cuadra.
La costurera se estremeció cuando Tyler se giró hacia Noah, apretando la boca con fuerza por la ira. Tyler alzó las manos y mostró los dientes en un gruñido.
“No me obligues a echarte del…”
Noah no oyó el resto de la frase. Mientras Tyler alzaba sus grandes manos, lo único que pudo imaginar ante sí fue la imponente y corpulenta figura de un Desgarrador, con las manos en alto, listo para partirlo en dos.
Noah cambió su peso y lanzó una palma hacia adelante. Una chispa de energía recorrió sus dedos al enviar una poderosa vibración desde su palma hacia el pecho del Destripador, golpeándolo antes de que pudiera rematar el ataque. Un brillante resplandor rojo envolvió al monstruo y un escudo surgió a su alrededor. Él…
El asesino se había ido.
Tyler lo miró desde el suelo, con las manos en alto en actitud defensiva, protegiendo su rostro. Su escudo ardía con una luz desesperada, con grietas que se extendían como telarañas. Sus ojos estaban desorbitados por el terror.
—Yo… ¿qué? —Noah se giró bruscamente, buscando al Destripador. Ya no estaba. Volvió a mirar a Tyler, pero cualquier pregunta que pudiera haber tenido se le quedó atascada en la boca.
La puerta de la tienda se abrió de golpe. Un hombre canoso entró con paso firme, con un abrigo rojo sangre ondeando sobre sus hombros. Mechones blancos se entremezclaban con las canas de su barba, y las arrugas de su rostro delataban que ya rondaba los cincuenta. La luz del escudo de Tyler se reflejaba en la pierna derecha del hombre, una pieza de plata pura grabada con runas.
—Te dejo solo una hora —dijo el hombre con voz tranquila pero letal— y ya has roto tu escudo. ¡Y nada menos que dentro de Arbitage!
Noah los miró con los ojos entrecerrados, confundido. El dolor punzante en la nuca desapareció por completo. No había ningún Cortador. Acababa de atacar a un estudiante y, de no haber sido por el escudo, Noah lo habría matado.
—Me zarandeó, profesor Silvertide —dijo Tyler, con los ojos aún muy abiertos—. Sin dudarlo ni un segundo. En un instante estaba ahí parado. Al siguiente, juro que intentaba arrancarme la garganta.
—Yo… —empezó Noé.
"Estúpido."
Noah y Tyler miraron fijamente al anciano, desconcertados por razones completamente opuestas.
—Ha combatido. Mírale a los ojos, imbécil —gruñó Silvertide—. Te he dicho que no amenaces a los soldados. Tienes suerte de que se contuviera, o podrías haber muerto antes de que yo llegara. Quien lucha contra monstruos no tiene la libertad de decidir si eres amigo o enemigo antes de actuar.
Espera, ¿qué?

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Estás leyendo el capítulo 21 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.